«No pasó nada de lo que nosotros hacemos», respondió Dany Maraví Aranciaga cuando su pareja le reclamó haber violado a su hija

En Perú se viven dos epidemias, la del COVID-19 y la de la violencia contra mujeres, niñas y niños. Desde el inicio del estado de emergencia, se han registrado más de una treintena de feminicidios y más de 600 niñas, niños y adolescentes han sido violados sexualmente. Y todo ha ocurrido dentro de casa, donde el depredador tiene a su víctima, a su merced, 24 horas al día. La hija de Rosa es una de esas niñas [VÍDEO]

«Soy una mala chica mamita, discúlpame, he tenido relaciones con mi ‘dady’ ─así llamaba ella a mi pareja─. Mamita perdóname, por favor, soy una chica mala. Le dicho a mi ‘dady’ para contarte, pero él decía que no, que quería seguir. Me decía para hacerlo y yo ya no quería. Me dijo que no te podía contar porque tu lo botarías de la casa y yo no quería que se vaya porque tú lo quieres. Hoy le he dicho de nuevo para contarte pero me ha dicho que lo botarás y lo matarás».

Rosa quedó lívida cuando, la noche del 31 de julio de este año, su hija de 11 años de edad le reveló que durante más de dos años había sido abusada sexualmente, en reiteradas oportunidades, por su pareja. Después de 6 años de relación Rosa se enteraba que Dany Alfredo Maraví Aranciaga de 44 años, abogado de profesión, penalista de especialidad y “Héroe del Cenepa” ─por su participación en la guerra entre Perú y Ecuador de 1995─ le había realizado tocamientos y actos de índole sexual a su pequeña.

En 2019, veintisiete miembros del Ejército fueron investigados por sustracción de combustible, ellos eran conocidos como ‘Los capos del diésel’. Veinte de ellos fueron detenidos por el robo sistemático de combustible el Ejército peruano. El delito que se produjo entre 2013 y 2018, generó perjuicios al Estado por más de 3.5 millones de soles. Dany Maraví Aranciaga fue uno de los investigados, estuvo con orden de detención por 10 días, los mismos que no cumplió porque, según dice Rosa, estuvo escondido.

«Le pregunté a mi hija desde cuándo había abusado de ella y me dijo que desde que él trajo a casa un hijo que tuvo mientras estábamos juntos, la madre lo había abandonado y yo se lo críe como si fuese un mío y eso hace dos años, así que él ha estado abusando de mi hija desde que ella tenía 9 añitos. Ella dice que todo comenzó cuando jugaba con el bebé en la bañera, ella se ponía su ropa de baño para jugar y dice que Dany la tocaba, que ella lo miraba asustada, pero que él seguía».

Luego de lo dicho por la pequeña, Rosa increpó a Maraví. «El me dijo, “no es como tu crees”, le pregunté si mi hija mentía, si era mentira todo lo que me había explicado que él la había obligado a hacerle y lo que él le había hecho. Él repetía, “no es como tu crees, no es como piensas”». Eso mismo repitió Maraví Aranciaga en un mensaje de whatsapp luego que Rosa lo botase de casa. Nótese que no niega que haya abusado de la menor sólo dice: «Entiende que no pasó nada de lo que nosotros hacemos».

Y decir «[…] no pasó nada de lo que nosotros hacemos», no significa que no hubo abuso, puede significar que no hubo penetración, pues aunque según Rosa, su hija le dijo que lo que Maraví le hacía algunas veces le dolía, según el examen del médico legista no habría pruebas de un acto sexual completo.

En entrevista con teleoLeo.com, Rosa manifiesta que Maraví Aranciaga está muy tranquilo con las conclusiones del examen ─«no hay signos de desfloración himeneal, ni signo de actos contra natura»─ pues según el artículo 173 del Código Penal se considera violación sexual «al acceso carnal por vía vaginal, anal o bucal o cualquier otro acto análogo con la introducción de un objeto por alguna de las dos primeras vías». La pena para quien viola a alguien menor de 14 años es cadena perpetua.

Maraví Aranciaga es abogado penalista y conoce estos ‘detalles’ que hacen la diferencia entre la cadena perpetua y la condena por tocamientos, actos de connotación sexual o actos libidinosos en agravio de menores contemplado en el artículo 176-A del Código Penal: «[…] si alguien realiza sobre un menor de catorce años u obliga a este a efectuar sobre sí mismo, sobre el agente o tercero, tocamientos indebidos en sus partes íntimas, actos de connotación sexual […] o actos libidinosos».

El delito de tocamientos, actos de connotación sexual o actos libidinosos en agravio de menores se condena con entre 9 y 15 años de prisión, sin embargo, si Maraví Aranciaga fuese hallado culpable, debido a que era la pareja de la madre de la menor y, por tanto, «ejercía particular autoridad sobre la víctima o la impulsa a depositar su confianza en él», la pena se incrementaría en 5 años, es decir, podría ser condenado hasta a 20 años de prisión si le otorgan el rango máximo de la condena.

Suspicacias

Pero Rosa teme que nada de esto ocurra y que Maraví Aranciaga pueda, incluso, fugarse pues desde el día en que realizó la denuncia ─el 1 de agosto─ no se ha tomado ninguna medida que impida su salida del país. «Eso me preocupa porque él tiene familia fuera, su hermana siempre le dice que tiene todo a punto para que llevárselo cuando él quiera y temo que ahora, con esto, se vaya». Por otro lado ella también teme que su expareja pueda intentar salvarse haciendo uso de sus ‘amistades’.

«Yo presenté la denuncia en fin de semana en la comisaría de Barboncitos, que es la que está cerca a mi casa, cuando pedí copia de la misma y del examen del médico legista que le practicaron a mi hija en ese momento, me dijeron que debía volver el lunes. Así que el lunes, como yo trabajo normalmente por miraflores y barranco, solicite allí los documentos, me dieron la denuncia, pero la prueba del médico me dijeron que debían dármela donde había denunciado».

Rosa cuenta que la tía de su hija fue a la comisaría de Barboncitos a recoger el examen, pero le dijeron que debía ir la madre. «Fui al día siguiente y no me la dieron porque el policía que había registrado la denuncia estaba de vacaciones, volví al otro día para hablar con el comisario y me dijo lo mismo, así que tuve que decirle que mi hermano era militar, en ese momento llamó al policía y le pidió el número de carpeta fiscal».

En todo ese proceso, a pesar, de haber un CEM en la comisaría de Barboncitos, ninguno de los policías que atendió a Rosa le comunicó que podría dirigirse allí para una atención integral, ¿o será talvez, que por la pandemia ese CEM, como el de otras comisarías tampoco funcionaba? Como Rosa no sabía bien qué hacer, una amiga la puso en contacto con la Defensoría del Pueblo y gracias a la intervención de la doctora Marlene Berrocal comenzó a ver la luz.

«La doctora Berrocal me llamó el 16 de agosto y me dijo que una abogada me llamaría, y al día siguiente me llamó, y me informó que no encontraban el expediente de mi hija, que en su traslado a Chorrillos se había traspapelado ──la niña fue abusada por última vez por Maraví Aranciaga en su domicilio en Chorrillos─. Así que debía conseguirle copia de la denuncia y del examen del médico legista, la primera la tenía y para el examen fui otra vez a la comisaría de Barboncitos».

Nuevamente le dijeron que no podían darle nada porque el policía que le tomó la denuncia seguía de vacaciones. «Como tenía el teléfono del policía lo llamé y me dijo que en Mesa de Partes habría una copia, pero allí no había nada, faltaba justo el archivo de la denuncia de mi hija y me dijeron que no serviría de nada que solicite una copia porque ellos no la tenían, le dije al comisario y me dijo que ellos ya no tenían nada que hacer, que fuera a fiscalía y le dije que acudiría a Inspectoría».

Pero, ‘rarezas’ del destino, una horas después, el policía que registró su denuncia envió un whatsapp a Rosa remitiéndole los documentos por encargo del comisario.

Justicia, justicia y justicia

Como madre de una niña abusada ella sólo pide un proceso limpio y justo. «Mi temor es por todo esto. Yo he vivido varios años con él y sé que tiene amigos en las comisarías y también amigos militares por ser un Héroe del Cenepa. Él es egresado de la promoción 105 de la Escuela militar de Chorrillos. Él asesora particularmente a varios amigos militares, ademaś forma parte del Comité Consultivo del partido de Antauro Humala que se presentará en las próximas elecciones».

Otra de las cosas que hace sospechar a Rosa es que luego de haberse traspapelado el examen del médico legista, el resultado consignado en el mismo sea que su hija no tienen ningún daño, cuando la pequeña le ha referido todas las prácticas a las Maraví Aranciaga la habría sometido. «La abogada me ha dicho que no me preocupe, que la verdad saldrá en la cámara Gesell y espero que así sea porque ninguna niña se merece pasar por esto y que el responsable no pague».

Violencia no confinada

La hija de Rosa es una de las 600 niñas y adolescentes que han sido víctimas de violencia sexual durante el confinamiento. TeleoLeo.com obtuvo el testimonio de Rosa, donde cuenta con un poco más de detalle todo lo sufrido por su hija y lo que están viviendo con esta denuncia que parece no avanzar por el estado de emergencia en el que se mantiene Perú debido a la pandemia.

TeleoLeo.com también habló con Dany Maraví Aranciaga. Él negó haber abusado de la menor, acusó a la madre a someterla al morbo de la prensa y señaló que no decía nada más porque el caso ya estaba siendo judicializado y no podía entorpecer la labor de la justicia peruana. «Es lamentable todo lo que la señora viene haciendo con la pequeña, a la que crié desde que tenía 5 años». Esgrimió en su defensa el examen del médico legista: «Pídale que le envíen la pericia del médico Legal de la menor».

Medidas de protección

Debido a la denuncia, Rosa y su hija cuentan ahora con medidas de protección por riesgo grave. Maraví Aranciaga no se les puede acercar a menos de 100 metros, ni comunicarse con ellas y debe ser sometido a terapia psicológica, igual que la menor que ya ha comenzado tratamiento. «Aparentemente mi hija está bien, pero a veces la sorprendo con la mirada pérdida. Los primeros días me pedía perdón y yo le decía que no tenía culpa de nada, ahora me abraza y me pregunta si la quiero».

Espacio personal vital

La pequeña también escribió una carta para un trabajo del colegio, el tema era el espacio personal. En la carta explica como la violación del espacio personas puede incomodar a las y los niños, y dice que hay personas que lo hacen a propósito y que estas personas pueden ir a prisión por el daño que causan a niños y adolescentes. «Y lo peor es que las personas dañadas pueden quitarse la vida» […] «Por eso debemos de tratar de no hacer daño a nadie».

81% de niñas, niños y adolescentes peruanos dice necesitar apoyo psicológico [VIDEO]

“Nuestros derechos importan: niñas y adolescentes luchando en el contexto del COVID 19”, es la investigación elaborada por Girl Gov Perú en Acción, donde los adultos pueden leer cómo afecta la pandemia y el confinamiento a este sector del país: «No confiamos en la policía» es una de las conclusiones del estudio

«A falta de acción por parte del Estado, las adolescentes de esta colectiva hemos realizado un arduo proceso de investigación, de 4 meses aproximadamente con más de 150 horas invertidas. Ante la crítica situación, que nos ha afectado directamente durante el proceso de ejecución de medidas tomadas por el Estado frente al COVID 19, nos vemos en la urgencia de tomar acción por nuestros propios medios».

Veintitrés adolescentes peruanas que se reconocen como privilegiadas por tener acceso a internet y a educación en el Perú, han invertido 4 meses de su vida para investigar cómo la pandemia ha afectado a niñas, niños y adolescentes. Ellas son jóvenes que participaron del programa Girl Gov Perú, programa de empoderamiento y liderazgo político para niñas y adolescentes entre 13 y 17 años de edad, que cursan estudios secundarios.

«Nosotras somos parte de la primera promoción de Girl Gov y durante la pandemia nos reunimos de virtualmente para hacer algo. Llegamos a la conclusión que debíamos visibilizar nuestra situación durante la pandemia». Para analizar cómo les afectaba el confinamiento reconocieron que su experiencia no era la única, que las y los chicos del interior del país vivían una realidad completamente diferente y su voz también debía oírse.

Así que se pusieron manos a la obra, identificaron los problemas que más les afectan: educación, salud mental, violencia sexual y necesidades básicas; y elaboraron un cuestionario que han respondido 259 niñas, niños y adolescentes ─entre 12 y 18 años de edad─ de 25 regiones del país. Luego procesaron los datos y elaboraron el informe  “Nuestros derechos importan: niñas y adolescentes luchando en el contexto del COVID 19”.

En esta investigación, las Girl Gov Perú en Acción han identificado que durante el confinamiento por la pandemia, el 35% de los jóvenes participantes decía haber tenido problemas de ansiedad; más del 25% denunció haber sido maltratado física y psicológicamente y la mayoría de dijo: «No confiamos en la policía porque no nos cuidan». Además el 81% manifestó que necesitaba apoyo psicológico.

Ellas también hablan de cómo la pandemia ha afectado a la educación y cuáles han sido las carencias que las niñas, niños y adolescentes de todo el Perú han enfrentado durante este tiempo. Además sugieren que la plataforma “Yo aprendo en Casa” sea un vehículo para difundir las vías a través de las cuales lxs menores pueden denunciar si están siendo víctimas de cualquier situación de violencia.

TeleoLeo.com tuvo el privilegio de conversar con parte de las Girl Gov en Acción: Marcela, Rosalyn, Jimena, Alejandra, Andrea, Milene, Sandra y Mia; y fue realmente grato poder escucharlas, poder aprender de ellas, poder entender parte de la problemática de nuestros jóvenes y poder compartir sus reflexiones, de manera tan distendida que en algún momento la broma no faltó, ‘mea culpa’.

Ojalá, las autoridades que han recibido la investigación elaborada por Girl Gov en Acción, tomen en cuenta su inquietudes y necesidades y, sobre todo, tome en cuenta a este importante sector de la población al momento de elaborar políticas en su beneficio. Como dijo Andrea: «Dicen vamos a trabajar por los adolescentes y se reúnen señores de 45 años que hace tiempo que no lo son y ni siquiera saben lo que es ser adolescente hoy».

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«MIS HIJOS TIENEN HAMBRE, LLORAN, AYER NO COMIERON NADA. HOY ME HAN DONADO ALGO Y PODRÁN COMER»

Tiene 24 años, es madre soltera con dos niños pequeños, uno muy enfermo y sin atención médica porque por ahora sólo atienden COVID-19. Ella es cabeza de familia de uno de los más de 200 mil hogares en pobreza y extrema pobreza, que no han recibido el bono del gobierno peruano otorgado por la pandemia

«Por favor ayúdeme. Aún no me llega el bono ni nada. No sé qué hacer Con mis bebés, el pequeño se congela, hace demasiado frío y por las noches se pone casi azul». A poco maś de un mes de iniciado el estado de emergencia en Perú, teleoLeo.com escribió el testimonio de una joven madre con dos niños pequeños, el menor de ellos un bebé de 15 meses con posible cianosis y una probable enfermedad cardíaca.

«Mi hijo se pone todo morado, su piel helada, le pongo varios pares de medias en pies y manos y aunque lo abrigo mucho sigue helado. Para dormir lo arropó con plásticos y cartón, y vigilo su sueño porque le incomodan. El podría tener cianosis, pero no lo sé porque en el Hospital del Niño no lo atienden» ─decía Sheyla, la madre, el pasado 26 de abril a teleoLeo.com.

Ella pedía atención para su hijo, con la publicación y debido a la pandemia sólo consiguió que le hicieran análisis. «En el Hospital del Niño sólo atendían cirugías y COVID-19, me dijeron que pida cita cuando acabe la pandemia, pero no acaba y mi hijo está mal, deben examinarle el cerebro y el corazón, porque dicen que uno de esos órganos no funciona bien. Me dijeron que sólo vaya de emergencia si se ahogaba».

Cuatro meses después, a las necesidades médicas del pequeño se suman el hambre y el húmedo invierno limeño, que vuelve a amoratar la piel de Adrián. «Donde vivimos hace mucho frío, la poca ropa que tiendo ni seca, hay mucha humedad, por eso mi bebé está peor cada día. No tengo con que abrigarlo, además, su corazón late demasiado rápido. Yo sufrí del corazón de pequeña y tengo miedo» ─dice Sheyla angustiada.

Sin bono ni ayuda de su municipalidad

«Desde que despierto pienso qué comerán mis hijos, a veces sólo tengo para arroz con huevo, otras sólo pan y anís y otras, para nada. Me mandaron hierro para mi hijo, pero no puedo comprarle. Mi padre antes me ayudaba, pero con el estado de emergencia se quedó sin trabajo. Yo no he recibido ningún bono del gobierno, nada y no entiendo por qué. Estoy desesperada».

Según la Contraloría General del perú, 214.758 hogares en pobreza o pobreza extrema ─por error─ no han recibido ninguno de los dos bonos de 380 soles para paliar la falta de ingresos por el confinamiento debido al COVID-19. La familia de Sheyla es una de estas familias. La Contraloría dio a conocer esta cifra a principios de julio, un mes ha pasado y para Sheyla todo sigue igual.

Caramelos y gelatinas

Antes de la pandemia Sheyla se dedicaba a vender gelatinas y caramelos en las calles, salía con sus hijos porque no los podía dejar solos en su casa, pero cuando comenzó todo dejó de salir porque un día la policía la paró. «No sé qué hacer, no puedo trabajar y ellos lloran de hambre, y yo me desespero. He escrito al MIDIS para reclamar el bono pero no me contestan».

Según afirma Sheyla su municipio tampoco la ha ayudado. «Yo vivo en San Martín de Porres, de la municipalidad vinieron a empadronar casa por casa, pero nunca nos trajeron nada, cuando hicieron la entrega, a mi vecino le dieron y a mí nada, a pesar de que soy madre soltera, que mi padre está sin trabajo y que tengo dos niños pequeños y uno de ellos muy enfermo».

Sheyla también necesita pañales y ropa de abrigo para ella y sus niños pues dice que no tienen casi nada. «Mi hija es talla 6 de ropa y 27 de zapatos, mi hijo talla 4 y 22 en zapatos. El frío es intenso, corre viento helado en las noches, me duelen hasta los huesos. Mi casa es de adobe y el piso de tierra, mis hijos se ensucian mucho y no los puedo bañar, no tengo dinero para gas y no puedo gastarlo calentando agua, sino, no cocino».

Sheyla necesita toda la ayuda que se le pueda brindar, lo que no necesita es que la llamen para recibir proposiciones indecentes. «La primera vez que pedí ayuda como di mi número de teléfono me llamaron hombres de la edad de mi padre diciéndome que tenían dinero, que me podían dar de todo, criar a mis hijos. Yo Lloraba, porque realmente necesitaba la ayuda, nunca accedí y opte por bloquear mi número».

Se agradece toda ayuda que puedan hacerle llegar a esta joven madre

Nombre: Sheyla Villanueva

DNI: 76204652

Cuenta BCP: 19294133785029

Código Interbancario: 002-19219413378502935

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«Si no pago el alquiler del cuarto me botan el lunes y no tengo donde ir»

En el Perú pandémico, a pesar que el presidente ha prohibido los desalojos por el estado de emergencia, los que han perdido toda fuente de ingresos se encuentran en esta situación. Esta historia es mucho más dramática cuando se trata de inmigrantes, pues no tienen una red familiar que los acoja, y se agrava cuando se trata de mujeres cabeza de familia

Dayana necesita de nosotros. Ella es una inmigrante venezolana en Perú que, como muchos, debido a la pandemia quedó sin empleo. Ella también es una enfermera especializada en niños autistas que trabajaba en una casa limpiando y cuidando a dos niños. En cuanto se decretó el estado de emergencia sus empleadores la echaron.

Para sobrevivir durante estos meses ella ha tenido que salir a pedir, tocando puerta a puerta. En el camino fue conociendo otras mujeres venezolanas con sus mismas carencias y logró organizarlas para pedir juntas y repartirse lo que obtenían a fin de no morir de hambre.

Dayana es hija de una peruana que emigró a Venezuela hace 30 años y que ha tenido que hacer el camino de vuelta debido a la crisis que vive ese país en estos momentos. Por eso, con lo que consigue en las calles, ella también ha ayudado a varias vecinas peruanas de Villa Maria del Triunfo, distrito donde vive.

S.O.S

Ahora es Dayana la que necesita ayuda urgente, con lo que conseguía ella sólo ha podido comprar alimentos, las medicinas del corazón de su madre y las que ella misma debe tomar por su diabetes, pero no ha podido pagar el alquiler del cuarto donde vive con su madre y su sobrina que acaba de tener un hijo.

Dayana debe 2 meses y medio (650 soles) y la dueña de la casa le ha dicho que si el lunes no paga tendrían que irse, pero según manifestó la Defensoría del Pueblo a teleoLeo.com, «por la situación de emergencia debería hablar con el arrendador y fraccionar la deuda o firmar un compromiso de pago».

Los arrendadores no siempre pueden asumir la falta de pago de quienes han quedado sin ingresos por la pandemia, es el Estado el que debe hacerse cargo de esto, subvencionando a los más vulnerables, ampliando los bonos del MIDIS u otorgándoles una pensión hasta que encuentren un empleo, o demuestren ingresos.

La Defensoría también señala que sacar a alguien de una vivienda, aunque sea por falta de pago hay requisitos que cumplir: «La ejecución de desalojos sólo pueden realizarse mediante orden judicial o notarial. Las prácticas arbitrarias o abusivas pueden ser sancionadas».

Cortes de servicios por impago

Mientras Dayana no puede pagar, su arrendador le corta la luz de manera intermitente. Durante la pandemia, teleoLeo.com ha publicado el testimonio de mujeres en pobreza extrema y todas dicen que sus arrendadores les cortan luz y agua cuando no les pueden pagar.

Al respecto, la Defensoría afirma: «El corte de servicios de energía eléctrica y agua no son medios válidos para desalojar a una persona de un inmueble, y por el contrario constituye un acto vulneratorio de su dignidad. De suceder este hecho, puede presentarse una denuncia en la Comisaría».

Arrendador con familiar policía

Pero aquí se presenta el problema: «Yo fui a la comisaría» ─dice Dayana─ «pero como el dueño de las habitaciones tiene familiares policías, pues ellos sacan a la gente sin problemas y a mí me sacarán si no pago o les doy algo. A mi hermana con sus dos hijos también la quieren desalojar, no sé qué vamos a hacer ».

Arroz con huevo

Dayana busca trabajo, pero no lo encuentra. Estos días ha salido con su termo bajo el brazo a vender café y bizcochos. «Lo más que hice un día con mi sobrina fueron 8 soles y con eso sólo pudimos comprar algo de arroz, huevos y alguna cosita más para comer; mi sobrina tiene un recién nacido y debe alimentarse».

«Una de las niñas, que vive en un cuarto de la casa donde vive Dayana, tiene 11 años, está super delgada y no quiere desayunar, sólo come dos veces a día para ahorrar, dice» ─explica a teleoLeo.com una migrante chilena, amiga de Dayana, quien durante todo este tiempo la ha apoyado para conseguir ayuda.

Este viernes mientras escribía otra nota, hable con Dayana sobre su situación; en la conversación salió el tema de una joven madre peruana desesperada por comida y atención médica para sus hijos, uno de ellos un bebé cianótico y con una afección al corazón, cuya condición se ve agravada con el invierno limeño.

La respuesta inmediata de Dayana fue: «Dame su dirección, veré como consigo dinero para el pasaje y le llevo algo de comida y ropita, tengo una frazada que es mía, pero se la daré porque ese niño necesita ropa de abrigo».

Estas son las condiciones en las que viven Dayana y su familia

Pedido

La situación de Dayana es insostenible en estos momentos, ella necesita trabajo y dinero para poder pagar el cuarto donde vive con su madre enferma. Necesita lo que podamos brindarle. Dejo por aquí la cuenta bancaria de su madre para los que puedan solidarizarse con ella.

  • Titular de la cuenta: Juana Velázquez (madre de Dayana)
  • Número de cuenta BCP: 194 92515560058

Ojalá, así como Dayana, a pesar de sus carencias comparte lo poco que consigue caminando todos los días las calles de Lima, quienes lean esta nota se compadezcan de ella y la ayuden con la misma voluntad y presteza que ella ha ayudado y ayuda a otras mujeres, venezolanas y peruanas, que sufren el mismo estado de vulnerabilidad que ella.

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DISCRIMINACIÓN, HAMBRE Y FRÍO: TESTIMONIOS DE MUJERES VENEZOLANAS EN EL PERÚ DE LA PANDEMIA

Hospital de EsSalud Moquegua hace que pacientes con COVID vayan a recoger sus medicinas

Utilizar mascarilla, lavarse constantemente las manos y no salir de casa, en caso de estar contagiada o contagiado, son las recomendaciones para prevenir la propagación del mortal virus. En Perú, a pesar que el presidente repite esto constantemente, por lo menos, un hospital de la red de la seguridad social no estaría cumpliendo estas directrices

«Este lunes fuimos al hospital de EsSalud de Moquegua a recoger mis medicinas porque estoy con COVID-19. Fui con mi esposa para que le hagan la prueba porque cuando vinieron de EsSalud a hacerme la segunda prueba a casa, a pesar, de que ella tenía síntomas y de que es diabética, hipertensa y sufre de la hipertiroidismo, no quisieron hacérsela, nos dijeron que habían venido por mí y que a ella le harían la prueba otro día».

Hace 15 días, él, José Luis Pino, comenzó a sentir dolor en todo el cuerpo, fiebre y dificultad para respirar, le hicieron la prueba para el COVID-19: salió negativo, días después perdió el olfato y del gusto. El miércoles 15 de julio, le hicieron la segunda prueba en casa, positivo fue el resultado, pero a su esposa, Maria Elena Corrales, la mujer que come, duerme y vive con él no le quisieron hacer la prueba porque la orden era hacérsela a él y no a ella.

José Luis y Maria Elena viven en la región Moquegua, en Perú, el paraíso del aguacate, pero, al parecer, no de la atención médica; en general, ningún lugar del Perú lo fue, ni lo es ahora, pues si no puedes pagar por atención médica adecuada, lo más probable es que no la tengas. El COVID-19 ha hecho que años de corrupción revienten en la cara al actual gobierno evidenciando, aún más, las carencias asistenciales, incluso, de quienes, con descuentos salariales, han pagado el seguro médico estatal.

El personal de EsSalud que fue a casa de esta pareja les dijo que entre viernes o sábado del fin de semana pasado, les llevarían los medicamentos para tratar a José Luis, sin embargo, no lo hicieron. Él se comunicó con el hospital para saber qué pasaba y, según explicó a teleoLeo.com, aún sabiendo que es un paciente positivo, le dijeron que debía ir al hospital a recogerlos, porque nadie se lo podía llevar.

«El lunes fui al hospital con mi esposa, ella no podía ir sola porque también está mal, además, sus enfermedades previas la hacen paciente de riesgo y teniendo síntomas, no puede estar sin tratamiento, así que fui con ella para que le hicieran la prueba. Tanto hemos pagado toda la vida a EsSalud, para que ahora nos traten con esta dejadez. Dicen que los contagiados deben quedarse en casa y a mí me hacen ir al hospital».

Este lunes 20 de julio, José Luis y su esposa fueron al hospital hicieron cola para que los atiendan desde las 10 de la mañana hasta las 7.30 de la noche. «Había 2 consultorios y en cada uno había como 100 personas, nos han tenido allí todo el día, sin distancia social, esperando a que nos den medicinas y nos vean. Ahora hay demasiados pacientes, además, mientras esperábamos los llamaban para atender a personas ingresadas. Mientras estuvimos allí murieron 4 pacientes».

José Luis logró que a su esposa le hicieron la prueba y que le diesen los medicamentos para tratarse. «Yo le dije a la doctora que sí que le debían hacer la prueba, pero le pedí que de una vez la medicasen porque ella ya ha perdido el olfato y el sentido del gusto, menos mal, que fue amable y nos dio todo. Sin embargo, nos dijeron que nos llamarían para monitorearnos y no lo han hecho, recién el jueves vinieron a vernos a casa, no entendemos con no hacen lo que dicen».

Según José Luis, él y su esposa ya están mejor, sin embargo, a María Elena aún no se le va el dolor del pecho y las dificultades para respirar. «Aquí en Moquegua hay demasiada gente contagiada, pero EsSalud debería cumplir con el protocolo de atención que tanto publicitan, sólo queremos que nos llamen, que vean cómo estamos tal y como se comprometieron, pero no, repito, tantos años pagando seguro y ahora ante esta emergencia nos sentimos desprotegidos».

Además de estar enfermos, María Elena y José Luis atraviesan otro problema, que es el de muchas y muchos peruanos, la pérdida del empleo debido al estado de emergencia decretado en el país y que significó el paro de actividades durante casi 4 meses. Sin ingresos, han tenido que acabar de echar mano del dinero de la AFP de José Luis, retirado el año pasado: «14 mil soles que ya se acabaron, mi esposa recibió el bono de 700 soles por ser trabajadora independiente, pero ya no tenemos nada».

Hasta este 24 de julio Perú contaba con 371.096 casos y 17.654 muertos, muchos están muriendo en las calles y sin atención y estas muertes no son sólo responsabilidad del COVID-19. La codicia de quienes hacen su ‘agosto’ maś perverso con el incremento estratosférico del precio de medicamentos y del oxígeno también han colaborado. Pero, sobre todo, los muertos del Perú también se deben a años de corrupción y a la falta de planificación de un país “peruanofriendly” por parte de los diferentes gobiernos.

Esperemos que este maldito virus cambie las cosas, que la solidaridad y la honestidad sean ley. Esperemos que gente como Maria Elena y José Luis, contagiados y focos de infección, no tengan que volver a salir a la calle para recibir la atención y los medicamentos que merecen. Esperemos que los propios protocolos dictados por el gobierno se cumplan, porque quedan lindos en vídeo y sobre el papel, pero si no se cumplen no existen. Son papel mojado y gasto innecesario.

A la xenofobia peruana contra los venezolanos, una venezolana responde con solidaridad [vídeo]

El confinamiento por la pandemia ha agudizado la pobreza extrema en Perú. Entre los colectivos más afectados: los más de 800 mil venezolanos que llegaron allí en busca de refugio. Una de ellos es Dayana, quien siendo víctima de la discriminación institucional, social y hasta los medios de comunicación y, a pesar de sus carencias, no ha dudado en ayudar a familias peruanas que sufren igual miseria

«Se te viene una avalancha en el país, se abren ya los aeropuertos, los cielos, se abren peruanos y luego se abren los cielos internacionales […] ¿qué vas a hacer con la delincuencia de todos los venezolanos?, no todos, no te olvides que soy un defensor de los venezolanos, he estado en la cárcel de Venezuela porque Maduro me metió preso por defender a los venezolanos. ¿Qué se va a hacer con los venezolanos que ya salieron de frente a matar? ¿Qué vas a hacer tú con esto?»

Hace un par de semanas Andrés Hurtado, entrevistaba a la jefa de la Oficina de Migraciones de Perú y en la cita Hurtado se hacía eco de la xenofobia contra los venezolanos que han recalado en Perú huyendo de la crisis económica y de gestión de su país: «¿Qué vas hacer con la delincuencia de todos los venezolanos?» ─decía y en el acto rectificaba, afirmando que él fue detenido en la Venezuela de Maduro por defenderlos.

Y sí, a mediados de diciembre de 2017 el presentador de televisión fue detenido en el aeropuerto venezolano de Maiquetía cuando intentaba salir con 252 niños rumbo a Perú, eran los hijos que muchos venezolanos dejaron al cuidado de familiares mientras ellos se abrían paso en un nuevo país. Lo que me preguntó es qué pasó desde ese episodio para 3 años después decir: «¿Qué se va a hacer con los venezolanos que ya salieron de frente a matar?»

Generalizar siempre es mala práctica

Dayana es una venezolana que contradice las afirmaciones de Hurtado. Durante la pandemia ella ha ayudado a 34 mujeres y sus familias, 16 de las cuales, peruanas; todas vecinas de Villa María del Triunfo, lugar donde muchas y muchos viven al día, lugar donde hay gente que se debate entre morir de hambre o morir de COVID. Y esto ocurre al lado de La Molina, distrito con una de las rentas per cápita más altas de la ciudad, distrito donde con un gran muro apartan la pobreza de su campo visual.

Cuando Dayana llegó a Perú trabajó en lo que pudo y también como empleada doméstica, la pandemia la encontró en una casa cuidando niños y limpiando, pero fue despedida. Sin ingresos y sin papeles ─los estaba tramitando, pero eso ha quedado detenido por la pandemia y por la falta de dinero─ ella salió a las calles a pedir ayuda. Y en cada salida fue conociendo otras mujeres venezolanas que estaban en su misma situación y fue compartiendo con ellas lo poco o mucho que conseguía.

Comenzaron a pedir juntas, cocinaron y cocinan juntas para poder alimentarse y alimentar a sus hijos, todos menores de edad, consiguieron techo para una de ellas, pues dormía en la calle con sus dos niños y su pareja. En las calles Dayana también vio a sus vecinas peruanas pasando las mismas necesidades y también comenzó a compartir con ellas. «Mi madre es peruana, yo soy mitad peruana, aunque amo la tierra en la que nací, tenía que ayudarlas también porque también son mi gente».

TeleoLeo.com publicó los testimonios de Dayana y sus compañeras, a finales de junio y, según afirman, recibieron donaciones que les permitió no sólo tener lo que necesitaban para ellas sino, además, llevar corralitos, coches de bebe, alimentos y medicinas a las mujeres peruanas que ayudan.

«Me gustaría ayudar con más, pero también me cansó, ya no quiero seguir saliendo cada día a la calle a tocar puertas para poder comer, estoy contenta porque he podido ayudar a otras, pero también estoy cansada y me gustaría volver a trabajar, me gustaría que todas volviésemos a trabajar. Además, porque necesito pagar el alquiler del cuarto donde vivo con mi madre, enferma del corazón. Tengo miedo de que nos quedemos en la calle y que ella empeore» ─dice Dayana.

Cerrando el círculo migratorio

Dayana llegó a Perú en 2018, hija de peruana, ha hecho la migración inversa a la que hizo su madre hace 40 años y a la que hicieron muchos peruanos cuando Venezuela era el paraíso del petróleo y de las miss universo. «Llegamos por tierra, mi madre, mis hermanos, mi cuñada, mi sobrina y yo, en mi país había perdido mi trabajo y ya no conseguía los medicamentos de mi madre, tampoco conseguía medicamentos para mi, así que teniendo raíces en Perú, el destino no podía ser otro».

Dayana sufre de diabetes y, como todos sabemos, la insulina se ha convertido en artículo de lujo en la actual Venezuela, también sufre de tiroides. Su madre sufre del corazón y sus medicinas también comenzaron a escasear, ella lleva 3 infartos a cuestas, además, de una operación al estómago.

Dayana tiene 36 años, de profesión enfermera, perdió su puesto en el hospital donde trabajaba por culpa del ‘Firmazo’, recolección de firmas, realizada en 2016, para hacer un referéndum revocatorio del presidente Nicolás Maduro. «Dejaron en la calle a los que firmamos, luego hice un curso para atender niños con capacidades especiales, he trabajado con niños autistas; también sé de peluquería y decoración para eventos infantiles. Fui trabajando en lo que pude, hasta que pude y ahora sólo pido poder volver a trabajar».

Buscando refugio encontraron xenofobia

Según un comunicado de Acnur y de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), de finales de 2019, alrededor de 4,6 millones de venezolanos habían abandonado su país de ellos, casi el 80% se encuentra en América Latina y el Caribe, sin perspectivas de retorno a corto o mediano plazo. A finales de 2020 esta cifra podría alcanzar los 6,5 millones de personas. De ellos, 1,5 millones se encuentran en Colombia, 860.000 en Perú, 371.000 en Chile y 330.000 en Ecuador. 

La presencia de esta gran cantidad de venezolanos en Perú ha sido motivo de conflicto y de xenofobia. La falta de políticas y de servicios públicos para la población nativa ha exacerbado hasta el infinito la situación, pues muchos peruanos pobres creen que los venezolanos son causa de su desempleo y del aumento de la delincuencia, lo cual, además, no es cierto. En Perú, antes de la migración masiva de venezolanos, se secuestraba y mataba por encargo, y se robaba y se roba en las calles a mansalva.

Los venezolanos son sólo el 3.1%

Según un informe del Instituto Nacional Penitenciario del 2018, los venezolanos, no son los extranjeros con mayor población en prisión, pues ellos sólo representaban el 3,1%, mientras que los colombianos eran el 29,4% y los mexicanos el 15,3%; y contra ellos la xenofobia no es manifiesta, ni en las calles, ni en los medios de comunicación. Por otro lado, los peruanos parecen no recordar cuando migraban en masa huyendo del terrorismo y de la situación económica.

Así que antes de decir: «¿Qué vas hacer con la delincuencia de todos los venezolanos?» […] «¿Qué se va a hacer con los venezolanos que ya salieron de frente a matar?», antes siquiera de atribuirle a un grupo la inseguridad del país, pensemos que durante décadas hemos sido los peruanos lo que hemos emigrado en busca de una vida mejor, pensemos en la famosa “Banda de los Peruanos” en Europa y en como afectaba a los migrantes decentes de nuestro país, el ser señalados como delincuentes.

Por otro lado, la xenofobia contra los venezolanos se ceba en contra de sus mujeres. Muchas son madres solteras o abandonadas por sus parejas y, en un país extraño y hostil, sin redes familiares, ni sociales, ellas son candidatas a ser victimizadas doblemente por una sociedad machista para la cual sus propias mujeres son meros objetos de deseo y satisfacción. Si a eso le añadimos la idealización de la mujer venezolana, debido a los concursos de belleza ganados otrora, tenemos el cocktail perfecto.

Pedido

La situación de Dayana es insostenible en estos momentos, ella necesita trabajo y dinero para poder pagar el cuarto donde vive con su madre enferma. Necesita lo que podamos brindarle. Dejo por aquí la cuenta bancaria de su madre para los que puedan solidarizarse con esta mujer venezolana, que también ha ayudado a mujeres de nuestro país en momentos en los que el gobierno se ha mostrado incapaz de repartir la ayuda que necesitan todos los ciudadanos y todas las personas que se encuentran en el país.

  • Titular de la cuenta: Juana Velázquez (madre de Dayana)
  • Número de cuenta BCP: 194 92515560058

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“La justicia no se mendiga, se exige en las calles”, dijo ella y el presidente cambió de gabinete

Harta estoy de que la educación en Perú no sea un derecho real. Por los temas de los que se ocupa teleoLeo.com me toca conocer a mujeres de todos los estratos, normalmente todas tienen historias de vida terribles, sin embargo, es mucho más difícil ayudar a las más humildes porque, aunque naturalmente, muchas son muy inteligentes, la falta de una educación horizontal no les proporciona las herramientas para expresarse, tampoco les permite tener el conocimiento necesario, ni el acceso a tecnología básica para utilizarla en su beneficio.


Una de ellas hace muy poco me dijo: “La justicia no se mendiga, se exige en las calles”. Esta frase, dicha por una madre que busca justicia por el feminicidio de su hija, me pareció tan combativa como conmovedora, porque ella con sus pocos recursos me demostraba con esa afirmación la vasta inteligencia y el potencial de liderazgo que posee, sin embargo, todo eso se ve reprimido y opacado por las cadenas clasistas de un país donde si no tienes dinero, no recibes educación o la que recibes es absolutamente deficiente. ¿Cuántas mujeres nos estamos perdiendo?

En estos momentos y debido a las críticas recibidas por el manejo de la crisis del COVID-19, el presidente Martín Vizcarra ha juramentado un nuevo gabinete de ministros, sin embargo: ¿será que esta vez acierta? o será que esta acción es sólo un lavado de cara para que la la ciudadanía se ilusione con el cambio, cuando lo que tienen que cambiar no son sólo las caras si no las políticas de Estado. Será que este es sólo un cambio estético para olvidar que el Perú es el quinto país con las peores cifras de la pandemia.

El día que el Perú abandone el neoliberalismo, que los medios de comunicación no estén en manos de unos cuantos, el día en que todos puedan acceder a educación y salud de calidad, el día en el que el transporte sea público y no se tercerizen servicios básicos como el de la limpieza de la ciudad, el día en que los operadores policiales y de justicia actúen con enfoque de género; ese día estaremos hablando de un cambio, antes, siguiendo la recomendación del presidente, sólo nos estamos lavando bien las manos.

Discriminación, hambre y frío: Testimonios de mujeres venezolanas en el Perú de la pandemia

Sufrir la muerte de miles de personas podría haber sido un punto de inflexión en esta loca carrera por abrazar al neoliberalismo, aunque en el camino queden muchos, pero no. Perú sigue siendo un país en el que la pobreza humana se perpetúa permitiendo la miseria de sus ciudadanos más pobres y de las y los más de 800 mil venezolanos que se refugiaron allí. Esta es la historia de 9 mujeres venezolanas y de 15 niños que deben pedir en las calles de Lima para poder comer y tener un techo sobre sus cabezas

«Sólo comemos una vez al día, estoy sola con mis hijos de dos y 1 año de edad, el más pequeño nació con síndrome de down, tiene problemas cardíacos, nació con neumonía y a los 3 días de nacido fue operado de páncreas y duodeno; debe tomar medicamentos, cada 8 días se le acaban y no tengo dinero para comprarle. El padre se fue a trabajar al interior y desde hace 3 meses no envía dinero, nuestra relación acabó y lo único que hace ahora es llamar, nada más».

Desde el inicio del estado de emergencia en Perú, esta mujer de 23 años de edad cuida sola a sus hijos. El padre de sus hijos se fue a trabajar hace varios meses a Chimbote, iba y volvía a Lima regularmente, pero antes del estado de emergencia la relación se acabó y él se ha desatendido de la manutención de sus hijos. Ella dice que salía a vender agua, café y bizcochos, para mantenerse, pero en cuanto llegó la pandemia tuvo que dejar hacerlo porque la policía casi la multa.

«Cada día dejo un poco de comida del almuerzo para poder darle a mi hijo más pequeño algo para la noche ─tiene casi un año pero parece de 6 meses─. Para ir a dormir les doy a los dos un vaso de leche, a veces, cuando no tengo ni para leche, les doy agua con maizena. Luego nos vamos a dormir. Dormimos en el piso con un colchoncito, el más pequeño siempre se me tapa, debido a la neumonía con la que nació».

A la lamentable situación económica de esta mujer, debemos agregar que es extranjera, así que no tiene una red familiar que la sostenga. Ella es venezolana y eso agrega gravedad a su situación, debido a la gran cantidad de venezolanos llegados ─a Perú a raíz del éxodo masivo de su país─ lo peruanos no los tienen en mucha estima, porque como siempre, cuando una oleada migratoria arriba a un lugar, se le echa la culpa de todos los males y carencias, incluso de los endémicos.

«Llegué a Perú en 2018, venía con mi pareja, mi hijo de 1 año en brazos y otro que traía en la panza y no lo sabía. Mi bebé nació con síndrome de down, lo operaron a los dos meses del corazón. Cuando rompí con el padre de mis hijos justo llegó la pandemia y él dejó de enviarnos dinero porque también se quedó sin trabajo y me dijo que ya le era imposible hacerlo». Ahora ella carga sola con el peso de sacar adelante su familia en un momento de gran incertidumbre.

«Cuando mi pareja se fue yo trabajaba de noche, una amiga me ayudaba con mis hijos, así cuando ella volvía, yo me iba a vender café, vendía tres o 4 termos al día y con eso pagaba alquiler y comida, luego me mudé y tengo una vecina que me ha ayudado con leche para los niños y nos ayuda con lo que puede. A comienzo de la pandemia, Aldeas infantiles nos trajó alimentos, pero ahorita no tenemos nada» ─dice afligida a teleoLeo.com

Y para mayor drama, su hijo de dos año sufrió un accidente doméstico que no ha podido tratar como corresponde porque no ha tenido dinero para toda la medicación. «Mi hijito de 2 años se quemó el brazo y la pierna, fue horrible y los únicos que me ayudaron fueron mis compatriotas venezolanos, los peruanos no. El médico le recetó antibióticos y una crema y sólo pude comprar la crema».

Lo único que ella quiere es que el COVID-19 desaparezca. «Que se acabe la pandemia ya. Mis hijos me gritan desesperados que tienen hambre y yo sin poder salir a vender nada, están desnutridos porque sólo les puedo dar una comida al día, no puedo ni pagar el alquiler. Además la dueña nos corta el agua y la luz, sólo las pone una hora al día y eso hizo un mes nos llenamos de sarna porque no podemos ni lavarnos».

Las mujeres se organizan

Pero ella no es la única madre soltera venezolana pasando penurias en Perú. TeleoLeo.com ha contactado con un grupo de mujeres que piden comida en las calles, piden ropa, piden todo lo que les puedan dar para poder repartirse o hacer olla y así alimentarse y alimentar a sus hijos, todos pequeños. Tener un lugar donde dormir, una comida caliente, medicinas y ropa de abrigo; en una Lima que va entrando al invierno, son las prioridades.

Dayana, Génesis, Stefany, kleydis, son algunos de los nombres de estas 9 mujeres que juntas tienen 15 menores a su cargo. Dayana vive hace dos años en Perú y es quien comenzó con la recolección y repartición de víveres, ropa y hasta medicinas, ella trabajaba en una casa cuidando niños y limpiando, las otras también trabajaban y se iban manteniendo en un país que ahora pide más requisitos que Europa para regularizar la situación de los inmigrantes.

Kleydis es una de esas mujeres, ella tiene 3 niños y además está embarazada

«En respuesta a la inadecuada protección prestada por Perú a los derechos humanos de las personas refugiadas procedentes de Venezuela, y dada la urgencia que impone la pandemia de COVID-19, que ha afectado a Perú de forma especialmente fuerte, las autoridades peruanas deben regularizar la situación migratoria de la totalidad de mujeres, hombres, niñas y niños de Venezuela que se encuentran en el país».

Amnistía Internacional, junio 2020

Sin trabajo y sin ayudas

Al inicio de la pandemia Dayana fue despedida del trabajo y viéndose sin recursos, conoció un día a un señor, el padre de Kleymar, que le recomendó salir a la calle a pedir, que algo le darían. «Yo me inicié en esto por ese señor y así también fui conociendo a más mujeres venezolanas, como yo, que se habían quedado sin trabajo y sin dinero para mantenerse y comencé a pedir, ya no sólo, para mí y mi familia, si no también para ellas y sus hijos».

El padre de Kleimar murió por el COVID-19 el 12 de junio en el hospital María Auxiliadora y aunque le dieron el SIS el hospital no lo crema. «Nosotras no podemos hacernos cargo del cuerpo porque no tenemos dinero, estamos esperando que el hospital lo creme, como corresponde, pero nada, han incinerado a otros pacientes que han fallecido después, pero a él no». Este es el espeluznante nivel de miseria y desatención que viven estas y otras mujeres y madres migrantes en Perú.

Madres

«Stefany tiene 2 niños; Kleydis, 3, todos pequeños y está embarazada; . Ellas también salen a pedir a la calle con sus hijos. Stefany se pone debajo el puente de Atocongo, así llueva ella está allí con ellos porque si no, no comen. Tengo a mi hermana, ella era ayudante de cocina en un restaurante, también se ha quedado sin trabajo, y sale a pedir con sus dos hijos» ─dice Dayana. Y no les queda otra salida, porque a pesar de su fragilidad económica y social, al no ser peruanas no reciben ninguna ayuda estatal.

Así que cada día, Dayana y las compatriotas con las que se ha organizado, salen a buscarse el sustento como pueden. «La calle es muy dura. Venecos, vayan a trabajar, vayanse a su país, nos gritan, y nosotros no estamos aquí por gusto, estamos porque hemos tenido que huír de nuestro país por la situación política y económica». De eso los peruanos saben mucho, pero parecen haber olvidado que en los años 80 miles migraron por los mismos motivos y Venezuela fue uno de los destinos elegidos por aquellos que no podían acceder a USA o Europa.

Francia tiene 2 niñas, una en Venezuela y otra de 1 mes en Perú, adonde llegó caminando en busca de un futuro mejor, pero la pandemia le torció la suerte

La salud no es para pobres

En el Perú de las diferencias, no todos los peruanos tienen atención sanitaria garantizada, incluso durante la pandemia, menos las migrantes sin recursos; como es el caso de Dayana y su grupo. Y el sistema de salud está tan colapsado que ni siquiera tienen preferencia las parturientas. En algunos casos, además del sistema, los profesionales de la salud también son un problema. «A mi sobrina Génesis le dieron el SIS, pero la doctora que le tocó la atendía mientras jugaba al Candy Crush. Ah tu eres venezolana ─la decía, ah llena esa hoja; mi sobrina le preguntaba sobre su estado y las ecografías y ella le contestaba mal».

Para la última ecografía que Génesis debía hacerse tenía que pagar 80 soles, si no pagaba no se la hacían, así que ella y las demás mujeres del grupo juntaron el dinero pidiendo en una calle sí y en la otra también, la ecografía fue hecha, pero las adversidades continuaron. Cuando llegó el día del parto, ella dio a luz en casa, pues cuando las contracciones se manifestaron acudió al hospital, pero no la ingresaron por estar poco dilatada y la mandaron a casa, sabiendo que podría ponerse de parto a partir del toque de queda y que sería muy complicado, trasladarla.

«El día que mi sobrina se puso de parto fue al hospital, la mandaron a la posta y de la posta la mandaron a casa y allí parió por la noche. La ayudamos, pero no sabíamos ni cómo cortarle el cordón. Mientras ella paría, mi mamá y las vecinas fueron a la policía, a los bomberos, para poder llevarla al hospital, y nos decían que no tenían unidades para llevarla, al final fuimos en moto taxi y al bebé le tuvieron que poner antibióticos porque como le tuvimos que cortar el cordón, se infectó» ─explica Dayana.

Otra mujer venezolana no fue atendida a tiempo en el parto y ahora su bebé tiene granitos en la cara por posible aspiración de meconio ─primeras heces de los bebés─. «No la querían atender porque no tenía contracciones, aunque estaba en la semana 42 y, además, porque era venezolana. Fuimos con una amiga peruana que se pusó fuerte y dijo que era su sobrina. Sólo por eso le hicieron la cesárea, ahora tiene dolores y no le dan nada, además, está muy preocupada porque su bebé tiene erupciones en la cara, unos amigos médicos de mi país me han dicho puede ser por sus propias heces» ─explica Dayana.

Sin techo

También está la historia de Jessica, ella es la única del grupo que tiene pareja y estuvieron durmiendo 15 días en la calle, algunos de los cuales con sus dos hijos pequeños. «A ellos los echaron de su cuarto porque no podían pagar el alquiler, yo los conocí pidiendo» ─dice Dayana─ «así que les buscamos ayuda, me llevé a sus dos niños conmigo para que no durmieran en la calle, a ella y a su pareja no porque vivo en un cuartito pequeño con mi familia, pero ya les hemos conseguido a donde mudarse y esta semana volverán a estar los 4 juntos. Es así como nos ayudamos porque si no, no lo hace nadie».

Yusmeli es otra de estas mujeres sin techo. Madre de 7 hijos, vive con 2 Perú, antes de la pandemia se ganaba la vida con su trabajo, ahora se encuentra en la calle pues al no poder pagar el cuarto se ha quedado sin un lugar donde guarecerse ella ni sus hijos

TeleoLeo.com recogió el testimonio de este grupo de mujeres a través de Dayana

Comparten sin mirar a quien

Dayana y su grupo, no sólo se cuidan entre ellas, también intentan cuidar a más mujeres necesitadas; las donaciones que ellas consiguen las comparten con vecinas peruanas que también están pasando hambre y miseria porque durante toda la pandemia no han podido trabajar. Ojalá ellas encontrasen la misma solidaridad como país. Ojalá dejasen de ser discriminadas por ser venezolanas. Muchas llegaron al Perú caminando, con la esperanza de una vida mejor y se han topado con la xenofobia de un pueblo que ha migrado tantas veces como ha podido, por los mismos motivos que ellas.

Aquí vemos a Dayana llevando alimentos a vecinas peruanas que, como ella y sus compañeras, carecen de todo por no haber podido trabajar durante la pandemia

S.O.S

En medio de las voces que se alzan contra los venezolanos en Perú, también los que se rebelan y ayudan en lo que pueden. Paula Lizama es una de ellas, ella es amiga de Génesis y cuando ella y su familia se vieron sin trabajo por la pandemia, Paula pidió entre conocidos, amigos y en las redes, toda la ayuda que le pudieran brindar para llevárselas y en ese trabajo continúa, dando su tiempo y colaborando con la organización de las donaciones que recibe y que espera seguir recibiendo porque la calle seguirá muy dura para estas mujeres. Para muchas peruanas también.

Se acepta la voluntad

Quien pueda ayudar a Dayana y su grupo de mujeres y niños pueden realizar donaciones en la cuenta Yape a nombre de Paula Lizama: +51977735881

También pueden llamar a ese mismo número para donar ropa de abrigo, mantas, alimentos, leche para bebés y medicamentos. Toda ayuda será bien recibida y mejor utilizada.

Según Fernanda Doz Costa, directora adjunta para las Américas de Amnistía Internacional (AI): «Perú no ha querido o no ha podido proteger adecuadamente los derechos y la dignidad de las personas de Venezuela que huyen de las violaciones de derechos humanos masivas cometidas en su país de origen». Y esto es muy preocupante pues, según datos oficiales, Perú es el país que a nivel mundial concentra el mayor número de solicitantes de asilo de nacionalidad venezolana: más de 482.000 y acoge a 830.000 personas venezolanas en total.

#SINJUSTICIAENCHONTALÍ. Las mujeres peruanas se autoconvocan para protestar delante del Ministerio Público

Contra la falta de justicia y la revictimización de las mujeres que sufren violencia de género, y que la han padecido y la padecen 24 horas al día por el estado de emergencia debido al COVID-19, las peruanas con las mascarillas bien puestas vuelven a las calles este sábado

Hartas de que nos maten, nos violen, nos toquen y hartas de que todo ocurra en la mayor impunidad, las mujeres peruanas vuelven a las calles. Este sábado 20 de junio a las 11 de la mañana, desde la indignación y la rabia, las mujeres se ha autoconvocado para protestar delante del Ministerio público. El caso del violador de Jaén, José Felizardo Zoriano Arias, con 8 violaciones en su haber y los intentos de violación y feminicidio de su hija de 13 años de edad ─publicados por Wayka─ han sido la gota que ha colmado la paciencia.

Y no sólo ha colmado la paciencia por la cantidad de mujeres violentadas, también por la brutalidad de los actos en contra de su hija, a la cual ató los brazos al techo con cinta de embalaje para violarla. La indignación, además, se ha visto acrecentada porque el Poder Judicial obviando que este depredador sexual fue detenido en flagrancia por los tíos de la niña, pues lo capturaron cuando intentaba huir, ni siquiera ordenó que sea puesto en prisión preventiva y le ‘impone’ libertad con comparecencia restringida, cuando lo que correspondía era el inicio del juicio.

FLAGRANCIA

En este caso, el juicio debía haberse iniciado inmediatamente y Zoriano no tenía que haber sido puesto en libertad luego de su detención

La segunda detención de Zoriano, cuando intentó quemar a su hija también ha sido en flagrancia.

Víctima en peligro por malos jueces

Luego de ser liberado, por los jueces superiores de la Sala Mixta Desentralizada y de Apelaciones de Jaén, Leonardo Cipriano Purihuamán, Emiliano Sánchez Bances y Harold Ortiz Carrasco; Zoriano intentó matar a su hija quemándola viva. El depredador se encuentra en estos momentos detenido, pero podría volver a ser puesto en libertad si la justicia no le revoca la medida de comparecencia y lo juzga de inmediato, pues también en el intento de asesinar a su hija fue detenido en flagrancia.

La justicia de Chontalí con sus deficiencias revictimiza a la menor una y otra vez. En la reconstrucción de los hechos, ocurrida este jueves 18 de junio, se la hizo participar al lado de su agresor y sin permitir la presencia de su madre.

#LaPolicíaNoMeCuida

Esta semana teleoLeo.com también publicó el testimonio de una menor que denunciaba al suboficial de la Policía Nacional del Perú, Carlos Cruz Díaz, por acoso. Este efectivo policial ya está siendo investigado por tocamientos indebidos a otra menor de 14 años de edad y lo único que han hecho con él hasta el momento, a pesar de las pruebas presentadas, es suspenderlo de funciones, nada más. Así que sí por todo esto las mujeres estamos hartas y volvemos a las calles este sábado.

El 30 de junio se supone que se acaba el estado de emergencia en Perú, casi 100 días mujeres, niñas y niños habrían estado expuestos al mayor de los peligros, el del machismo. Sus hogares han sido y seguirán siendo por unos días más su cárcel, el lugar de sus peores pesadillas de donde ni siquiera han podido escapar unas horas, para ir al trabajo o a la escuela, a respirar ratitos de tranquilidad. Para otras, la casa donde se protegían del virus ha sido su tumba.

Cifras para la indignación

Según el Centro de Monitoreo y Alerta del Ministerio Público del Perú, del 16 de marzo al 31 de mayo, 12 mujeres han sido asesinadas a manos de sus parejas o exparejas, 8 de estos crímenes fueron cometidos dentro del domicilio. También se han registrado 25 intentos de feminicidio y, además, investigan 42 posibles intentos de feminicidio.

A principios de mayo el Ministerio Público también registraba más de 3763 detenidos por agresiones dentro del grupo familiar

Además, según la Defensoría del Pueblo, sólo entre abril y mayo de este año, 500 mujeres fueron reportadas como desaparecidas, según esta institución durante el estado de emergencia, cada 3 horas una mujer ha sido reportada como desaparecida.

Justicia queremos, empatía por nuestro dolor, respeto por nuestras vidas, igualdad de trato y equidad; y sobre todo, necesitamos que los operadores de justicia y los poderes del Estado se instruyan y actúen con enfoque de género. No puede ser que una niña sea violada y el violador esté libre, no puede ser que un policía valiéndose de las denuncias que recibe de menores, aproveche y contacte con ellas para acosarlas y manosearlas.

¡El hartazgo es mayúsculo!

Trabajadores de limpieza de Hospital Regional de Huacho denuncian discriminación y abuso [videos]

Hospital Regional de Huacho investigado por negligencia médica por no ofrecer asistencia adecuada a un trabajador de limpieza contagiado de COVID-19. La muerte de Fernando Bernal ha sido, además, el caldo de cultivo para que los trabajadores salgan a protestar por las condiciones en las que trabajan: sin protección adecuada y muchos de ellos jugándose la vida por menos del sueldo mínimo

Desde las 8 de esta mañana, los trabajadores de limpieza del Hospital Regional de Huacho protestan por lo que lo ellos llama discriminación y abusos. Cada día enfrentan a la muerte, trabajando directamente con el virus porque, aunque no son personal médico, cada día tocan el COVID-19 con sus manos. De su trabajo depende mantener a raya el contagio, pero no cuentan con los equipos de protección adecuados, tampoco han sido capacitados para esta labor y hacen todo por intuición. El 10 de junio, ante la vista impertérrita del personal médico, murió un trabajador, Fernando Bernal, y con él murió el silencio.

El día de la muerte de Bernal, uno de sus compañeros se sentía mal y no quería exponerse a ir a trabajar porque desde que comenzó la pandemia el hospital se negaba a hacerles pruebas rápidas o moleculares, «nos decían que no tenían». Sin embargo, horas después de la trágica muerte, las pruebas rápidas aparecieron y se las hicieron a todos los trabajadores, como resultado, otra de las trabajadoras de limpieza dio positivo, ella ha sido enviada a hacer la cuarentena a casa y los compañeros que han estado en contacto con ella continúan trabajando.

«Ustedes tienen toda la protección, las botas, el casco […] ¿No vas a trabajar? […] Tenemos que cumplir […] Lamentablemente tú eres autónomo, tú tienes que venir a cumplir con tus labores, tú no eres estable, ni siquiera puedes decir voy a denunciarlos, tú estaś haciendo abandono de trabajo […] Necesitamos que continúe la limpieza, todo eso está contaminado, va a ir un personal a limpiar pero estamos abandonando los servicios de piso[…] Tendremos que poner que no tomar algunas acciones y tu no eres ni nombrado para decirme falto, a ti se te ha contratado para realizar un función».

Con estas palabras, Nelly Loza Samanamud, directora administrativa del Hospital Regional de Huacho, increpaba a un trabajador de limpieza, que la llamó para decirle que no se sentía bien y que no podía ir a trabajar. Él, que prefiere no dar su nombre por temor a represalias, es uno de los trabajadores autónomos, del Hospital Regional de Huacho, es decir no tiene contrato, ni seguridad social y cobra 840 soles por 150 horas al mes. Este trabajador, además, es de limpieza de planta, no ha sido contratado para el área COVID, sin embargo, asegura, que cuando toca limpiar en COVID y no hay nadie más, pues también tiene que hacerlo.

Aquí el audio completo enviado a teleoLeo.com por el propio trabajador

COVID o no COVID

El hospital contrató personal específico para la limpieza del área donde se trata a los pacientes contagiados de COVID-19 con un sueldo de 2500 soles, sin embargo, según los trabajadores de limpieza de planta, el hospital se ha convertido en hospital 100% COVID y esta distinción ya no cabría. «En todo el hospital hay pacientes contagiados y mueren en todo sitios, la situación se ha desbordado y por eso todos deberíamos cobrar lo mismo, además a todos nos manda a limpiar todo» ─aseguró a teleoLeo.com Cristian Díaz, otro trabajador de esa área.

La muerte, la semana pasada de un trabajador de limpieza, Fernando Bernal Cordero, ‘Chingolo’ para los amigos, delante del personal médico sin recibir la atención médica debida, tal y como quedó registrado en un vídeo, ha desatado la indignación de los trabajadores del hospital que luego de despedir el féretro de ‘Chingolo’, protestaron a las puertas del mismo exigiendo mejores condiciones de trabajo, un contrato laboral, seguridad social, un salario acorde con el riesgo que corren y equipos de protección adecuados.

También leer: MUERE TRABAJADOR DE LIMPIEZA DEL HOSPITAL REGIONAL DE HUACHO ANTE LA INACCIÓN DEL PERSONAL MÉDICO

A la protesta acudió el fiscal de Prevención del Delito de Huaura, José Carlos Bautista, él los acompañó a hablar con el director del hospital, Juan Carlos Nicho Virú, para ─según dijo Bautista─ «tender puentes y encontrar soluciones»; pero, nada lograron. «El director dijo que no podía hacer nada porque el gobierno no da dinero y que si todo sigue así, él renunciaría. Pero aquí alguien miente porque el gobierno y el premier dicen que ya dieron dinero para la atención del COVID en los hospitales» ─aseguró a teleoLeo.com Cristian Díaz.

Veinticuatro horas después de la protesta, el Hospital Regional de Huacho entregó nuevos equipos de protección a los trabajadores. «Una burla fue lo que nos dieron, mandil y gorro casi de papel, mascarilla delgada y guantes quirúrgicos, si algo se rompe nos las tenemos que ingeniar para acabar la jornada, porque no nos reponen nada hasta el día siguiente. Para limpiar usamos trapos con lejía y trapeadores que no se esterilizan, ni desinfectan, de manera especial, además ni siquiera nos han capacitado para hacer este trabajo».

Pero los trabajadores de limpieza no son los únicos que carecen de equipos de protección adecuados

No a la discriminación laboral

Por eso este miércoles 17 de junio, ante la visita del premier Vicente Zeballos quien acude al Hospital Regional de Huacho para inaugurar una carpa con 100 camas totalmente equipadas para pacientes COVID, los trabajadores del nosocomio están protestando para hacer llegar sus demandas y contrastar lo dicho por el director Juan Carlos Nicho Virú respecto a que no puede hacer caso a ninguna de sus demandas porque no tiene el tan ansiado dinero prometido por el Estado.

Los trabajadores de limpieza de este nosocomio demanda a saber:

  • Contrato CAS para los autónomos, así pasarían a tener seguridad social, AFP y horas extras, entre otros beneficios.
  • Equipos de protección adecuados para la limpieza en área COVID.
  • Equiparación de salarios entre todos los trabajadores de limpieza del hospital porque consideran que todas las instalaciones son ya área COVID-19.
  • Bono y seguro de vida del gobierno para los trabajadores del área de salud que ahora les es negado porque según el director del hospital, sólo corresponde a quienes tratan a los pacientes.

Entrevista completa a Cristian Díaz

«Si no nos hacen caso, nos iremos con todo, porque no puede ser que abusen de esta manera de nosotros, la discriminación por el trabajo que hacemos debe parar, también somos personas, tenemos familia y merecemos trabajar en buenas condiciones y sabiendo que el hospital nos protege, cómo es posible que haya trabajadores que permanecer como autónomos luego de 7 años o más de trabajo en el hospital, ojalá que el ministro Zeballos nos escuche» Todo esto y más manifestó Cristian Díaz en entrevista concedida a teleoLeo.com

Resulta increíble es que el Estado peruano tenga trabajadores informales bajo su mando, es decir, ¿cómo puede un gobierno tener personal desempeñándose en dependencias públicas sin un contrato formal, cobrando por recibo por honorarios cuando tienen una jornada de 150 horas al mes, sin tener un seguro social que los cubra en caso de enfermedad. Y cómo puede ocurrir esto justamente con trabajadores que están en primera línea de lucha contra el COVID-19?

Estado calamitoso del hospital Regional de Huacho: ventanas sin vidrios cubiertas por cartones, ascensores malogrados que obligan a que en el mismo ascensores transporte a todos los pacientes, incluídos los contagiados con COVID-19 y cañerías al descubierto que gotean agua dentro de los pasillos del hospital

Sala de descanso de trabajadores de limpieza. Ventanas tapadas con cartón y con un único sofá roto