Acoso escolar sin castigo: «Yo he sido buena, no entiendo por qué siempre me han tratado mal»

Un adolescente cogió del cuello a mi hija e intento asfixiarla en plena clase, delante del profesor. La fiscalía archivó la denuncia porque el agresor es menor de edad. A pesar de las recomendaciones del Defensor del Pueblo de Catalunya, las instituciones continúan viendo el bullying como «juegos de patio o juegos entre niños»

Texto y testimonio: Leonor Pérez-Durand, periodista

«Atendiendo que la causa seguida por estos hechos se ha archivado, les informo que, de conformidad con el artículo 18 de la Ley orgánica reguladora, he dispuesto desistir de la incoación de expediente, ya que es adecuado al interés y las circunstancias de los menores su corrección en el ámbito educativo o familiar».

Así respondió la Fiscalía de Girona, Sección de Menores, a la denuncia presentada por los padres de una adolescente a la que un compañero de clase cogió por el cuello e intentó asfixiar. Esa adolescente es mi hija y durante toda su etapa escolar ha sido víctima de bullying por parte de algunas compañeras y compañeros de clase.

En la escuela, ser diferente se paga

Mi hija es amante de la cultura japonesa y es lo que diríamos una Otaku, aficionada a los Anime y Mangas, de hecho también se prepara para ser una Mangaka, nombre que reciben los que se dedican a la creación de cómics de estética japonesa; desde los 6 años estudia dibujo para dedicarse a crear personajes e historias en ese formato.

Todo esto hizo de ella una niña peculiar entre las y los niños con los que ha compartido toda su educación básica. Mientras ellas y ellos se dedicaban a jugar o a bailar reggaeton en el patio de la escuela, ella se dedicaba a buscar un lugar tranquilo para dibujar, además, así se protegía de aquellas y aquellos que le decían o la hacían sentir «rara», por diferente.

«Quiero morirme»

A los 11 años mi hija me dijo que lo pasaba muy mal en el colegio y que se sentía tan sola que prefería desaparecer. «He intentado suicidarme y, a veces me clavo las uñas para hacerme daño, pero no quiero sentirme así». Cuando me confesó esto lloré, me desesperé y lo primero que hice fue buscar ayuda terapéutica, allí descubrí que ella es una niña PAS: Persona Altamente Sensible.

Se calcula que actualmente el 20% de la población mundial somos PAS y me incluyo porque esta característica tiene alta carga genética y yo también soy PAS. En la escuela viví lo mismo que ella, la diferencia es que en mi época no había término específico para definir lo que me pasaba y que ella se encierra en el dibujo mientras yo lo hacía en la escritura.

«Las personas PAS tienen los sentidos muy desarrollados –suelen tener algunas percepciones sensoriales por encima de lo normal–, conscientes de cosas muy sutiles del entorno. Se cree que un 99% de los artistas son PAS. Y es que sensibilidad y creatividad suelen ir de la mano. Muchos de los grandes artistas y pensadores de la historia fueron personas muy sensibles».

María Alejandra Marín, psicóloga especializada durante cinco años en Arteterapia que  obtuvo un diplomado en la Universidad de Ciencias Aplicadas HKT Nürtingen, Alemania.

Competencias educativas, incompetencias emocionales

El sistema educativo no responde a las necesidades emocionales de nuestras hijas e hijos, todo sirve a la educación memorística, a «alcanzar las competencias», pero no prepara al alumnado para la vida. Maestras y maestros no cuentan con las herramientas para esta tarea y las y los más comprometidos hacen lo que pueden con lo que tienen.

Muchas veces mi hija soportó patadas en la puerta del baño, empujones en las escaleras o al entrar al aula, que una niña intentase ahorcarla en primaria y cuando se quejó de estas o de alguna otra situación la sentaron con quienes la agredían o la hacían sentir mal para que hablasen y solucionasen sus problemas, aunque el problema era de ellas y ellos, no de mi hija y fue mi hija la que acabó en terapia.

Cada fin de verano, cuando se aproximaba el retorno a la escuela, mi hija tenía crisis de ansiedad, lloraba, me pedía no volver al cole, pero claro, eso no era negociable y con la ayuda de las terapeutas que ha tenido podía volver y aguantar. Cuando por pandemia las clases fueron online ella fue feliz, pero con la vuelta a clases presenciales el dolor volvió.

Durante el curso 2021-2022, el Departamento de Educación de Catalunya atendió 843 casos de violencia infantil en entornos escolares, es decir, una media de 2 casos al día.
Los casos atendidos fueron: 305 por acoso entre el alumnado; 225 por maltrato infantil y adolescente; 200 por violencia machista; 70 por salud mental; 38 por otras causas, sobre todo, robos y 5 por racismo.

«En el instituto estaba en modo supervivencia, ahora en el bachillerato estoy feliz de estar estudiando lo que quiero y con otra gente. Me están enseñando muchas cosas que me encantan y, además, en menos de un mes he logrado hacer unas cuantas amigas». Desde el primer día de este nuevo curso mi hija va contenta a clase y yo soy feliz.

Los hechos archivados

«Discutían qué hacer para celebrar el final de curso, todos gritaban, él gritaba e insultaba, me acerqué y le dije que dejara de hacerlo. -«Estoy dando mi opinión», contestó. Para dar tu opinión no es necesario insultar, le dije.-«Y ahora esta»; -¿esta qué?, contesté y le enseñé el dedo medio. Vino a mi mesa, preguntó qué había hecho, repetí el gesto y me cogió del cuello. Unas compañeras tuvieron que quitármelo de encima».

Todo esto ocurrió una semana antes de acabar el curso escolar, agresor y agredida tenían 16 años y ambos terminaron en junio de este año el graduado escolar, es decir la ESO o lo que en Abya yala llamaríamos, la secundaria. La agresión ocurrió delante de toda la clase, incluso, delante de un profesor suplente que no supo administrar la violencia que fue in crescendo delante de sus ojos.

El castigo fue suspender al agresor, sólo quedaba una semana para el final del curso y ya les habían entregado las notas, así que no estoy muy segura de que el suspenso le significara un castigo, máxime si, como supe luego, durante todo el año se la había pasado de suspenso en suspenso por su comportamiento.

«Lo siento, no testificaré, no quiero problemas»

Denunciamos la agresión ante la policía, el agente que nos atendió pidió testigos, mi hija preguntó a sus «amigas» presentes durante lo ocurrido, pero le dijeron que exageraba, que sí había sido agredida, pero no era para tanto y no querían problemas, y por eso no testificarían. En el whatsapp de clase el tema era la reunión de fin de curso.

Fue la empatía de mi hija con la compañera que estaba siendo increpada de mala manera, lo que hizo que ella interviniera para defenderla y no encontrar apoyo entre sus iguales fue un golpe muy duro: «No entiendo por qué me han agredido y por qué no me ayudan, yo siempre he intentado ser buena y ayudar», me dijo de vuelta a casa.

«Te escribo esta carta para disculparme por lo que te hice el otro día en clase, reconozco que me pasé y que no tendría que haberlo hecho»

El entrecomillado es la nota de disculpas que el denunciado hizo llegar a mi hija a través de la escuela, un par de días después de los hechos. Los padres del denunciado también quisieron reunirse conmigo, pero no acepté, no tenía ganas de conversar con nadie que tuviese relación con quien había hecho daño a mi hija.

Acciones institucionales

El curso 2021-2022 entró en funcionamiento la Unidad de Apoyo al Alumnado en Situación de Violencia (USAV), del Departamento de Educación de Catalunya, que gestiona las denuncias que recibe en colaboración con la línea de atención a la infancia, la Dirección General de Atención a la Infancia y Adolescencia (DGAIA) y los Mossos d’Esquadra.

Si bien es cierto la USAV atendió 305 casos por acosos en el entorno escolar o bullying, según el Departamento de Educación los casos de acoso escolar detectados durante el curso 2021-2022 fueron 338: «183 niños, 145 niñas, 7 no binarios y dos casos sin este dato. Los acosadores fueron 147 varones, 89 mujeres, 62 no binarios y 41 “no informados»».

«El Defensor del Pueblo, constata la necesidad de que los centros educativos actúen de manera más decidida sobre cualquier signo de sospecha de comportamientos entre iguales que supongan conflictos con agresiones físicas o psíquicas, amenazas, insultos, burlas, difusión de rumores falsos, exclusiones, etc; y pide que estos no sean considerados «juegos de patio o entre niños»»

Convivencia y conflictos en los centros educativos
(Informe del Defensor del Pueblo de Catalunya)

¿Unidos contra el acoso?

Para acabar con el acoso escolar o bullying se necesita una acción decidida y coordinada entre la escuela, el departamento de educación y policía y justicia cuando sea necesario. No puede ser que la respuesta de la fiscalía ante la agresión física a una adolescente sea que, como el agresor es menor de edad, se encarguen sus padres o la escuela cuando deberían hacerlo todos los concernidos en el tema.

Quien agrede debe de aprender que sus actos no serán obviados, no es que yo o alguien de mi familia pida prisión para un chico de 16 años, pero sí esperábamos, por lo menos, una citación en la que el fiscal de menores le hiciese saber que lo cometido es un delito del cual se salva por su edad, que no puede comportarse así porque cuando se violenta a otra persona se causa daño y se deja secuelas.

Mi hija se salvó, mi hija ahora puede contar su etapa escolar como un mal sueño, sin embargo, según un informe de la Organización mundial de la Salud y Naciones Unidas, al año se producen 200.000 suicidios debido al acoso escolar o bullying. Un estudio de la ONG Bullying Sin Fronteras señala que esta cifra también incluye casos de ciberbullying que con la pandemia, debido a las clases online, se vio incrementado.

Kira es una de las niñas que no soportó y con 15 años se suicidó, víctima de acoso y víctima también de «indefensión aprendida», que es lo que sufren niñas y niños cuyas quejas no son atendidas, así que dejan de denunciar lo que les pasa porque se saben no escuchados y sienten que su reclamo no tiene importancia.

Fuera modo superviviencia, hola modo felicidad

Mi hija, felizmente, está ahora en otra etapa de su vida educativa, ya no va al colegio en modo superviviencia, como ella misma dice: no más dolores de cabeza, ni indisposiciones; no más crisis de ansiedad ni angustias. Ahora se desierta temprano, se viste, saca a pasear a su perra y desayuna rápido porque no quiere perder el transporte escolar y perder clases.

Me ha costado mucho hacer esta nota, la he ido postergando, pero mi hija necesita justicia, necesita saber que aunque las instituciones no la hayan amparado, su madre y su familia están y estarán siempre a su lado. Todo lo descrito es parte de nuestras vidas y todo lo que hemos vivido todos estos años, ahora, es aprendizaje.

Como madre de una niña y adolescente «buleada» quiero decir a madres y padres que escuchen siempre a sus criaturas, que les pregunten cada día cómo les fue, que estén atentas y atentos a las señales para actuar, que les hagamos saber que siempre estaremos a su lado. A escuela e instituciones es necesario exigirles que hagan su trabajo y pongan en el centro el bienestar y protección de niñas, niños y adolescentes.

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