Aymara tiene 13 años, 10 de ellos ha sido víctima de un conflicto internacional por su custodia

El “Convenio de la Haya para la Restitución Internacional de Menores”, el MIMP y la justicia de 3 países, responsables del sufrimiento de una niña

«Me acuerdo de los arañones en el aeropuerto cuando mi papá no quería que volviéramos a Londres» […] «Ahora estoy bien, pero cuando escucho en el colegio a mis compañeros quejándose porque sus padres no les compran un teléfono o un vestido, yo no me atrevo a decir nada, me tengo que quedar con todo esto atascado dentro de mí porque si les cuento todo lo que he pasado me verán como la rara, la diferente».

Aymara

Ella es Aymara, tiene 13 años, y desde los 4 sus padres mantienen un conflicto legal por su custodia, aunque esta ya fue establecida por un proceso internacional hace algunos años. Hija de madre polaca y de padre peruano, Aymara salió por primera vez el Perú con su madre cuando tenía menos de 3 años de edad; casi dos años después, su padre la reclamó a través del mecanismo de La Haya facultado para ello: ” El Convenio de 25 de octubre de 1980 sobre los Aspectos Civiles de la Sustracción Internacional de Menores” y aquí comenzó su particular Odisea.

teleoLeo.com habló con Aymara que está a punto de cumplir 14 años y ya podría decidir con quién quiere vivir, mientras, su padre sigue desconociendo el acuerdo firmado en 2009, en el que se ratificaba la custodia de la niña a favor de su madre. Aymara ahora está en España intentando hacer vida normal, pero no puede, ha pasado por mucho y no tiene ni la tranquilidad, ni la estabilidad que necesita para sus pocos años.

Entrevista a Aymara

La madre

Joanna Pachwicewicz, la madre, es una ciudadana polaca a la que el padre de su hija, el peruano Luis Merino Alpiste, la acusa de haber sustraído, retenido, a la menor y de habérsela llevado del Perú sin su consentimiento el año 2007. TeleoLeo.com habló con Joanna, ella afirma ser víctima de la mala aplicación del convenio de La Haya, del que dice: «Es una burla creada por burócratas que no permite el acceso a la justicia y vulnera el derecho de los niños que se supone son el bien supremo que pretende proteger»

Y Joanna abunda: «El convenio de La Haya para la restitución internacional de menores es una herramienta de tortura de niños y adolescentes en manos de las autoridades centrales encargadas de su aplicación». También habla con mucho resentimiento, dolor e indignación de los procedimientos de la justicia peruana, de la justicia inglesa y de la diplomacia polaca que, según afirma, no la protegió.

En el Perú la autoridad central encargada de la aplicación del convenio de La Haya para la restitución internacional de menores es el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP). En Inglaterra, el Ministerio de Justicia.

Según Joanna, «el MIMP, a través de su Dirección del Niño, la Niña y los Adolescentes actuó incorrectamente pues presentó documentación falsa para satisfacer los requisitos del convenio con el fin de quitarme a mi hija. La justicia peruana, por su parte, tardó 6 años en homologar la ‘conciliación’ a través de un proceso llamado ‘Exequatur’ que no procedía porque la ‘conciliación’ se había firmado en el marco del convenio de La Haya en un juzgado inglés».

En la ‘conciliación’ firmada entre Joanna y Luis se acordaba que la hija de ambos se quedaba a vivir en Inglaterra, con la madre, también se establecía un régimen de visitas al padre en Perú y la pensión alimenticia para la menor.  «Pero él nunca se ha hecho responsable de lo que firmó, al extremo que en 2014, luego de una de nuestras visitas, violando todo lo acordado y con la ayuda de las autoridades peruanas, nos retuvo más de año y medio en Perú» —afirma Joanna.

El Perú es uno de los más de 90 países firmantes del Convenio de 25 de octubre de 1980 sobre los Aspectos Civiles de la Sustracción Internacional de Menores y todo lo que se firma a su amparo es de obligado cumplimiento entre los países firmantes.

Joanna afirma que el proceso de restitución internacional de su hija está plagado de irregularidades y falsedades que sólo tenían como objetivo «favorecer al padre de mi hija a cambio de sobornos, aunque luego se convirtieron en desesperado camuflaje de actitudes hasta delictivas de los funcionarios públicos que intervinieron», asegura.

Irregularidades muy irregulares

  • El envío a la Autoridad Central inglesa del convenio de un certificado del movimiento migratorio borrado de Aymara y una autorización de viaje firmada ante notario que Joanna asegura no haber suscrito nunca. Según Joanna, «la Dirección General de Niñas, niños y Adolescentes del MIMP, dirigida por María del Carmen Santiago Bailetti,  envió una carta alegando primero “sustracción” en base del movimiento migratorio borrado de mi hija y luego “retención” en base a una autorización de viaje también falsa, firmada por su padre y yo ante notario, cosa que nunca ocurrió».
  • Los 6 años que demoró la justicia peruana en reconocer el acta de ‘conciliación’ firmada en 2009 ante la justicia inglesa, fueron, según Joanna, «años de manipulaciones y traiciones tanto por parte de los abogados involucrados, de los juzgados peruanos y del MIMP debido a su completa falta de apoyo legal como supuestos y únicos expertos en el Convenio».
  • El impedimento de salida de Aymara del Perú, emitido en 2014 por la Superintendencia Nacional de Migraciones, luego de una las rutinarias visitas a su padre . Según afirma Joanna, «el impedimento fue emitido alegando la existencia de un proceso judicial por la custodia de la niña, lo cual era totalmente falso, porque en 2009 la justicia inglesa ya me había dado la custodia de mi hija».

El padre

«Joanna se llevó a mi hija para vivir, en un restaurante abandonado, se fue a pasar hambre a Londres con dos niños que ni siquiera hablaban inglés, cuando en Perú tenía una vida más que confortable, colegio privado, un departamento de 3 plantas en Pimentel, en primera línea de mar» […] «Mi hija salió con su madre del Perú por 4 meses, después la señora dijo que se quedaría 3 meses más, accedí, y luego 3 meses más, y volví a acceder porque la señora siempre ha tenido un carácter difícil y yo quería mantener un perfil bajo; hasta que no pude más, puse una denuncia y se inició un proceso legal en la corte inglesa» —explica el padre.

Luis Merino, el padre de Aymara, dice que lo único que quiere es tener una relación con su hija, poder verla crecer y para eso afirma que lucha cada día, «pero nadie me ha escuchado, un abogado me dijo que él no tomaba mi caso porque iba a perder por dos cosas: primero porque era hombre y segundo porque era cholo; y ella me iba a ganar porque era mujer y porque era gringa. La historia de Paco Yunque se vive cada día en este país y esta es una prueba» —afirma Merino en una entrevista concedida a teleoLeo.com.

Sin embargo, Paco Yunque no es alguien con quien el padre de Aymara se pueda comparar. El personaje del cuento de César Vallejo era un pobre y desvalido niño sobre el cual recaían las culpas de todo y a Luis Merino nadie lo culpa de nada, al menos, no aún.

Entrevista a Luis Merino

El audio de la entrevista no ha sido editado porque Merino acusa no sólo a la madre de su hija, sino que además denuncia que la corte inglesa no atendió sus demandas al momento de firmar la ‘conciliación’ para obtener la custodia de su hija, además, también denuncia a funcionarios de la Superintendencia Nacional de Migraciones por haber levantado la orden de impedimento de salida de su hija, interpuesta por él en el 2014, así mismo, afirma que la madre de su hija podría dedicarse a la trata de menores.

Cronología de los hechos

En 2005, Joanna Pachwicewicz tiene una hija con el ciudadano peruano Luis Merino Alpiste. En diciembre de 2007 Joanna abandona Perú con la niña y su hijo mayor, fruto de una relación anterior, y por ‘diferencias’ con Merino decide quedarse a vivir en Inglaterra. Casi dos años después, en abril de 2009, el padre de la niña solicita a la Dirección General de Niñas, Niños y Adolescentes del MIMP la aplicación del “Convenio de La Haya sobre los Aspectos Civiles de la Sustracción Internacional de Menores”.

Este convenio establece que los niños que han sido sustraídos de su residencia habitual o retenidos por uno de los padres violando la tenencia del otro, deben ser restituidos, salvo que su integridad emocional o física se encuentre en peligro. En base a esto, antes de iniciar el proceso, la justicia inglesa —para determinar la custodia del padre en este caso— solicitó información sobre la situación legal de Aymara hasta el momento de abandonar Perú con su madre.

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TRADUCCIÓN DEL SUBRAYADO DEL DOCUMENTO EN EL QUE LA JUSTICIA INGLESA LE PIDE AL MIMP LA DOCUMENTACIÓN QUE LE FALTA PARA LA APLICACIÓN DEL CONVENIO DE LA HAYA: «[…] OBSERVO EN LA SOLICITUD QUE LOS PADRES NO ESTÁN CASADOS, LA LEY RELEVANTE DE PERÚ SOBRE LOS DERECHOS DE CUSTODIA DEL PADRE NO ESTABA INCLUIDA EN LA SOLICITUD. COMO PRIORIDAD, ¿PODRÍA PROPORCIONARME LA LEGISLACIÓN PERTINENTE, YA QUE ESTO SERÁ REQUERIDO POR EL TRIBUNAL PARA EJECUTAR LA SOLICITUD?»
Nunca se envió la respuesta a esta carta. Meses tarde, para cumplir con ese vacío legal, que debía ser llenado antes de iniciarse el proceso, los abogados de Joanna y Luis encargaron un informe particular donde la abogada asume que la niña vivía con ambos padres, sin embargo, sus conclusiones al respecto son bastante confusas.

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TRADUCCIÓN: «SIN EMBARGO, COMO LOS PADRES NO ESTÁN CASADOS, EL PADRE QUE VIVIÓ CON EL NIÑO TIENE LA CUSTODIA EFECTIVA. PARA LOS EFECTOS DEL ARTÍCULO 3 DE LA CONVENCIÓN DE LA HAYA SOBRE EL CONVENIO DE LA RESTITUCIÓN INTERNACIONAL DE MENORES, EN EL CASO DE AYMARA MERINO, AMBOS PADRES EJERCIERON LA CUSTODIA EFECTIVA DE LA NIÑA DE MANERA CONJUNTA, EN EL MOMENTO DE SU SALIDA DEL PERÚ, NO PORQUE EL SEÑOR MERINO Y LA SEÑORA PACHWICEWICZ VIVÍAN JUNTOS, PERO PORQUE AMBOS PADRES VIVÍAN CON LA NIÑA EN LA MISMA CASA»

O sea, el padre ¿convivía con la niña, o no? Según Joanna, ella y el padre de su hija mantenían una relación pero no vivían juntos, sobre todo por el trabajo de él. «Nosotros vivíamos primero en Lima, luego Trujillo y el en Chiclayo y a veces venía de visita los fines de semana; luego nosotros nos mudamos a Pimentel (Chiclayo) y él se fue a Estados Unidos». La versión de Luis Merino es distinta, según dice, él y Joanna eran pareja y vivían juntos, sin embargo, cuando él mismo interpone la solicitud para recuperar a su hija, podemos ver que ambos residen en lugares diferentes.

Dirección de Joanna en Pimentel

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Dirección de Luis en Lima

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«La justicia inglesa a la orden de Autoridad Central del convenio en Inglaterra: “La International Child Abduction and Contact Unit” (ICACU),  inició el proceso para quitarme a mi hija antes de recibir la respuesta sobre cuál de los padres ejercía la tenencia de la niña. Cuando la ICACU se dio cuenta de su error excluyó del expediente, trasladado al juzgado, la carta en la que solicitaban esa información. No les importó que por su ‘error’ mi hija pagase las consecuencias. Años después cuando intenté que reconocieran lo que habían hecho mal, iniciaron una persecución legal en mi contra que dura hasta el día de hoy» —afirma Joanna.

«Si yo no volví al Perú, no fue porque quisiera alejar a mi hija de su padre, yo no volví porque surgieron cosas que no me permitían continuar mi relación con él en las condiciones que teníamos establecidas. Él no cumplió con nada de lo acordado entre nosotros, y, para colmo, él nunca quiso arreglar mi situación migratoria, yo era una ilegal en Perú si me quedaba luego de que expirase mi visa y eso me hacía muy vulnerable» —afirma Joanna.

Movimiento migratorio alterado

La principal irregularidad señalada por Joanna es que la Dirección de la Niña, el Niño y los Adolescentes del MIMP, según afirma, envió a la corte inglesa un «certificado fraudulento del movimiento migratorio de Aymara», pues mientras que en el se asegura que «la menor no tiene movimientos migratorios registrados» en su pasaporte polaco —con el que salió del Perú— consta el sello de salida del país y el de entrada a Ecuador y su paso por Huaquillas y Guayaquil, ciudad donde tomaron el avión con destino a Europa.

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Con la alteración del movimiento migratorio de Aymara se pretendía ‘informar’ a la corte inglesa que la niña había salido ilegalmente del Perú, pero, según Joanna, esto no es cierto. «Mis hijos y yo salimos en diciembre de 2007 de Perú por Ecuador acompañados por el padre de mi hija y una pareja de amigos de Trujillo, desde Guayaquil tomamos el vuelo a Europa: mi hija y yo con pasaportes polacos, mi hijo mayor con su pasaporte español».

Como se puede ver, en el pasaporte de Aymara constan los sellos de su paso por Huaquillas y Guayaquil. «En el documento de mi hija consta el sello de salida del Perú y el de ingreso y salida de Ecuador, sin embargo, en el sistema migratorio peruano constaba sólo mi salida y la de mi hijo, pero no la de Aymara, ni la de su padre. O sea, mi hija tenía los sellos en su pasaporte, pero en el sistema de migraciones peruano los ‘desaparecieron’, así fabricaron una causal para poder aplicar el convenio de La Haya arruinando la infancia de mi hija» —dice Joanna.

Luis Merino corroboró la versión de Joanna en la entrevista que concedió a teleoLeo.com  y negó que él tuviese algo que ver con la ‘manipulación’ del pasaporte de su hija. «Yo no tengo nada que ver con eso, sí pues primero en el pasaporte no estaba el sello y luego sí, no sé cómo habrá hecho Joanna para que aparezca». Sin embargo, como señala la carta enviada por la Defensoría del Pueblo a la Superintendencia Nacional de Migraciones, la ‘manipulación’ del pasaporte tampoco habría sido realizada por la madre, máxime cuando ella era la que perdía con eso.

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La embajada de Polonia en Perú también precisó que Aymara Merino había salido legalmente de Perú en 2007, pues había viajado con su pasaporte polaco, y al ser hija de una ciudadana polaca ella también tenía la nacionalidad de su madre y podía viajar con uno de sus progenitores sin autorización expresa del otro.

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Conciliación

Cuando se inició el proceso de restitución de Aymara al Perú, trámite que según el plazo señalado por el Convenio de La Haya dura alrededor de 60 días, Joanna afirma que, «a pesar que la justicia inglesa advertía que había irregularidades, mi hija, de entonces 4 años, iba a ser devuelta a Perú, para no arriesgarme a lidiar con la justicia peruana preferí conciliar con el padre de mi hija en Inglaterra estableciendo la jurisdicción inglesa para cualquier posible conflicto en el futuro relacionado con Aymara. Y así se hizo».

Para que Luis Merino aceptase firmar la ‘conciliación’ en la que se estipulaba que Joanna seguiría viviendo en Londres con su hija y que la niña lo visitaría dos veces al año en Perú, Joanna le prometió poner a su nombre un departamento que había comprado. «Le dije al padre de mi hija que si firmaba la ‘conciliación’ pondría a su nombre el departamento que había comprado en Pimentel y que estaba hipotecado».

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Pero Luis Merino, aunque firmó la ‘conciliación’, niega haber aceptado sus condiciones. «En la ‘conciliación’ fui representado por una abogada inglesa que no puso nada de lo que yo pedí, no me hizo caso, a todo decía que así no se iba a hacer» […] «Cuando firmamos el acta de ‘conciliación’ me enviaron el documento después de 3 o 4 meses, cuando ya no podía hacer nada porque ya no estaba a tiempo de hacerlo» —afirma. Sin embargo, lo firmando en esa ‘conciliación’ es equivalente a la resolución del proceso iniciado con el convenio de La Haya, es inapelable y cualquier cambio debe ser hecho en el mismo juzgado y en presencia del juez que tuvo a su cargo el proceso.

«Yo hablé con la abogada inglesa, me quejé, pero ella me dijo que no recordaba lo que yo le había dicho y que si quería cambiar algo tenía que iniciar otro proceso en Perú y no lo hice porque yo trabajo, soy arqueólogo, además, cuando iba al MIMP me decían que eso lo veía el Ministerio del Interior, allí me decían que volviera al MIMP, que fuera a la Defensoría y a la justicia inglesa, y yo no puedo ir a Inglaterra. Al final, luego de tremenda crisis deje todo y me di por vencido» —afirma Merino.

Tratos incumplidos

Desde la firma de la ‘conciliación’, el 2009, Joanna asegura haber cumplido con llevar a su hija a visitar a su padre al Perú, lo que se refleja en sus movimientos migratorios, sin embargo, se queja de que Luis Merino no ha pagado regularmente la pensión alimenticia a la que se comprometió. «Nunca me pasó la pensión, me debe mucho dinero, a la fecha son casi 80.000 dólares y a parte está el dinero que me debe de los pasajes». Pero el 2014 las visitas cesaron.

«En 2014 mando dinero para los pasajes, solo de ida, y prometió pagar lo que debía apenas nos viese en Peru. Ese año íbamos a quedarnos allí más tiempo porque como Aymara no había terminado el 4 año de primaria iba a ir como alumna libre por unos meses en Perú, tiempo que también aprovecharía para mejorar su castellano. El 04 de Junio de 2014 llegamos a Perú, mi hija, como siempre, ingresó como turista con su pasaporte polaco, migraciones nos dio estadía de turistas por 183 días, sin embargo estuvimos retenidas allí un año y medio” —dice Joanna.

La ‘Odisea’

Al llegar a Perú, Merino no pagó nada de la deuda, afirma Joanna y  agrega: «Venía con la policía a la puerta del edificio, en Pimentel, con una solicitud de regimen visitas interpuesta en el juzgado de Chiclayo, negando haber hecho la ‘conciliación’ en Londres. Por quinta vez empecé la homologación de la ‘conciliación’, cuando el proceso ya estaba encaminado, en noviembre de 2014, decidí volver a Londres. Cuando ya estábamos en el aeropuerto, los de migraciones me notificaron que Aymara tenía una alerta por procesos judiciales por su custodia y no podía embarcar».

Según Joanna, «el gerente de Movimientos Migratorios, Ronald Rios Adrianzen, ordenó introducir la alerta en base a una solicitud personal de Luis Merino, sin ninguna orden judicial y violando la conciliación hecha en 2009 en Londres. Además, desde el principio no me dejaron mostrarles ningún documento, sólo me mandaban a la oficina principal de Migraciones en Lima para resolver el asunto allí y así es como mis hijos y yo perdimos el vuelo».

Desde ese momento Joanna tuvo que hacer mil y una gestiones para poder volver con su hija a su domicilio habitual en Inglaterra. Presentó ante la Superintendencia Nacional de Migraciones la copia de la ‘conciliación’ firmada en 2009, pero le respondieron que Aymara no salía del país sin la autorización de su padre o con el reconocimiento de la ‘conciliación’ por parte de la justicia peruana.

En 2014 la justicia peruana aún no había reconocido la ‘conciliación’ firmada entre los padres de Aymara en 2009 y de eso se valieron los funcionarios de migraciones para no dejar salir del país a una niña que viajaba con pasaporte polaco y con residencia fijada en Londres por una corte inglesa en el marco del cumplimiento del convenio de La Haya. El reconocimiento de la ‘conciliación’ por parte de la justicia peruana llegó recién en 2015.

A principios de diciembre de 2014 Joanna intentó volver a embarcar con su hija, el cónsul polaco había intervenido y ella pensó que la situación ya estaba aclarada, pero se lo volvieron a impedir, la alerta continuaba vigente. «Unos días después tuve que viajar a Inglaterra sola con mi hijo pequeño porque se cumplía el plazo de permanencia como turista y no quería que me expulsasen del país porque luego no podría volver a entrar, así que tuve que irme dejando escondida a Aymara» —dice Joanna.

El 29 de diciembre de 2014 Joanna volvió al Perú y una vez allí, recurrió a la Defensoría del Pueblo para que migraciones levantase la ‘alerta’ que no le permitía sacar a su hija del país. “La Defensoría del Pueblo con apoyo del cónsul polaco realizó gestiones en migraciones y además pidió al MIMP y a la jueza de enlace de La Haya que exijan la aplicación de la ‘conciliación’ firmada en el marco del Convenio de La Haya, pero nadie hizo nada” —dice Joanna.

Cuando se volvió a cumplir el plazo de estadía para turistas, Joanna tuvo que volver a marchar de Perú dejando, otra vez, a su hija escondida. «El 16 de Junio de 2015 regresé al Perú y mi abogado me informó que la Superintendencia Nacional de Migraciones había levantado la ‘alerta roja’ extrañamente la resolución decía: La presente orden no tiene efectos sobre requisitorias pendientes”. El 11 de Julio del 2015, antes de la fecha límite, decidí viajar a Loja, Ecuador para cumplir con la orden de salida».

Pero otra vez a Joanna no la dejan salir del Perú con su hija porque su padre había interpuesto otra ‘alerta’. «Lo contradictorio» —dice Joanna— «es que la orden la firmaba la abogada Rosario Carrillo Vega, sub gerente de Movimiento Migratorio de la Gerencia de Servicios Migratorios, la misma que había suscrito la autorización de levantamiento de la ‘alerta’ con fecha del 12 de Junio del mismo año». 

Joanna decide entonces ir por tierra a Loja, pero a medianoche la bajan a ella y a sus hijos del autobús, sin dinero y harta de la situación se desplaza a Chiclayo para formular la denuncia y queja respectivas. «Una vez allí denuncié penalmente a la Superintendencia de Migraciones por abuso de autoridad, omisión y retardo de actos funcionales en agravio de mi familia y del Estado peruano, pero extrañamente mi denuncia fue archivada y no pude presentar una queja porque no tenía más dinero, pero todo esto me dejó muy clara la actitud delictiva tomada en mi contra y en contra de mis hijos, Ante todo este abuso, el cónsul polaco tuvo una actitud pasiva pues en lugar de darnos protección consular se limitó a firmar lo que alegaba la Defensoría del Pueblo» — afirma Joanna.

«A la fecha de expedida la alerta no existía orden judicial alguna que impidiera el viaje de la menor, ni pudo haber existido por efecto de la sentencia inglesa, que le otorga al Juez de Inglaterra la potestad de realizar cualquier modificación o cambio relacionado con la custodia de Aymara Merino» (decía el documento consular, repitiendo lo que decía la Defensoría del Pueblo).

El cónsul polaco también decía que la decisión adoptada por Migraciones, «evidenciaba el hecho de que las autoridades peruanas no tenían un criterio uniforme sobre los alcances del ‘Convenio sobre los Aspectos Civiles de la sustracción Internacional de Menores’ y que no deberían cerrar la posibilidad de valorar la voluntad del acuerdo judicial suscrito en Londres por ambos padres, como una autorización de viaje emitida válidamente por el señor Luis Merino».

De los creadores de no se cayó, se desplomó, Luis Merino afirma que él no interpuso ningún impedimento de salida para su hija. «Ella podía salir del país cuando quisiera, pero tenía que presentar los documentos que se le exigían», dice. Para obtener el impedimento Merino se acogió a varias normas de la Superintendencia Nacional de Migraciones y al Código del niño y el adolescente que él pensó que podían favorecerlo, sin embargo, según la ‘conciliación’ firmada en Londres, nadie más que la corte inglesa podía cambiar o emitir alguna resolución respecto al lugar de residencia de Aymara o de su permanencia fuera de Inglaterra. 

Finalmente, en junio de 2015, la Superintendencia Nacional de Migraciones levanta el impedimento de salida de Aymara del Perú.

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Es recién en septiembre de 2015 que Joanna logra salir del Perú con Aymara y su hijo pequeño. «Al cuarto intento de salir del Perú, coordiné con un funcionario de la Defensoría del Pueblo para que nos acompañará en el aeropuerto, pero nunca llegó; quien  sí lo hizo fue el padre de mi hija con dos policías, querían impedir nuestro viaje. Los policías me jaloneaban para sacarme de la cola de embarque, ordenándome acompañarlos, asustaron a mi hijo pequeño, arañaron a mi hija. Les dije que el padre de mi hija tenía una orden de alejamiento y que yo no tenía porque acompañarles. Continué avanzando como podía con mis hijos y gracias a algunos pasajeros y del personal del aeropuerto pudimos embarcar y salir del Perú» —explica Joanna».

Autorización de viaje

Otro documento que Joanna afirma que se presentó y del cual también dice que es falso, es la supuesta autorización de viaje que ella y Luis Merino habrían firmado delante de notario, en dicha autorización se estipulaba que estaría fuera de Perú desde el 24 de diciembre de 2007 hasta junio de 2008. «Nunca firmamos ninguna autorización» —dice Joanna— «porque mi hija al ser hija de polaca es ciudadana polaca y en mi país los niños no necesitan ninguna autorización para viajar acompañados por uno de sus padres, además esa supuesta autorización presentada ante la justicia inglesa no contaba con el sello o visación del control de Migraciones del Perú».

Luis Merino también niega haber firmado una autorización de viaje, dice que no recuerda haber ido a firmar nada ante un notario. «No se firmó nada porque ingenuamente, románticamente, creí en su palabra, además, la primera vez que salieron del Perú por Ecuador, yo salí con ellas». Sin embargo la autorización de viaje firmada ante notario existe y fue enviada a la Autoridad Central del Convenio Inglesa para extender el plazo de un año —tiempo durante el cual se puede presentar la solicitud de restitución de un menor— y poder así utilizar el Convenio.

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Con esa autorización falsa de viaje para Aymara, Joanna, también fue denunciada por “retención ilegal”, según ella, «la autorización falsa fue recomendada por la Autoridad Central peruana para satisfacer los requisitos del convenio respecto a que la aplicación sólo se puede presentar en el plazo de un año desde que el menor es sustraído». Por otro lado, la denuncia por retención ilegal no correspondía porque cuando se activa el Convenio de la Haya no se puede abrir ningún otro proceso hasta que se haya decidido sobre la restitución, o no, del menor.

El propio Luis Merino dijo a teleoLeo.com que él advirtió al MIMP, que la denuncia por retención ilegal no correspondía, «pero desde la Dirección del Niño, la Niña y Adolescentes, me dijeron que así era como había que hacer las cosas para recuperar a mi hija».

Maltratos archivados

Luis Merino denunció 6 veces a Joanna por maltrato psicológico a él y a su hija; Joanna lo denunció a él por lo mismo. Al final, el juez que vio el caso, archivó la denuncia interpuesta por Merino y determinó que él si había ejercido maltrato en contra de Joanna y de su hija, y lo sentenció a una multa y terapia. Merino apeló la sentencia y perdió en apelación.

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Respecto a la denuncia de maltrato psicológico que Joanna ejercería sobre su hija la sentencia señala que, si bien es cierto, la madre de la niña se encontraba estresada y tensa, era por las discusiones con Luis Merino y que no había nada que pudiese demostrar que ella ejercía ningún tipo de maltrato sobre su hija.

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Un aspecto fundamental para declarar a Merino responsable de maltrato psicológico en contra de su expareja y de su hija fue la declaración de Aymara respecto al comportamiento de su padre.

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Luis Merino dice no entender por qué el maltratador era él. «No han tomado en cuenta que ha habido policías testigos de los insultos que Joanna me gritaba, incluso insultó a mi madre». Merino también dice que Joanna se dedica a la trata de menores y que tiene una enfermedad neuropsicológica que no medica y que en esas condiciones no puede cuidar de su hija.

En la extensa conversación que mantuve con Merino le advertí que acusar a alguien de ejercer la trata de menores es muy delicado y le pedí pruebas, sin embargo, al día de hoy no he recibido ninguna. Respecto a la «enfermedad neuropsicológica» que sufre la madre de su hija, en la sentencia por maltrato se advierte de la misma, pero señalando que eso no la inhabilita para cuidar de Aymara.

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Desprotección Social

Aymara ahora vive en España porque en Londres vivían en una vivienda de protección social y la niña no estaba tranquila allí porque los vecinos no eran muy recomendables, además hace unos meses Joanna tuvo una crisis  y la recluyeron en su casa con una medicación que, según los servicios sociales ingleses, en algún momento podrían impedirle cuidar bien de su hija y podría estar en peligro porque tiene un hermano de más de 20 años, por eso, Joanna ha preferido enviar a la niña a España donde dice que está bien cuidada.

Convenio inconveniente

Esta es una historia más de las que se viven en Perú y en muchas partes del mundo. Las mujeres que tienen pareja de diferente nacionalidad y que han parido en países que no son el suyo siempre tendrán sobre sus cabezas el miedo de que si la relación no va bien, lo más probable es que no podrán volver a sus países con sus hijos pues les podrían ser reclamados; y por más que existan mecanismos internacionales como el elaborado por La Haya, no hay ninguna garantía de que se cumpla aquello de velar por el bien supremo, que en este caso sería el niño o la niña. Ojo  que también hay mujeres peruanas que han tenido sus hijos fuera y que al volver a Perú sufren por lo mismo.

Leer también: #PorNina: Ella sólo quiere recuperar a su hija [Audio y video] (Natalia Bresó es “ella”, una mujer argentina, perjudicada también por la aplicación del Convenio de La Haya para la Restitución Internacional de Menores)

 

Sólo mirando la punta del iceberg, es necesario precisar que el convenio de la Haya sobre la restitución internacional de menores no tiene un ente encargado de fiscalizar que sus normas se cumplan y que sus sentencias se den con total transparencia, sin que medien procesos manchados tanto por ilegalidades y estratagemas de funcionarios que deberían velar por el correcto cumplimiento del convenio, como por los progenitores que pueden pagar por los servicios de abogados caros, pero ‘efectivos’ y no precisamente por la limpieza de su trabajo.

La batalla por Aymara continuará, por lo pronto ella y su madre no quieren volver al Perú, no quieren volver a ser retenidas e impedidas de salir del país, entre tanto, sólo en nuestro país hay muchas madres más que sufren porque el convenio de La Haya ha servido para que les quiten a sus hijos y porque el MIMP y la justicia no las protegen ni las ayudan a mantener a su lado o a recuperar, incluso, a pequeños que aún se alimentan de sus pechos.

 

 

 

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Joanna Pachwicewicz dice:

    Es un „corto” resumen de nuestro martirio! Hice de todo para que los responsables pagaran por ello… ninguna conciencia se despertó y se siguen masacrando a los niños aún peor! En eso si se especializan Autoridades Centrales del Convenio y son cada vez más sofisticados en los métodos de tortura ….

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