Casi 500 niños son violados y abusados cada mes en el Perú #PerúPaísdeVioladores

Esta es la historia de Juana, otra niña abusada por un familiar que nunca pagó ni pagará su crimen

Hace unas semanas que publicó testimonios de mujeres que de niñas fueron víctimas de abusos sexuales. Las historias han ido llegando a mi y lo que más me llama la atención es que en todas ellas el culpable siempre es un familiar y su delito ha quedado impune, bien por la bendita prescripción del delito, o porque al ser alguien cercano, la familia o la víctima prefieren no denunciar para no romper el vínculo.

“Siempre fui muy insegura” dice la pequeña que ahora es una mujer y madre de dos hijos, y luego, como si quisiera marcarlo a fuego confiesa que ama a su madre pero que la descuidó cuando más la necesitaba, cuando era más vulnerable. Al convertirse en una joven, su madre no la dejaba salir para cuidarla. Un día cansada de tanta prohibición, Juana -que así llamaremos a este nuevo testimonio- explotó.

“Me cuidas ahora que ya sé cuidarme, pero no lo hiciste cuando era pequeña”, la madre de Juana no sabía de qué hablaba y le preguntó, y ella se lo contó y me lo contó. “Tenía 5 años, estaba con mis 2 hermanos en casa de mis abuelos y mi tío, el hermano de mi madre que tendría 16 años metió su pene en mi boca y se masturbó y eyaculó y no había nadie allí para cuidarme”.

Juana sigue, “recuerdo el semen como una gelatina blanca y caliente en mi boca, supongo que de alguna manera eso cambió mi vida, siempre tuve miedo a todo, y sé que soy cobarde porque no quise denunciar, pero es que no quiero hacer sufrir a mi madre. Además ahora tengo problemas personales y de salud, me detectaron fibromialgia y debo dedicarme a mi y a mis hijos”. Juana dice que por amor prefiere llevar la procesión por dentro.

Sin embargo el abuso sufrido y el silencio siempre pasan factura y salen a la luz. Coincidiendo con el primer testimonio sobre niñas violadas que escribí, Juana sufre fibromialgia, esto me causo mucha curiosidad, así que busqué información y encontré diversos estudios que apuntan al abuso sexual como uno de los desencadenantes de este síndrome causante de dolor en músculos y en el tejido fibroso.

Según algunas investigaciones sobre los factores psicosociales que podrían influir en la aparición de la fibromialgia, se ha llegado a establecer que en las pacientes con este síndrome, existe una mayor prevalencia de abusos sexuales, físicos y psicológicos. Uno de ellos señaló que el 57% de las mujeres que padecían fibromialgia referían historias de abuso sexual y/o físico.

Juana me cuenta que tiene dos niños, uno con leucemia y otro con autismo, y que se muere de miedo por ellos, “puede que sea exagerada pero no los dejo solos para nada, mientras no estoy, están con mis padres, y nunca juegan en casa ajena porque en cualquier momento puede ocurrir una desgracia”. Juana se muere de miedo que alguien pueda abusar de sus hijos como abusaron de ella.

“Siempre les digo a mis hijos que nadie los debe tocar y aunque sé que mis padres los cuidan bien, igual soy muy explícita al respecto”.

Juana es la última de 3 hermanos, y en su casa todos saben lo ocurrido. “Tendría 17 años cuando dije lo que me había pasado. Lo grite y fue una conmoción. Mis padres y mis hermanos se quedaron helados. Mi padre comenzó a gritar a mi mamá, ella se sentó y sólo lloraba agachada. Mi padre y mi madre discutieron, se sacaban cosas en cara, mi madre le echaba la culpa a mi padre, y mi padre a ella”.

Las culpas cruzadas tienen orígen en una infidelidad, el padre de Juana tenía una amante y su madre, que sospechaba del asunto, comenzó a dejar a Juana y a sus hermanos en casa de sus padres para seguir a su esposo y encontrarlo con las manos en la masa. Juana era pequeña y en casa de sus abuelos estaban sus otros tíos que 11 y 12 años y con sus hermanos, el tío que abuso de ella también vivía allí y tenía 15 o 16 años.

“Mis abuelos tenían una chacra, cerca había un río, por las mañanas todos se iban a trabajar y los niños nos quedábamos solos. Un día mis hermanos y mis tíos se fueron a jugar al río, cuando me di cuenta quise seguirlos, pero no lo hice porque me dió miedo cruzar sola por entre las vacas, en la casa nos quedamos mi tío el de 16 años y yo, no había nadie más y fue en ese momento  cuando aprovechó para masturbarse en mi boca”. 

Juana dice que su tío volvió a intentar hacerlo, “pero sólo recuerdo que pasará una vez porque luego nunca me volví a quedar a solas con él”. Juana era pequeña pero sabía que lo ocurrido no estaba bien y dice que sólo entendió todo a medida que fue creciendo. “No recuerdo nada solo tengo grabado que mi tío me hacía agarrar su pene y lo metia en mi boca, y luego la sensación asqueante de gelatina caliente en mi boca”.

El miedo a estar sola no ha salido del cuerpo de Juana. “No me gusta estar sola, y de noche es peor, me muero de miedo sola de noche en la calle, hoy tengo 45 años y no disfrute de la vida como cualquier chica joven lo hacía porque crecí y viví y vivo con miedo”.  Y no es para menos a Juana como miles de niñas y niños de nuestro país aprendió de muy pequeña que no podía confiar ni en aquellos que debían cuidarla.

Según los centros de Emergencia Mujer, del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables del Perú, sólo entre enero y septiembre del 2017 habían atendido 6118 denuncias por abusos sexuales, de estas, 4462 correspondían a abusos cometidos contra niños y niñas: 356 niños de entre 0 y 5 años de edad; 1420 entre 6 y 11; y 2686 entre 12 y 17 años.

Cuando Juana reveló a sus padres lo que su tío le había hecho, ellos le propusieron presentar denuncia, pero ella no quiso, “tenía miedo y no quería romper la familia” -dice. “Mi mamá me contó que ella encaró a mi tío, y que él le pidió perdón llorando, le dijo que era joven y que no sabía lo que hacía”.  Sin embargo esta afirmación es falsa, pues él espero que no hubiese nadie en casa para abusar de la pequeña.

“Donde vivíamos el terrorismo era fuerte” -explica Juana- “eso hizo que nos mudasemos a Lima, y dejase de estar al alcance de mi tío, años después, cuando yo tenía 20, lo volví a ver en el entierro de otro tío, él vino a casa a avisarle a mi mamá, al verlo me sentí incómoda, lo salude y me encerré en mi cuarto, para ese entonces ya habían pasado 3 años de mi ataque de sinceridad con mis padres”.

Hace 5 años Juana volvió a ver a su tío, “mi mamá hizo una pollada para ayudarme con el tratamiento de mi hijo que tiene leucemia, pero nunca hemos hablado de lo ocurrido, sé que él ha dañado mi autoestima de por vida, pero siempre he temido que si hablaba, si denunciaba, aparecería en una bolsa plástica o en una maleta, muerta, él nunca me amenazó, pero son mis miedos”.

Juana es ahora una mujer adulta y sigue guardándose el dolor para ella, “de qué me serviría denunciar ahora, él ya tiene 70 años y está mal del corazón, además yo amo a mi familia y no quiero destrozarla, quiero demasiado, sus hermanas, mis tías y eso sería un disgusto muy grande para ella, además mi madre también tiene 70 años ya, de qué serviría removerlo todo”. 

Juana dice que el abuso que ha sufrido, no es tan grave como lo que sufren otras niñas abusadas, pero su dolor es igual de profundo. “Lo que me ocurrió me afectó y me afecta, pero soy consciente que por amor a mis padres quedará ahí, además ahora tengo muchos problemas personales como para dedicar tiempo y dinero a denunciar nada, ya aprendí a vivir con esto y ahora voy a terapia para sanarme”.

Recuerdos

¿Cómo fue tu juventud, te fue fácil entablar relaciones de amigos, de pareja?

-“Como ya te dije yo era bastante insegura, siempre cuide de no estar sola, mis hermanos eran amigos de mis amigos y eso era bueno , salíamos en un grupo grande, en mis tiempos íbamos más a fiestas en casas que a discotecas.

-Use minifaldas y escotes, me enamore a los 17 de mi esposo, solo tuve dos parejas y siempre fueron temporas largas. Te cuento que deje a mi esposo después de mi primera vez, por miedo a quedar embarazada, tenía miedo de tener niños y no poder cuidarlos.

-En mi época universitaria me la pase casi todo el tiempo sola, estuve año y medio con un chico con el que nunca paso nada, me gustaba pero nada más. A mi segunda pareja la conocí trabajando y cuando se puso muy insistente con la idea de matrimonio también lo deje también.

-En el 99 volví a reencontrar a mi primer novio, nos casamos y ya no nos separamos, pero nunca me perdonó que lo hubiese dejado, ahora estamos separados pero seguimos juntos.

-Cuando nacieron mis mellizos pensé que me quedaría en casa a criarlos, pero a uno de mis gorditos le autismo y en menos de un año a mi otro gordito leucemia, fue duro así que apenas pude, tuve que dejarlos para ir a trabajar y ahora se quedan con mis padres que siempre están pendientes de ellos”.

“Esta es la tercera vez que hablo de todo esto y la verdad ahora me pregunto tantas cosas y me entiendo por tantas cosas, creo que recordar y contarte fue bueno”.

Espero que estos testimonios nos sirvan para entender que una persona abusada o violada no es culpable de nada. Que ni la ropa, ni la actitud, ni la hora, ni la fiesta, ni el alcohol hacen a un violador, porque al abusador no le importa nada, una niña o un niño de 5 años no se ponen en un escaparate como alguna vez dijo el Obispo de Lima, e igualmente cae en las garras de violadores.

Otra cosa que sería importante es que todos tomásemos en nuestras manos la responsabilidad de las criaturas que nos rodean, primero los padres, estando pendiente de lo que les pasa, educándolos para que sepan que su cuerpo es su dominio y nadie tiene porque tocarlos, amándolos para que sepan que siempre pueden contar con nosotros y como comunidad estando pendiente para denunciar ante cualquier sospecha.

Testimonios anteriores: 

Otra niña violada por sus primos. Los abusos sexuales dentro del seno familiar parecen ser moneda corriente

Una niña es violada por tres primos y sus padres callan para evitar el “qué dirán”

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