Prisión preventiva para padre que viola a su hija de 11 años y la deja embarazada

Violar sexualmente a un menor es muy fácil para algunos padres. Alberto Arirama Guabloche es uno de ellos, según ha referido su hija de 12 años, él la violó en reiteradas oportunidades y por ello podría ser condenado a cadena perpetua (Ilustración El Diario de Hoy) 

La tercera Fiscalía Provincial Penal de Maynas ha pedido prisión preventiva de 9 meses para Alberto Arirama Guabloche, de 36 años de edad, se le acusa de violar en reiteradas oportunidades a su hija de 11 años de edad a quien además dejó embarazada. Arirama Guabloche se encuentra “no habido” desde octubre de 2018, fecha en la que la Fiscalía de Maynas ordenó su búsqueda y captura.

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Este es el rostro de Alberto Arirama Guabloche, si lo ven no duden en denunciarlo a la policía.

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Los hechos

En septiembre de 2018 teleoLeo.com publicó una denuncia sobre la violación de una menor de 11 años de edad identificada como X.A.S. Ella dejó de menstruar y su madre la llevó a la posta médica del lugar donde vivían, Tamshiyacu, pequeña localidad del distrito de Fernando Lores en la provincia de Maynas, para que la revisarán, allí descubrieron que la niña estaba embarazada. Cuando la madre le preguntó qué había pasado, X.A.S le dijo que su padre la tocaba y le hacía cosas que ella no quería.

La madre denunció ante la policía lo que había ocurrido y según refirió el tío de la menor, a teleoLeo.com en esa oportunidad, los efectivos llevaron a comisaría a Arirama Guabloche, cuando le pidieron su versión, él contestó: “Lo que pasó, ya pasó” y, aunque con esta frase acepta su responsabilidad, la policía lo dejó ir. Según dijo el tío, los efectivos se comunicaron con la Fiscalía y recibieron la orden de retener a Arirama Guabloche mientras investigaban, pero 4 horas después lo dejaron ir.

El 4 de octubre la Fiscalía emitió una orden de búsqueda y captura, pero Arirama Guabloche ya no estaba en Tamshiyacu. Es que claro, si lo llaman a declarar, él acepta su culpa y lo dejan ir, es como haberle dado un pasaporte a la libertad que él ni tonto ni perezoso utilizó.

Resultado de las investigaciones

Luego de las investigaciones la Fiscalía ha concluido que los hechos que se le imputan a Arirama Guabloche tienen credibilidad y que el proceso judicial debe de continuar con él tras las rejas. Las respuestas dadas por X.A.S en la cámara Gessel —ambiente  dividido en dos espacios separado por cristales que se utiliza para evitar la revictimización de un menor al momento de declarar— no han dejado lugar a dudas.

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Y el testimonio de X.A.S quedó perfectamente corroborado con el examen del médico legista según el cual fue se encontraron lesiones que certifican que fue pentrada vaginal y analmente.

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Fundamentos para la prisión preventiva

Luego de haber denunciado la violación de X.A.S, ella, su madre y su hermanito tuvieron que mudarse a Iquitos, la gente en el mercado rumorea que su marido ha dicho que no parará hasta matarla, la familia de él también está muy enfadada —decía a teleoLeo.com el tío de la menor. Y esta es una de las razones por las que la Fiscalía pide que el ‘presunto’ violador siga el juicio en prisión preventiva: para no obstaculizar a la justicia.

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Por otro lado, la Fiscalía también toma en cuenta que nada ata a Arirama Guabloche a Tamshiyacu, ni trabajo, ni negocio, ni familia, es más, el estar “no habido” es una muestra de que el mejor escenario para afrontar el proceso es con él privado de su libertad. Lo que hace falta es encontrarlo.

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Cadena Perpetua

De ser hallado culpable y todo indica que así será. Según las pruebas y motivos que ha presentado la Fiscalía para el pedido de prisión preventiva la violación cometida en contra de X.A.S está más que probada. Por el delito en contra de la libertad sexual en la submodalidad de violación se una menor de edad, Arirama Guabloche se enfrentaría a la cadena perpetua. Según la abogada de la menor, la doctora Carmen López, como mínimo le caerían 35 años.

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X.A.S ha podido volver a Tamshiyacu con su familia y sólo espera justicia, lo más probable es que ante todas las pruebas presentadas por la Fiscalía, el juez ordene la prisión preventiva de Arirama Guabloche, falta encontrarlo y esperar que la justicia cumpla con uno de sus deberes, la protección de los más débiles y, en este caso, velar porque los hombres entiendan que una violación sexual no sale gratis, ni tampoco es barata.

Una niña muere por parir “su bendición”

Ha vuelto a pasar, en Perú, esta semana, una menor de edad ha perdido la vida a causa de un embarazo. Según Promsex, entre 2012 y 2014, fueron 180 las menores muertas (Ilustración: Ser Niña)

Otra niña muere en Perú luego de haber parido “su bendición”, porque toda criatura por venir, haya sido gestada como haya sido gestada, vale más que la mujer que la incuba, porque el sistema es tan perverso que no importa si el embarazo es producto de una violación, eso da igual, estamos aquí para traer hijos al mundo y no para decidir en libertad si queremos ser madres, o no, aunque eso,  al ser una menor de edad signifique poner en riesgo la vida del ‘receptáculo’.

Esta pequeña, sea por la razón que fuese no debía haber llevado este embarazo hasta el final: 1– Su cuerpo no está preparado para albergar un bebé y menos para parirlo. 2- Una menor no está preparada ni cognitiva ni emocionalmente para hacerse cargo de una nueva vida, porque ella aún está en formación de todo tipo.

Una niña de 13 años, a la que un diario donde se publica la noticia la mal llama “fémina de temprana edad”, ha sido asesinada por el sistema patriarcal, por la cucufatería, por las reglas no escritas que sojuzgan a toda mujer a ceñirse a su papel de ente sumiso y reproductor; y por aquellas ideas “provida” que hace que una de las mujeres que comenta la noticia pregunte por el estado del bebé, cuando la noticia es una menor muerta por parir.

Según un estudio de Promsex: “Las adolescentes están sometidas a riesgo elevado para su salud durante el embarazo, lo que puede exponerlas incluso a la posibilidad de muerte materna por alguna complicación obstétrica, o en extremos, incluso al llevarlas suicidio al enterarse de que están embarazadas [..] El embarazo en adolescentes está considerado como uno de los problemas de salud pública más importantes que afectan a las mujeres, especialmente cuando se trata”. 

Este viernes #8M las mujeres marcharemos también por esta pequeña y por todas las que, sea por la razón que sea, no pueden abortar, porque en Perú aún no es ley; y, sobre todo, por aquellas que tras ser víctimas de violación son obligadas a cargar con el producto del deleznable acto, siendo así revictimizadas una y otra vez, mientras que -talvez- la bestia culpable ni siquiera será castigado con todo el peso de la ley; o con ‘suerte’, se cruce en su camino, un juez ‘benévolo’ que esté dispuesto a liberarlo previo paso por caja y según haya habido penetración, o no.

En perú los riesgos para abortar que afrontan las adolescentes y las mujeres en general, son considerables, porque ocurre clandestinamente y en condiciones insatisfactorias. “Consecuencia de estos hechos son las complicaciones, como hemorragia, anemia, septicemia, desgarros vaginales, abscesos pélvicos, perforación uterina, lesiones de vísceras huecas, esterilidad secundaria y muerte“.

La noticia

La niña de 13 años identificada con las iniciales M.F.A.M, de 13 años de edad, murió este martes 5 de marzo en el Hospital Regional de Ica donde, según el informe médico ingresó el día 23 de febrero por un coma neurológico, luego de haber dado a luz por cesárea.

La niña llegó al hospital de Ica, derivada del Hospital San Juan de Dios de Pisco, donde fue ingresada en la UCI de pediatría, allí le diagnosticaron muerte encefálica. Según afirma el informe médico le dieron la atención necesaria, “pero tuvo una evolución desfavorable falleciendo el día de hoy”.

Niñas condenadas a ser madres

Según la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (Endes) 2017 del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), el 13,4% de adolescentes de 15 a 19 años fueron madres por primera vez; 0,7% más respecto al 2016, cuando el índice fue del 12,7%. La mayor tasa de embarazos se produce en el área rural, 23,2%; mientras que en el área urbana es del 10,7%.

Según el INEI, en Perú, cada día, cuatro adolescentes menores de 15 años quedan embarazadas. Cuando llegan a los 15 años esta cifra sube a diez menores embarazadas por día.

Las cifras de embarazo infantil no han disminuido en el tiempo

En el 2011 el 12,5% de adolescentes quedó embarazada; en 2013: 14%; en 2014: 14,6%; en 2015: 13,6%. Pero decir 14% o 15% no nos deja muy clara la verdadera dimensión del problem; según manifestó en su momento el subjefe del INEI, Aníbal Sánchez Aguilar, en 2014, el 14,6% representaba a 207 mil 800 adolescentes de 15 a 19 años de edad que habían sido madres o habían quedado embarazadas por primera vez.

“La edad de la madre constituye un factor de riesgo obstétrico y de mortalidad
materna y neonatal, principalmente en edades extremas (menores de 15 años de edad y mayores de 35 años de edad). Al respecto, el Ministerio de Salud a través del Centro Nacional de Epidemiología, Prevención y Control de Enfermedades, informó que hasta la semana epidemiológica N° 52 del año 2017, el 16% de muertes maternas ocurrió en mujeres menores de 19 años de edad. Este porcentaje se incrementó en relación a los años 2016 (14.3%); 2015 (12.0%); 2014 (13.6%) y 2013 (8.9%)”.

He buscado información sobre el número exacto de niñas y adolescentes muertas a causa de un embarazo: “Perú niñas y adolescentes muertas por embarazo”, y no la he encontrado —puede que yo no sepa buscar información, quien la encuentre me la remita por favor— o puede que aún nadie se haya preocupado por contar, en números y no en porcentajes, cuántas niñas pierden la vida por la perversidad de nuestras leyes que no les permite abortar para preservar su existencia.

Según un estudio de Promsex, entre 2012 y 2014 murieron aproximadamente 180 adolescentes a causa de un embarazo

O puede que sólo se cuente a las que quedan embarazadas porque sólo importan “las bendiciones”, en tanto que nuestra principal función es emular a la virgen María, la mujer que sin saber cómo —bueno sí, dicen que fue una paloma— quedó embarazada y parió feliz, sintiéndose importante por ser la ‘escogida’ y, sólo por eso, se convirtió en la mujer más importante de todos los tiempos del ideario católico. Y mientras la leyenda se alimenta, las niñas embarazadas podrían no llegar a ser adultas.

Con cuatro y cinco años de edad Leito y Noelia fueron violados, 30 años después aún rumian su dolor

«Violado desde los 4 años de edad por su primo de 14, Leito es ahora un hombre de 36 años, un sobreviviente, que necesita explicar su historia que también es la de Noelia, su hermana menor (34). Los hechos ocurrieron en Argentina y ambos niños fueron violados durante 3 años por Gustavo Villalba, el primo, el violador que aún vive sin pagar por el daño causado».

Seduce a una niña y pide que no lo denuncien porque no la violó

Un hombre de 28 años utilizó las redes sociales para comunicarse con una menor de 12 años y mantener una relación sentimental. Facebook y Whatsapp pueden ser muy peligrosos cuando hay menores de por medio

«Salí de mi casa desesperada a buscar a mi hija, no llegaba y pensé que le había pasado algo, que la habían secuestrado, y casi llegando al colegio, en un parque, la encontré arrinconada a la pared con un tipo que la besaba y la abrazaba. Me acerqué y cuando me vió, me miró asustada, el tipo se tapó la cara y se fue corriendo; sabía que si lo veía lo reconocería».

Esta es la historia de G.X.S.CH contada por su madre y su maestra a teleoLeo.com. G.X.S.CH sólo tiene 12 años de edad y fue seducida por Juan Daniel Paiva Rivera, un hombre de 28 años, hijo de los pastores de la iglesia a la que iban sus padres. Aprovechando esta relación y un encargo de trabajo hecho al padre de la niña, Paiva pudo acercarse a ella y seducirla sin importarle ni la diferencia de edad, ni que se trataba de una menor de edad.

Seducción

«Eres mi bebe… Tú eres diferente… Te voy a comprar un terreno para que vivamos juntos», según ha explicado la menor a sus padres, estas eran algunas de las frases que Paiva le decía en sus mensajes, también le enviaba poemas y canciones, sin embargo, no hay prueba de ello, Paiva le exigía a la niña que borrase todo lo que hablaban para que no lo vieran sus padres.

Paiva sabía que comunicarse con G.X.S.CH no estaba bien, además de pedirle borrar las conversaciones que mantenían, le dió a la niña una frase clave para comenzar cada comunicación, así él podía confirmar que era ella quien le estaba hablando.  Además, según le dijo Paiva a la niña, ella no es la primera menor a la que seduce, pues le confesó que ya había estado con una adolescente de 15 años.

«Este hombre vino a mi casa hasta 4 veces con el pretexto de encargarle a mi esposo, que hace joyas, unos anillos para el aniversario de matrimonio de sus padres. Siempre que vino vio a mi hija y nos decía que estaba grande. Una de las veces le preguntó a mi esposo si mi hija tenía facebook, luego le pidió amistad y su número de teléfono y así comenzó todo» —explica la madre.

Infraganti

«El día 12 de septiembre estaba preocupada, mi hija (G.X.S.CH) no volvía a casa del colegio, ella sale a las 6.20 de la tarde pero ya eran casi las 8:30 de la noche y no llegaba, pensé que talvez había tenido clases de refuerzo, pero igual ya debía haber vuelto, esas clases acaban a las 8:05 y del colegio a la casa demora sólo 10 minutos». Desesperada la madre de la niña llamó a la profesora y esta le dijo que su hija había salido del colegio a las 6:20.

También llamó por teléfono a la madre de una amiga del colegio, quería saber si las niñas estaban juntas, pero no. «La amiga me dijo que había dejado a mi hija en el colegio así que salí a la calle a buscarla, pensando que le había pasado algo o que la habían raptado, no sé, todo lo malo me pasaba por la cabeza»—dice la madre; y sus pensamientos no iban mal encaminados.

«Fui caminando» —dice la madre— «haciendo la ruta que hace mi hija para volver del colegio y la encontré, estaba en el parque con ese hombre, arrinconada contra la pared, la besaba y la abrazaba; me desesperé, le di dos cachetadas y sólo le decía “por qué me has hecho esto, yo que siempre te he dado confianza”. No podía entenderlo. En cuanto el tipo me vio se dio media vuelta y se fue corriendo, no quería que lo viera»

La madre le preguntó a la niña quién era el hombre, pero ella sólo lloraba, así que la cogió de la mano y fueron tras él. «Por qué no me das la cara cobarde», como no se giraba lo pateó, «cuando se volvió lo reconocí y lo cachetee, era el hijo de los pastores de la iglesia a la que mi esposo y yo íbamos, sus padres siempre nos ayudaron cuando tuvimos problemas, no podía creer que su hijo nos hiciera esto».

«Me dolió mucho ver a mi hija de 12 años, con un tipo tan grande para ella. Él le ha robado su primer beso, la ilusión de toda adolescente; me gustaría que todo eso lo hubiese tenido con alguien de su edad».

Luego de verse descubierto Juan Daniel Paiva siguió a la mujer y a su hija hasta su casa, le decía que no había pasado nada, que no le dijera nada a sus padres. «Calmese y prométame por favor que no dirá nada —me decía, yo le tiraba patadas, “vete de acá cobarde” le gritaba, pero él nada, me asusté; en cuanto llegué a donde vivo subí rápido las escaleras para encerrarme con mi hija en mi cuarto» —explica la madre.

A buen recaudo

Ya dentro de su vivienda, la madre habló con su hija, esta le explicó cómo y de qué manera se comunicaba con Paiva, le reveló la frase de contacto, la exigencia del borrado de mensajes, pero,  igualmente, la madre revisó su celular. «No había nada, ni un solo mensaje. Yo le compré el teléfono para poder comunicarme con ella, porque yo trabajo todo el día y mi marido también trabaja, se lo compré para cuidarla y va y pasa esto».

Al día siguiente, la mujer, sin saber cómo actuar fue a ver a la maestra de la niña y habló con ella, quería denunciar lo ocurrido pero no sabía cómo hacerlo. “No sabía qué hacer, no sabía siquiera si podía denunciar, pensaba que cobraban para hacerlo, no sabía nada». La maestra de la menor le informó que podía hacer y la acompañó a la comisaría a sentar la denuncia.

Revictimización

«Llegamos a la comisaría y en la misma puerta nos preguntaron a qué íbamos» —dice la profesora de la menor— «A denunciar un caso de acoso les dije, una vez dentro, más de 3 policías interrogaron a la niña hasta que me enojé, no podían revictimizarla de esa manera, haciéndola repetir la historia una y otra vez sin siquiera tomar nota; en ese momento un policía de mayor rango intervino y ordenó que redactarán la denuncia».

Según las respuestas de la niña, Paiva se comunicaba con ella desde el mes de julio, «me decía que era bonita, me mandaba poemas, canciones románticas» […] «sólo salimos una vez, habíamos quedado dos veces antes, pero como se demoraba en llegar y se hacía tarde lo llamé y le dije que no podía esperar más; recién nos vimos la tercera vez que quedamos».

Además de la revictimización de la niña a la que refiere la maestra, la actitud de los policías también le pareció reprobable. «Nos decían, “un beso y un abrazo no es nada, no tipifica como delito” o cosas como, “la niña por qué aceptó que ese hombre se le acerque, eso depende de la crianza, de lo que ve en casa”, además la miraban como si ella fuese la culpable» —agrega la maestra.

Luego la revisó el médico legista quien confirmó que la niña no había sido desflorada. «Después de 5 días la policía nos volvió a citar y le volvieron a hacer preguntas a mi hija y tuvo que volver a repetir toda la historia, como si no la tuviesen escrita desde el primer día que hicimos la denuncia, no entiendo porque tienen que preguntarle tantas veces lo mismo» —dice la madre.

Paiva’s conection

«Aunque el examen médico diga que no la ha violado, yo no estoy tranquila, mi hija tiene sólo 12 años y ese tipo puede volver a buscarla, y seguir llenándole la cabeza de ideas, por eso también le revisé el celular para saber cuál era el teléfono de ese tipo y encontré que Paiva tiene 2 números, “pero sólo en uno sale su foto y aparece como ‘El poético’. También lo busqué en su Facebook y ponía: “si tienes whatsapp me puedes agregar, trabajo como el poético”»

De madre a hija

«He hablado varias veces con mi hija, “por qué te metiste con ese hombre, qué te hizo, porque él ya tiene experiencia”; le pregunté todo, ella me dijo que le gustaba las cosas que le decía, que era muy bueno con ella, pero que ahora sabía que no estaba bien haber salido con él y que sólo quería hablarle por última vez para decirle que habían terminado» —dice la madre.

La madre de G.X.S.CH se siente culpable de lo ocurrido, siente que talvez no ha cuidado lo suficiente a su hija y eso pasa porque siempre cuando se habla de abuso, maltrato, violaciones y feminicidio, una de las primeras frases que aparece es «qué habrá hecho pues» y en el caso de que nuestras hijas sean violentadas, el peso de la culpa recae siempre sobre la madre: «cómo habrás educado a tu hija».

Desde lo ocurrido, la niña ya no va ni vuelve sola del colegio, dice la maestra, «su padre la trae a la escuela y su la recoge». Ambos han alterado sus horarios de trabajo y de actividades, y todo porque un hombre de 28 años, amigo de la familia, no se supo contener, no supo ubicarse y entender que una menor de edad no está a su alcance por eso mismo, porque es una niña y no tiene edad, ni formación suficiente para consentir o para no hacerlo.

Los que tampoco han entendido muy bien la situación han sido los padres de Paiva, los pastores, pues sólo se han comunicado con el padre de la menor para pedirle que retire la denuncia, «”si no han habido relaciones sexuales no ha pasado nada, van a acabar con la vida de mi hijo”, le ha dicho la madre de Paiva a mi esposo y la vida de mi hija qué, ellos no comprenden que no está bien que un hombre que le dobla la edad se haya acercado a ella» —dice la madre.

Un futuro por delante

Ha pasado casi un mes desde que G.X.S.CH fue encontrada en aquel parque por su madre y recién hoy 17 de octubre le realizarán la prueba psicológica para ver cómo la efecto lo ocurrido el 22 de septiembre pasado. La justicia que tarda no es justicia y esta tardanza es más perversa cuando hay menores de por medio. Según la maestra de G.X.S.CH ella está tranquila, esperando olvidarse del ‘Poeta’.

«Mi hija es una niña inteligente, siempre me he sentido orgullosa de ella, la profesora me felicitó por ser el segundo puesto de su  clase, siempre la he visto haciendo sus deberes, trae buenas notas, yo siempre la felicitó y no es justo que este tipo venga a dañarla, eso me quita el sueño, ella está para que siga estudiando no para que esté pensando otras cosas, por eso ahora ya no confió y ya no va ni viene sola del colegio».

TeleoLeo.com intentó obtener la versión de Juan Daniel Paiva Rivera, le envié un mensaje a su cuenta de Facebook. «Hola, mi nombre es Leonor Pérez-Durand soy periodista, le escribo por la denuncia que tiene por seducir a una menor de edad, me gustaría saber su versión. Muchas gracias». «Su solicitud de mensaje ha sido aceptada» me comunicó la red de inmediato, sin embargo, la respuesta de Paiva nunca llegó; horas después su cuenta fue desactivada.

Este blog sobre abuso de menores y acoso también ha sido publicado en teleoLeo.lamula.pe

Viola a su hija, la embaraza y amenaza con matar a madre de la menor por denunciarlo

No importa si el Código Penal peruano incrementa las penas por delitos de violencia de género, si la policía no hace bien su trabajo los violadores entran por una puerta y salen por la otra. Esto fue lo que ocurrió hace unos días en una comisaría de la provincia de Maynas. (Entrevista de audio al final del blog)

“Lo que pasó, ya pasó”. Eso dijo Alberto Arirama Guabloche, ante la policía, cuando rendía declaración por la violación de su hija X.A.S de 11 años de edad. ¿Y qué pasó luego?, pues que la policía lo dejó en libertad siendo un violador confeso.

La nota sobre la denuncia publicada este viernes 28 de septiembre de 2018 en teleoLeo.com: 

Confiesa haber violado a su hija y la policía lo deja en libertad

Alberto Arirama
Alberto Arirama Guabloche

Este jueves 27 de septiembre M.S, acompañada de su cuñado, L.M.L, se presentó en la comisaría de Tamshiyacu, pequeña localidad del distrito de Fernando Lores en la provincia de Maynas, para denunciar la violación de su hija. El responsable: el padre de la menor que confesó su crimen “con total descaro”, según dijo para teleoLeo.com el tío de la niña identificado como L.M.L.

La policía  —siguiendo el procedimiento— se comunicó con la Fiscalía y, según afirma L.M.L recibió la orden de retener a Arirama Guabloche mientras hacían las investigaciones pertinentes, sin embargo, luego de 4 horas lo dejaron ir, es decir, dejaron en libertad a un hombre que se había declarado culpable de la violación de su hija de 11 años de edad. O sea, ¿como confesó, lo liberaron.

Código Penal, Artículo 173.- Violación sexual de menor de edad

El que tiene acceso carnal por vía vaginal, anal o bucal o realiza cualquier otro acto análogo con la introducción de un objeto o parte del cuerpo por alguna de las dos primeras vías, con un menor de catorce años, será reprimido con pena de cadena perpetua.

“En la comisaría ni siquiera estaba el comisario, sólo dos suboficiales”, ademas, dice L.M.L, uno de los suboficiales responde al nombre de Carlos Lozano.  Él y su compañero les dijeron que no podían hacer nada más y que las cosas debían seguir su curso en el Ministerio Público.

X.A.S producto de la violación está embarazada y su familia sólo quiere que continúe con su vida de niña. Ellas sólo llora, está triste, no le queremos preguntar nada para no revictimizarla, ya declarará en la fiscalía y ya sabremos más; por ahora juega, le hacemos la comida que le gusta, pero tiene los malestares propios de su estado” —dice L.M.L.

La madre, M.S, y sus hijos se han trasladado a Iquitos, ella ya no quiere seguir en Tamshiyacu. “La gente en el mercado rumorea que su marido ha dicho que no parara hasta matarla por haberlo denunciado, la familia de él también está muy enfadada por la denuncia” —dice L.M.L

A continuación el audio de la entrevista realizado por teleoLeo.com a L.M.L, tío de la menor violada.

Carmen, raptada al año de edad, violada a los 7, lisiada a los 13, abusada por su pareja desde los 31; a pesar de todo, aún ve la vida con esperanza

Según esta gran mujer todos tenemos un propósito en la vida y eso la ayuda a seguir adelante, a pesar de los delitos que contra ella se cometieron: pederastia, secuestro y maltrato; entre otros

Esta es la historia de una mujer separada de su madre al año de edad, violada a los 7 por su tío y maltratada hasta los 21. Ella es Carmen, es mexicana, y producto de una gran golpiza dice que murió una vez. A los 13 años sus hermanastros le jugaron una “broma”, cayó y se fracturó el fémur, pasaron casi 15 días antes de que recibiera atención médica, llegó al hospital con la pierna hinchada y morada, por eso ahora no camina bien y tiene una prótesis en la cadera.

A Carmen le encargaron las labores de la casa desde los 6 años de edad, le daban de comer poco y mal, por eso siempre estuvo anémica y se desmayaba todo el tiempo. Vestía harapos. Nunca le compraron un cepillo de dientes así que ha perdido varias piezas. Cuando tenía la regla le daban trapos y, a pesar de todo, o posiblemente porque el dolor no logró deshumanizarla, ella perdonó a una de las personas que más daño le hizo. Hoy educa a sus dos hijos rompiendo el círculo del dolor.

La historia de Carmen es terrible, no tuvo infancia, ni amor, ni protección a la edad que más lo necesitaba, y está tan cargada de tragedia que su vida parece casi un guión de telenovela.

Érase una vez una niña….

“Un día ese hombre me quitó la ropa interior y me violó, mientras lo hacía yo lloraba y le decía que no. Él me cubrió la boca y siguió haciéndolo”.

Carmen sólo tenía 7 años cuando fue abusada y el hombre que la ultrajó fue su tío. Carmen ahora tiene 52 años y contó su historia a teleoLeo.com porque quería exorcisar el pasado para poder seguir adelante.

“Mis padres se divorciaron cuando yo tenía un año. Mi papá se peleo con mi mamá y un día que ella no estaba en casa  me raptó. Me llevó a casa de mi abuela, su madre, que vivía en la ciudad de Puebla, nosotros vivíamos en México capital. Mi madre fue a buscarme, entró a casa de mi abuela para sacarme de allí, pero la denunciaron por allanamiento de morada, estuvo detenida 3 días; eso me explicó fue lo que me explicó mi madre años más tarde”. Así comienza la historia de Carmen.

Al salir de la cárcel, la madre de Carmen desistió de recuperarla, en la capital la esperaban 5 niños más. “Mi mamá jamás volvió a buscarme y me dejó en el peor lugar que me podía dejar, donde, desde que tengo uso de razón, sólo fui la sirvienta”. (Carmen)

La tía Ester= El amor

En sus primeros años de vida Carmen fue criada por una de las hijas de su abuela, de ella recibió cuidados y amor; luego todo cambió.

Hasta los 6 años Carmen fue criada por su tía Ester, una de los 7 hijos de su abuela, ella fue la única que le dio cariño, pero un día se casó y en casa sólo quedaron su abuela y 5 tíos de sus tíos; en ese momento las cosas comenzaron a ir mal. “En cuanto mi tía se fue de casa mi abuela me llevó a cortar el cabello como a un niño, me dejo ‘pelona’; los niños se burlaban de mí, me decían que parecía hombre” —dice Carmen.

Pero las cosas podían empeorar y empeoraron. “Mi abuela me puso a hacer los quehaceres y cuando los hacía mal me pegaba con la escoba. Una vez me pegó con una olla por no lavarla bien; otro día se me cayeron unos platos, mi abuela se enfadó y le dijo a uno de sus hijos que me pegara, él se sacó el cinturón y me azotó muchas veces; yo gritaba, pero nadie me ayudó”.  Cuando el tío terminó de pegarle, la abuela también le pegó: “Para que aprendas” —le dijo.

“Cuando me pegaban, que era casi siempre, yo los veía como gigantes. La última vez que los vi se me hicieron pequeños, viejos, débiles”. (Carmen)

Violación

Cuando Carmen tenía sólo 7 años el tío que la golpeaba también la violó

“Un día de buenas a primeras ese hombre me encerró en su cuarto y me pego con el cinturón, me quitó la ropa interior y me violó, mientras lo hacía yo lloraba, le decía que no, pero él no paró. Era chiquita y sentía como un gigante me golpeaba y me hacía algo que yo no quería, me hacía sentir sucia, avergonzada, culpable. Cuando acabó me dijo que si decía algo me golpearía más fuerte. Yo vivía todo el tiempo con miedo” —explica Carmen.

Palizas

Cualquier pretexto era bueno para golpear a Carmen hasta la extenuación. Ella cree que murió unos minutos para renacer luego en el mismo infierno

La abuela de Carmen heredó una casa y se mudaron, y allí fue aún más infeliz. “Cuando nos mudamos el hijo de mi abuela comenzó a pegarme a diario, él se iba a trabajar y cuando volvía mi abuela le decía lo que yo no había hecho bien, él se sacaba el cinturón y me pegaba, yo gritaba mucho y aunque mis otros tíos estaban presentes, nunca nadie me ayudó” —explica Carmen.

Carmen dice que iba mal calzada con zapatos de plástico y con las medias llenas de huecos, eso fue motivo de otra golpiza. “Un día, yo ya tenía 10 años, estaba en la puerta de casa y pasó un señor que vendía medias, al ver las mías me regaló un par; en eso llegó mi tío y botó al hombre, me agarró del cabello me arrastró y me pateó mucho. Yo rodaba con  cada patada hasta que caí en un hueco del patio y perdí el conocimiento”. 

La niña perdió unos minutos de su vida, no sentía, no sufría. “Sólo recuerdo que caí en un agujero y tuve un sueño, iba por camino como de arena y una mano bajaba de lo alto y me empujaba. Desperté al tercer empujón, en ese momento sentí como si volviese a respirar, estaba en la cama, me senté y vomité sangre; y escuché que alguien hablaba con mi abuela por la ventana”.

Dos vecinas le preguntaban a la abuela de Carmen qué había pasado, le decían que habían escuchado los gritos de una niña. “Ella contestó que era yo, que me había portado muy mal y me habían pegado porque me lo merecía”. Las mujeres le dijeron que llamarían a la policía, la abuela les pidió que no lo hicieran: “Hablaré con mi hijo para que no le vuelva a pegar —dijo mi abuela”.

La brutal paliza le dejó a la niña moretones en todo el cuerpo, dolor de mandíbula y costillas, además mucha dificultad para caminar. “No me llevaron al doctor, ni siquiera mi abuela me curó, era una piedra, no sentía nada por mi, me miraba con odio y siempre me decía que merecía todo lo que me pasaba”. Sin embargo, el ‘aviso’ de las vecinas sirvió, el tío de Carmen no volvió a golpearla, por lo menos por un tiempo.

¿Por qué tanto odio?

Los maltratos de los que Carmen fue víctima podrían deberse a una mentira dicha por su madre

Carmen cree que su abuela la maltrataba porque cuando sus padres se separaron su madre le dijo que ella no era su hija. “Mi abuela siempre me decía “inútil, no sirves para nada” y me repetía constantemente que mi madre me había abandonado porque no me quería. Crecer así, sabiendo que no le importas a nadie, pero sobre todo, escuchando cada día que tu madre no te quiere es muy duro”. 

Años más tarde su madre le confesó que había mentido para evitar que él se la llevará, sin embargo, cuando eso ocurrió y él se la llevó, no dijo la verdad.

Abandono

La niña creció como una animal. A parte de maltratarla no la alimentaban bien, ni la vestían, incluso descuidaron los aspectos más básicos de su higiene

“Mi tío dejó de pegarme porque se casó con una buena mujer, entonces volvió a hacerlo mi abuela y aunque mi padre le daba dinero para mi, me vestía con harapos, me compraba zapatos plásticos y cuando me crecía el pie les tenía que cortar la punta y les ponía lazos para que se vieran bonitos” —dice Carmen.

Una anemia perniciosa hacía que se desmayara continuamente. “Mi abuela no me alimentaba, me daba a comer huesos con una pizca de carne y a sus hijos un buen trozo; yo tomaba café y sus hijos leche. Por las noches me levantaba a robar comida de la nevera. Era tan flaca que una de mis tías le decía a mi abuela que me diera de comer más”.

Carmen también recuerda que nunca le compraron un cepillo de dientes, pero eso la hizo conocer a la única persona que la ayudó cuando vivía con su abuela. “Yo ya tenía 17 años y un dolor insoportable en una muela, tenía que ir al dentista, pero no tenía para pagar así que todas las mañanas salía a buscar cascarones de huevos y con ellos hacía manualidades que luego vendía en las calles del centro”.

La chica junto algo de dinero y se fue en busca de un dentista, todos lo que encontraba eran hombres y eso le daba miedo, así que entró a la consulta de la primera dentista mujer que encontró. “Le dije que tenía dolor de muela pero que no podía pagarle mucho, ella me dijo que no me preocupe, me sacó la muela y al acabar me preguntó que tenía en la cajita que llevaba en las manos”. 

Carmen abrió la cajita y le enseñó las figuras que hacía para vender y tener algo de dinero. “La doctora me dijo que estaban bonitas y me recomendó con su vecino que tenía una tienda de regalos, luego me recomendó para trabajar en una fábrica. En ese tiempo ya no hablaba con mi abuela ni con nadie de la casa, sólo llegaba a dormir”. 

Carmen explica que a causa de la mala higiene dental perdió muchas piezas que sólo pudo reponer cuando fue adulta y las pudo pagar. “Estaba llena de caries, mi boca daba pena, no podía ni sonreír”. La menstruación fue otro tema. “Cuando tuve mi primera regla me pegaron, mi abuela me dijo “qué has hecho”. No me compraba toallas higiénicas, sólo me daba trapos”.

A la niña le desarrollo el busto y ese fue otro problema. “Mi abuela nunca me compró un sostén; un dia, una de mis tías vino a quedarse con sus hijas, todas usaban sostén, por la noche cuando dormían les cogí uno y me lo puse para saber qué se sentía y me dormí con el. A la mañana siguiente mi tía me lo quitó muy groseramente, me dijo que no cogiera las cosas de sus hijas” —explica Carmen.

El Señor Diputado

El padre de Carmen fue diputado del PRI de México, Arturo Ávila Marín se llamaba y nunca cuido de ella, sólo enviaba dinero. Para él su carrera política y la familia que estableció eran más importante

Carmen dice que cuando era pequeña su padre iba a visitarla, “pero cuando iba mi abuela y mi tío se cuidaban de que no hablase con él, además yo era muy tímida, miedosa y en las pocas oportunidades que pude, nunca me atreví a decirle todo lo que me hacían, nunca le conté como me pegaban, ni que mi tío me había violado”.

Cuando Carmen tuvo 13 años, su padre la llevó a vivir con él. “Él ya era todo un diputado, llegó un domingo a casa de mi abuela con su esposa, estaba casado hacía algunos años y tenía 3 hijos; me dijo que viviría con él, que me compraría una bicicleta y que iría a una escuela bonita. Se acabó mi martirio, fue lo primero que pensé; pero no”.

Las esperanzas de Carmen se disiparon en 24 horas. Cuando el lunes despertó en casa de su padre, su madrastra le dijo que se iban a trabajar y que ella se ocuparía de la casa: limpiar, poner la ropa a lavar y cuidar a sus hijos, todos entre 5 y 7 años. Carmen acostumbrada a los quehaceres no vio nada raro en el pedido, sin embargo, la cosa no fue bien.

“Mis hermanastros tiraron agua con detergente de la manguera de la lavadora en el piso de la cocina, cuando entré me caí, sentí un dolor indescriptible y no pude ponerme en pie”. Los niños, al ver la gravedad del asunto, llamaron a un vecino para que pedir ayuda y luego le avisaron a su madre.

“Ella y mi padre volvieron a casa, él quería llamar una ambulancia, pero su mujer le dijo que no, que por su cargo eso sería un escándalo porque vendría la prensa.  Así que trajeron a una curandera que me agarraba la pierna la subía y la bajaba, me puso cebollas calientes; yo gritaba de dolor y ella decía que era por el golpe, que no tenía nada roto” —explica Carmen.

La niña lloró de dolor toda la noche, al día siguiente su padre la devolvió a casa de su abuela. “Yo ya no sabía donde estaría peor. A mi abuela le dijeron que me había caído, que solo tenía un golpe y que yo quería regresar con ella”. Allí tampoco la llevaron a el doctor. “Pasaron los días y mi pierna estaba hinchada y morada así que me llevaron a otro curandero, él dijo que tenía una fractura”. 

Carmen tenía el fémur fracturado, 15 días después la operaron, le pusieron pesas porque se le había encogido el tendón, también le pusieron clavos. “Mi fémur y cadera se juntaron por estar fuera de lugar mucho tiempo, no podía ni doblar la pierna, caminaba como un robot. Ya no podía volver a correr. Alguna vez había soñado con ser deportista o bailarina, pero ahora ya no podría”.

“En una oportunidad” —dice Carmen, “mi padre le dio a mi abuela 30.000 pesos, mucho dinero para la época, yo pensé que me compraría zapatos y ropa, pero no fue así, uno de sus hijos iba a construirse su casa y ella le dio ese dinero para los cimientos; mientras, yo seguía igual: con anemia, con la boca llena de caries, mal vestida y mal calzada”.

Carmen también dice que su padre era “hostil” con ella, que nunca se preocupó por cómo estaba e incluso le molestaba que lo llamase. “Mi padre nunca más intentó llevarme con él. Cuando cumplí 15 años le pedí que fuera a verme, fue con su esposa y me llevaron a comprarme un par de vestidos, luego de regreso a casa de mi abuela me dijo que no le estuviera llamando para celebrar cumpleaños”.

Rebelión

La violencia de la que fue víctima Carmen engendró violencia y estuvo a punto de acuchillar a su tío. 

Según dice Carmen, luego del problema con su pierna los maltratos por parte de su abuela cesaron, sin embargo, dos años después, cuando la mujer de su tío lo dejó, los golpes y regaños -por parte del tío- volvieron. “Él se quedó con sus dos hijos pequeños y me dijo que yo tenía que cocinarles y lavar su ropa y la de él; mi abuela estuvo de acuerdo”.

Un día el tío de Carmen la mandó a bañar a sus hijos, ella fue al pozo a buscar agua y al intentar sacar la cubeta quedó colgando de la cuerda. “Grité, pedí ayuda, el pozo tenía 22 metros de profundidad y si no pedía auxilio hubiese podido morir. Cuando me sacaron mi tío me volvió a dar una paliza con su cinturón”.

Cansada de tanto maltrato Carmen se rebeló. “Un día, yo tenía 17 años, hablaba con una amiga y le dije: —Voy a hacer la comida a los chamacos, mi tío escuchó, me cogió del cabello y me gritó que a sus hijos no los llame así. Sentí un calor que me recorría todo el cuerpo, cogí un cuchillo que tenía a mano, me sentí poderosa, se lo iba a clavar, pero me detuvieron mis tías y sus hermanos”. 

Carmen se fue a llorar a su habitación, una tía la siguió y le preguntó qué había pasado. “No pude más y le dije todo, le dije que ese desgraciado me había violado y mi tía, que estaba harta de que me golpeara lloró conmigo. Luego hicieron una reunión para que dijera lo que me había hecho, pero mi abuela lo defendió, dijo que yo mentía”. Mi padre no estuvo presente, tampoco la tía que me cuidó de pequeña. 

La reunión tenía como fin desenmascarar al abusador y maltratador, sin embargo, eso no era necesario, todos en casa de la abuela sabían lo que pasaba. “Mis otros tíos hombres sabían todo y nunca hicieron nada. Es más cuando tenía entre 18 y 20 años me espiaban mientras me duchaba; era espantoso pensaba que un día también me violarían, menos mal que nunca lo hicieron”.

Según Carmen, de niña, en el único lugar en el que era feliz era la escuela, pero sólo estudió primaria, según su padre: siendo mujer no era necesario más. “Cuando iba al colegio era libre por eso nunca le dije a nadie lo que sufría. Era tan feliz saliendo de esa casa que no quería hablar del tormento que vivía para no manchar el momento ni el lugar”. 

La madre que no supo serlo

Con 20 años cumplidos Carmen le exigió a su padre que le dijera dónde estaba su madre, él lo hizo y ella fue feliz, recuperó la ilusión, iba a conocer al ser que más amor había de darle, pero el encuentro no fue grato

Cuando cumplió 20 años Carmen volvió a ver a su padre y le pidió que le dijera dónde estaban su madre y sus hermanos. “En ese momento mi abuela le dijo que me dijera que no era su hija, mi padre le pidió que callara. También me enteré que mi abuela había sabido todo el tiempo el paradero de mi madre y nunca me lo dijo, cuando le preguntaba sólo decía que ella no me quería, que por eso me había abandonado”. 

El padre de Carmen le dijo donde encontrar a su madre y a sus hermanos. “Cuando conocí a mis hermanos, me abrazaron, yo era la más pequeña de los 6 hijos que tuvieron mis padres (4 mujeres y 2 hombres). Mis hermanos me contaron que siempre preguntaban por mí y que mi padre les decía que estaba bien. Mis hermanos me pidieron irme a vivir con ellos, sin pensarlo fui a por mis cosas”. 

La madre de Carmen vivía en Estados Unidos desde hacía varios años así que su hermano mayor le arregló sus papeles para que fuese a su encuentro. “Fui muy ilusionada a conocer a mi mamá, pero no fue lo que esperaba, ella ya no sabía quererme, fue fría. Yo deseaba un abrazo que me hiciera sentir que a su lado todo iba a estar bien, que no sufriría nunca más; pero no fue así”. 

Carmen dice que su madre no la apoyó y que aunque la vio enferma le dijo que se buscase un trabajo. “Yo quería estudiar pero, sobre todo, necesitaba operarme. Nunca quedé bien de la rotura de fémur, sufría mucho dolor y tenía una pierna más corta, pero a ella no le importó. Así que busqué y encontré trabajo como servicio doméstico, después trabajé como dependienta en algunas tiendas”.

“En 1998 me operaron y me pusieron una prótesis en la cadera para poder caminar mejor y sin dolor y todo fue posible gracias a unas personas que conocí. Ellos, a diferencia de mi madre, me ayudaron mucho” —señala Carmen

Carmen le preguntó a su madre si alguna vez la buscó, ella le explicó la denuncia, los 3 días en la cárcel y le dijo que no volvió porque tenía 5 bocas más que alimentar y pensó que estaría bien. “Pero no, le dije que no estuve bien, le conté todo lo que me habían hecho y me dijo que quizás me gustaba vivir así porque nunca me escapé; le dije que yo era una niña, que tenía mucho miedo; qué quería que hiciera, no entiendo”.

Relación tóxica

La falta de cariño de su madre y todos los maltratos recibidos durante la infancia hicieron que Carmen buscase cariño en la persona equivocada y volviera a ser víctima de maltrato y de abuso sexual.

“En 1999, con 31 años, conocí al padre de mis hijos (una niña y un niño). Él era muy vivido, yo muy tímida y tonta, se aprovechaba de mi, me quitaba el dinero y también era un abusador. Me pegaba, yo le tenía miedo no sabía defenderme y además estaba acomplejada por mi pierna; creía que nadie más se fijaría en mí” —dice Carmen.

La pareja de Carmen era un hombre dominante.“Cuando llegaba borracho abusaba sexualmente de mí; lo denuncié varias veces, pero retiraba la denuncia porque él amenazaba con golpearme y llevarse a mis hijos. Aguante hasta que me deportaron: No pude ir a la cita en migraciones, él se llevó el auto, yo no tenía ni para un taxi; un día me detuvieron y me enviaron a México con mis hijos”.

“Cuando me deportaron me quería suicidar” —dice Carmen. Ella lo había perdido todo: su trabajo, su fuente de manutención, sus cosas; pero volver a su país le permitió cerrar heridas. “Fui a ver a mi abuela, le reclamé el daño que me había hecho, me dijo que me quería como a una hija; pero no ella siempre me trató como un animal y permitió que su hijo me dañara”.

A pesar de todo el daño que sufrió Carmen perdonó a su abuela. ” A los 8 días de verla, murió, pero yo ya la había perdonando. Mi padre había muerto mientras yo vivía fuera, lloré su muerte de rabia, pero no de dolor. Lloré porque ya nunca me diría por qué se vengó de mi madre jodiéndome la vida”. 

Presente

Carmen se encuentra postrada pero con ánimos, está a la espera de una operación por la lesión que sufrió en el fémur, ahora sólo quiere recuperarse física y emocionalmente para poder seguir adelante por sus hijos

“Ahora estoy en cama, mi prótesis se movió y me la tienen que cambiar, espero que me operen pronto, tengo que mantener a mis hijos”. Desde que volvió a México ella se dedicó a hacer joyería y a pintar cerámica. “Puse un bazar donde vendo lo que hago, pero lo he cerrado hasta estar bien; por ahora mi hermano mayor me ayuda con los gastos”.

El problema es que, a pesar de la ayuda de su hermano, Carmen no tiene todo el dinero para pagar la prótesis y sus hermanastros, los responsables de su estado, ya son adultos pero no tiene buena relación con ellos y ni piensan en ayudarla. “Ellos están enfadados conmigo porque dicen que mi padre era bueno, que los cuidó, les dio amor, educación y todo lo que necesitaban; y yo pienso: bien por ellos, pero a mi me abandonó y me desgració la vida”.

Carmen dice que ha acudido a grupos de apoyo en busca de sanación, pero lo único que he sacado en claro es que hay un propósito para ella, “lo estoy buscando, no puedo haber sufrido tanto por nada, por eso he ayudado a niños maltratados, hablo con sus madres, los defiendo; también ayudo ‘animalitos’ abandonados, todo eso me hace sentir bien, todo eso me ha hecho ser la persona que soy ahora”.

“Recordar como fui maltratada de pequeña, como fui tratada por mis padres y por el padre de mis hijos me da mucha tristeza. Ahora estoy sola, pero me siento segura y luchó por ser una buena madre; mis hermanos me apoyan y sé que mis hijos tendrán una historia diferente, yo los abrazo y les digo cuanto los amo, no repito historia. Rompo las cadenas”.

Carmen desde el dolor

  • “Sólo las que hemos vivido tanto dolor sabemos de lo que se trata y lo duro que es abrirse a explicarlo, pero ahora que lo he hecho reconozco que es sanador, porque lo sacas de dentro y de eso se trata. Es muy difícil salir adelante con semejantes recuerdos enterrados en la memoria”.
  • “Me hubiera gustado escribir un libro, ver si explicando lo que viví podía ayudar a alguien, por eso agradezco que cuentes mi historia, la de una niña a la que su padre le cambió el destino sólo por venganza y por despecho. Es muy doloroso que los padres al separarse utilicen a sus hijos como armas, eso hizo mi padre conmigo y me destrozó la vida física y emocionalmente”. 

Fibromialgia del mal

Ahora Carmen, como muchas mujeres abusadas y violadas durante la infancia padece de fibromialgia y de hipertensión. Según varios estudios, entre ellos un trabajo monográfico llamado: Fibromialgia e Histeria, un camino de incertidumbre : “Las mujeres que padecen fibromialgia han sufrido durante la infancia hechos de violencia tanto física, como sexual y-o psíquica”.

En el 99.9% de mujeres abusadas, violadas y maltratadas que he entrevistado para teleoLeo.com padecen de fibromialgia, fatiga crónica o hipertensión. Algunas como Carmen sufren más de una dolencia.

En otros estudios, los investigadores han encontrado que: “[…] las mujeres (y algunos hombres) que han denunciado el abuso infantil (sexual o físico ) tienen el 65 por ciento de probabilidades de tener fibromialgia y el doble de probabilidades de tener síndrome de fatiga crónica”.

Así que sí, la violencia física y psicológica dejan marca imborrable en la esencia de las víctimas, las modifica y las convierte —en la mayoría de los casos— en sus propios verdugos pues sus cuerpos somatizan el dolor hasta convertirlo en enfermedad, en autocastigo por no haber podido evitar la agresión.

La satisfacción del agresor es inmediata y pasajera. El agresor disfruta cuando castiga, cuando viola, cuando ejerce su poder sobre la víctima, y lo hace con alevosía porque la sabe débil. El sufrimiento de la víctima, en cambio, es permanente al punto que como ya he comprobado, en varios testimonios, puede transformarse en enfermedad.

Gracias por tu generosidad Carmen

Cifras escalofriantes

Según un informe de la OCDE (Organización para la Cooperación Económica y Desarrollo económico) de 2017, México ocupa el primer lugar en abuso sexual, violencia física y homicidio de niños que aún no han cumplido los 14 años de edad. La organización dice que 4,5 millones de menores son víctimas de actos de violencia y que sólo se denuncian un 2% de estas agresiones.

Este blog sobre pederastia, abuso, maltrato y violencia de género también ha sido publicado en teleoLeo.lamula.pe

El hábito no protege a las monjas. Según el papa las hay chismosas, terroristas y demonios [Opinión]

“Saben lo que es la monja chismosa, es terrorista. El chisme es como una bomba. Entonces va y como el demonio. Tira la bomba, destruye y se queda tranquila. Monjas terroristas no”. Estas palabras del papa Francisco son otra muestra más de que la iglesia católica no avanza hacia el respeto y la igualdad de todos sus integrantes. Y menos en el respeto a la mujer.

Cuando Jorge Berboglio fue elegido Papa, el mundo católico latinoamericano vibró de emoción, se hicieron largas crónicas sobre su progresismo, se pensó que acabaría con la impunidad de los sacerdotes pederastas, incluso los ateos creímos que nombrarlo era un gran avance para la modernización y el acercamiento al pueblo de esta entidad, en temas como el aborto o el matrimonio homosexual.

Sin embargo, nada ha cambiado. El anterior papa, Joseph Ratzinger, renunció al cargo porque se sentía cansado, o al menos así lo expresó en su momento el vocero de prensa del pontífice, el padre Federico Lombardi: “la Iglesia necesita alguien con mayor energía física y espiritual que enfrente los problemas y desafíos de gobernar la Iglesia en este cambiante mundo moderno”.

Pero todo sigue igual y además, ahora tenemos un papa que luego de ser atendido con todo servilismo por 19 monjas, de las cuales un diario limeño ha dicho que “son las mujeres que están –hoy más que nunca– cerca de Dios”, las denosta cuando se sube al púlpito. A  ellas, a las mismas que le hacen la comida, le tienden la cama, le limpian los aposentos y le cuidan la ropa.

En su paso por Lima, el Papa ha osado hablar mal de las monjas y todos le han reído la gracia. ¿Por qué? pues porque es el papa; ¿por qué? pues porque la iglesia católica es uno de los reductos más reaccionarios de la sociedad donde el patriarcado sigue siendo rey. Uno de los personajes de la Santísima Trinidad podría ser una mujer, pero NO, todos son hombres. Además, en la cúpula de la iglesia, la cuota de mujeres en los altos cargos NO existe.

El papa, llamando chismosas, terroristas y demonios a las monjas, ofende a todas las mujeres, no sólo a las que le sirven y creen en él, sino también a las que discrepamos con todo lo que su cargo y su iglesia significan. Además llamando rumores a las acusaciones de pederastia que recaen sobre algunos integrantes del clero, demuestra una vez más, que en esencia, esta dispuesto a todo para encubrir a los de ‘su gremio’ involucrados en estos casos.

Como muestra de la ‘permisividad’ con los sacerdotes pederastas tenemos el caso del cardenal Bernard Law, quien murió en diciembre del año pasado en el Vaticano y ocultó cientos de abusos sexuales de sacerdotes a niños destapados por el Boston Globe cuando era arzobispo en esa ciudad estadounidense. Este caso fue hecho película, “Spotlight”, que además fue ganadora del Oscar a la mejor película el año 2015.

Visto lo visto, Francisco, Panchito, o como se le quiera llamar, no es más que otro altísimo funcionario de la iglesia cuyo espíritu de cuerpo es defender el status quo, mientras sigue inculcando la humildad y rectitud en los fieles. Pero para la cúpula el trato es otro, ellos -como se les supone cercanía con el ‘altísimo’- tienen carta blanca para pervertir jóvenes y seguir llevando una vida de lujos y privilegios a costa de la fidelidad de sus feligreses.

Ahora viene cuando me dicen, roja, caviar, demonio, atea, pecadora, abortista, social confusa e incluso se acuerdan de mi madrecita. Perfecto, porque todo eso no son más que adjetivos y los adjetivos no informan, no ayudan a discutir de manera alturada, ni permiten hallar la luz al final del túnel. “Que la paz sea con ustedes” y seguro que a mí muy pocos me responderán: “y con tu espíritu”.

Cynthia. La historia de otra de las miles de niñas peruanas abusadas por un familiar #Perúpaísdevioladores

“Comenzó a tocarme cuando yo tenía 6 años. Comenzó besándome en la boca, luego tocándome las tetas, y el pubis, y decía que lo hacía porque me quería mucho”. Esta es la historia de Cynthia, otra mujer abusada por un familiar cuando aún era una niña. Ella es otra mujer cuya vida fue rota por alguien en quien ella confiaba, por alguien que en lugar de cuidarla abusó de su inocencia.

Cynthia

“Hola! Adelante, escribe mi historia. Todo lo necesario para que más gente no pase por lo mismo. Pregunta lo que quieras, soy un libro abierto”. Así fue el primer contacto con Cynthia. Este no es el primer testimonio sobre abusos sexuales que escribo y todos han sido casos de pederastia en los que el responsable es un familiar de la víctima. La diferencia en esta historia es que la protagonista ha aceptado contarme su historia a cara descubierta.

Cynthia se llama y ya no tiene miedo de hablar, ella sólo quiere empoderar a otras que han pasado por lo mismo, para que griten y denuncien; y se liberen del dolor que las carcome y hasta las enferma. “Empecemos” – me dijo resuelta- y empezamos. “La verdad no recuerdo mucho, era pequeña y he borrado muchas cosas”. Las mujeres víctimas de abuso infantil con las que he hablado dicen lo mismo: “hay cosas que he borrado”.

Una de las etapas por las que pasan las mujeres abusadas en la edad adulta o durante la niñez, es el bloqueo de lo ocurrido. Muchas se sienten tan avergonzadas o culpables, que anulan detalles de los abusos sufridos y sólo podrán recordarlos, o no, ante un estímulo o vía terapia.

Padrastro

“El abusador fue mi padrastro. Él y mi mamá se conocieron cuando yo tenía aproximadamente 6 años. Cuando yo tenía 8 o 9 años, mi mamá -que trabajada durante la semana- comenzó a trabajar también los sábados y él se encargaba de cuidarme. Pepe me recogía en Pueblo Libre que era donde yo vivía con mi madre y me llevaba a su casa, en Surco”.

Cynthia no se explica porque eran así las cosas, por qué simplemente él no iba a su casa y se quedaba con ella allí, mientras su madre trabajaba. “Nunca pregunté por qué me llevaba a su casa, tampoco no recuerdo si era cada sábado”. Al principio el tiempo que pasaba con Pepe era bueno. “Alquilábamos películas de dibujos animados y pasábamos el sábado viéndolas”.

Pepe tiene 3 hijos de una relación anterior, pero muy pocas veces Cynthia coincidió con ellos en su casa, pues los fines de semana lo pasaban con su madre. Así que los sábados Cynthia y su padrastro se pasaban el día completamente solos. “Un día me dijo que me quería mucho y me besó en la boca. Yo no entendía qué pasaba, sentía que eso no estaba bien, pero él decía que lo hacía porque me quería. El cariño siempre fue su excusa”.

Los niños pequeños confían en los adultos que les rodean y más si estos son una figura de poder y de protección. Por eso es necesario enseñarles que nadie tiene derecho de tocarlos ni de hacerles nada que les incomode y los invada. Además hay que decirles que si eso pasa tienen que explicarlo de inmediato a alguien de confianza.

Besos

Cynthia explica que los abusos se desarrollaron de forma progresiva. “De los besos en la boca la cosa pasó a mayores. Comenzó a tocarme los senos, el pubis y ya no sólo decía que lo hacía porque me quería, sino porque no tenía hijas mujeres y quería saber como eran. No sé durante cuánto tiempo estuvo abusando de mí, sólo sé que fueron varios años”.

Pepe me decía que después de él sólo mi enamorado me podía besar. También se sentaba en la silla del comedor, me atraía hacia él, tocaba mis tetas que estaban creciendo y me decía “te están creciendo tus tetitas”.

Y mientras todo esto pasaba, la madre de Cynthia lo ignoraba todo. “Siempre tuve buena relación con ella, pero nunca me atreví a contarle nada. Alguna vez me preguntó qué hacíamos, yo le decía que veíamos películas. Nunca le dije lo que él me hacía, la veía feliz y me daba miedo que por mi culpa dejase de serlo, no quería verla sola otra vez”.

Confesión

La única persona en la que Cynthia confió fue su prima y nunca pensó en lo que iba a descubrir. “A mi me hace lo mismo”, le confesó.  Pero Cynthia ya había normalizado la situación. “Cuando mi prima me dijo que Pepe también abusaba de ella le dije, lo que él me decía: lo hace porque no tiene hija mujer y no sabe cómo es, y porque nos quiere mucho. Yo realmente creía lo que él me decía y lo justifique por años”.

Cynthia y su prima son de la misma edad y pasaban mucho tiempo juntas. “Nosotras éramos uña y mugre, casi siempre estábamos juntas, él a veces la llevaba a su casa y aprovechaba esos momentos para abusar de ella en su auto”.

Sin embargo, cuando las niñas hablaron del tema y compartieron sus experiencias, terminaron reconociendo que por mucho cariño que Pepe les tuviese, no les gustaba lo que él les hacía; así que decidieron decírselo. “Mi prima y yo le escribimos un ‘mail’ diciéndole que no nos tocase más porque no nos gustaba. Él dijo que no lo volvería a hacer y así fue”.

Enemigo en casa

Cuando Cynthia tenía 12 años, su madre y Pepe se casaron, ella quiso decirle a su madre lo que había ocurrido por tanto tiempo, pero nació su hermana. “Si mi mamá se divorciaba hubiese sido una locura. No quería que mi hermana creciera sin un padre como me pasó a mi, además, en ese momento, mi mamá ya no trabajaba y era mi padrastro quien nos mantenía”.

Pepe pagó el colegio, la universidad y hasta las salidas de Cynthia, por eso, durante mucho tiempo, ella se sintió en deuda con él. “Hasta ahora creo que le debo mucho, por eso a veces me siento culpable cuando explico lo que me hizo. A mi madre se lo dije hace 3 meses, aunque mi prima ya se lo había dicho. Mi abuela un día le confesó a mi prima: no aguanto más, cuando estoy distraída Pepe me toca el poto. Mi prima se indignó y le contó lo que él le había hecho”.

Cuando la abuela de Cynthia se enteró confrontó al abusador. “Mi abuela le dijo de todo y él, delante de mi prima, tuvo el descaro de negar las acusaciones; le dijo que era una mentirosa, que había destruido su familia y otras cosas horribles. A mi no me metieron en el tema, yo le dije a mi prima que no quería saber nada. Aún no lograba aceptar que nos había hecho daño y prefería mantenerme al margen”.

Cuando la madre de Cynthia se enteró, echó a su marido de casa, pero él volvió. “Días después mi mamá habló conmigo, quería saber mi versión. Yo tenía miedo y aunque le dije que mi padrastro nos había tocado, seguí justificándolo, le dije que seguro lo había hecho por cariño; que era una buena persona, y que ya no quería hablar más del tema. No sabes cómo me arrepiento de no haber gritado todo en ese momento”.

Cynthia no sabe lo que ocurrió después entre su madre y su padrastro, sólo sabe que ahora están muy metidos en un grupo católico y que siguen juntos.

Mamá

“Hace un par de meses le mandé a mi mamá un mensaje de voz, le dije que no había sido sincera con ella, que mi padrastro si nos tocaba, a mi y a mi prima, y no de una manera inocente; y que no quería verlo más. Me respondió diciendo que le daba pena que sus dos amores estuvieran divididos, pero que ahora han encontrado la paz en su grupo religioso y que está harta de todas estas SANDECES”.

La madre de Cynthia le habla todo el tiempo de la paz, de perdón y de rencor. “Siempre responde en cristiano, o me dice que me ama y que daría lo que fuera porque no me sintiera así, pero NO toma partido por mi”. En medio de esta historia está la hermana menor de Cynthia. “Sé que a ella no le ha hecho nada, ella es extrovertida. Él abusaba de mi prima y de mi porque somos calladas y reservadas. Presas fáciles”.

Cynthia no pretende denunciar a su padrastro, nunca quiso hacerlo para no hacer infeliz a su madre, dice que le bastaría con que ella reconociese su dolor. “He estado yendo al psicólogo y por eso decidí contárselo todo, pero al ver su actitud lo único que puedo hacer es apartarla de mi vida. Me da pena, pero no voy a seguir gastando energías. Ahora soy yo, mi vida, mis planes y la gente que sí me quiere. Si mi madre no quiere aceptar la verdad no hay nada que pueda hacer”.

“Cuando era adolescente caminé encorvada por mucho tiempo porque me avergonzaba de mis tetas, y sé que eso me pasó por culpa del abuso. Además sufro de fibromialgia, me la detectaron a los 24 años, o sea hace 5. Tengo una amiga que también fue abusada de pequeña y también la padece. A mi prima, con 20 años,  le diagnosticaron hipertensión”.

De todas las mujeres abusadas durante la infancia, a las cuales he entrevistado, el 99.9% sufre fibromialgia, dolor crónico y dolor articular. Según una investigación,  sobre esta enfermedad, “la presencia de abuso sexual era de un 75% en las pacientes con fibromialgia, y había un aumento en la percepción de dolor, mayor fatiga e inhabilidad funcional en estas mujeres que en las pacientes con fibromialgia que no habían experimentado abuso sexual”.

Protección

Antes de su actual pareja Cynthia tuvo dos novios, la primer fue una relación de “chibolos”, dice; y la segunda duró 7 años y fue bastante tóxica. Su pareja se encargaba de menospreciarla y de humillarla. “Siempre ha buscado protección y aceptaba todo con tal de sentirme cuidada”. Según explica Cynthia, su novio era muy machista y ella dependía completamente de él.

“Él me aisló por completo de mis amigos. Terminaba conmigo y regresaba cuando quería y yo siempre estaba ahí. Todo lo que pasaba era mi culpa. Cuando estaba flaca me decía que estaba muy flaca, cuando engordaba me decía que estaba gorda. Quería que siempre usara cerquillo, una vez me hice una trenza francesa con todo el cabello hacia atrás y me dijo ¿por qué te peinas así? le vas a hacer pensar a la gente que te crees bonita. Tienes mucho ego”.

Esperanza

El tiempo ha pasado y Cynthia ahora se siente fuerte. Ella estudió arquitectura pero actualmente es ilustradora. El dibujo que acompaña este blog es suyo y la representa siendo abusada por su padrastro. “Recuerdo que cuando era niña mi madre encontró dibujos míos de escenas sexuales, me preguntó por qué hacía esas cochinadas y los botó. No recuerdo ni qué le respondí. Solo recuerdo la escena. Espero que explicar mi historia sirva de algo”.

Esperemos que la valentía de Cynthia sirva, , para que otras mujeres se animen a denunciar a aquellos que no tienen ningún escrúpulo en abusar de la inocencia y de la fragilidad de un niño. Conocer estos casos debería hacer que como sociedad todos estemos alertas con lo que ocurre, seamos empáticos, y ante la más mínima señal de riesgo de la integridad de alguien alcemos la voz. Porque las cifras de abusos sexuales a menores en nuestro país son muy preocupantes.

Según los Centros de Emergencia Mujer (CEM), del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables del Perú, sólo entre enero y noviembre de 2017 habían atendido 5.958 denuncias por abusos sexuales. De estas, 461 correspondían a abusos cometidos a niños y niñas de entre 0 y 5 años de edad; 1.886 a niños entre 6 y 11; y 3.611 a niños entre 12 y 17 años.

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