Una niña es violada por tres primos y sus padres callan para evitar el “qué dirán” #PeruPaísdeVioladoresdeNiñ@s

Hasta septiembre de este año se han registrado 4462 denuncias por abusos sexuales en contra de niños y niñas. La cifra corresponde al 70% del total de las denuncias de este tipo

“Chicas, tengo algo que me carcome y no sé qué hacer. Conozco a dos familiares que han sido violadas. Ambas siendo niñas, jamás denunciaron y no desean hacerlo. Por otro lado, yo conozco a los tipos porque son familia de ellas. ¿Podría hacer algo o solo quedarme con la impotencia de saber que son violadores?”

Hace unos días me tope con este post en un muro feminista de facebook, una joven sabía que dos chicas de su familia habían sido violadas y a pesar de conocer a los responsables no sabía cómo afrontar que no quisieran denunciarlos. Ella se sentía impotente, no sabía qué hacer y pedía ayuda.

En el hilo de la conversación la gente aportaba ideas, a mi lo único que se me ocurrió es explicar su historia, así que le envié un mensaje por inbox, me presente: “soy periodista y me gustaría escribir la historia que te preocupa”. Una historia sin nombres, sin lugares, una historia para denunciar que una violación no se debería callar ni por vergüenza, ni por miedo, ni por presión familiar.

Según un reporte de Unicef sobre violencia contra la infancia -que incluye la información de 190 países- “120 millones de chicas por debajo de los 20 ha sufrido una violación u otra forma de abuso sexual. Es decir, una de cada diez niñas en todo el mundo ha sido alguna vez víctima de violencia sexual.

Respuesta

Una rato después recibí la respuesta de María, porque las mujeres anónimas casi siempre son María. “Te voy a explicar la historia de mis primas, una de ellas fue abusada desde los 5 años de edad por 3 de sus primos: uno de 16, el otro comenzó a abusar de ella cuando ambos tenían 8 años, porque son de la misma edad, y el tercero no sé qué edad tenía porque no lo conozco, no son primos míos”.

Los tres primos de la niña son hermanos y sometieron a la pequeña durante 6 años de forma continuada. María se siente culpable por no haberse percatado de lo que pasaba, “éramos muy unidas, yo iba mucho a su casa, me quedaba a dormir allá, no entiendo como nunca sospeché nada”, pero, María y su prima sólo se llevan un año de edad -María tiene ahora 26 años y su prima 25-. “Cómo podría haberla protegido si eran igual de pequeñas”.

A María nunca intentaron violarla. “¿Por qué crees que a ti nunca te tocaron?” -le pregunto. María cree que ellos abusaron de su prima porque siempre fue muy tímida, y sí, los abusadores siempre se aprovechan de aquellos a los que pueden someter e intimidar, porque la violación no la cometen ‘enfermos’; como dijo hace poco la antropóloga -especialista en temas de género- Rita Segato en una entrevista“la violación es un acto de poder y de dominación”.

Según los centros de Emergencia Mujer, del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables del Perú, sólo entre enero y septiembre del 2017 habían atendido 6118 denuncias por abusos sexuales, de estas, 4462 correspondían a abusos cometidos contra niños y niñas: 356 niños de entre 0 y 5 años de edad; 1420 entre 6 y 11; y 2686 entre 12 y 17 años.

A los primos se sumó un tío

Los abusos acabaron a los 11 años. “Un tío de mi prima también intentó violarla, ella se defendió, su padre se dió cuenta, lo golpeó y allí se terminó todo”. Pero eso no es cierto, se acabaron las violaciones continuadas pero la procesión siguió por dentro. Según María su prima comenzó a aislarse, “se vestía sólo con ropa deportiva muy holgada, no salía de casa y siempre estaba con sus padres”.

Todo esto hizo que las niñas se alejarán, “volvimos a hablar cuando teníamos 19 años– dice María. “A ella le detectaron fibromialgia, comenzamos a salir al cine, al parque, o cosas por el estilo y ella se enfermaba. Luego de uno de sus ataques me dijo que había sido abusada y que había lugares, imágenes u olores que le hacían recordar y que cuando eso pasaba recaía, y cada vez se encontraba peor”.

Al saber de lo ocurrido María y su madre intentaron ayudar, hablaron con la joven, con su madre y buscaron asesoría legal. “Consultamos con un abogado” – dice María- “nos dijo que sería difícil procesar a los menores, pero que con el mayor de edad se podía proceder, cuando se lo dijimos a mi prima, ella y sus padres se opusieron a denunciar, no querían que nadie se enterase, y ella tenía miedo de que su novio lo supiera, ‘comenzará a verme como una mujer sucia’, me dijo”.

María y su madre dejaron de insistir, la prima comenzó a ir a terapia psicológica pero sus ataques de fibromialgia aumentaron. María preocupada por el estado de salud de la joven volvió a hablar del tema con ella y con sus padres, pero le volvieron a decir que no, que dejase las cosas como estaban, que ellos no iban a denunciar a nadie; que olvidase el tema y que no se metiera en sus asuntos.

Hace un año que María no ve a su prima, pero sufre porque la joven convive con sus abusadores. “Los violadores y mi prima viven juntos, en una casa dividida en varios departamentos ocupados por la familia de su padre, o sea, casi comparte vivienda con sus violadores y con el tío que también intentó violarla. Además ellos frecuentan su casa, los hermanos de mi prima les hablan de lo más normal”. 

Lo peor es que en la familia de la prima de Maria la violación no es un hecho aislado. “Mi prima me dijo que eso ya había sucedido antes en la familia de su padre, que sus primos también habían sido abusados, además uno de los que la violó ahora tiene pareja y la golpea. Es todo muy enfermizo y siento que si ella no los denuncia ellos continuarán igual, no cambiarán nunca y habrá más víctimas”. 

En el relato de María se percibe su sentimiento de culpa, su dolor, su impotencia, pero le pregunto: “cómo podrías haberla protegido si eran igual de pequeñas”. Lo terrible de esta historia no sólo es el cúmulo de veces que esa pobre niña tuvo que enfrentarse a tres chicos que la tocaban, y que al hacerlo la dañaron tanto que ha somatizado el mal hasta convertirlo en la fibromialgia que padece y que cada día la tiene peor.

Otra de las cosas terribles es ver como los prejuicios, la vergüenza y el qué dirán pueden acallar aberraciones como estas. La prima de María es una más de las víctimas del machismo, del poder ejercido sobre el más débil, pero a ella no sólo la han violado y maltratado sus primos, también lo hacen cada día sus padres con su negativa a denunciar, “porque son familia y porque a ellos también les ha pasado”. Según María los abusos sexuales han ocurrido por generaciones en la familia del padre de su prima.

En un informe publicado en abril último por el Observatorio de Seguridad Ciudadana de la Organización de Estados Americanos (OEA) , el Perú con más de 8800 denuncias anuales es el segundo país Latinoamericano con mayor cantidad de violaciones sexuales.

Soy madre y no me imagino no llevar ante la justicia a quien toque uno sólo de los cabellos de mi hija. No puedo entender que el adulto que tiene a una criatura a su cargo no la defienda con uñas y dientes, no me cabe en la cabeza que el ‘qué dirán’ pese más que la tranquilidad y la salud mental y física de mi hija, así que María tú no tienes ninguna culpa, tú eras otra niña cuando todo ocurrió. La culpa es de los violadores y de los padres que no mueven un dedo por el bienestar de su hija.

“Me siento culpable” – dice María, “porque no supe ver nada de lo que le pasaba a mi prima, porque no supe entender sus cambios y como los adultos creí que su rebeldía tenía que ver con la edad, por eso ahora intento cuidar más a la niñas que me rodean, esperando esta vez poder evitar que les pase algo, para que no sufran lo que han pasado mis primas”. 

Otra niña rota

Y María dice bien al decir “mis primas”, porque como decía en el post tiene otra que también fue violada, esta a los 7 años de edad y su caso también quedará impune. Esta prima vive fuera del Perú, su familia acogió a otro primo de 25 años que viajó por trabajo, y él cuando vió la oportunidad la violó; y antes de que nadie supiera nada volvió corriendo a Perú. Ahora está preso por robo”.

Según María, los padres de su prima se enteraron de lo ocurrido porque la niña se bloqueó y dejo de hablar, enfermó de una supuesta infección vaginal y la llevaron al médico, “al revisarla descubrieron que tenía una enfermedad venérea,  fue un proceso muy feo, mis tíos casi pierden la custodia de mi prima, les hicieron pruebas de sangre y semén a cada uno de los hombres de la casa, pero todos dieron negativo”.

Luego de los resultado todos confirmaron sus sospechas sobre quién era el culpable: el primo de Lima, al que habían tenido en casa durante casi medio año y que justo una semana antes de que la niña enfermará había vuelto de improviso a Perú. Él también quedará impune, no lo denunciarán porque la niña ahora una adolescente de 15 años tendría que presentar la denuncia en Lima y presentarse a declarar, y no quiere enfrentarse a todo lo que pasó y le quitó hasta el habla.

“Ahora ella está bien, ha estado y está en terapia, ha ido hablando poco a poco de lo que pasó, pero su mente ha bloqueado muchos detalles de lo ocurrido, su psiquiatra dice que esto es normal porque era pequeña cuando todo ocurrió. Lo malo es que en este caso el culpable tampoco no pagará”, afirma María quien también padece de depresión, entre otras cosas, por todo lo que ha visto a su alrededor y no puede solucionar, pero una vez maś le digo que ella NO es responsable de nada y que ha sido muy íntegra y solidaria al intentar ayudar. Ojalá pudiésemos hacer maś. Gracias María.

Este blog también ha sido publicado en La Mula.pe

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