Abusada, violada y maltratada por su pareja. Ella denunció y contuvo a su agresor #PerúPaísdeVioladores

De enero a abril de 2018, más de cuarenta mil denuncias de maltrato y abuso han sido registradas por el MIMP, y a través de ellas sólo se confirma lo que ya sabemos: en Perú, ser mujer o niño es factor de riesgo 

“Esta es mi historia. Conviví apróximadamente 3 años con el padre de mi hija, todo ocurrió muy rápido, yo era bastante inexperta y tenía la autoestima muy baja…” Así comienza el relato de otra mujer que decidió abrirse y explicarme su historia de abuso.

“Me dejé impresionar por todas las obras sociales y animalistas que él realizaba. Al principio admiraba su buen corazón, pero con el tiempo me di cuenta que sólo lo hacía para impresionar a los demás. Rescatamos a muchos perros y los curábamos y dábamos en adopción. Realmente era una relación muy humana, había cumplido con mi sueño de encontrar alguien así”.

Adriana, que así llamaremos a esta mujer, nunca sospechó que el hombre tan ‘humano’ con el que había tenido la suerte de tropezar, se convertiría en su maltratador. “Al poco tiempo de estar juntos quedé embarazada, y comenzamos a discutir mucho, la causa, él permitía que sus mejores amigos me faltasen al respeto”.

‘Cachuda’

Ella tuvo que escuchar comentarios como: “bueno tú no conoces a tu maridito, pregúntale qué hace cuando va a los masajes; todos reían, incluído él y cambiaba el tema claro. Yo era la tarada que no sabía nada. También hacían comentarios como: por qué mejor no le preguntas a tu esposito que sabe muy bien como son las putas”.

Ante estas frases Adriana reaccionó. “Empecé a decirle que él aceptaba que sus amigos me falten el respeto y que yo quedase como la ‘cachuda’, pero él decía que eran sólo bromas”. Luego la cosa empeoró. “Él comenzó a desautorizarme delante de los demás, me decía, no opines de ese tema, si no tienes un título es mejor que te calles porque me haces quedar mal”.

Embarazada como estaba, Adriana comenzó a subir de peso y él no se lo perdonó, se había unido a una mujer guapa y esbelta y no quería perder eso. “Me decía no quiero tirar contigo, estás gorda, me da asco tu trasero gordo. Yo lloraba o le decía eres un imbécil”, y cada vez era más hiriente, no le importaba que yo fuese la madre de su hija y que por eso mi cuerpo estuviese cambiando”.

Abandono

Al poco tiempo él ‘animalista’ viajó al extranjero, inició allí una relación paralela y dejó a Adriana sola durante 2 meses, coincidiendo con la etapa final de su embarazo. “Cuando regresó ni tocó mi barriga, me ignoraba todo el tiempo, a los pocos días me enteré de tenía otra mujer; muerta de celos le hice un escándalo, le dije que lo dejaba, que ésto no funcionaba” –pero él no reaccionó bien- “me empujó tan fuerte que me sentó en el suelo”.

Adriana estaba de 8 meses de embarazo y la agresión de su pareja le provocó fuertes dolores, ella temía por la vida de su hija. “Al mes nació mi bebé. Tuvieron que operarme, el postoperatorio fue muy doloroso, pero a él no le importó y eso fue el detonante para sufrir una depresión postparto, que me llevó directa a la consulta del psiquiatra. Tuve que ser medicada”.

Ella no quería atender a su hija, quería morir, se sentía sola, no amada, no respetada, “sentía que era un cero a la izquierda como persona, como profesional, me sentía fea, una escoria. Luego de ir alpsiquiatra y tras casi un mes de tratamiento tome las riendas de mi hogar, empecé a atender a mi hija, empecé a cuidarme, hice dieta y ejercicios, pero ya él ni me tocaba”.

Indiferencia

Adriana tuvo que vivir con la indiferencia total del padre de su hija, él ya ni siquiera le hablaba. “Mi hija cumplió 1 año y él seguía sin tocarme, siempre llegaba tarde a casa con la excusa del trabajo, yo lo buscaba para tener relaciones, pero él me rechazaba. Sentía que nada de lo que yo hacía servía. Sentía que no era lo suficientemente hermosa o inteligente para él”.

Ante el rechazo constante, Adriana hizo un último intento, darle a su pareja donde más le podía doler. Atacó su hombría. “Seguro te has vuelto gay y no lo quieres aceptar, dime la verdad, sal del closet” -le dijo- pero eso sólo desató la furia del macho herido. “Enfurecido me empujo, me jaló, me cacheteo, me arrastró, rompió mi ropa y me obligó a tener sexo con él”.

Violación

Adriana evita decir me violó, le cuesta repetir la palabra. “Eyaculo en mí, cosa que yo nunca permití, sólo cuando tuvimos a nuestra hija. Yo le decía llorando que no, que parara, pero él seguía y me decía, esto es para que veas que de gay no tengo nada y dejes de joderme. Cuando terminó lo pateé y me encerré en el baño a llorar toda la noche. Me sentía sucia, que no valía nada. Él tocaba la puerta pidiendo perdón, pero le dije que se largará que no lo quería ver”.

Al día siguiente Adriana le pidió a su pareja que se cambiara de habitación y le dijo que ella se iría con su hija. “Pasaron unos meses yo vivía con mi hija en otro lugar, él pagaba el alquiler y me dijo que no podía recibir recibir visitas, yo le dije que no le haría caso, entonces me cogió por el cabello y me arrastró por el piso, no le importó que tuviese a nuestra hija -que ya tenía 2 años- dormida en mis brazos. Ella se despertó llorando y se orino del susto”.

Denuncia

Ese día Adriana no pudo más y tomó medidas en contra del hombre ‘tan humano’ que un día conoció. “Ver lo que fue capaz de hacerme delante de mi hija me dió la fuerza para denunciarlo, eso fue lo mejor que pude hacer, desde ese día, el salvaje no ha vuelto a ponerme la mano encima. Con el tiempo he podido curarme, a pesar que él sigue torturándome psicológicamente cuando le apetece”.

Según Adriana, el pagaba el lugar donde ella y su hija vivían porque así lo habían convenido en el ‘acta de conciliación de mutuo acuerdo’, sin embargo, al poco tiempo tuvo que dejar el apartamento. “Él no cumplió con pagar el alquiler, me iban a desalojar y yo no quería que mi pequeña pasara por eso. De todo lo que firmamos -aunque él tiene mucho dinero- sólo cumple con pagar el colegio y el seguro médico de mi hija”.

A diferencia de otras mujeres que se quejan del trato recibido en comisaría -al momento de presentar la denuncia en contra de su pareja- Adriana dice que fue tratada bien, sin embargo, “cuando mi ex fue a dar su descargo le ‘bajó’ dinero al suboficial que tomó mi denuncia y el suboficial no envió mi expediente a la fiscalía. Me enteré porque un tío mío es Coronel y obligó al suboficial a presentar mi denuncia”.

Debido a la denuncia de agresión presentada por Adriana su pareja fue conminada a ir a terapia psicológica. “El juez obviamente le prohibía volver a agredirme. Además le hice una ejecución del acta de conciliación para que el juez lo obligase a cumplir con todo lo que habíamos acordado so pena de cárcel, aunque, como ya te he dicho, no cumple con todo”.

Desamparo

Adriana también se queja de sus padres. “Cuando le conté a mi madre que él me había forzado, me dijo: no es lo mismo que te viole un desconocido, él era tu marido. Cuando discuto con él por teléfono y mi madre está presente me dice: pobrecito, por qué lo gritas. Tampoco he tenido el apoyo de mi padre, supongo que porque él también maltrataba a mi madre”.

Adriana recuerda que en su casa los golpes y los insultos hacia su madre no faltaban. “Mis padres están enfermos, mi madre por aguantar y mi padre por abusador e infiel. Mi madre siempre lo soportó todo, las únicas que me han apoyado han sido mis hermanas, ellas han sido las únicas de mi familia que me han entendido”.

Adriana separándose y denunciado ha roto el círculo de dolor. Muchas de las víctimas de violencia machista provienen de hogares en los que el abuso ha sido normalizado, por eso es tan importante estar alertas a las señales, huir tan rápido como sea posible de toda situación de maltrato y abuso, y sobre todo educar a los niños y niñas en una cultura de igualdad, respeto y tolerancia.

Cifras

Según estadísticas del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP), de enero a abril de 2018, han atendido 40.212 denuncias de “personas afectadas por hechos de violencia contra la mujer, los integrantes del grupo familiar y personas afectadas por violencia sexual en los CEM a nivel nacional”. Del total de denuncias, 34.063 (el 85%) han sido presentadas por mujeres y 6.149 (el 15%) por hombres.

De todas las denuncias registradas por el MIMP, 20.485 eran por violencia psicológica, 15.974 por violencia física y 3.532 por violencia sexual, y lo más terrible es que la mayor cantidad de denuncias por delito sexual, 1.528, es por abusos sexuales cometidos contra menores entre 12 y 17 años.

A ver ahora quién se atreve a seguir diciendo que la violencia de género no existe, que la violencia machista no existe. A ver quién se atreve a seguir diciendo que el feminicidio no existe, que el Perú no es un país de violadores, y que las mujeres y los niños no son los seres más vulnerables de nuestra sociedad. A ver quién es el valiente que reta las cifras oficiales y sigue negando la verdad que se le estampa contra la cara.

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Este blog también se ha publicado en LaMula.pe

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