Denuncias y testimonios de violencia de género, violencia machista y violencia estructural
Esta es la historia de Juan, un niño más, que en España, no es creído ni protegido por las entidades que deberían de hacerlo. A los 6 años de edad explicó a su madre que su padre lo abusaba sexualmente y tras la denuncia terminó en un centro residencial para niños tutelados, sin una orden de alejamiento de su progenitor y con visitas con él en un Punto de Encuentro Familiar. Dos años después el padre de Juan fue denunciado por otra niña de 7 años de edad y nada ha pasado, las dos denuncias han sido archivadas. Mientras la justicia de este país no se ejerza con enfoque de infancia, de género y de derechos humanos, mujeres e infancias continuarán siendo revictimizados.
Publicado: 2025-08-07 02:00:00
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Juan, así le vamos a llamar, tiene ahora 10 años, y a los 6 le contó a Bea, su madre, que su padre lo agredía sexualmente. En un audio de 17 minutos que he escuchado, a mí, como a Juan el asco también me recorrió todo el cuerpo, pero además la indignación y la rabia de saber de otro niño más no es escuchado ni protegido por la justicia ni por la administración españolas y que ha terminado con el arrancamiento del lado de su madre, la única que levantó la voz para cuidar de su integridad y del tan mentado "interés superior del menor".
«Me pegó tortas en el culo y en la cara, me dio un puñetazo en la espalda y me lo hizo por haberlo encerrado para que no me siguiera haciendo eso, pero ya se me ocurrirá otra cosa para darle una lección», esta es una ínfima parte de la narración de los abusos y maltratos que Juan asegura haber sufrido a manos de su padre, estas palabras son de un Juan muy enfadado y forman parte de una pericia particular encargada por su madre para dejar sentado su relato. Pero ni las pericias, ni los reveladores dibujos de Juan ni siquiera el crudo relato que hizo a su madre, en el audio mencionado, sirvieron para hacerlo merecedor de justicia.
«Han archivado el caso definitivamente, es decir, me han cerrado las puertas para seguir defendiendo a mi hijo y eso no es justo». Sobre todo, no es justo, porque Juan no es el único infante que ha denunciado a este hombre, el padre de Juan también fue imputado por «delito continuado de agresión sexual» contra una niña de 7 años de edad. Por este caso la fiscalía pedía 12 años de prisión. La niña tampoco ha sido escuchada, pues su caso también ha sido archivado, aunque sólo provisionalmente.
En agosto de 2021, después de algunas semanas de observar comportamientos extraños en su hijo y de hablar con él, Bea denunció a su expareja y padre del niño por agresión sexual, el relato del pequeño contenido en un audio de 17 minutos al cual teleoLeo.com ha tenido acceso es muy detallado y revela actos que difícilmente un niño de tan corta edad podría imaginarse.
El 15 septiembre de 2021 el juzgado de primera instancia correspondiente comunicó el inicio de diligencias previas por la denuncia de la presunta agresión sexual de Juan y denegó las medidas de protección solicitadas por la madre del niño porque según manifestó en su auto, la pericia de medicina legal sólo encontró un pequeño eritema en la zona genital y las marcas que el niño tenía en el cuerpo se correspondían a «lesiones fortuitas», sin embargo, también decían que el informe era provisional y que estaban a la espera de más pruebas.
Respecto a la pericia psicológica, realizada por un equipo especializado a pedido de la Guardia Civil, el resultado fue: «[...] el relato del niño es estereotipado y descontextualizado del cual no puede deducirse que el niño haya sido víctima de abusos sexuales por parte de su padre no de nadie más [...]», y decían además que respecto a la denuncia manejaban otras «hipótesis alternativas y varios de influencia que podrían explicar las verbalizaciones del menor», con lo cual, además de poner en duda el relato del niño, se dejaba caer la posibilidad de que fuese producto de la "influencia" de alguien.
Y ese alguien acabó siendo la madre, pues no se emitieron medidas para alejar al niño de su supuesto agresor, pero sí de su madre quien tenía su custodia legal pues quince días después, el 01 de octubre de 2021, el mismo juzgado atribuyó como medida de protección la guarda provisional de Juan al Servicio de Familia Infancia y Dinamización Geográfica de la Xunta de Galicia y ordenó su ingreso en un centro residencial de menores de edad, con un régimen de visitas para madre y padre.
«Desde que denuncié que mi hijo me había dicho que su padre le hacía cosas que no le gustaban, que le hacía daño con unos palos con pinchos, que se ponía encima de él y lo aplastaba mientras lo insultaba y golpeaba, que le había hecho tragarse un 'humito' que hacía poniendo un mechero debajo de papel de plata que tenía un polvito que al inhalar le picaba la garganta; la administración entró en casa, pero no para ayudarnos sólo para llevárselo, si hubiesen querido protegerlo de verdad le habrían dado tratamiento de inmediato, pero no, me lo arrebataron y tuve que insistir para que le diesen terapia».
Bea afirma esto porque, aunque Juan fue ingresado en un centro por orden judicial en octubre de 2021, recién en febrero de 2022, cinco meses después de haber sido tutelado, fue derivado al Programa Liana de Intervención con Personas Menores de Edad Víctimas de Abuso y Violencia Sexual desarrollado por la Xunta de Galicia en colaboración con la Fundación Meniños, cuando ese mismo programa en su página web afirma que las y los menores de edad víctimas de violencia sexual por parte de uno de sus progenitores sufren «trauma complejo» y que para evitarles mayor sufrimiento y situaciones de riesgo en su crecimiento, deben ser tratados de inmediato.
No se entiende, además, el retraso en la atención terapéutica de Juan, sobre todo, porque la Ley Orgánica de Prevención de la Violencia contra la Infancia (LOPIVI) en su artículo 43.2 dice: «En aquellas situaciones que se consideren de especial gravedad por la tipología del acto violento, especialmente en los casos de delitos de naturaleza sexual, se requerirá de la intervención de un profesional especializado desde la comunicación o detección del caso».
Tampoco se entiende, cuando el Protocolo Común de Actuación Sanitaria Frente a la Violencia en la Infancia y la Adolescencia señala que la atención a las y los menores de edad víctimas de agresión o abuso sexual debe darse: «[...] de forma pública, gratuita y universal, en todo el territorio estatal, en el plazo mínimo posible y según la legislación correspondiente, y guiándose por el principio del interés superior del NNA, ya que forma parte de su derecho a la salud, a la vida y al desarrollo pleno y su derecho a no sufrir ninguna forma de violencia o abuso».
El Estatuto de la víctima del delito (Ley 4/2015, de 27 de abril) también habla de la urgencia de tratar a la víctima desde el primer momento. Artículo 3.1: «Toda víctima tiene derecho a la protección, información, apoyo, asistencia, atención y reparación [...] desde su primer contacto con las autoridades o funcionarios, durante la actuación de los servicios de asistencia y apoyo a las víctimas y, en su caso, de justicia restaurativa, a lo largo de todo el proceso penal y por un período de tiempo adecuado después de su conclusión, con independencia de que se conozca o no la identidad del infractor y del resultado del proceso».
Juan estuvo tutelado hasta julio de 2022, cuando el juzgado dejó sin efecto su custodia provisional por parte del sistema de protección de Galicia debido al sobreseimiento provisional de la denuncia contra su padre y «en tanto no se resuelva definitivamente el expediente». La custodia del niño fue reintegrada a la madre y se ordenó que el niño siga terapia. «Al cesar la tutela de mi hijo la jueza dijo que yo había demostrado ser una madre capaz y que tenía las herramientas para cuidar de mi hijo y que por eso me lo devolvía, pero lamentablemente, luego me lo volvieron a quitar».
Bajo la custodia de su madre, en septiembre de 2022, el programa Liana emite un informe en el que dice que el niño desde que está con ella se niega a seguir la terapia, sin embargo, según Bea fue ella la que tuvo que insistir para que se continuase dando terapia a Juan. El programa también comunica que el niño tenía «conductas sexualizadas» pero que: «[...] no puede atribuir al padre la perpetuación de las mismas», sin embargo sí señaló: «[...] considero que la madre al haber sido víctima de abuso y maltrato hace un acercamiento del problema del niño a partir del propio daño con transferencias inapropiadas».
En ese momento no se atribuyeron al padre de Juan las conductas sexualizadas que mostraba el niño, pero tampoco se le atribuyeron cuando fue sorprendido en actos sexuales con un compañero de clase y al ser preguntado, sobre por qué lo había hecho la madre dice que el niño contestó: «Es que esto me lo hace mi padre». A pesar de todo esto, la cuestionada ha sido en todo momento en la madre, tanto por lo que ella misma ha explicado a teleoLeo.com como por lo que se desprende de la documentación del caso a la que se ha accedido para la elaboración de esta nota.
Es, por todo esto, por lo menos "singular" que en este informe se diga que las conductas sexualizadas del niño no se pueden atribuir al padre, cuando el niño ha hecho un relato pormenorizado de los supuestos abusos, pero sí se atribuye su relato a posibles traumas de la madre por su propia experiencia de vida. Esta es otra prueba más de que mujeres e infancias no son creídas cuando denuncian y de como, cuando lo hacen, las madres son acusadas de "transferir" sus traumas a sus criaturas, es decir, se las acusa de manipular a sus hijos, cuando todas y todos sabemos que estas expresiones son eufemismos del inexistente síndrome de alienación parental del cual se acusa a las madre de ejercer para obstruir vínculo paterno filial.
Al informe de Liana y para culpabilizar más a la madre, se suma el informe del PEF que un mes después manifiesta que en las visitas supervisadas entre padre e hijo, a las cuales el padre sólo ha asistido a 4 de 6, ambos se «muestran muy cariñosos y activos con diversos juegos y conversaciones animadas». En este informe el PEF no tiene una actitud critica respecto a la inasistencia del padre a algunas visitas, no dice tampoco si las justificó o no, y menciono esto porque las madres que incumplen los regímenes dictaminados son castigadas con le quita de custodias e incluso son condenadas a prisión efectiva.
Respecto a la interacción padre e hijo, el PEF también señala en dos informes realizados en enero de 2022 y 2023 que Juan y su padre tienen un «vínculo y apago positivo, alto nivel de afecto», y que «el padre cuenta con recursos para entretener al niño, guía su comportamiento y lo corrige cuando es inapropiado». Desde la escuela se emite otro informe que señala que Juan tiene un buen discurso, que ha aprobado todos los cursos, pero que es agresivo y que amenaza a sus compañeros diciéndoles que en casa tiene un cuchillo y que los va a matar a todos, estas amenazas coinciden con las que Juan revela a su madre al explicarle las agresiones de las que acusa a su padre, pero esto tampoco se toma como un indicador para comenzar a creerle.
De todos estos informes la Xunta de Galicia concluye que Juan es un «niño poco sugestivo, con una inteligencia notable, de gran honestidad y con muy buena memoria», también dice que «padece de síndrome de estrés postraumático» - al igual que su madre- y que sus gestos y tonos de voz al comunicarse podrían ser indicadores de síntomas de «trastorno psicótico producido por maltrato y separación de la madre», señala además que sería peligroso volver a institucionalizarlo y recomienda terapia para ambos. Sin embargo, Juan volvió a ser tutelado y esto, según la madre fue porque ella siguió luchando por defender a su hijo ante la justicia.
«La progenitora carece de las habilidades y estrategias para responder a las necesidades especiales que presenta el menor. Muestra negligencia a sus necesidades cognitivas, educativas y emocionales y es incapaz de controlar la conducta del niño», decía la Xunta, y todo porque la madre tenía una idea de educación no convencional, por ejemplo, basada en proyectos, en experimentación en el medio, en no separar a las y los niños por edades; respecto al comportamiento del niño con ella, pues eso no es motivo para separar a un niño de su madre, máxime cuando la propia Xunta había advertido que sería un riesgo para Juan volver a institucionalizarlo y cuando la Ley de Protección del Menor dice que sólo se separa a un niño de su familia en caso de maltrato o abuso sexual.
Lo extraño es que en ese momento, Bea también criaba a una de sus hijas mayores que en ese momento tenía 14 años de edad y aunque la adolescente vivía mayormente con su padre en otra Comunidad Autónoma, nunca investigaron como ejercía su maternidad con ella: «Tengo otros dos hijos, uno que ya era mayor de edad cuando tutelaron a Juan, pero la otra tenía sólo 14, pues nunca me preguntaron por ella ni investigaron nada antes de afirmar que no lo estaba haciendo bien con el pequeño, prefirieron culparme a mí y no culpar al padre por el comportamiento y el estado de mi hijo».
El padre de Juan por su parte, al verse libre de polvo y paja con el archivo provisional de su caso, aprovecha para pedir que su hijo vuelva a ser tutelado acusando a la madre del niño de negligencia y de haber incumplido con las visitas, cuando ella cada vez que no pudo llevar al niño al PEF, avisó y justificó su ausencia. «Él en ningún momento pidió tener la custodia de mi hijo, él sólo quería que me lo quitarán y pidió que lo volvieran a tutelar y lo logró, porque las mujeres valemos muy poco ante la justicia y la administracción, a nosotras nos tratan de mentirosas y a ellos les creen siempre».
En marzo de 2023 en una de las visitas a Juan, Bea comunicó al PEF que el padre del niño había sido detenido por presunta agresión sexual a otra niña, una pequeña de 7 años de edad que estudiaba en el colegio donde él trabajaba dando mantenimiento a las instalaciones, en este caso la fiscalía pedía 12 año de prisión para este hombre, pero lamentablemente esta niña tampoco no fue creída y al igual que Juan ahora pasa por la revictimización de saber que aunque digan la verdad quienes tienen que escucharlos no lo hacen.
Lo peor de todo esto es que en febrero de 2025 la justicia gallega archivo de manera provisional la denuncia por la agresión contra la niña y de manera definitiva la denuncia de la supuesta agresión a Juan. Y para mayor gravedad, debemos de recordad que Juan y esta pequeña no son los únicos niños que no han sido escuchados ni por la justicia ni por la administración, también está Marcelo que denunció a la pareja de su madre por supuestos abusos sexuales, él también fue tutelado y aunque su familia paterna denunció, el caso también fue archivado y el niño recibía visitas de su supuesto agresor.
Mientras la justicia y la administración tengan una mirada adultocéntrica y patriarcal, las y los niños no serán creídos porque para esos estándares el pater familias siempre tiene la razón y las mujeres serán siempre seres infantiles, histéricos, mentirosos, en los cuales no se puede confiar y las criaturas serán siempre seres de gran imaginación y fácilmente manipulables por sus madres, por ello mientras las instituciones encargadas de la protección de mujeres e infancias no actúe con enfoque de género ni de infancia ni de DD. HH. nos seguirán matando y condenando a nuestros hijos a la irracionalidad de relacionarse con sus agresores y maltratadores, y la que le levante la voz muy alto a la cárcel que va.
teleoLeo.com habló con Bea y ella nos explica con todo detalle la odisea que ha vive desde hace 4 años y su angustia por no poder proteger a su hijo y por no encontrar la protección y la justicia que merecen ella y Juan.

teleoLeo.com dio voz a Bea, madre de Juan, para que explique su historia, ques es la de una madre luchando por proteger a su hijo.
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Categoría:
Violencia Institucional
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