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#PorNina: Ella sólo quiere recuperar a su hija [Audio y video]

Natalia Breso, ciudadana argentina, sustrajo a su hija de Perú, tras una denuncia del padre la menor fue retornada al país, pero ella podría afrontar 8 meses de prisión. Ahora Natalia sólo quiere que la justicia peruana respete su derecho a mantener la custodia de su hija

Nina

Hace más de un año que Nina, una niña de 8 años de edad, nacida en Argentina, ha sido privada de vivir con su madre, con quien siempre ha vivido. Hace más de un año que Natalia Breso, madre de Nina batalla porque le devuelvan a su hija pero la justicia peruana no le hace caso, al contrario, este viernes podría condenarla a prisión de 8 meses y al pago de 2.000 soles de reparación civil a su expareja.

Hace seis años, Natalia, ciudadana argentina que residía en Perú y que mantenía una relación sentimental con Gerardo Martín Cárdenas, se separa porque —según afirma— era víctima de maltrato físico y psicológico por parte de él. “Lamentablemente nunca lo denuncié porque no quería problemas”, afirma Natalia.

Luego de la separación, en agosto de 2016, Natalia se va del Perú con su hija a Argentina, la razón: su padre se encuentra muy enfermo. Según declaró a teleoLeo.com pasan los meses y ella intenta obtener el permiso de Cárdenas para mantenerse con su hija en el exterior, tenía planes de vida en Bélgica y quería realizarlos sin problemas.

Cárdenas denuncia a Natalia por sustracción de menores, gana y Nina es repatriada desde Bélgica a Perú. Según Natalia, hace más de 6 meses que no puede ver a su hija, incumpliéndose así el ‘Acta de Conciliación’ que ella y el padre de sus hija firmaron al momento de separarse, en la que se estipula que la custodia de Nina es concedida a la madre e incumpliéndose también el convenio de la Haya —del cual el Perú es firmante— respecto a la sustracción de menores.

Convenio de la Haya sobre los aspectos civiles de la sustracción internacional de menores 

Artículo 19:  Una decisión adoptada en virtud del presente Convenio sobre la restitución del menor no afectará la cuestión de fondo del derecho de custodia.

Entonces, según el citado artículo, si un niño es sustraído por uno de sus padres, deberá de ser devuelto al país de donde fue sacado, pero esto no significa que el padre que tiene la custodia del menor la pierda, sin embargo, en este caso, esto no se está respetando.

Así mismo, según el artículo 5 del mismo convenio:  a) el “derecho de custodia” comprenderá el derecho relativo al cuidado de la persona del menor y, en particular, el de decidir sobre su lugar de residencia; 

b) el “derecho de visita” comprenderá el derecho de llevar al menor, por un periodo de tiempo limitado, a otro lugar diferente a aquel en que tiene su residencia habitual.

En agosto de 2018, el 20º Juzgado de Familia de Lima emitió una orden de ‘Ejecución del Acta de Conciliación’ en la que concluye que Nina sea entregada a su madre. Han pasado 4 meses y esta orden aún no se cumple.

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TeleoLeo.com entrevistó a Natalia Breso para tener su versión de los hechos. A continuación el audio de la entrevista. 

Natalia también ha grabado un vídeo para explicar su caso y denunciar que, a pesar, de tener la custodia legal de su hija, Gerardo Cárdenas ha aprovechado el proceso de devolución de Nina a Perú para intentar quitársela.

A la espera de la respuesta de Gerardo Cárdenas —teleoLeo.com le ha solicitado una entrevista— les dejo la versión que el periodista publicó en sus redes sobre el litigio que mantiene con Natalia Breso por su hija.

2018-12-19 (4)(Aquí pueden leer la versión completa)

Plantón #PorNina

Este viernes 21 de diciembre, serán leídos los alegatos de las defensas de los padres de Nina, a partir de lo cual el juez tomará una decisión que podría ser:

1.- Ordenar prisión de 8 meses para Natalia, con lo cual,  Gerardo Cárdenas puede entablar un proceso de incapacidad en contra de ella y quedarse así con la custodia de Nina.

2.- O, que el juez respete el convenio de la Haya citado en esta nota, cierre la causa penal en contra de Natalia Breso, pues la menor ya ha sido restituida al territorio de donde fue sacada, y confirme la ejecución del acta de conciliación ordenando la entrega de Nina a su madre.

Por eso, este viernes, desde las 8 de la mañana, Mujer Dispara – Audiovisual Feminista y varios colectivos feministas están convocando a un plantón delante del Poder Judicial para protestar por lo que consideran que no puede ser posible: separar a una hija de su madre.

48391927_2189629057952903_6050312587264917504_n.jpgPor el bien de Nina, por su salud mental, física y emocional, esperemos que la justicia tome la mejor decisión.

Este blog sobre sustracción de menores y cumplimiento de la custodia también ha sido publicado en teleoLeo.lamula.pe

[Audio] Costumbre brutal causa quemaduras de 3er grado a una niña de 6 años en Puno

La salvaje costumbre de sentar a niños sobre ladrillos calientes o de quemarle los genitales para evitar que orinen la cama forma parte de la violencia que se ejerce sobre los menores en Perú y otros países latinoamericanos. 

“La niña fue sentada sobre ladrillos calientes por su madre y por su tía a punta de chicotazos, esto ocurrió a mediados de septiembre, pero recién ha sido atendida el 10 de octubre por quemaduras de tercer grado y una infección generalizada a consecuencia de la falta de cuidado médico”. 

TeleoLeo.com habló con Janneth Mendoza, abogada y vocera de #NiUnaMenos Puno, grupo que ha asumido la defensa Lurdes (6 años de edad), la menor agredida, quien además presenta signos de desnutrición. «Es muy luchadora y alegre, y sufre mucho con la curación de sus heridas que están en tan mal estado que ni siquiera han podido ser atendidas en el hospital de Puno y por eso la han trasladado a Arequipa» —explica la abogada.

Mari Luz es el nombre de la madre y al parecer no se arrepiente de lo que ha hecho a su hija —afirma indignada Mendoza. «Le preguntamos por qué quemó a la niña y nos dijo que se lo habían aconsejado para que no se orine la cama, también dijo que no la había llevado al hospital por miedo y cada vez que hablamos con ella, lo único que le interesa saber es si irá a la cárcel»

La Fiscalía ya le ha quitado a Mari Luz la custodia de Lurdes, sin embargo, esta mujer tiene otra hija, una pequeña de año y medio que también presenta síntomas de desnutrición y también podría estar en peligro. «El caso de Lurdes la Fiscalía ya emitió una orden de alejamiento en contra de la madre, nosotros nos apersonaremos para pedir medidas en salvaguarda de la otra niña».

TeleoLeo.com entrevistó a la abogada Janneth Mendoza del colectivo #NiUnaMenosPuno

Según el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP), entre enero y junio de 2018 fueron denunciados 19.175 casos de violencia y maltrato contra menores de edad, 46% más que los registrados en el mismo periodo de 2017 (13.122 casos). La mayoría de atenciones, el 79%, fueron por maltrato físico y psicológico; un 90% de las víctimas menores de 5 años sufren estos maltratos de parte de sus padres. El 21% restante de ha sido víctima de agresiones sexuales.

Lurdes es parte de esta estadística y lamentablemente no es la única niña quemada por orinarse la cama. Esta práctica, lamentablemente, se realiza en nuestro país entre la población andina, creen que los niños que tienen micciones nocturnas están «pasados de frío» y se les cura sentándolos sobre ladrillos calientes.

A principios de septiembre de este año, días antes que Lurdes fuese quemada, en Arequipa, otra niña sufría la misma «terapia», pero haciendo una búsqueda rápida en internet, también he encontrado casos de niños quemados por esta razón en diversos países latinoamericanos, a continuación algunos de ellos:

  • República Dominicana (2018) una niña de 2 años sufrió quemaduras en la vulva porque sus padres le pusieron carbón caliente.
  • Argentina (2018) una niña de 5 años sufrió quemaduras en la vulva porque su padrastro le puso una botella de agua hirviendo.
  • Paraguay (2016) un niño sufrió quemaduras de 1er grado en los testículos por su padrastro
  • Bolivia (2010) un niño de 10 años sufrió quemaduras en genitales o posaderas porque su madre lo sentó sobre ladrillos calientes

Como dice la abogada en la entrevista, Lurdes ya está siendo atendida de sus heridas, pero necesita analgésicos, vendas y otros medicamentos para su recuperación, por eso les dejo el número de cuenta que se ha habilitado para todos aquellos que puedan colaborar con lo que puedan. Toda ayuda será bienvenida.

Cuenta del BCP

Número: 495-92069173-0-41

Titular de la cuenta: Silvia Mercedes Calatayud Suárez (persona a cargo de Lurdes luego de que la fiscalía le quitase la custodia a su madre)

Este blog sobre maltrato infantil también ha sido publicado en teleoLeo.lamula.pe

Seduce a una niña y pide que no lo denuncien porque no la violó

Un hombre de 28 años utilizó las redes sociales para comunicarse con una menor de 12 años y mantener una relación sentimental. Facebook y Whatsapp pueden ser muy peligrosos cuando hay menores de por medio

«Salí de mi casa desesperada a buscar a mi hija, no llegaba y pensé que le había pasado algo, que la habían secuestrado, y casi llegando al colegio, en un parque, la encontré arrinconada a la pared con un tipo que la besaba y la abrazaba. Me acerqué y cuando me vió, me miró asustada, el tipo se tapó la cara y se fue corriendo; sabía que si lo veía lo reconocería».

Esta es la historia de G.X.S.CH contada por su madre y su maestra a teleoLeo.com. G.X.S.CH sólo tiene 12 años de edad y fue seducida por Juan Daniel Paiva Rivera, un hombre de 28 años, hijo de los pastores de la iglesia a la que iban sus padres. Aprovechando esta relación y un encargo de trabajo hecho al padre de la niña, Paiva pudo acercarse a ella y seducirla sin importarle ni la diferencia de edad, ni que se trataba de una menor de edad.

Seducción

«Eres mi bebe… Tú eres diferente… Te voy a comprar un terreno para que vivamos juntos», según ha explicado la menor a sus padres, estas eran algunas de las frases que Paiva le decía en sus mensajes, también le enviaba poemas y canciones, sin embargo, no hay prueba de ello, Paiva le exigía a la niña que borrase todo lo que hablaban para que no lo vieran sus padres.

Paiva sabía que comunicarse con G.X.S.CH no estaba bien, además de pedirle borrar las conversaciones que mantenían, le dió a la niña una frase clave para comenzar cada comunicación, así él podía confirmar que era ella quien le estaba hablando.  Además, según le dijo Paiva a la niña, ella no es la primera menor a la que seduce, pues le confesó que ya había estado con una adolescente de 15 años.

«Este hombre vino a mi casa hasta 4 veces con el pretexto de encargarle a mi esposo, que hace joyas, unos anillos para el aniversario de matrimonio de sus padres. Siempre que vino vio a mi hija y nos decía que estaba grande. Una de las veces le preguntó a mi esposo si mi hija tenía facebook, luego le pidió amistad y su número de teléfono y así comenzó todo» —explica la madre.

Infraganti

«El día 12 de septiembre estaba preocupada, mi hija (G.X.S.CH) no volvía a casa del colegio, ella sale a las 6.20 de la tarde pero ya eran casi las 8:30 de la noche y no llegaba, pensé que talvez había tenido clases de refuerzo, pero igual ya debía haber vuelto, esas clases acaban a las 8:05 y del colegio a la casa demora sólo 10 minutos». Desesperada la madre de la niña llamó a la profesora y esta le dijo que su hija había salido del colegio a las 6:20.

También llamó por teléfono a la madre de una amiga del colegio, quería saber si las niñas estaban juntas, pero no. «La amiga me dijo que había dejado a mi hija en el colegio así que salí a la calle a buscarla, pensando que le había pasado algo o que la habían raptado, no sé, todo lo malo me pasaba por la cabeza»—dice la madre; y sus pensamientos no iban mal encaminados.

«Fui caminando» —dice la madre— «haciendo la ruta que hace mi hija para volver del colegio y la encontré, estaba en el parque con ese hombre, arrinconada contra la pared, la besaba y la abrazaba; me desesperé, le di dos cachetadas y sólo le decía “por qué me has hecho esto, yo que siempre te he dado confianza”. No podía entenderlo. En cuanto el tipo me vio se dio media vuelta y se fue corriendo, no quería que lo viera»

La madre le preguntó a la niña quién era el hombre, pero ella sólo lloraba, así que la cogió de la mano y fueron tras él. «Por qué no me das la cara cobarde», como no se giraba lo pateó, «cuando se volvió lo reconocí y lo cachetee, era el hijo de los pastores de la iglesia a la que mi esposo y yo íbamos, sus padres siempre nos ayudaron cuando tuvimos problemas, no podía creer que su hijo nos hiciera esto».

«Me dolió mucho ver a mi hija de 12 años, con un tipo tan grande para ella. Él le ha robado su primer beso, la ilusión de toda adolescente; me gustaría que todo eso lo hubiese tenido con alguien de su edad».

Luego de verse descubierto Juan Daniel Paiva siguió a la mujer y a su hija hasta su casa, le decía que no había pasado nada, que no le dijera nada a sus padres. «Calmese y prométame por favor que no dirá nada —me decía, yo le tiraba patadas, “vete de acá cobarde” le gritaba, pero él nada, me asusté; en cuanto llegué a donde vivo subí rápido las escaleras para encerrarme con mi hija en mi cuarto» —explica la madre.

A buen recaudo

Ya dentro de su vivienda, la madre habló con su hija, esta le explicó cómo y de qué manera se comunicaba con Paiva, le reveló la frase de contacto, la exigencia del borrado de mensajes, pero,  igualmente, la madre revisó su celular. «No había nada, ni un solo mensaje. Yo le compré el teléfono para poder comunicarme con ella, porque yo trabajo todo el día y mi marido también trabaja, se lo compré para cuidarla y va y pasa esto».

Al día siguiente, la mujer, sin saber cómo actuar fue a ver a la maestra de la niña y habló con ella, quería denunciar lo ocurrido pero no sabía cómo hacerlo. “No sabía qué hacer, no sabía siquiera si podía denunciar, pensaba que cobraban para hacerlo, no sabía nada». La maestra de la menor le informó que podía hacer y la acompañó a la comisaría a sentar la denuncia.

Revictimización

«Llegamos a la comisaría y en la misma puerta nos preguntaron a qué íbamos» —dice la profesora de la menor— «A denunciar un caso de acoso les dije, una vez dentro, más de 3 policías interrogaron a la niña hasta que me enojé, no podían revictimizarla de esa manera, haciéndola repetir la historia una y otra vez sin siquiera tomar nota; en ese momento un policía de mayor rango intervino y ordenó que redactarán la denuncia».

Según las respuestas de la niña, Paiva se comunicaba con ella desde el mes de julio, «me decía que era bonita, me mandaba poemas, canciones románticas» […] «sólo salimos una vez, habíamos quedado dos veces antes, pero como se demoraba en llegar y se hacía tarde lo llamé y le dije que no podía esperar más; recién nos vimos la tercera vez que quedamos».

Además de la revictimización de la niña a la que refiere la maestra, la actitud de los policías también le pareció reprobable. «Nos decían, “un beso y un abrazo no es nada, no tipifica como delito” o cosas como, “la niña por qué aceptó que ese hombre se le acerque, eso depende de la crianza, de lo que ve en casa”, además la miraban como si ella fuese la culpable» —agrega la maestra.

Luego la revisó el médico legista quien confirmó que la niña no había sido desflorada. «Después de 5 días la policía nos volvió a citar y le volvieron a hacer preguntas a mi hija y tuvo que volver a repetir toda la historia, como si no la tuviesen escrita desde el primer día que hicimos la denuncia, no entiendo porque tienen que preguntarle tantas veces lo mismo» —dice la madre.

Paiva’s conection

«Aunque el examen médico diga que no la ha violado, yo no estoy tranquila, mi hija tiene sólo 12 años y ese tipo puede volver a buscarla, y seguir llenándole la cabeza de ideas, por eso también le revisé el celular para saber cuál era el teléfono de ese tipo y encontré que Paiva tiene 2 números, “pero sólo en uno sale su foto y aparece como ‘El poético’. También lo busqué en su Facebook y ponía: “si tienes whatsapp me puedes agregar, trabajo como el poético”»

De madre a hija

«He hablado varias veces con mi hija, “por qué te metiste con ese hombre, qué te hizo, porque él ya tiene experiencia”; le pregunté todo, ella me dijo que le gustaba las cosas que le decía, que era muy bueno con ella, pero que ahora sabía que no estaba bien haber salido con él y que sólo quería hablarle por última vez para decirle que habían terminado» —dice la madre.

La madre de G.X.S.CH se siente culpable de lo ocurrido, siente que talvez no ha cuidado lo suficiente a su hija y eso pasa porque siempre cuando se habla de abuso, maltrato, violaciones y feminicidio, una de las primeras frases que aparece es «qué habrá hecho pues» y en el caso de que nuestras hijas sean violentadas, el peso de la culpa recae siempre sobre la madre: «cómo habrás educado a tu hija».

Desde lo ocurrido, la niña ya no va ni vuelve sola del colegio, dice la maestra, «su padre la trae a la escuela y su la recoge». Ambos han alterado sus horarios de trabajo y de actividades, y todo porque un hombre de 28 años, amigo de la familia, no se supo contener, no supo ubicarse y entender que una menor de edad no está a su alcance por eso mismo, porque es una niña y no tiene edad, ni formación suficiente para consentir o para no hacerlo.

Los que tampoco han entendido muy bien la situación han sido los padres de Paiva, los pastores, pues sólo se han comunicado con el padre de la menor para pedirle que retire la denuncia, «”si no han habido relaciones sexuales no ha pasado nada, van a acabar con la vida de mi hijo”, le ha dicho la madre de Paiva a mi esposo y la vida de mi hija qué, ellos no comprenden que no está bien que un hombre que le dobla la edad se haya acercado a ella» —dice la madre.

Un futuro por delante

Ha pasado casi un mes desde que G.X.S.CH fue encontrada en aquel parque por su madre y recién hoy 17 de octubre le realizarán la prueba psicológica para ver cómo la efecto lo ocurrido el 22 de septiembre pasado. La justicia que tarda no es justicia y esta tardanza es más perversa cuando hay menores de por medio. Según la maestra de G.X.S.CH ella está tranquila, esperando olvidarse del ‘Poeta’.

«Mi hija es una niña inteligente, siempre me he sentido orgullosa de ella, la profesora me felicitó por ser el segundo puesto de su  clase, siempre la he visto haciendo sus deberes, trae buenas notas, yo siempre la felicitó y no es justo que este tipo venga a dañarla, eso me quita el sueño, ella está para que siga estudiando no para que esté pensando otras cosas, por eso ahora ya no confió y ya no va ni viene sola del colegio».

TeleoLeo.com intentó obtener la versión de Juan Daniel Paiva Rivera, le envié un mensaje a su cuenta de Facebook. «Hola, mi nombre es Leonor Pérez-Durand soy periodista, le escribo por la denuncia que tiene por seducir a una menor de edad, me gustaría saber su versión. Muchas gracias». «Su solicitud de mensaje ha sido aceptada» me comunicó la red de inmediato, sin embargo, la respuesta de Paiva nunca llegó; horas después su cuenta fue desactivada.

Este blog sobre abuso de menores y acoso también ha sido publicado en teleoLeo.lamula.pe

Carmen, raptada al año de edad, violada a los 7, lisiada a los 13, abusada por su pareja desde los 31; a pesar de todo, aún ve la vida con esperanza

Según esta gran mujer todos tenemos un propósito en la vida y eso la ayuda a seguir adelante, a pesar de los delitos que contra ella se cometieron: pederastia, secuestro y maltrato; entre otros

Esta es la historia de una mujer separada de su madre al año de edad, violada a los 7 por su tío y maltratada hasta los 21. Ella es Carmen, es mexicana, y producto de una gran golpiza dice que murió una vez. A los 13 años sus hermanastros le jugaron una “broma”, cayó y se fracturó el fémur, pasaron casi 15 días antes de que recibiera atención médica, llegó al hospital con la pierna hinchada y morada, por eso ahora no camina bien y tiene una prótesis en la cadera.

A Carmen le encargaron las labores de la casa desde los 6 años de edad, le daban de comer poco y mal, por eso siempre estuvo anémica y se desmayaba todo el tiempo. Vestía harapos. Nunca le compraron un cepillo de dientes así que ha perdido varias piezas. Cuando tenía la regla le daban trapos y, a pesar de todo, o posiblemente porque el dolor no logró deshumanizarla, ella perdonó a una de las personas que más daño le hizo. Hoy educa a sus dos hijos rompiendo el círculo del dolor.

La historia de Carmen es terrible, no tuvo infancia, ni amor, ni protección a la edad que más lo necesitaba, y está tan cargada de tragedia que su vida parece casi un guión de telenovela.

Érase una vez una niña….

“Un día ese hombre me quitó la ropa interior y me violó, mientras lo hacía yo lloraba y le decía que no. Él me cubrió la boca y siguió haciéndolo”.

Carmen sólo tenía 7 años cuando fue abusada y el hombre que la ultrajó fue su tío. Carmen ahora tiene 52 años y contó su historia a teleoLeo.com porque quería exorcisar el pasado para poder seguir adelante.

“Mis padres se divorciaron cuando yo tenía un año. Mi papá se peleo con mi mamá y un día que ella no estaba en casa  me raptó. Me llevó a casa de mi abuela, su madre, que vivía en la ciudad de Puebla, nosotros vivíamos en México capital. Mi madre fue a buscarme, entró a casa de mi abuela para sacarme de allí, pero la denunciaron por allanamiento de morada, estuvo detenida 3 días; eso me explicó fue lo que me explicó mi madre años más tarde”. Así comienza la historia de Carmen.

Al salir de la cárcel, la madre de Carmen desistió de recuperarla, en la capital la esperaban 5 niños más. “Mi mamá jamás volvió a buscarme y me dejó en el peor lugar que me podía dejar, donde, desde que tengo uso de razón, sólo fui la sirvienta”. (Carmen)

La tía Ester= El amor

En sus primeros años de vida Carmen fue criada por una de las hijas de su abuela, de ella recibió cuidados y amor; luego todo cambió.

Hasta los 6 años Carmen fue criada por su tía Ester, una de los 7 hijos de su abuela, ella fue la única que le dio cariño, pero un día se casó y en casa sólo quedaron su abuela y 5 tíos de sus tíos; en ese momento las cosas comenzaron a ir mal. “En cuanto mi tía se fue de casa mi abuela me llevó a cortar el cabello como a un niño, me dejo ‘pelona’; los niños se burlaban de mí, me decían que parecía hombre” —dice Carmen.

Pero las cosas podían empeorar y empeoraron. “Mi abuela me puso a hacer los quehaceres y cuando los hacía mal me pegaba con la escoba. Una vez me pegó con una olla por no lavarla bien; otro día se me cayeron unos platos, mi abuela se enfadó y le dijo a uno de sus hijos que me pegara, él se sacó el cinturón y me azotó muchas veces; yo gritaba, pero nadie me ayudó”.  Cuando el tío terminó de pegarle, la abuela también le pegó: “Para que aprendas” —le dijo.

“Cuando me pegaban, que era casi siempre, yo los veía como gigantes. La última vez que los vi se me hicieron pequeños, viejos, débiles”. (Carmen)

Violación

Cuando Carmen tenía sólo 7 años el tío que la golpeaba también la violó

“Un día de buenas a primeras ese hombre me encerró en su cuarto y me pego con el cinturón, me quitó la ropa interior y me violó, mientras lo hacía yo lloraba, le decía que no, pero él no paró. Era chiquita y sentía como un gigante me golpeaba y me hacía algo que yo no quería, me hacía sentir sucia, avergonzada, culpable. Cuando acabó me dijo que si decía algo me golpearía más fuerte. Yo vivía todo el tiempo con miedo” —explica Carmen.

Palizas

Cualquier pretexto era bueno para golpear a Carmen hasta la extenuación. Ella cree que murió unos minutos para renacer luego en el mismo infierno

La abuela de Carmen heredó una casa y se mudaron, y allí fue aún más infeliz. “Cuando nos mudamos el hijo de mi abuela comenzó a pegarme a diario, él se iba a trabajar y cuando volvía mi abuela le decía lo que yo no había hecho bien, él se sacaba el cinturón y me pegaba, yo gritaba mucho y aunque mis otros tíos estaban presentes, nunca nadie me ayudó” —explica Carmen.

Carmen dice que iba mal calzada con zapatos de plástico y con las medias llenas de huecos, eso fue motivo de otra golpiza. “Un día, yo ya tenía 10 años, estaba en la puerta de casa y pasó un señor que vendía medias, al ver las mías me regaló un par; en eso llegó mi tío y botó al hombre, me agarró del cabello me arrastró y me pateó mucho. Yo rodaba con  cada patada hasta que caí en un hueco del patio y perdí el conocimiento”. 

La niña perdió unos minutos de su vida, no sentía, no sufría. “Sólo recuerdo que caí en un agujero y tuve un sueño, iba por camino como de arena y una mano bajaba de lo alto y me empujaba. Desperté al tercer empujón, en ese momento sentí como si volviese a respirar, estaba en la cama, me senté y vomité sangre; y escuché que alguien hablaba con mi abuela por la ventana”.

Dos vecinas le preguntaban a la abuela de Carmen qué había pasado, le decían que habían escuchado los gritos de una niña. “Ella contestó que era yo, que me había portado muy mal y me habían pegado porque me lo merecía”. Las mujeres le dijeron que llamarían a la policía, la abuela les pidió que no lo hicieran: “Hablaré con mi hijo para que no le vuelva a pegar —dijo mi abuela”.

La brutal paliza le dejó a la niña moretones en todo el cuerpo, dolor de mandíbula y costillas, además mucha dificultad para caminar. “No me llevaron al doctor, ni siquiera mi abuela me curó, era una piedra, no sentía nada por mi, me miraba con odio y siempre me decía que merecía todo lo que me pasaba”. Sin embargo, el ‘aviso’ de las vecinas sirvió, el tío de Carmen no volvió a golpearla, por lo menos por un tiempo.

¿Por qué tanto odio?

Los maltratos de los que Carmen fue víctima podrían deberse a una mentira dicha por su madre

Carmen cree que su abuela la maltrataba porque cuando sus padres se separaron su madre le dijo que ella no era su hija. “Mi abuela siempre me decía “inútil, no sirves para nada” y me repetía constantemente que mi madre me había abandonado porque no me quería. Crecer así, sabiendo que no le importas a nadie, pero sobre todo, escuchando cada día que tu madre no te quiere es muy duro”. 

Años más tarde su madre le confesó que había mentido para evitar que él se la llevará, sin embargo, cuando eso ocurrió y él se la llevó, no dijo la verdad.

Abandono

La niña creció como una animal. A parte de maltratarla no la alimentaban bien, ni la vestían, incluso descuidaron los aspectos más básicos de su higiene

“Mi tío dejó de pegarme porque se casó con una buena mujer, entonces volvió a hacerlo mi abuela y aunque mi padre le daba dinero para mi, me vestía con harapos, me compraba zapatos plásticos y cuando me crecía el pie les tenía que cortar la punta y les ponía lazos para que se vieran bonitos” —dice Carmen.

Una anemia perniciosa hacía que se desmayara continuamente. “Mi abuela no me alimentaba, me daba a comer huesos con una pizca de carne y a sus hijos un buen trozo; yo tomaba café y sus hijos leche. Por las noches me levantaba a robar comida de la nevera. Era tan flaca que una de mis tías le decía a mi abuela que me diera de comer más”.

Carmen también recuerda que nunca le compraron un cepillo de dientes, pero eso la hizo conocer a la única persona que la ayudó cuando vivía con su abuela. “Yo ya tenía 17 años y un dolor insoportable en una muela, tenía que ir al dentista, pero no tenía para pagar así que todas las mañanas salía a buscar cascarones de huevos y con ellos hacía manualidades que luego vendía en las calles del centro”.

La chica junto algo de dinero y se fue en busca de un dentista, todos lo que encontraba eran hombres y eso le daba miedo, así que entró a la consulta de la primera dentista mujer que encontró. “Le dije que tenía dolor de muela pero que no podía pagarle mucho, ella me dijo que no me preocupe, me sacó la muela y al acabar me preguntó que tenía en la cajita que llevaba en las manos”. 

Carmen abrió la cajita y le enseñó las figuras que hacía para vender y tener algo de dinero. “La doctora me dijo que estaban bonitas y me recomendó con su vecino que tenía una tienda de regalos, luego me recomendó para trabajar en una fábrica. En ese tiempo ya no hablaba con mi abuela ni con nadie de la casa, sólo llegaba a dormir”. 

Carmen explica que a causa de la mala higiene dental perdió muchas piezas que sólo pudo reponer cuando fue adulta y las pudo pagar. “Estaba llena de caries, mi boca daba pena, no podía ni sonreír”. La menstruación fue otro tema. “Cuando tuve mi primera regla me pegaron, mi abuela me dijo “qué has hecho”. No me compraba toallas higiénicas, sólo me daba trapos”.

A la niña le desarrollo el busto y ese fue otro problema. “Mi abuela nunca me compró un sostén; un dia, una de mis tías vino a quedarse con sus hijas, todas usaban sostén, por la noche cuando dormían les cogí uno y me lo puse para saber qué se sentía y me dormí con el. A la mañana siguiente mi tía me lo quitó muy groseramente, me dijo que no cogiera las cosas de sus hijas” —explica Carmen.

El Señor Diputado

El padre de Carmen fue diputado del PRI de México, Arturo Ávila Marín se llamaba y nunca cuido de ella, sólo enviaba dinero. Para él su carrera política y la familia que estableció eran más importante

Carmen dice que cuando era pequeña su padre iba a visitarla, “pero cuando iba mi abuela y mi tío se cuidaban de que no hablase con él, además yo era muy tímida, miedosa y en las pocas oportunidades que pude, nunca me atreví a decirle todo lo que me hacían, nunca le conté como me pegaban, ni que mi tío me había violado”.

Cuando Carmen tuvo 13 años, su padre la llevó a vivir con él. “Él ya era todo un diputado, llegó un domingo a casa de mi abuela con su esposa, estaba casado hacía algunos años y tenía 3 hijos; me dijo que viviría con él, que me compraría una bicicleta y que iría a una escuela bonita. Se acabó mi martirio, fue lo primero que pensé; pero no”.

Las esperanzas de Carmen se disiparon en 24 horas. Cuando el lunes despertó en casa de su padre, su madrastra le dijo que se iban a trabajar y que ella se ocuparía de la casa: limpiar, poner la ropa a lavar y cuidar a sus hijos, todos entre 5 y 7 años. Carmen acostumbrada a los quehaceres no vio nada raro en el pedido, sin embargo, la cosa no fue bien.

“Mis hermanastros tiraron agua con detergente de la manguera de la lavadora en el piso de la cocina, cuando entré me caí, sentí un dolor indescriptible y no pude ponerme en pie”. Los niños, al ver la gravedad del asunto, llamaron a un vecino para que pedir ayuda y luego le avisaron a su madre.

“Ella y mi padre volvieron a casa, él quería llamar una ambulancia, pero su mujer le dijo que no, que por su cargo eso sería un escándalo porque vendría la prensa.  Así que trajeron a una curandera que me agarraba la pierna la subía y la bajaba, me puso cebollas calientes; yo gritaba de dolor y ella decía que era por el golpe, que no tenía nada roto” —explica Carmen.

La niña lloró de dolor toda la noche, al día siguiente su padre la devolvió a casa de su abuela. “Yo ya no sabía donde estaría peor. A mi abuela le dijeron que me había caído, que solo tenía un golpe y que yo quería regresar con ella”. Allí tampoco la llevaron a el doctor. “Pasaron los días y mi pierna estaba hinchada y morada así que me llevaron a otro curandero, él dijo que tenía una fractura”. 

Carmen tenía el fémur fracturado, 15 días después la operaron, le pusieron pesas porque se le había encogido el tendón, también le pusieron clavos. “Mi fémur y cadera se juntaron por estar fuera de lugar mucho tiempo, no podía ni doblar la pierna, caminaba como un robot. Ya no podía volver a correr. Alguna vez había soñado con ser deportista o bailarina, pero ahora ya no podría”.

“En una oportunidad” —dice Carmen, “mi padre le dio a mi abuela 30.000 pesos, mucho dinero para la época, yo pensé que me compraría zapatos y ropa, pero no fue así, uno de sus hijos iba a construirse su casa y ella le dio ese dinero para los cimientos; mientras, yo seguía igual: con anemia, con la boca llena de caries, mal vestida y mal calzada”.

Carmen también dice que su padre era “hostil” con ella, que nunca se preocupó por cómo estaba e incluso le molestaba que lo llamase. “Mi padre nunca más intentó llevarme con él. Cuando cumplí 15 años le pedí que fuera a verme, fue con su esposa y me llevaron a comprarme un par de vestidos, luego de regreso a casa de mi abuela me dijo que no le estuviera llamando para celebrar cumpleaños”.

Rebelión

La violencia de la que fue víctima Carmen engendró violencia y estuvo a punto de acuchillar a su tío. 

Según dice Carmen, luego del problema con su pierna los maltratos por parte de su abuela cesaron, sin embargo, dos años después, cuando la mujer de su tío lo dejó, los golpes y regaños -por parte del tío- volvieron. “Él se quedó con sus dos hijos pequeños y me dijo que yo tenía que cocinarles y lavar su ropa y la de él; mi abuela estuvo de acuerdo”.

Un día el tío de Carmen la mandó a bañar a sus hijos, ella fue al pozo a buscar agua y al intentar sacar la cubeta quedó colgando de la cuerda. “Grité, pedí ayuda, el pozo tenía 22 metros de profundidad y si no pedía auxilio hubiese podido morir. Cuando me sacaron mi tío me volvió a dar una paliza con su cinturón”.

Cansada de tanto maltrato Carmen se rebeló. “Un día, yo tenía 17 años, hablaba con una amiga y le dije: —Voy a hacer la comida a los chamacos, mi tío escuchó, me cogió del cabello y me gritó que a sus hijos no los llame así. Sentí un calor que me recorría todo el cuerpo, cogí un cuchillo que tenía a mano, me sentí poderosa, se lo iba a clavar, pero me detuvieron mis tías y sus hermanos”. 

Carmen se fue a llorar a su habitación, una tía la siguió y le preguntó qué había pasado. “No pude más y le dije todo, le dije que ese desgraciado me había violado y mi tía, que estaba harta de que me golpeara lloró conmigo. Luego hicieron una reunión para que dijera lo que me había hecho, pero mi abuela lo defendió, dijo que yo mentía”. Mi padre no estuvo presente, tampoco la tía que me cuidó de pequeña. 

La reunión tenía como fin desenmascarar al abusador y maltratador, sin embargo, eso no era necesario, todos en casa de la abuela sabían lo que pasaba. “Mis otros tíos hombres sabían todo y nunca hicieron nada. Es más cuando tenía entre 18 y 20 años me espiaban mientras me duchaba; era espantoso pensaba que un día también me violarían, menos mal que nunca lo hicieron”.

Según Carmen, de niña, en el único lugar en el que era feliz era la escuela, pero sólo estudió primaria, según su padre: siendo mujer no era necesario más. “Cuando iba al colegio era libre por eso nunca le dije a nadie lo que sufría. Era tan feliz saliendo de esa casa que no quería hablar del tormento que vivía para no manchar el momento ni el lugar”. 

La madre que no supo serlo

Con 20 años cumplidos Carmen le exigió a su padre que le dijera dónde estaba su madre, él lo hizo y ella fue feliz, recuperó la ilusión, iba a conocer al ser que más amor había de darle, pero el encuentro no fue grato

Cuando cumplió 20 años Carmen volvió a ver a su padre y le pidió que le dijera dónde estaban su madre y sus hermanos. “En ese momento mi abuela le dijo que me dijera que no era su hija, mi padre le pidió que callara. También me enteré que mi abuela había sabido todo el tiempo el paradero de mi madre y nunca me lo dijo, cuando le preguntaba sólo decía que ella no me quería, que por eso me había abandonado”. 

El padre de Carmen le dijo donde encontrar a su madre y a sus hermanos. “Cuando conocí a mis hermanos, me abrazaron, yo era la más pequeña de los 6 hijos que tuvieron mis padres (4 mujeres y 2 hombres). Mis hermanos me contaron que siempre preguntaban por mí y que mi padre les decía que estaba bien. Mis hermanos me pidieron irme a vivir con ellos, sin pensarlo fui a por mis cosas”. 

La madre de Carmen vivía en Estados Unidos desde hacía varios años así que su hermano mayor le arregló sus papeles para que fuese a su encuentro. “Fui muy ilusionada a conocer a mi mamá, pero no fue lo que esperaba, ella ya no sabía quererme, fue fría. Yo deseaba un abrazo que me hiciera sentir que a su lado todo iba a estar bien, que no sufriría nunca más; pero no fue así”. 

Carmen dice que su madre no la apoyó y que aunque la vio enferma le dijo que se buscase un trabajo. “Yo quería estudiar pero, sobre todo, necesitaba operarme. Nunca quedé bien de la rotura de fémur, sufría mucho dolor y tenía una pierna más corta, pero a ella no le importó. Así que busqué y encontré trabajo como servicio doméstico, después trabajé como dependienta en algunas tiendas”.

“En 1998 me operaron y me pusieron una prótesis en la cadera para poder caminar mejor y sin dolor y todo fue posible gracias a unas personas que conocí. Ellos, a diferencia de mi madre, me ayudaron mucho” —señala Carmen

Carmen le preguntó a su madre si alguna vez la buscó, ella le explicó la denuncia, los 3 días en la cárcel y le dijo que no volvió porque tenía 5 bocas más que alimentar y pensó que estaría bien. “Pero no, le dije que no estuve bien, le conté todo lo que me habían hecho y me dijo que quizás me gustaba vivir así porque nunca me escapé; le dije que yo era una niña, que tenía mucho miedo; qué quería que hiciera, no entiendo”.

Relación tóxica

La falta de cariño de su madre y todos los maltratos recibidos durante la infancia hicieron que Carmen buscase cariño en la persona equivocada y volviera a ser víctima de maltrato y de abuso sexual.

“En 1999, con 31 años, conocí al padre de mis hijos (una niña y un niño). Él era muy vivido, yo muy tímida y tonta, se aprovechaba de mi, me quitaba el dinero y también era un abusador. Me pegaba, yo le tenía miedo no sabía defenderme y además estaba acomplejada por mi pierna; creía que nadie más se fijaría en mí” —dice Carmen.

La pareja de Carmen era un hombre dominante.“Cuando llegaba borracho abusaba sexualmente de mí; lo denuncié varias veces, pero retiraba la denuncia porque él amenazaba con golpearme y llevarse a mis hijos. Aguante hasta que me deportaron: No pude ir a la cita en migraciones, él se llevó el auto, yo no tenía ni para un taxi; un día me detuvieron y me enviaron a México con mis hijos”.

“Cuando me deportaron me quería suicidar” —dice Carmen. Ella lo había perdido todo: su trabajo, su fuente de manutención, sus cosas; pero volver a su país le permitió cerrar heridas. “Fui a ver a mi abuela, le reclamé el daño que me había hecho, me dijo que me quería como a una hija; pero no ella siempre me trató como un animal y permitió que su hijo me dañara”.

A pesar de todo el daño que sufrió Carmen perdonó a su abuela. ” A los 8 días de verla, murió, pero yo ya la había perdonando. Mi padre había muerto mientras yo vivía fuera, lloré su muerte de rabia, pero no de dolor. Lloré porque ya nunca me diría por qué se vengó de mi madre jodiéndome la vida”. 

Presente

Carmen se encuentra postrada pero con ánimos, está a la espera de una operación por la lesión que sufrió en el fémur, ahora sólo quiere recuperarse física y emocionalmente para poder seguir adelante por sus hijos

“Ahora estoy en cama, mi prótesis se movió y me la tienen que cambiar, espero que me operen pronto, tengo que mantener a mis hijos”. Desde que volvió a México ella se dedicó a hacer joyería y a pintar cerámica. “Puse un bazar donde vendo lo que hago, pero lo he cerrado hasta estar bien; por ahora mi hermano mayor me ayuda con los gastos”.

El problema es que, a pesar de la ayuda de su hermano, Carmen no tiene todo el dinero para pagar la prótesis y sus hermanastros, los responsables de su estado, ya son adultos pero no tiene buena relación con ellos y ni piensan en ayudarla. “Ellos están enfadados conmigo porque dicen que mi padre era bueno, que los cuidó, les dio amor, educación y todo lo que necesitaban; y yo pienso: bien por ellos, pero a mi me abandonó y me desgració la vida”.

Carmen dice que ha acudido a grupos de apoyo en busca de sanación, pero lo único que he sacado en claro es que hay un propósito para ella, “lo estoy buscando, no puedo haber sufrido tanto por nada, por eso he ayudado a niños maltratados, hablo con sus madres, los defiendo; también ayudo ‘animalitos’ abandonados, todo eso me hace sentir bien, todo eso me ha hecho ser la persona que soy ahora”.

“Recordar como fui maltratada de pequeña, como fui tratada por mis padres y por el padre de mis hijos me da mucha tristeza. Ahora estoy sola, pero me siento segura y luchó por ser una buena madre; mis hermanos me apoyan y sé que mis hijos tendrán una historia diferente, yo los abrazo y les digo cuanto los amo, no repito historia. Rompo las cadenas”.

Carmen desde el dolor

  • “Sólo las que hemos vivido tanto dolor sabemos de lo que se trata y lo duro que es abrirse a explicarlo, pero ahora que lo he hecho reconozco que es sanador, porque lo sacas de dentro y de eso se trata. Es muy difícil salir adelante con semejantes recuerdos enterrados en la memoria”.
  • “Me hubiera gustado escribir un libro, ver si explicando lo que viví podía ayudar a alguien, por eso agradezco que cuentes mi historia, la de una niña a la que su padre le cambió el destino sólo por venganza y por despecho. Es muy doloroso que los padres al separarse utilicen a sus hijos como armas, eso hizo mi padre conmigo y me destrozó la vida física y emocionalmente”. 

Fibromialgia del mal

Ahora Carmen, como muchas mujeres abusadas y violadas durante la infancia padece de fibromialgia y de hipertensión. Según varios estudios, entre ellos un trabajo monográfico llamado: Fibromialgia e Histeria, un camino de incertidumbre : “Las mujeres que padecen fibromialgia han sufrido durante la infancia hechos de violencia tanto física, como sexual y-o psíquica”.

En el 99.9% de mujeres abusadas, violadas y maltratadas que he entrevistado para teleoLeo.com padecen de fibromialgia, fatiga crónica o hipertensión. Algunas como Carmen sufren más de una dolencia.

En otros estudios, los investigadores han encontrado que: “[…] las mujeres (y algunos hombres) que han denunciado el abuso infantil (sexual o físico ) tienen el 65 por ciento de probabilidades de tener fibromialgia y el doble de probabilidades de tener síndrome de fatiga crónica”.

Así que sí, la violencia física y psicológica dejan marca imborrable en la esencia de las víctimas, las modifica y las convierte —en la mayoría de los casos— en sus propios verdugos pues sus cuerpos somatizan el dolor hasta convertirlo en enfermedad, en autocastigo por no haber podido evitar la agresión.

La satisfacción del agresor es inmediata y pasajera. El agresor disfruta cuando castiga, cuando viola, cuando ejerce su poder sobre la víctima, y lo hace con alevosía porque la sabe débil. El sufrimiento de la víctima, en cambio, es permanente al punto que como ya he comprobado, en varios testimonios, puede transformarse en enfermedad.

Gracias por tu generosidad Carmen

Cifras escalofriantes

Según un informe de la OCDE (Organización para la Cooperación Económica y Desarrollo económico) de 2017, México ocupa el primer lugar en abuso sexual, violencia física y homicidio de niños que aún no han cumplido los 14 años de edad. La organización dice que 4,5 millones de menores son víctimas de actos de violencia y que sólo se denuncian un 2% de estas agresiones.

Este blog sobre pederastia, abuso, maltrato y violencia de género también ha sido publicado en teleoLeo.lamula.pe

La “Ley Brunito” no se respeta

Este domingo un niño autista se perdió en Los Olivos y, aunque, por ley la búsqueda de personas con discapacidad debe iniciarse de inmediato, en dos comisarías se negaron a hacerlo

Su nombre es Miguel Ángel López, sufre autismo no verbal —no escucha ni habla— tiene 10 años y este domingo se perdió en las inmediaciones de la avenida Angélica Gamarra, del distrito de Los Olivos.

En cuanto se produjo la desaparición, los padres de Miguel Ángel quisieron presentar la denuncia, sin embargo, tanto en la comisaría de Condevilla, como en la de Comas no la aceptaron porque no había transcurrido el tiempo reglamentario: 24 horas.

Todo ha acabado sólo en un gran susto, este lunes a primera hora de la tarde Miguel Ángel fue encontrado sano y salvo, y ahora ya se encuentra en casa con sus familiares; pero las comisarías que no quisieron aceptar la denuncia deberían ser sancionadas.

Desde 2011 en Perú existe la “Ley Brunito”—Ley 29685 vigente desde 2011—. Esta ley permite denunciar la desaparición de una persona con discapacidad sin necesidad de esperar las benditas 24 horas.

La “Ley Brunito” fue creada debido a la muerte de Bruno Rodríguez Rojas, un niño de 11 años con hipersensibilidad auditiva, casi todos los ruidos y sonidos le molestaban y podían llegar a aturdirlo.

La norma de esperar 24 horas antes de comenzar su búsqueda fue la diferencia entre la vida y la muerte. Bruno fue encontrado muerto en la morgue de Lima al día siguiente de su desaparición. Un tren de Ate lo había atropellado.

Si la búsqueda policial hubiese sido desde el minuto cero de la denuncia, lo más probable es que Bruno aún estaría entre nosotros y su familia no habría sufrido tan terrible pérdida.

Por esto, aunque es grande la alegría de saber que Miguel Ángel ya está en casa, no puedo dejar de señalar que es importantísimo que la policía de nuestro país sea más empática con los casos que se les presentan.

Las primeras 24 horas en la desaparición de una persona son vitales para poder encontrarla y la urgencia es máxima cuando se trata de un niño, más aún si se trata de una criatura discapacitada.

La policía peruana necesita protocolos de actuación en todos los ámbitos porque demuestran incompetencia a la hora de atender denuncias de desapariciones y de abusos de todo tipo. El Ministerio del Interior tiene que actuar YA.

Este blog sobre la desaparición de un niño discapacitado también fue publicado en teleoLeo.lamula.pe

Mi padre, mi monstruo

“El monstruo ponía a macerar aceitunas en un recipiente, sumergidas en un líquido maloliente, en la misma cocina guardaba un balde con gasolina, y yo sólo pensaba en escapar, así que agregué el combustible al alimento y no sentí culpa. Algo en mi interior me decía que era justicia. El intento falló”.

Esta es la historia de Ricardo un hombre que hoy tiene más de 40 años y que antes de llegar a la adolescencia intentó matar a su padre. Él contactó conmigo porque le conmovió uno de los testimonios que he escrito sobre niñas abusadas sexualmente. Ricardo quería compartir su historia para que alguien escuche y proteja a los niños maltratados como él.

“Mi padre enfermó de tuberculosis y para evitar el contagio me envió a mi y a mis hermanos a vivir a casa de mi abuela. Hasta los 8 años viví con ella, un ser angelical, todas mis memorias felices provienen de esa época. Cuando mi padre mejoró volvimos a vivir con él y a partir de ese momento, mi vida fue un martirio”, dice Ricardo.

Lo primero que Ricardo recuerda de su padre son las ausencias prolongadas, la distancia, la incomunicación, eso era natural entre ellos, asegura. “Cuando volví a vivir con él, lo veía al retornar de la fábrica después de las nueve de la noche.  Por el día, después del almuerzo desaparecía, no sé adónde. Mi madre no intentó nunca ocupar el vacío que él dejaba, ella nunca tuvo un padre, no sabía cómo hacerlo”.

En ese entorno de falta de cuidados y de quasi indiferencia, Ricardo sólo ansiaba las visitas a casa de su abuela. “Cuando iba a verla -que no era tanto como yo quería- el sol brillaba, todo era más bonito y yo me sentía cuidado, querido. Sentía que le importaba a alguien y me compadecía de mí mismo por no poder seguir viviendo con ella. Mi abuela era mi ángel. A su lado era feliz”.

Pero entre los diez y once años algo cambió. El padre de Ricardo comenzó a tomarlo en cuenta, pero eso no fue bueno para él.

“El hombre invisible comenzó a revisar mis tareas, al ver las bajas notas me tomaba las tablas de multiplicar y cuando me equivocaba de respuesta aparecía el instrumento de poder: la correa. Ese objeto comenzó a aparecer recurrentemente en nuestros encuentros”.

Pronto comenzaron a surgir otras causas para el castigo físico, dice Ricardo. “No tomar la leche del desayuno, no haber hecho las compras que me había ordenado demorar en hacer los deberes escolares, no barrer la casa. Y a los correazos le sucedieron las pateaduras y los golpes con cualquier otro objeto que pudiese hacerme daño. Los palos de escoba eran sus favoritos”.

Pero los golpes no fueron el únicos maltratos recibidos por el niño. “Algunos días, especialmente los fines de semana,  tuve que permanecer en la calle hasta pasada la medianoche esperando que a mi padre se le pasará la borrachera. Algunas veces me pegaba por culpa del licor, otras lo hacía porque disfrutaba mostrando su poder patólogico sobre mí”.

El hombre o el monstruo -como Ricardo llama muchas veces a su padre- no sabía controlar la violencia cuando esta le invadía. “Una vez, escapando de una golpiza salí corriendo por la puerta de casa, atravesé la acera y un golpe seco en la cadera me lanzó tres metros por el pavimento. Un auto me había atropellado, desperté en el asiento trasero, dos jóvenes ‘de buena familia’ muy preocupados me llevaban al hospital, yo me sentía aligerado. Había escapado”.

Ricardo siempre se quedó con la duda de lo que podría haber ocurrido si hubiese hablado, si hubiese explicado su pesadilla a los desconocidos. “Tal vez si les hubiese contado la causa del accidente algo habría cambiado, pero callé por vergüenza y por miedo. El monstruo había conseguido tomar la matrícula del auto y había presentado una denuncia en la comisaría, me encontró al día siguiente en la clínica. Que me encontrará no me hizo sentir protegido”.

Después del grave incidente, Ricardo sólo imaginaba su liberación, fue en ese momento que ideó matar a su padre. Al día siguiente del intento, el padre lo encaró, según Ricardo, esa vez no hubo golpes. “No había una correa en la mano y juraría que había sorpresa en sus ojos. Le contesté que no sabía en qué pensaba cuando lo hice. El hombre me castigó, pero aquella vez no hubo golpes, sólo hubo silencio y distanciamiento. Algo se había quebrado, aún más, entre nosotros. No sufrí por ello”.

Ricardo comenzó a desear hacerse grande y poder irse de casa y así lo hizo en cuanto pudo. “Me independicé nada más cumplir diecisiete años, me fui a vivir a Arequipa, luego a Ica, sólo quería dejar Lima y poner distancia. Treinta años después el monstruo sufrió un ataque cardiovascular con daño cerebral. Poco antes había perdido vigor y su carácter se había suavizado, según me dijeron”.

El “hombre, el monstruo” sufrió un ataque estando sólo en su casa y se pasó 48 horas tirado en el piso del baño antes de que lo encontrasen. “Fuí a verlo al hospital, estaba en coma. Durante los días que pasó tirado en el piso las cucarachas habían hecho un trabajo persistente en rostro y cabeza, lo único que pude decirle fue: eres fuerte viejo, vas a salir adelante. No se si me escuchó, le dije eso para evitar decirle una mentira”.

El padre de Ricardo murió dos días después, Ricardo dice que no sintió nada, sólo recuerda que sus hermanos discutían por sus cenizas. “A veces creo que olvidé el miedo y el dolor. Creo que en algún lugar de su alma él no quería hacer daño a su hijos,  porque no sólo me maltrataba a mi, pero también sé que podía haberse dado cuenta que el odio le invadía y haber hecho algo para proteger a sus hijos del monstruo que albergaba”.

Lamentablemente la historia de Ricardo, como la de las niñas abusadas que he contado antes, no tienen un final feliz. “He sido muy duro con mi hijo algunas veces. Una vez, y solo una vez, cometí la monstruosidad que yo sufrí y prometí limpiarme de odios, ahora tengo buena comunicación con él, y cuando los recuerdos infelices vuelven lucho y pongo la mente en blanco, una enorme nube blanca de olvido. Ese es mi método para no convertirme en un monstruo”.

Según un estudio titulado “Consecuencias en padecimientos de violencia-maltrato. Síndrome de Munchhausen por Poder (SM-HPP). Pautas para Prevención y Tratamiento”, los sujetos que han sido víctimas de maltrato, abuso sexual o violación, muchas veces asumen el papel del agresor porque son incapaces de realizar una valoración crítica de lo ocurrido y entonces, ante determinadas situaciones, invierten los papeles y el agredido se convierte en agresor. “Así los hijos de padres pegadores pueden convertirse a su vez en maltratadores”.

Según las estadísticas del MIMP, entre enero y abril del 2018, atendieron más de 40.OOO casos de violencia familiar y sexual.De ellos, 12.405 afectaban a menores de entre 0 y 17 años de edad. La información del MIMP también revela que de las más de 40.000 ocurrencias, el 50% corresponde a violencia psicológica y el 39% a violencia física. La violencia sexual se cuenta en menos del 10%.

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La mala gestión de lo verde del alcalde de Lima pone en riesgo el desarrollo cognitivo infantil

El alcalde de Lima Luis Castañeda Lossio podría ser responsable de las bajas calificaciones que obtienen los estudiantes peruanos en las pruebas de rendimiento escolar, tales como Pisa. Un estudio del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) ha descubierto que los niños que crecen rodeados de árboles desarrollan más habilidades cognitivas y tienen -obviamente- una mejor calidad de vida.

Y aunque el alcalde, en una entrevista dijese “yo tengo una vocación por lo verde, pues”, la realidad lo desmiente. Desde que volvió al cargo, Castañeda ha arrancado árboles y palmeras de todo lugar donde el cemento posiblemente le ha dado más ‘beneficios’. Sin embargo, según el estudio mencionado, la falta de verde y de árboles entorpecen el desarrollo cognitivo de los niños.

Inteligencia verde

Desde hace unos años, el ISGlobal, el Hospital del Mar y la UCLA Fielding School de Salud Pública (EEUU), investigan sobre la influencia de las áreas verdes en el desarrollo cerebral infantil. “Los niños y niñas que se han criado en hogares rodeados de más espacios verdes tienden a presentar mayores volúmenes de materia blanca y gris en ciertas áreas del cerebro”.

El análisis de datos mostró que la exposición prolongada al verdor se asoció positivamente con el volumen de materia blanca y gris en algunas partes del cerebro, las cuales se superpusieron parcialmente con las asociadas a puntuaciones más altas en las pruebas cognitivas.

El trabajo publicado en la revista Environment Health Perspectives -este febrero- demuestra que los menores expuestos a espacios verdes experimentan beneficiosos cambios estructurales en la anatomía y la función cognitiva del cerebro. La investigación se enmarca en el proyecto Breathe y se ha hecho en base al historial médico de 253 escolares expuestos a áreas verdes desde el momento de su nacimiento.

Según los resultados del estudio, el contacto con la naturaleza dentro y alrededor de las escuelas puede relacionarse con una mejor capacidad mental para manipular y actualizar las facultades de información conocidas, pues los niños que crecen  y se educan en espacios más verdes tienen una mejora de un 5% en la memoria de acciones relacionadas con el trabajo manual y un 6% en la del trabajo superior.

Independientemente de la raza, trabajo o educación de los padres,  los niños que crecen en entornos más verdes también muestran una reducción del 1% en la falta de atención. Los resultados del estudio indican -además- que la presencia de vegetación dentro y fuera de la escuela, beneficia el desarrollo cognitivo infantil  porque estos entornos están menos afectados por la contaminación ambiental.

La investigación señala que los bajos niveles de contaminación del aire y de ruido enriquecen los aportes microbianos del medio ambiente, lo cual aporta beneficios indirectos para el desarrollo del cerebro. El estudio también demuestra que los espacios verdes otorgan a los niños oportunidades de restauración psicológica y estimulan su capacidad para descubrir y crear, así como la asunción de riesgos.

El autor principal del estudio, el doctor Payam Dadvand, investigador iraní del ISGlobal, quien trabaja desde hace 9 años en Barcelona, manifiesta que los hallazgos alcanzados sugieren que “la exposición a espacios verdes de manera temprana en la vida, podrían redundar en cambios estructurales beneficiosos en el cerebro”.

Jordi Sunyer, coautor del estudio, jefe del programa de Salud Infantil de ISGlobal, y catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) de Catalunya afirma: “la ampliación de los espacios verdes en las escuelas conduciría a mejoras en el desarrollo cognitivo de los escolares que, en última instancia, pueden dar lugar a una ventaja en el capital mental de la población”.

Inteligencia verde confirmada

La investigación ratifica los resultados de otro trabajo de ISGlobal publicado en 2017. Durante 12 meses, 2.593 escolares de entre 7 y 10 años fueron estudiados y se demostró que los que iban a escuelas con áreas verdes más grandes y realizaban más actividades al aire libre incrementaron su memoria de trabajo y redujeron su falta de atención, en comparación con los que iban a escuelas donde el verdor brillaba por su ausencia.

Así que según los estudios mencionados, los niños expuestos a espacios verdes tienen más oportunidades de desarrollar sus habilidades cognitivas y tener una mejor salud a lo largo de su vida. También revelan que los resultados obtenidos proporcionan pistas para realizar cambios estructurales que nos permitan a todos estar en más contacto con áreas verdes.

Jordi Sunyer, considera que “este estudio suma nuevas evidencias sobre los beneficios de transformar nuestras ciudades incrementando el entorno natural”. Es decir, más vegetación, más árboles y MENOS cemento.

Así que por el bien del desarrollo cerebral, emocional y físico de nuestros hijos, comencemos a protestar a viva voz en contra de la pésima gestión que el alcalde de Lima hace de lo verde. No se entiende que cuando las grandes ciudades se preocupan por disminuir la contaminación y por reformularse como espacios de disfrute para sus vecinos, Castañeda, hacha en mano corte cuanto árbol se le cruza en el camino. ¿Será que se cayó de uno de chiquito? 

Este blog también ha sido publicado en La Mula.pe

Aina y Meln, amor animal

En el dibujo, Aina y la Meln, la perrita que hace dos años ella y su padre salvaron de acabar sus días en un refugio o sacrificada. La Meln es una beagle, una perra cazadora que su dueño abandonó en el bosque cuando se hizo mayor y su olfato ya no le servía para ubicar posibles presas.
La Meln llegó triste, asustada -según me explicaba Aina- en casa de su padre lloraba todo el día, sin embargo el tiempo fue pasando y fue viendo que sólo recibía amor, cuidados, y que era la compañera de una niña que adora a los animales; tanto, que cada noche persigue a nuestro gato, al Ronie, lo coge en brazos y lo mete en su habitación para dormir con él. Algún pequeño arañazo se ha llevado, pero le da igual, ella persiste.
Aina desde bebe se tiraba encima de todo perro gato y caballo que se le cruzaba en el camino, vivimos rodeados de bosque y naturaleza, y los caballos, vacas, ovejas, cabras y cerdos salvajes son vecinos; y mi hija los adora y eso me hace muy feliz. Nunca olvidaré como le metía sus manitos en la boca a los perros que encontraba por la calle y le encantaba que le pusieran los dientes encima, reía como una loca.
Por Aina tenemos a la Marie, nuestra primera gata. La minina invadió nuestro patio. La vecina tenía una gata que había parido y la gatita y dos de sus hermanos, en cuanto aprendieron a trepar, subían por la pared, saltaban a nuestro patio y se quedaban allí esperando a que les abriera la puerta. Yo moría de miedo viendo como me miraban a traves del cristal de puerta la cocina y sólo les dejaba platitos con leche cuando se iban.
Con el tiempo de tres gatitos pasaron a ser una, venía por las noches, yo escribía en la mesa de la cocina, acababa de mudarme, y la casa aún no tenía muebles, sólo tenía la mesa y las butacas de la cocina, y me quedaba escribiendo allí incluso de madrugada, que era cuando venía la Marie, ponía sus patitas en el marco de la puerta y me miraba con carita de adóptame, y yo muerta de miedo. Un día la gatita vino por la tarde, Aina la vió y le abrió las puertas de casa de par en par.
Y mis miedos venían de antiguo. Desde pequeña mi madre y mi abuela hablaban pestes de gatos, perros, monos y de todo animal. “Los gatos son traicioneros, el diablo son; los perros te pueden morder y los monos te enredan la cola en el cuello, te ahorcan y te matan”. Ah, mi abuela también me decía que las orientales tenían la vagina horizontal, los labios eran una réplica de sus ojos chinitos, pero esta afirmación amerita otro blog.
Así crecí, espantada por todo animalito que se me acercara. Cuando veía un perro por la calle, cruzaba la acera. Un día mi padre llegó a casa un cachorro de pastor alemán que le habían regalado. Mi madre se enfadó, lo conminó a vivir en el patio – al perro- yo sólo lo veía a través de la ventana de la cocina, cuando se hizo grande mi madre lo regaló. Poco tiempo después me enteré que había muerto atropellado por un auto. Sufrí mucho.
Por eso, por todos los miedos a los animales que me inculcaron de pequeña, desde que tuve a Aina decidí romper con esa cadena y enfrenté con ella mis miedos. Nos expuse a todos los animales con los que nos tropezamos, y crecí, aprendí del amor que profesa mi hija por los animales. El único amor que no compartimos es el que ella siente por los hamsters, creo que nunca llegaré a sentirlo.
El dibujo motivo de este blog lo hizo Aina un día que me esperaba en la peluquería. Lo hizo de un tirón y con un color amarillo, siempre lleva consigo una mochila o un bolso con un blog para dibujar y sus “herramientas”, ese día olvidó incluir un necesario lápiz, así que dibujó con lo que pudo y yo encontré hermosísimo lo que había logrado reflejar, su amor por su perra y la felicidad por tenerla y yo orgullosa del ser humano maravilloso que es.

Cynthia. La historia de otra de las miles de niñas peruanas abusadas por un familiar #Perúpaísdevioladores

“Comenzó a tocarme cuando yo tenía 6 años. Comenzó besándome en la boca, luego tocándome las tetas, y el pubis, y decía que lo hacía porque me quería mucho”. Esta es la historia de Cynthia, otra mujer abusada por un familiar cuando aún era una niña. Ella es otra mujer cuya vida fue rota por alguien en quien ella confiaba, por alguien que en lugar de cuidarla abusó de su inocencia.

Cynthia

“Hola! Adelante, escribe mi historia. Todo lo necesario para que más gente no pase por lo mismo. Pregunta lo que quieras, soy un libro abierto”. Así fue el primer contacto con Cynthia. Este no es el primer testimonio sobre abusos sexuales que escribo y todos han sido casos de pederastia en los que el responsable es un familiar de la víctima. La diferencia en esta historia es que la protagonista ha aceptado contarme su historia a cara descubierta.

Cynthia se llama y ya no tiene miedo de hablar, ella sólo quiere empoderar a otras que han pasado por lo mismo, para que griten y denuncien; y se liberen del dolor que las carcome y hasta las enferma. “Empecemos” – me dijo resuelta- y empezamos. “La verdad no recuerdo mucho, era pequeña y he borrado muchas cosas”. Las mujeres víctimas de abuso infantil con las que he hablado dicen lo mismo: “hay cosas que he borrado”.

Una de las etapas por las que pasan las mujeres abusadas en la edad adulta o durante la niñez, es el bloqueo de lo ocurrido. Muchas se sienten tan avergonzadas o culpables, que anulan detalles de los abusos sufridos y sólo podrán recordarlos, o no, ante un estímulo o vía terapia.

Padrastro

“El abusador fue mi padrastro. Él y mi mamá se conocieron cuando yo tenía aproximadamente 6 años. Cuando yo tenía 8 o 9 años, mi mamá -que trabajada durante la semana- comenzó a trabajar también los sábados y él se encargaba de cuidarme. Pepe me recogía en Pueblo Libre que era donde yo vivía con mi madre y me llevaba a su casa, en Surco”.

Cynthia no se explica porque eran así las cosas, por qué simplemente él no iba a su casa y se quedaba con ella allí, mientras su madre trabajaba. “Nunca pregunté por qué me llevaba a su casa, tampoco no recuerdo si era cada sábado”. Al principio el tiempo que pasaba con Pepe era bueno. “Alquilábamos películas de dibujos animados y pasábamos el sábado viéndolas”.

Pepe tiene 3 hijos de una relación anterior, pero muy pocas veces Cynthia coincidió con ellos en su casa, pues los fines de semana lo pasaban con su madre. Así que los sábados Cynthia y su padrastro se pasaban el día completamente solos. “Un día me dijo que me quería mucho y me besó en la boca. Yo no entendía qué pasaba, sentía que eso no estaba bien, pero él decía que lo hacía porque me quería. El cariño siempre fue su excusa”.

Los niños pequeños confían en los adultos que les rodean y más si estos son una figura de poder y de protección. Por eso es necesario enseñarles que nadie tiene derecho de tocarlos ni de hacerles nada que les incomode y los invada. Además hay que decirles que si eso pasa tienen que explicarlo de inmediato a alguien de confianza.

Besos

Cynthia explica que los abusos se desarrollaron de forma progresiva. “De los besos en la boca la cosa pasó a mayores. Comenzó a tocarme los senos, el pubis y ya no sólo decía que lo hacía porque me quería, sino porque no tenía hijas mujeres y quería saber como eran. No sé durante cuánto tiempo estuvo abusando de mí, sólo sé que fueron varios años”.

Pepe me decía que después de él sólo mi enamorado me podía besar. También se sentaba en la silla del comedor, me atraía hacia él, tocaba mis tetas que estaban creciendo y me decía “te están creciendo tus tetitas”.

Y mientras todo esto pasaba, la madre de Cynthia lo ignoraba todo. “Siempre tuve buena relación con ella, pero nunca me atreví a contarle nada. Alguna vez me preguntó qué hacíamos, yo le decía que veíamos películas. Nunca le dije lo que él me hacía, la veía feliz y me daba miedo que por mi culpa dejase de serlo, no quería verla sola otra vez”.

Confesión

La única persona en la que Cynthia confió fue su prima y nunca pensó en lo que iba a descubrir. “A mi me hace lo mismo”, le confesó.  Pero Cynthia ya había normalizado la situación. “Cuando mi prima me dijo que Pepe también abusaba de ella le dije, lo que él me decía: lo hace porque no tiene hija mujer y no sabe cómo es, y porque nos quiere mucho. Yo realmente creía lo que él me decía y lo justifique por años”.

Cynthia y su prima son de la misma edad y pasaban mucho tiempo juntas. “Nosotras éramos uña y mugre, casi siempre estábamos juntas, él a veces la llevaba a su casa y aprovechaba esos momentos para abusar de ella en su auto”.

Sin embargo, cuando las niñas hablaron del tema y compartieron sus experiencias, terminaron reconociendo que por mucho cariño que Pepe les tuviese, no les gustaba lo que él les hacía; así que decidieron decírselo. “Mi prima y yo le escribimos un ‘mail’ diciéndole que no nos tocase más porque no nos gustaba. Él dijo que no lo volvería a hacer y así fue”.

Enemigo en casa

Cuando Cynthia tenía 12 años, su madre y Pepe se casaron, ella quiso decirle a su madre lo que había ocurrido por tanto tiempo, pero nació su hermana. “Si mi mamá se divorciaba hubiese sido una locura. No quería que mi hermana creciera sin un padre como me pasó a mi, además, en ese momento, mi mamá ya no trabajaba y era mi padrastro quien nos mantenía”.

Pepe pagó el colegio, la universidad y hasta las salidas de Cynthia, por eso, durante mucho tiempo, ella se sintió en deuda con él. “Hasta ahora creo que le debo mucho, por eso a veces me siento culpable cuando explico lo que me hizo. A mi madre se lo dije hace 3 meses, aunque mi prima ya se lo había dicho. Mi abuela un día le confesó a mi prima: no aguanto más, cuando estoy distraída Pepe me toca el poto. Mi prima se indignó y le contó lo que él le había hecho”.

Cuando la abuela de Cynthia se enteró confrontó al abusador. “Mi abuela le dijo de todo y él, delante de mi prima, tuvo el descaro de negar las acusaciones; le dijo que era una mentirosa, que había destruido su familia y otras cosas horribles. A mi no me metieron en el tema, yo le dije a mi prima que no quería saber nada. Aún no lograba aceptar que nos había hecho daño y prefería mantenerme al margen”.

Cuando la madre de Cynthia se enteró, echó a su marido de casa, pero él volvió. “Días después mi mamá habló conmigo, quería saber mi versión. Yo tenía miedo y aunque le dije que mi padrastro nos había tocado, seguí justificándolo, le dije que seguro lo había hecho por cariño; que era una buena persona, y que ya no quería hablar más del tema. No sabes cómo me arrepiento de no haber gritado todo en ese momento”.

Cynthia no sabe lo que ocurrió después entre su madre y su padrastro, sólo sabe que ahora están muy metidos en un grupo católico y que siguen juntos.

Mamá

“Hace un par de meses le mandé a mi mamá un mensaje de voz, le dije que no había sido sincera con ella, que mi padrastro si nos tocaba, a mi y a mi prima, y no de una manera inocente; y que no quería verlo más. Me respondió diciendo que le daba pena que sus dos amores estuvieran divididos, pero que ahora han encontrado la paz en su grupo religioso y que está harta de todas estas SANDECES”.

La madre de Cynthia le habla todo el tiempo de la paz, de perdón y de rencor. “Siempre responde en cristiano, o me dice que me ama y que daría lo que fuera porque no me sintiera así, pero NO toma partido por mi”. En medio de esta historia está la hermana menor de Cynthia. “Sé que a ella no le ha hecho nada, ella es extrovertida. Él abusaba de mi prima y de mi porque somos calladas y reservadas. Presas fáciles”.

Cynthia no pretende denunciar a su padrastro, nunca quiso hacerlo para no hacer infeliz a su madre, dice que le bastaría con que ella reconociese su dolor. “He estado yendo al psicólogo y por eso decidí contárselo todo, pero al ver su actitud lo único que puedo hacer es apartarla de mi vida. Me da pena, pero no voy a seguir gastando energías. Ahora soy yo, mi vida, mis planes y la gente que sí me quiere. Si mi madre no quiere aceptar la verdad no hay nada que pueda hacer”.

“Cuando era adolescente caminé encorvada por mucho tiempo porque me avergonzaba de mis tetas, y sé que eso me pasó por culpa del abuso. Además sufro de fibromialgia, me la detectaron a los 24 años, o sea hace 5. Tengo una amiga que también fue abusada de pequeña y también la padece. A mi prima, con 20 años,  le diagnosticaron hipertensión”.

De todas las mujeres abusadas durante la infancia, a las cuales he entrevistado, el 99.9% sufre fibromialgia, dolor crónico y dolor articular. Según una investigación,  sobre esta enfermedad, “la presencia de abuso sexual era de un 75% en las pacientes con fibromialgia, y había un aumento en la percepción de dolor, mayor fatiga e inhabilidad funcional en estas mujeres que en las pacientes con fibromialgia que no habían experimentado abuso sexual”.

Protección

Antes de su actual pareja Cynthia tuvo dos novios, la primer fue una relación de “chibolos”, dice; y la segunda duró 7 años y fue bastante tóxica. Su pareja se encargaba de menospreciarla y de humillarla. “Siempre ha buscado protección y aceptaba todo con tal de sentirme cuidada”. Según explica Cynthia, su novio era muy machista y ella dependía completamente de él.

“Él me aisló por completo de mis amigos. Terminaba conmigo y regresaba cuando quería y yo siempre estaba ahí. Todo lo que pasaba era mi culpa. Cuando estaba flaca me decía que estaba muy flaca, cuando engordaba me decía que estaba gorda. Quería que siempre usara cerquillo, una vez me hice una trenza francesa con todo el cabello hacia atrás y me dijo ¿por qué te peinas así? le vas a hacer pensar a la gente que te crees bonita. Tienes mucho ego”.

Esperanza

El tiempo ha pasado y Cynthia ahora se siente fuerte. Ella estudió arquitectura pero actualmente es ilustradora. El dibujo que acompaña este blog es suyo y la representa siendo abusada por su padrastro. “Recuerdo que cuando era niña mi madre encontró dibujos míos de escenas sexuales, me preguntó por qué hacía esas cochinadas y los botó. No recuerdo ni qué le respondí. Solo recuerdo la escena. Espero que explicar mi historia sirva de algo”.

Esperemos que la valentía de Cynthia sirva, , para que otras mujeres se animen a denunciar a aquellos que no tienen ningún escrúpulo en abusar de la inocencia y de la fragilidad de un niño. Conocer estos casos debería hacer que como sociedad todos estemos alertas con lo que ocurre, seamos empáticos, y ante la más mínima señal de riesgo de la integridad de alguien alcemos la voz. Porque las cifras de abusos sexuales a menores en nuestro país son muy preocupantes.

Según los Centros de Emergencia Mujer (CEM), del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables del Perú, sólo entre enero y noviembre de 2017 habían atendido 5.958 denuncias por abusos sexuales. De estas, 461 correspondían a abusos cometidos a niños y niñas de entre 0 y 5 años de edad; 1.886 a niños entre 6 y 11; y 3.611 a niños entre 12 y 17 años.

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Hasta septiembre de este año se han registrado 4462 denuncias por abusos sexuales en contra de niños y niñas. La cifra corresponde al 70% del total de las denuncias de este tipo

“Chicas, tengo algo que me carcome y no sé qué hacer. Conozco a dos familiares que han sido violadas. Ambas siendo niñas, jamás denunciaron y no desean hacerlo. Por otro lado, yo conozco a los tipos porque son familia de ellas. ¿Podría hacer algo o solo quedarme con la impotencia de saber que son violadores?”

Hace unos días me tope con este post en un muro feminista de facebook, una joven sabía que dos chicas de su familia habían sido violadas y a pesar de conocer a los responsables no sabía cómo afrontar que no quisieran denunciarlos. Ella se sentía impotente, no sabía qué hacer y pedía ayuda.

En el hilo de la conversación la gente aportaba ideas, a mi lo único que se me ocurrió es explicar su historia, así que le envié un mensaje por inbox, me presente: “soy periodista y me gustaría escribir la historia que te preocupa”. Una historia sin nombres, sin lugares, una historia para denunciar que una violación no se debería callar ni por vergüenza, ni por miedo, ni por presión familiar.

Según un reporte de Unicef sobre violencia contra la infancia -que incluye la información de 190 países- “120 millones de chicas por debajo de los 20 ha sufrido una violación u otra forma de abuso sexual. Es decir, una de cada diez niñas en todo el mundo ha sido alguna vez víctima de violencia sexual.

Respuesta

Una rato después recibí la respuesta de María, porque las mujeres anónimas casi siempre son María. “Te voy a explicar la historia de mis primas, una de ellas fue abusada desde los 5 años de edad por 3 de sus primos: uno de 16, el otro comenzó a abusar de ella cuando ambos tenían 8 años, porque son de la misma edad, y el tercero no sé qué edad tenía porque no lo conozco, no son primos míos”.

Los tres primos de la niña son hermanos y sometieron a la pequeña durante 6 años de forma continuada. María se siente culpable por no haberse percatado de lo que pasaba, “éramos muy unidas, yo iba mucho a su casa, me quedaba a dormir allá, no entiendo como nunca sospeché nada”, pero, María y su prima sólo se llevan un año de edad -María tiene ahora 26 años y su prima 25-. “Cómo podría haberla protegido si eran igual de pequeñas”.

A María nunca intentaron violarla. “¿Por qué crees que a ti nunca te tocaron?” -le pregunto. María cree que ellos abusaron de su prima porque siempre fue muy tímida, y sí, los abusadores siempre se aprovechan de aquellos a los que pueden someter e intimidar, porque la violación no la cometen ‘enfermos’; como dijo hace poco la antropóloga -especialista en temas de género- Rita Segato en una entrevista“la violación es un acto de poder y de dominación”.

Según los centros de Emergencia Mujer, del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables del Perú, sólo entre enero y septiembre del 2017 habían atendido 6118 denuncias por abusos sexuales, de estas, 4462 correspondían a abusos cometidos contra niños y niñas: 356 niños de entre 0 y 5 años de edad; 1420 entre 6 y 11; y 2686 entre 12 y 17 años.

A los primos se sumó un tío

Los abusos acabaron a los 11 años. “Un tío de mi prima también intentó violarla, ella se defendió, su padre se dió cuenta, lo golpeó y allí se terminó todo”. Pero eso no es cierto, se acabaron las violaciones continuadas pero la procesión siguió por dentro. Según María su prima comenzó a aislarse, “se vestía sólo con ropa deportiva muy holgada, no salía de casa y siempre estaba con sus padres”.

Todo esto hizo que las niñas se alejarán, “volvimos a hablar cuando teníamos 19 años– dice María. “A ella le detectaron fibromialgia, comenzamos a salir al cine, al parque, o cosas por el estilo y ella se enfermaba. Luego de uno de sus ataques me dijo que había sido abusada y que había lugares, imágenes u olores que le hacían recordar y que cuando eso pasaba recaía, y cada vez se encontraba peor”.

Al saber de lo ocurrido María y su madre intentaron ayudar, hablaron con la joven, con su madre y buscaron asesoría legal. “Consultamos con un abogado” – dice María- “nos dijo que sería difícil procesar a los menores, pero que con el mayor de edad se podía proceder, cuando se lo dijimos a mi prima, ella y sus padres se opusieron a denunciar, no querían que nadie se enterase, y ella tenía miedo de que su novio lo supiera, ‘comenzará a verme como una mujer sucia’, me dijo”.

María y su madre dejaron de insistir, la prima comenzó a ir a terapia psicológica pero sus ataques de fibromialgia aumentaron. María preocupada por el estado de salud de la joven volvió a hablar del tema con ella y con sus padres, pero le volvieron a decir que no, que dejase las cosas como estaban, que ellos no iban a denunciar a nadie; que olvidase el tema y que no se metiera en sus asuntos.

Hace un año que María no ve a su prima, pero sufre porque la joven convive con sus abusadores. “Los violadores y mi prima viven juntos, en una casa dividida en varios departamentos ocupados por la familia de su padre, o sea, casi comparte vivienda con sus violadores y con el tío que también intentó violarla. Además ellos frecuentan su casa, los hermanos de mi prima les hablan de lo más normal”. 

Lo peor es que en la familia de la prima de Maria la violación no es un hecho aislado. “Mi prima me dijo que eso ya había sucedido antes en la familia de su padre, que sus primos también habían sido abusados, además uno de los que la violó ahora tiene pareja y la golpea. Es todo muy enfermizo y siento que si ella no los denuncia ellos continuarán igual, no cambiarán nunca y habrá más víctimas”. 

En el relato de María se percibe su sentimiento de culpa, su dolor, su impotencia, pero le pregunto: “cómo podrías haberla protegido si eran igual de pequeñas”. Lo terrible de esta historia no sólo es el cúmulo de veces que esa pobre niña tuvo que enfrentarse a tres chicos que la tocaban, y que al hacerlo la dañaron tanto que ha somatizado el mal hasta convertirlo en la fibromialgia que padece y que cada día la tiene peor.

Otra de las cosas terribles es ver como los prejuicios, la vergüenza y el qué dirán pueden acallar aberraciones como estas. La prima de María es una más de las víctimas del machismo, del poder ejercido sobre el más débil, pero a ella no sólo la han violado y maltratado sus primos, también lo hacen cada día sus padres con su negativa a denunciar, “porque son familia y porque a ellos también les ha pasado”. Según María los abusos sexuales han ocurrido por generaciones en la familia del padre de su prima.

En un informe publicado en abril último por el Observatorio de Seguridad Ciudadana de la Organización de Estados Americanos (OEA) , el Perú con más de 8800 denuncias anuales es el segundo país Latinoamericano con mayor cantidad de violaciones sexuales.

Soy madre y no me imagino no llevar ante la justicia a quien toque uno sólo de los cabellos de mi hija. No puedo entender que el adulto que tiene a una criatura a su cargo no la defienda con uñas y dientes, no me cabe en la cabeza que el ‘qué dirán’ pese más que la tranquilidad y la salud mental y física de mi hija, así que María tú no tienes ninguna culpa, tú eras otra niña cuando todo ocurrió. La culpa es de los violadores y de los padres que no mueven un dedo por el bienestar de su hija.

“Me siento culpable” – dice María, “porque no supe ver nada de lo que le pasaba a mi prima, porque no supe entender sus cambios y como los adultos creí que su rebeldía tenía que ver con la edad, por eso ahora intento cuidar más a la niñas que me rodean, esperando esta vez poder evitar que les pase algo, para que no sufran lo que han pasado mis primas”. 

Otra niña rota

Y María dice bien al decir “mis primas”, porque como decía en el post tiene otra que también fue violada, esta a los 7 años de edad y su caso también quedará impune. Esta prima vive fuera del Perú, su familia acogió a otro primo de 25 años que viajó por trabajo, y él cuando vió la oportunidad la violó; y antes de que nadie supiera nada volvió corriendo a Perú. Ahora está preso por robo”.

Según María, los padres de su prima se enteraron de lo ocurrido porque la niña se bloqueó y dejo de hablar, enfermó de una supuesta infección vaginal y la llevaron al médico, “al revisarla descubrieron que tenía una enfermedad venérea,  fue un proceso muy feo, mis tíos casi pierden la custodia de mi prima, les hicieron pruebas de sangre y semén a cada uno de los hombres de la casa, pero todos dieron negativo”.

Luego de los resultado todos confirmaron sus sospechas sobre quién era el culpable: el primo de Lima, al que habían tenido en casa durante casi medio año y que justo una semana antes de que la niña enfermará había vuelto de improviso a Perú. Él también quedará impune, no lo denunciarán porque la niña ahora una adolescente de 15 años tendría que presentar la denuncia en Lima y presentarse a declarar, y no quiere enfrentarse a todo lo que pasó y le quitó hasta el habla.

“Ahora ella está bien, ha estado y está en terapia, ha ido hablando poco a poco de lo que pasó, pero su mente ha bloqueado muchos detalles de lo ocurrido, su psiquiatra dice que esto es normal porque era pequeña cuando todo ocurrió. Lo malo es que en este caso el culpable tampoco no pagará”, afirma María quien también padece de depresión, entre otras cosas, por todo lo que ha visto a su alrededor y no puede solucionar, pero una vez maś le digo que ella NO es responsable de nada y que ha sido muy íntegra y solidaria al intentar ayudar. Ojalá pudiésemos hacer maś. Gracias María.

Este blog también ha sido publicado en La Mula.pe

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