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La parálisis que experimenta el 70% de mujeres víctimas de un ataque sexual, por fin, tiene respuesta científica

La parálisis que experimenta el 70% de mujeres víctimas de un ataque sexual, por fin, tiene respuesta científica

Publicado: 2023-06-01 11:16:03

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La falta de reacción de las víctimas de violaciones o abusos sexuales, no es consentimiento. La neurociencia ha encontrado la causa por la que, ante un gran temor o amenaza, podemos quedar "congeladas". Los juzgadores ya no podrán cuestionar a las víctimas, por no haberse defendido

Texto: Leonor Pérez-Durand, periodista/

Cuando tenía 14 años y cursaba cuarto de secundaria, mi colegio ubicado en el bohemio Barranco, estaba frente a una entidad bancaria y para ir al baño debía atravesar los jardines de la entrada; un día mientras iba, el banco fue asaltado a punta de pistola, varias trabajadoras salieron a ver qué pasaba y me vieron a mí, expuesta al fuego cruzado; desesperadas comenzaron a gritar bajito que me tirase al piso, yo las escuchaba pero quedé petrificada, quedé «congelada»; no podía moverme.

¿Yo quería que una bala me atraviese y por eso me quedé inmóvil?, no. ¿Una mujer que la violan o abusan sexualmente no opone resistencia porque está disfrutando de la agresión?, tampoco. Yo no pude reaccionar, no podía moverme, escuchaba a las trabajadoras, pero no podía hacer nada; mi cuerpo no obedecía órdenes. Muchas mujeres, al ser agredidas sexualmente experimentan la misma parálisis y eso ha sido usado por los agresores, consuetudinariamente, para alegar consentimiento.

Sin embargo, la neurociencia acaba de demostrar que cuando una mujer no reacciona ante un ataque sexual y dice que se quedó «congelada» y que no podía defenderse, es porque físicamente, en verdad, no podía: «La evidencia neurocientífica sugiere que el miedo y la amenaza pueden bloquear los circuitos neuronales corticales para el control de la acción, lo que lleva a la inmovilidad involuntaria».

La neurociencia, según el instituto Nacional de la Salud infantil y Desarrollo Humano Eunice Kennedy Shriver, es «el estudio del sistema nervioso para comprender cómo funciona en la producción y regulación de emociones, pensamientos, conductas y funciones corporales básicas, incluidas la respiración y mantener el latido del corazón».

El hallazgo es de los neurocientíficos Ebani Dhawan y Patricio Haggard y lo han dado a conocer en un artículo titulado "La evidencia de la neurociencia contrarresta el mito de la violación", publicado en la revista científica Natura human behaviour y por eso mismo dicen: «Los argumentos de la defensa que culpan a las víctimas por la congelación son, por lo tanto, inapropiados e injustos».

Según informa ONU Mujeres, a nivel mundial, el 30% de mujeres ha sufrido una ataque sexual y las y lo juzgadores cuando interpretan su falta de reacción como consentimiento, permiten que no obtengan justicia.

La investigación de Dhawan y Haggard cita cifras de Reino Unido, fácilmente extrapolables a cualquier país, pues el enfoque de género brilla por su ausencia en gran parte de la judicatura mundial: «En Inglaterra y Gales, la policía registró más de 70,000 violaciones entre 2021 y 2022, y solo el 3 % dio lugar a cargos».

Y esto ocurre porque la mayoría de mujeres que denuncia una violación o abuso sexual refiere no haber podido reaccionar ante el ataque, ergo se asume que consintió: «Los comportamientos de inmovilidad son comunes durante la violación y el abuso sexual: el 70 % de las mujeres que asisten a una clínica de urgencias por este motivo parece haber experimentado inmovilidad tónica durante el episodio de abuso», afirma el artículo.

La inmovilidad tónica o sideración es la incapacidad de movimiento prolongada, pero a diferencia de algunas especies animales, que ante un ataque se "congelan" mientras elaboran una estrategia de ataque o escape, las mujeres nos quedamos «congeladas» para evitar mayor daño y a la espera de que todo acabe.

Esta respuesta tiene una función adaptativa, ya que puede disminuir el dolor y el sufrimiento, y aumentar las posibilidades de supervivencia. Sin embargo, muchas veces los juzgadores interpretan la inmovilidad o falta de reacción como una señal de pasividad o consentimiento, lo que genera sentimientos de culpa, vergüenza y estigma en las víctimas. Por eso, es necesario educar a la sociedad y a los profesionales del derecho sobre esta realidad, y evitar que se cuestione o se culpabilice a las víctimas por no haberse defendido.

«Las definiciones legales de violación y abuso sexual se basan en la ausencia de consentimiento. Sin embargo, establecer el consentimiento o la falta del mismo es un desafío. Los informes de las víctimas sobre la falta de consentimiento a menudo se cuestionan en los tribunales. Los actores legales en estos casos son susceptibles a los estereotipos (referidos aquí como 'mitos de violación') sobre cómo se comportaría una víctima 'real'», señala el artículo.

El razonamiento legal de que si la víctima no se resistió, consintió; viene dado por aquello de que también se actúa por omisión y no es extraño en un mundo que continúa bajo los dictados del patriarcado y en el que la mayoría de juzgadores son hombres, se asuma que si la víctima no actúa es porque decide no hacerlo; por ello la importancia del resultado de la investigación de estos neurocientíficos.

Yo no fui cuestionada por mi parálisis ante la balacera, las trabajadoras de mi escuela entendieron el pánico que me atravesó y me inmovilizó, sin embargo, cuando se trata de una mujer violentada sexualmente sí se le cuestiona no haberse defendido, no haber luchado, incluso se le dice que tenía que haber cerrado las piernas, y todo esto forma parte del mito de la violación, que permite decir a algunos juzgadores que si la víctima no reaccionó contra su o sus agresores es porque se lo estaba pasando bien.

En la sentencia del caso la manada, donde 5 hombres, entre ellos, un militar y un policía español, violaron a una joven de 18 años en las fiestas de los San Fermínes, en 2016, uno de los jueces exculpó a los acusados porque ella no se negó y no luchó: «Lo que documentan las imágenes es sexo entre desconocidos, en el entorno clandestino y desapacible del rellano de un portal. Aprecio en los vídeos un ambiente de jolgorio y regocijo en todos ellos».

El voto particular de este juez revictimiza a la denunciante pues le otorga agencia en un evento traumático, en el que además sus agresores la superaban en tamaño, fuerza y número, y donde no se puede dejar de tomar en cuenta que 2 de ellos tenían preparación militar y policial, y que sumadas todas estas variables haberse opuesto le podría haber significado lesiones mucho mayores a la víctima.

Otro ejemplo es el caso de Harvey Weinstein, el productor de cine acusado de abusar sexualmente de decenas de mujeres en Hollywood. Algunas de sus víctimas declararon que se quedaron paralizadas o incapaces de hablar cuando él las atacó pues se vieron intimidadas por ser uno de los poderosos de Hollywood. Weinstein intentó usar esta circunstancia para desmentir sus testimonios y asegurar que habían sido relaciones sexuales consentidas, pero finalmente fue declarado culpable de violación y agresión sexual y condenado a 23 años de prisión.

El artículo de Dhawan y Haggard cita otros casos, donde la justicia también ha fallado en contra de las denunciantes por el "congelamiento" que manifestaron haber sufrido durante la violación o abuso sexual.

R contra Dunrobin (2008)

  • “Simplemente me congelé de alguna manera, como si estuviera asustada. No lo conocía, no sabía que podía hacerme”. 

R contra Lennox (2018)

  • ¿Dijiste algo? "No." ¿Hiciste algo? "No. Yo… yo no hice nada”.
  • Pero sugiero, sin embargo, que si él estaba frente a ti en el auto y está forzando que eso suceda, ¿podrías simplemente haber mantenido las piernas juntas? "Sí." ¿Pero no hiciste eso? 

Estados Unidos & Townsend (1992)

Si bien hubo evidencia de que la víctima dijo 'no' en varias ocasiones, no hay evidencia de que una mayor resistencia hubiera sido inútil. Cuando se le preguntó por qué se congeló, [ella] respondió: "No sé, dije, 'detente' y él no se detuvo, así que yo, dejé que él hiciera lo que tenía que hacer y al acabar simplemente se iría”. 

Este hallazgo que ratifica lo que ya sabíamos respecto a la inmovilidad, parálisis o congelamiento de las víctimas de agresiones sexuales, ha dado a conocer la razón científica por la cual las mujeres quedamos paralizadas ante un ataque sexual y esto debe ser utilizado en todos los casos donde las mujeres digan haber quedado «congeladas» pues así se evitará revictimizar a aquel 70% de denunciantes que dicen haber perdido la capacidad de movimiento y de reacción al ser atacadas.

Y si una mujer no reacciona porque es incapaz de hacerlo, o no reacciona porque la incapacitan, la víctima siempre es la culpable para las y los operadores de justicia que no aplican el enfoque de género en su trabajo

Tanto si las mujeres quedan «congeladas» y son incapaces de reaccionar ante una agresión sexual, porque el miedo y la amenaza bloquean sus circuitos neuronales; como si no reaccionan porque su agresor las pone en situación de no poder resistir, ellas siempre son las juzgadas, siempre son las que tienen la responsabilidad.

En 2020 una mujer en Perú denunció en teleoLeo.com a su expareja por supuesta violación en estado de inconsciencia, ella avaló su denuncia con vídeos, grabados por él, en los que se la ve inerte mientras él la manipularía y mantendría sexo con ella. También reafirma su denuncia con otros vídeos, en uno de ellos se le vería a él abriendo los ojos de otra mujer y mostrando a cámara como está completamente "dormida".

Y a pesar de las imágenes, durante la investigación, la fiscal a cargo del caso emitió una resolución en la cual afirmaba que no se podía demostrar que la denunciante hubiese sido dopada, porque la denuncia se realizaba meses después de lo ocurrido y agrega, además, que viendo el vídeo, «tampoco se puede decir que haya sido incapacitada para resistir, porque no fue maniatada o paralizada físicamente».

El razonamiento de la fiscal responde a los postulados del mito de la violación: si no hay violencia por parte del agresor ni resistencia por parte de la víctima, estamos ente un evento aceptado y deseado, porque tanto si una mujer queda paralizada por miedo o si la paralizan dopándola, en el mundo machista en el que aún vivimos, siempre habrá quien nos juzgue. Esperemos que esta explicación científica rompa los estereotipos que tanto daño hacen, sobre todo, a mujeres y niñas.

En el proceso de elaboración de esta nota, hice una pregunta abierta en redes consultando sobre si la parálisis ante una situación significaba asentir, consentir o disfrutar. El 77% de quienes respondieron interpretó que la pregunta se refería a una violación o abuso sexual, todas eran mujeres y todas respondieron que no, que perder la capacidad de reacción tenía que ver con el miedo, con evitar un daño mayor. Esta respuesta confirma que la justicia sin enfoque de género no es justicia.

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