Cuando la violencia institucional y la violencia vicaria complotan, mujeres y criaturas pierden: más, si son mujeres migrantes

Texto y vídeo entrevista: Leonor Pérez-Durand/Periodista

En Europa, so pretexto de proteger a niñas y niños, miles son separados de sus familias con la intervención de servicios sociales, escuelas y hasta hospitales. En algunos casos la retirada está justificada, sin embargo, la mayoría responde a vulnerabilidad económica de las familias y denuncias malintencionadas, como fue el caso de María Torres. Y es que la protección de las y los menores de edad se ha convertido en negocio donde se malversan los fondos de la UE

María Torres es una mujer migrante. María Torres una mujer migrante, venezolana en Bélgica. María Torres es una mujer migrante, venezolana en Bélgica, madre de 5 hijos. María Torres es una mujer migrante, venezolana en Bélgica, madre de 5 hijos que le han sido arrebatados. María Torres es una mujer migrante, venezolana en Bélgica, madre de 5 hijos que le han sido arrebatados, porque un día decidió separarse del hombre con el que formó familia y, por eso, desde 2012 perdió todo derecho sobre sus niños.

«El padre de mis hijos es belga y a él lo ha defendido su país. A él sí lo han ayudado, a mí no. Nunca. Yo fui maltratada por ese hombre, siempre me decía que mis hijos y yo le estorbábamos, que me fuera y me los llevara. Me dejo sola con el embarazo de mis mellizos que fueron prematuros por todo el maltrato que sufrí y él nunca fue al hospital a hacer de canguro de nuestros bebés; pero siendo yo la víctima le creyeron a él cuando me denunció por una sarta de cosas, todas falsas. Nadie me escuchó, sólo a él», explicó María a teleoLeo.com.

El 7 de diciembre de 2012 ella perdió a sus hijos, según afirma María, su entonces esposo la denunció antes los servicios sociales de su localidad luego de que ella le pidiera el divorcio. «Mis 5 hijos fueron llevados a centros tutelados por la supuesta emergencia en la que se encontraban. Según mi exesposo yo era drogadicta y alcohólica, le sacaba la vuelta, exponía a mis hijos a abuso sexual de las supuestas personas con las que andaba y permitía que mis hijos viesen pornografía, además, dijo que en pleno invierno castigue a uno de ellos atándolo a un árbol».

Los servicios sociales pusieron a los 5 niños en centros de emergencia, por el supuesto peligro que significaba permanecer al lado de su madre: 3 de ellos fueron dados a familias de acogida, los otros 2 fueron devueltos a su padre en febrero de 2014. «Los 3 más pequeños han sido dados en acogida, por lo menos han mantenido a los mellizos juntos, los dos más grandes están con su padre y tengo derecho a visitas, pero desde 2016 no me deja verlos. Según la justicia belga yo no estoy capacitada para criarlos y según mi exesposo, ni siquiera estoy capacitada para verlos».

Violencia vicaria

Por todo esto, María Torres ha sido víctima de violencia vicaria, que es la que ejerce el hombre sobre la mujer al arrebatarle lo que más quiere, después de que ella huyendo del abuso, los golpes o el maltrato psicológico, o todo junto, decide poner fin a la relación.

María Torres sería una víctima de violencia vicaria de manual, pues según afirma:

  • Era víctima de violencia de género durante el tiempo que duró su matrimonio
  • Cuando decidió separarse su exesposo la habría denunciado a fin de quitarle a sus hijos

Mientras que la Unión Europea y los países que la integran crean mecanismos para proteger a mujeres e infancia, esos mismos mecanismos, mal utilizados, están sirviendo para separar familias:

Las denuncias por violencia de género, por ejemplo, están siendo utilizadas por los servicios sociales de esta parte del mundo para retirar niñas y niños del lado de las madres, les dicen que tutelarán a sus hijas e hijos para protegerlos de posibles agresiones.

Pedir ayuda a servicios sociales, por pobreza, es otro motivo de retirada de niñas y niños. En cuanto una familia entra en el radar de los servicios sociales, esa unidad es pasible de ser desmembrada.

Las mujeres migrantes son más vulnerables a perder a sus hijos, pues muchas al separarse de sus maltratadores quedan sin empleo, sin ingresos y sin una red de soporte, y sus parejas están en mejor posición para reclamar la custodia de sus criaturas y si por su situación económica piden ayuda a los servicios sociales son candidatas para que sus criaturas sean recluidas en centros tutelados o entregados a familias de acogida.

Malversación de los fondos europeos para la «protección de la infancia»

Los países integrantes de la UE reciben dinero que sumado al destinado por cada Estado para la protección de niñas y niños, debería estar dirigido a ayudar a las familias, no a separarlas, sin embargo, el tutelar niños se ha convertido en un negocio, porque cada división administrativa de cada país cobra miles de euros para el cuidado de los menores de edad que tutela.

En España, por ejemplo, por niña o niño tutelado cada comunidad autónoma cobra entre 3 mil y más de 10 mil euros al mes. La suma va en función de las necesidades físicas o psíquicas de cada menor de edad.

Madre de visita: 3 horas cada 15 días

Con los niños entregados a familias de acogida María tenía visitas restringidas en un punto de encuentro cada 15 días. Cada visita tenía una duración de 3 horas, pero en enero de 2013 su salud se vio muy afectada y dejó de acudir. «El día en que mis mellizos cumplían 7 añitos yo les llevé torta y champangne de niños para celebrar con sus hermanitos, pero ellos nunca llegaron, la trabajadora social que me recibió me dijo que estaban de vacaciones, que la pareja que los tenía acogidos los habían llevado a Suiza de vacaciones de invierno. Cuando salí de allí tuve una crisis, caí a la acera y no supe más de mí».

María despertó en un hospital muy descompensada y desesperanzada, en ese momento decidió que ya no tenía fuerzas para seguir luchando y abandonó, pero el sufrimiento la siguió consumiendo, mermando su salud mental y física. «En 2013 me tuvieron que operar de una vena obstruida para evitar un derrame cerebral, además, tres veces he sido agredida por la policía por manifestarme ante tribunales con mis carteles denunciando todo lo que me han hecho, llegaron a romperme un brazo. Durante dos meses no me pagaron la baja médica a la que tenía derecho, dejándome en situación muy precaria y encima, terminé perdiendo el trabajo por mi estado de salud».

Luego del tiempo en que las ganas de recuperar a sus hijos quedaron adormecidas por el dolor, María volvió a la lucha y en abril de 2022 logró una reunión con los servicios sociales donde le dijeron que le volverían a dar visitas con sus hijos, pero ella dice que no quiere migajas, que quiere a sus hijos con ella. «Te destruyen para que dejes de luchar y quieren desequilibrarte para que termines en un psiquiátrico o en el cementerio. Durante un tiempo yo estuve pérdida, sin fuerzas y con la salud en riesgo, por eso dejé de ver a mis hijos, no podía más, era demasiado dolor y estaba totalmente sola, pero ahora estoy en pie de lucha».

Ser mujer y ser migrante, es ser doblemente vulnerable en cualquier parte del mundo

Según cifras de la UNFA, Fondo de Población de Naciones Unidas, alrededor de 1.000 millones de personas son migrantes: 250 millones son migrantes internacionales, de ellos, la mitad son mujeres y niñas que han dejado su país por motivos económicos, sociales o familiares. Y siempre son ellas, las mujeres migrantes, las que se enfrentan a una doble discriminación: por razón de género y por su situación.

Mujeres, como María, al encontrarse en un país que no es el suyo, no cuentan con redes de soporte y ni siquiera conocen los derechos que las asisten. Y cuando, como María, se ven envueltas en procesos administrativos o judiciales, incluso, en un idioma que no dominan y se enfrentan a el nacional con el que conviven, pierden y son presa de la desesperación primero y de la desesperanza después.

Muchas mujeres inmigrantes víctimas de violencia de género, terminan, como María, siendo también víctimas de violencia institucional, porque Europa y sus instituciones las miran con sus sesgos racistas y clasistas, y las discriminan e infantilizan, y como a María les dicen que ni siquiera son aptas para cuidar de su prole. Las mujeres migrantes son víctimas de todo tipo de violencias en cualquier parte del mundo.

Sin familia y sin apoyo

Según María, en Bélgica no ha encontrado ninguna asociación que la ayude, manifiesta que todos los abogados que ha tenido -que han sido de defensa pública- le han hecho perder su tiempo. «Los abogados forman parte de este sistema de robar niños, ellos saben que si ganas saldrán cosas a la luz que no le convienen al Estado y el Estado es quien les paga. He acudido a la justicia de mi país porque alguien me tiene que ayudar, pero tuve la mala suerte de toparme con un abogado que me cobró 500 euros y no tengo ni siquiera el escrito que se supone ha presentado. Sin ayuda y estafada, así es como me siento».

A 150 km de la esperanza

Ahora María, junto con otra madre, otra mujer migrante, a la que también le han arrebatado a sus niñas, se han vestido de dignidad e indignación y se dirigen hacia la sede del Tribunal de La Haya, responsable del Convenio de Tutela de Menores con elemento internacional creado en 1996.

Desde el martes 3 de enero ellas han salido de Bélgica rumbo a La Haya en Holanda, antes de llegar recorrerán 150 km a pie, pretenden llegar el próximo miércoles 11.

Ellas están caminando bajo lluvia y el frío del norte europeo, todo con tal de exponer sus casos y el de miles de madres que han perdido a sus hijas e hijos a manos de exesposos que no soportaron el rechazo, con lo cual hablamos de mujeres víctimas de violencia vicaria; o a manos del Estado, a través de los servicios sociales y de procesos judiciales poco claros, con lo cual, en la mayoría de casos, hablamos de violencia institucional.

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