Miseria y hambre en Cantagallo

«O morimos por el COVID-19 o morimos de hambre» Esta es al disyuntiva con la que viven las 238 familias de la comunidad Shipibo-Konibo de la selva del Perú, que viven en el asentamiento humano Cantagallo ubicado en el Cercado de Lima

Desde el inicio de la cuarentena no pueden salir a vender sus coloridas artesanías y están viviendo de donaciones de amigos. Hace unas semanas publicaron en sus redes sociales un pedido de ayuda dirigido a las autoridades.

Ante la demanda, el alcalde de Lima, Jorge Muñoz les llevó víveres y se comprometió a llevarles agua cada día, hasta el final del estado de emergencia. Sin embargo, según Olinda Silvano, dirigenta cultural de la comunidad, aún tienen muchas carencias.

«El alcalde sólo vino una vez trayendo víveres, lentejas, arvejita verde y frijoles, pero ni papa, ni arroz. Y una vez nomás no comemos, tenemos casi mil niños, estamos muy preocupadas por la situación. Además nos traían dos camiones de agua a la semana, ahora, después de quejarnos ya nos han puesto un tanque» ─dijo Olinda a TeleoLeo.com.

Otra de las necesidades de la comunidad era la falta de servicios higiénicos. Ellos debían salir de Cantagallo para ir a los baños públicos de la municipalidad, pero para hacerlo tenían que superar a los policías apostados a los alrededores, que muchas veces no los dejaban pasar.

«Teníamos que caminar de 5 a 10 minutos para ir al baño y los policías, por la cuarentena, a veces no nos dejaban pasar. En las casas donde hay niños hacían sus cosas en bolsas y luego olía mal todo. En cuanto comenzó la cuarentena le pedimos baños secos al alcalde, recién nos los trajeron la semana pasada, pero al menos ya los tenemos».

Olinda es una artista y habla con orgullo de su trabajo y del de las mujeres y hombres con los que convive, así como de su comunidad. «Nosotros no queremos regalos, queremos vender nuestra artesanía, seguimos produciendo pero ahora no se vende nada, estamos desesperados».

TeleoLeo.com entrevistó a Olinda Silvano sobre la situación de la comunidad Shipibo-Konibo, asentada en Cantagallo, durante la cuarentena instaurada por el COVID-19. Luego de la entrevista Olinda agregó que el Ministerio de Cultura también les ha llevado ayuda en una oportunidad.

Esta entrevista fue hecha antes de que el alcalde de Lima pusiese baños secos en la comunidad y el tanque de agua

«Ya tenemos baños y agua» ─dice Olinda─, «pero los víveres nos siguen faltando, porque vienen también vecinos que no viven en la comunidad y nos piden ayuda y compartimos lo que tenemos, no los vamos a dejar con hambre. Así somos nosotros».

Así comenzó todo

Desde el año 2000, quince familias de la comunidad Shipibo-Konibo, de la selva del Perú, llegaron a Lima para vender su productos artesanales, con el fin de mejorar su situación económica y fueron incrementando su presencia en la capital, hasta llegar a ser los que son.

Durante estos años han pasado por la promesa de un complejo habitacional a orillas del Río Rímac, planificado para la recuperación de esa zona para la ciudad, pero eso no pasó. Luego les prometieron construirles viviendas en otra punto de la ciudad, eso tampoco ha ocurrido.

Sin bonos del MIDIS

Olinda Silvano junto con su comunidad viven en la precariedad absoluta, pero así han luchado por tener su escuela bilingüe y por difundir su arte dentro y fuera del país. En 2019 fueron parte de la feria Arco de Madrid, cuando Perú fue el país convidado.

Según Olinda, la mayoría de los integrantes de su comunidad no ha recibido el bono del gobierno pensado para las familias vulnerables. «Nosotros somos pobres y aquí sólo un 20 % de familias ha recibido el bono, es más mi madre que tiene 68 años y no recibe la pensión 65».

Varados en la capital

Otro de los problemas que afronta la comunidad son los más de 700 Shipibos, que necesitan regresar a su lugar de origen. «Ellos vinieron a Lima para trabajar o para vender su arte y se encontraron con la pandemia, ahora están en una situación desesperada». Para ellos también pide ayuda Olinda.

Estas personas necesitan volver a sus pueblos porque debido a la cuarentena se han quedado sin trabajo y están siendo echados de los lugares donde viven porque no pueden pagar el alquiler, tampoco tienen alimentos y los trámites para salir de Lima están siendo demasiado lentos.

Quedarse en casa es un privilegio

La cuarentena es necesaria porque ha demostrado ser el único freno a la propagación del virus, sin embargo, realizarla es un privilegio para muchos ciudadanos peruanos. El 60 % de la PEA es informal y de ellos, el 65 % son mujeres miles de las cuales además son jefe de familia.

El presidente Martín Vizcarra dijo esta semana que el Ministerio de Economía ha dado a las alcaldías una partida de dinero para su población más vulnerable y, que hasta el momento, sólo han ejecutado el 37 % de la misma.

Es decir, mientras miles de peruanos viven peor que nunca, el 63 % del dinero recibido duerme en los bancos. Y me pregunto: ¿saben los alcaldes lo que es tener una familia que alimentar y no poder hacerlo?

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