Atrapado en Honduras

“Salí a comprar comida y en la puerta de mi casa había un cadáver”. Quien afirma esto es Primo Pinatar, ciudadano español que desde hace 6 años vive en Honduras. Acaba de aterrizar en Barcelona, y se siente aliviado. Le reciben un día ventoso y el cielo azul del Mediterráneo, su familia le espera ansiosa. Media hora de tren y ya estará con ellos. En casa aguardan esposa y dos hijos, una niña de 11 y un chico de 16. Las últimas 5 semanas han sido angustiantes para los cuatro.

Primo vive en Honduras debido a la falta de empleo en España. Él tenía una empresa especializada en la fabricación de calderas y maquinarias para el tratamiento de la madera, la crisis económica causó el impago de algunos de sus clientes, lo cual lo llevó a la quiebra y lo obligó a marchar en busca de nuevos horizontes. En Honduras, dirige una empresa de energías renovables, pero a finales de noviembre todo se complicó.

Los hondureños fueron convocados a las urnas para elegir nuevo presidente, los resultados no fueron claros y dos de los candidatos se autoproclamaron ganadores. “Las cosas están ahora más calmadas, ya no hay violencia en las calles, pero han sido días muy malos, han habido 30 muertos y la prensa internacional ni se ha interesado. Sentíamos que Honduras no le importaba a nadie”. 

“Hemos pasado unas semanas terribles, con disparos, muertos, incendios, saqueos y algunos hasta sin comida, ni agua; con cortes intermitentes de luz, sin combustible y con los militares en las calles tratando de poner orden”.

La semana antes de navidad, el ejército ordenó a los ciudadanos que no salieran de sus casas, la medida se prolongó durante tres días. “El día que pude salir a comprar comida, había un muerto en la puerta de mi casa. La situación ha sido terrible, había zonas de la ciudad donde las ‘maras’ cobraban peaje para pasar, además las carreteras de entrada y salida del país estaban cerradas, al igual que el aeropuerto” -explica Primo.

La mara es el diminutivo de  la Mara Salvatrucha, organización internacional de pandillas criminales asociadas e integradas principalmente por salvadoreños, guatemaltecos y hondureños. La mara se originó en Los Ángeles y ha logrado expandirse en norteamérica: Canadá y México; al norte de centroamericana: Guatemala, El Salvador y Honduras;  y en el sur de Europa:  Italia y España.

Cronología de una elección bananera

  • El 26 de noviembre de 2017 Honduras va a las urnas para escoger nuevo presidente.
  • Los colegios electorales cierran a las 16:00 horas, cuando siempre lo hacen a las 17:00.
  • El Tribunal Supremo Electoral (TSE) dio los primeros resultados SIETE horas después de lo previsto.
  • ‘El presidente candidato’, Juan Orlando Hernández -quien en 2015 aprobó una ley para ser reelegido- se proclama vencedor sin conocerse los resultados oficiales.
  • El 27 de noviembre, con el 57% de los votos escrutados, el TSE anuncia que el candidato de la oposición, Salvador Nasralla -carismático presentador de televisión que iba en coalición con Manuel Zelaya, ex presidente destituido por “violaciones de la Constitución, otras leyes y sentencias judiciales”– tenía una ventaja de 5 puntos sobre Hernández.
  • El TSE suspende el conteo durante 36 horas y dice que dará a conocer los resultados el día 30. Al parecer la cocina funcionaba, pero no a todo gas.
  • El día 29 con el escrutinio al 82.89%, como por arte de magia, Hernández superaba a Nasralla.
  • Ese mismo día y debido a las fuertes protestas en las calles, ambos candidatos firman un acuerdo, con el jefe de la misión de observadores de la OEA, para llamar a la calma a sus seguidores y aceptar los resultados del conteo final.
  • Horas más tarde, el presidente del TSE reconoce una falla en su sistema informático, pero dice que esta NO compromete los resultados.
  • Por la noche, el presentador de televisión denuncia al TSE por fraude, declara que no reconoce los resultados ni el acuerdo, e insta a sus partidarios a que “defiendan el triunfo” en las calles.​

La OEA habla

Según la OEA, hubo un cambio repentino en el total después de contar el 68 por ciento de los votos, “las diferencias son demasiado grandes para ser generadas por el azar y no son fácilmente explicables, lo que plantea dudas sobre la veracidad del resultado general”. The Economist también concluyó que no se entendía el cambio de tendencia en el voto entre el resultado al 57% y el dado a conocer al 82.89%.

Honduras no es un país fácil. Por eso, a pesar que su futuro parece estar en esas tierras, Primo renunció hace unos años a llevarse a su familia con él. Lo pensó, pero desistió, en la escuela que había escogido para matricular a sus hijos, dos profesores fueron asesinados delante de los estudiantes. La causa: sus ideas políticas.

“Lo peor de todo, es que durante toda la crisis, los españoles no hemos tenido el apoyo de los funcionarios de nuestra embajada, lo único que nos dijeron a los que llamamos fue que hiciéramos caso al ejército y punto, mientras que el embajador de Estados Unidos salió hasta en la televisión para apoyar a sus ciudadanos”, explica Primo.

Fin del conflicto

Luego de varias semanas de violencia, el 22 de diciembre, Nasralla se retira de la escena política. Tras el anuncio del TSE, Estados Unidos reconoce como ganador a Hernández, al cual, además, le pide que las fuerzas armadas actúen con mayor contundencia. “Con la decisión de Estados Unidos quedo fuera de escena” […] “seguiré en la televisión, mis programas son de los de mayor audiencia en el país”, declaró Nasralla.

La postura norteamericana contradice la de la OEA, cuyo secretario general, Luis Almagro, ante las irregularidades del proceso electoral -señaladas por  la misión electoral enviada al país centroamericano- pide nuevos comicios.

Investidura ¿inocente?

El jueves 28 de diciembre, el día de los Inocentes, Hernández fue investido presidente de Honduras y las protestas eran ya residuales. Primo está ahora en casa, llegó con los Reyes, fue el mejor regalo para su familia. La estancia se le hará corta, un mes, y luego volverá a Honduras. “Lo único que espero es poder trabajar tranquilo y sin miedos. Aquí no puedo quedarme, no hay trabajo, y el que hay está muy mal pagado”.

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