Testimonios de trabajadoras del hogar peruanas despedidas durante la cuarentena por el COVID-19 [Audios]

Según la OIT, «en América Latina hay más de 14 millones de mujeres que trabajan remuneradamente para una familia. El trabajo doméstico remunerado es una de las ocupaciones con peor calidad del empleo: extensas jornadas de trabajo, bajas remuneraciones, escasa cobertura de seguridad social y alto nivel de incumplimiento de las normas laborales». Y para empeorarlo todo llegó el COVID-19

«Trabajo hace 25 años en una casa, ‘cama adentro’, de lunes a sábado todo el día, sin contrato; gano 1.500 soles al mes y sólo desde hace 10 años estoy asegurada. La compensación por tiempo de servicios me la pagan cada año. Desde el inicio de la cuarentena hasta Semana Santa me tuvieron encerrada trabajando hasta los domingos y para más gente que la familia habitual».

Este es el testimonio que una trabajadora del hogar dio de manera anónima a teleoLeo.com. El domingo 15 de marzo ella estaba disfrutando en su casa de su descanso semanal, escuchando el anuncio de la cuarentena que en 24 horas obligaba a todo mundo a permanecer en su casa. En cuanto el presidente peruano, Martín Vizcarra, terminó de hablar, su empleadora la llamó y le dijo que si quería seguir trabajando debía confinarse con ellos.

Ella, madre soltera de padre ausente, no tuvo más opción que aceptar lo que le decían al otro lado de la línea, así que sin importar que ya era muy tarde cumplió la orden y se dirigió a casa de sus empleadores. «Me tuvieron encerrada, trabajando incluso los domingos y no sólo para la familia ─padres y 3 hijos─, también tuve que atender, en todo, a dos parientes que llegados del exterior se confinaron con ellos».

En un inicio, ella fue contratada como niñera de dos niños, luego llegó un tercero y su trabajo aumentó, con el paso del tiempo y mayor independencia de las criaturas, ella comenzó a ocuparse también de las tareas del hogar, sin embargo, la pandemia ha puesto en riesgo su permanencia en la casa. «En Semana Santa salí, pero cuando quise volver la señora me dijo que no porque podía estar contagiada».

Luego le dijeron que si volvía las cosas no serían igual y ella cree que aceptará porque si no, no come, ni puede alimentar, ni terminar de educar a su hija. «Primero me dijeron que si volvía me recortarían el sueldo y en las últimas conversaciones me han dicho que, por lo menos, hasta fin de año sólo me podrán dar una ayuda y tendré que aceptar porque no tengo nada más y conseguir trabajo ahora es muy complicado».

Testimonio anónimo recogido por teleoLeo.com

80 horas a la semana por 900 soles al mes

«La señora, no respetó lo que dijo el presidente, igual me despidió». Cuando el presidente Martín Vizcarra, anunció del estado de emergencia y dictó orden de confinamiento a la ciudadanía, dijo que los trabajadores no debían ser despedidos y que seguirían cobrando su sueldo, que luego repondrían con horas de trabajo. Sin embargo, para Johana Marusic, niñera ‘cama afuera’, esto no sucedió. Así lo explicó ella a teleoLeo.com.

«Al día siguiente del anuncio del presidente, estuve esperando el bus para ir a la casa donde trabajo y nunca pude subir a uno, así que llame a la señora y le dije que no podía ir porque los carros pasaban muy llenos. Yo no tenía mascarilla porque por donde vivo no había, y no me podía arriesgar a subir con tanta gente y sin protección. Al día siguiente pasó lo mismo y la señora me dijo que ya no fuera a trabajar».

Esta historia ocurre en Trujillo, capital del departamento de La Libertad y tercera ciudad más poblada de Perú. Johana vive en La Esperanza, un barrio a las afueras de la ciudad, mientras que sus empleadores viven en El Golf, la urbanización residencial más exclusiva de esa ciudad. Cada día Johana salía de su casa a las 5 de la mañana para poder estar en casa de sus empleadores a su hora de entrada, las 6:30 a. m.

Luego de despedirla, Johana sólo recibió un depósito bancario por los días trabajados el mes de marzo. «Le dije a la señora que debía pagarme mi tiempo de servicio y lo que me correspondía de vacaciones, ella me dijo que para eso tenía que ir a su casa a cobrar. A mí me daba miedo ir porque me podía contagiar en el trayecto y enferma quién cuidaría a mi hijo si ella ni siquiera me pagaba seguro, cómo me iba a atender».

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Las semanas pasaron y Johana sin tener para pagar el alquiler de su casa, ni comida, es madre soltera y no tiene más ingresos, se armó de valor y fue a cobrar, le pagaron su tiempo de servicio, vacaciones ─descontándole 3 días porque la familia viajó a Lima y no la llevaron para que siga sirviendo─. Tampoco le pagaron la indemnización por despedirla sin previo aviso y le hicieron firmar un papel donde señalaba que era ella quien renunciaba.

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«Yo no renuncié, la señora me dijo que no vuelva, si me hubiese dicho para quedarme en su casa con mi hijo yo hubiese seguido trabajando, pero no lo hizo. Al final tuve que ir a su casa, para poder cobrar, exponiéndome, y todo porque quería que le firmase la renuncia y lo hice porque necesitaba dinero para comer, para pagar mi casa, yo soy madre soltera y no tengo ayuda de nadie y la señora lo sabía».

Johana trabajaba como niñera, de lunes a sábado Entraba a las 6:30 a. m. y salía a las 8:00 p. m.

Trabajaba 13 horas con 30 minutos al día, 80 horas con 20 minutos a la semana: treinta y dos horas más, de las 48 horas semanales estipuladas por ley

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Niñera todo terreno

Johana fue contratada como niñera para ocuparse de los dos hijos pequeños de la familia, desde que se levantaban hasta que se iban a dormir. Les daba de comer, se encargaba de lo referente a su cuidado, además los llevaba al colegio y a sus actividades extraescolares. Pero, según asegura, también limpiaba parte de la casa y lavaba la ropa de toda la familia.

Dentro del horario pactado con su empleadora, Johana también se quedaba a dormir dos sábados al mes, algunas noches durante la semana y cuando la señora se lo solicitaba y todo por 900 soles al mes, más 60 soles para sus pasajes.

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El primer “recibo” está tachado porque señala como sueldo 960 soles y se hace otro recibo donde dice que el sueldo es 900 soles más 60 para pasajes. Supongo que para los empleadores la aclaración es absolutamente necesaria, no sea que en el próximo cobro a la trabajadora se le ocurra la “abusiva” idea de exigir 960 como sueldo y pedir más dinero para sus pasajes.

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Más trabajo por el mismo sueldo

En la misma casa trabajaba la madre de Johana, también ‘cama afuera’, cuando salió de vacaciones, Johana tuvo que hacer su trabajo sin ganar un sol más. «Luego votaron a mi mamá ─la señora quiere empleadas ‘cama adentro’─ así que pasé a limpiar toda la casa, cocinar y regar el jardín, además, de mis tareas. Nunca me aumentaron el sueldo. Trajeron a otra empleada, pero igual yo seguí haciendo más cosas».

Testimonio completo de Johana recogido por teleoLeo.com

«Enséñame tu contrato»

Desde hace un año Yeni CHirinos ha sido diagnosticada con epilepsia, además sufre de lumbalgia y escoliosis, ella trabajó durante 15 años en una casa, en enero de este año la dejó porque no le quisieron dar un adelanto de su compensación por tiempo de servicios (CTS). «Como ellos no tuvieron ninguna consideración conmigo, dejé el trabajo. Ni siquiera me dieron mi carta de recomendación».

«Todos estos años trabajé en esa casa, de lunes a sábado, de 10 de la mañana a 6 de la tarde; sin contrato, sin vacaciones, sin seguro. Sólo los dos últimos años me pagaron gratificación por Navidad y Fiestas Patrias. A finales de 2019 enfermé, igual trabajé, y cuando pedí que me diesen algo de mi CTS, para medicinas, me dijeron que les enseñara mi contrato».

Según Ley de los Trabajadores del Hogar, ley N° 27986, los contratos verbales o escritos tienen el mismo valor, sin embargo, una reciente modificación de sus artículos 3, 5 y 6 señala que los contratos deben ser escritos, pero: 3.4 En ausencia del contrato de trabajo escrito y/o de su registro en el aplicativo web, por aplicación del principio de primacía de la realidad se presume la existencia de la relación laboral.”

Luego de dejar la casa donde había estado por más de una década, Yeni se dedicó a trabajar limpiando y haciendo lo que le encargaran, pero llegó el COVID-19 a Perú y con el, el estado de emergencia y el confinamiento y el toque de queda. Y tuvo que dejarlo todo, se encerró en casa de sus padres, con su hijos, estirando cual chiclet el primer bono de 380 soles, dado a las familias vulnerables. El segundo bono aún no se lo han dado.

«Debo seguir trabajando, tengo 3 hijos, la mayor ya tiene 22 años, pero tengo unos mellizos que sólo tienen 11 y los mantengo sola porque su padre no paga y como no tengo para pagar abogado, se ríe en mi cara y en la de mis hijos que son los que necesitan el dinero para su manutención».

Vía juicio iniciado en 2009 el padre de sus hijos pagó las pensiones atrasadas que la juez estipulo en 225 soles, por ambos niños. «Pagó la deuda sólo hasta 2016 y sólo para evitar ir a la cárcel. No ha vuelto a pagar más y yo sin trabajo no puedo continuar con el proceso. Por eso me duele más que mis empleadores no reconozcan mi tiempo de servicio, ellos saben que yo crío a mis 3 hijos sola».

Sindicato en pie de lucha

TeleoLeo.com entrevistó a la secretaria de los trabajadores y trabajadoras del hogar región Lima (SINTTRAHOL), Carmen Almeida, respecto a los casos que llevan atendidos hasta el momento y sobre la problemática que afronta este sector de trabajadoras y trabajadores a causa de la cuarentena ordenada por el COVID-19.

Según cifras SINTTRAHOL, integrado por 764 afiliados, hasta el momento han recibido han recibido 30 denuncias por despidos intempestivos ocurridos durante la cuarentena. Y la responsabilidad de esta situación no es sólo de los empleadores, el gobierno también debería intervenir para colaborar con este sector. En España, por ejemplo, el gobierno ha tomado medidas para no dejar desprotegido a este sector en estos momentos.

Si bien es cierto, Perú tienen una larga tradición de explotar y maltratar, física, psicológica y sexualmente, así como de discriminar, a las y los trabajadores del hogar, en la crisis generada por la cuarentena, el gobierno debería otorgar un subsidio ─en base a su sueldo─ a este sector y a todos los trabajadores que no pueden teletrabajar. Sólo así se evitarían situaciones de vulnerabilidad como las de los testimonios recogidos para esta nota.

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