Con cuatro y cinco años de edad Leito y Noelia fueron violados, 30 años después aún rumian su dolor

Leito y Noelia son hermanos, ellos, según cifras de Unicef, son parte de los 73 millones de niños y de los 150 millones de niñas, y menores de 18 años, que se han visto obligados a mantener relaciones sexuales forzosas, es decir: han sido violados

«Eres un nene inteligente y creo que podrías guardar secretos, vamos a hacer “cosas de adultos” y no se lo puedes contar a nadie —me dijo, luego me penetró analmente».

Según la Organización Mundial de la Salud, una de cada cinco mujeres y uno de cada trece varones han sufrido abusos sexuales durante la infancia.

Violado desde los 4 años de edad por su primo de 14, Leito es ahora un hombre de 36 años, un sobreviviente, que necesita explicar su historia que también es la de Noelia, su hermana menor (34). Los hechos ocurrieron en Argentina y ambos niños fueron violados durante 3 años por Gustavo Villalba, el primo, el violador que aún vive sin pagar por el daño causado.

«En Argentina, según las estadísticas del Ministerio de Justicia en los últimos quince meses han sido presentadas 2.094 denuncias de niños, niñas y adolescentes víctimas de abuso sexual. Los especialistas aseguran que esos números representan una ínfima parte de lo que sucede en la realidad». (Diario el Clarín, Abril 2018)

Leito habló con teleoLeo.com porque, según dice, quiere, necesita ser escuchado: «Han pasado alrededor de 30 años, estoy en terapia, pero aún no puedo superar lo que este tipo nos hizo a mí y a mi hermana y quiero sacarlo de mí». A Noelia, la hermana, a diferencia de Leito, le cuesta verbalizar todo lo vívido. 

…Érase una vez un cuento de horror

«Todo comenzó cuando tenía 4 años, mis padres estaban separados, papá vivía en casa de mis abuelos y yo pasaba unos días con él». En esa casa también estaba Gustavo Villalba, el primo de 14 años, que en cuanto vió sólo al niño se le acercó con halagos. «Para ser un nene eres muy inteligente, sabrías guardar un secreto» —preguntó Gustavo al pequeño.

Leito confiado, como todos los niños de 4 años, dijo que sí, «entonces me llevó a una habitación que estaba en construcción y me dijo que lo que hiciéramos allí sería nuestro secreto y que no se lo podía explicar a nadie». Lo que sigue es el relato de una violación y, como siempre, cuando se trata del abuso a un menor, también es el relato de varias amenazas.

«Mi primo se bajó los pantalones, me mostró su pene y me dijo que yo también me bajase los míos y le enseñase mi trasero, y yo lo hice» —dice Leito— «Él me tapó la boca, me penetró, me dijo que no llore, me penetró varias veces más, me lastimó mucho y me dijo que no le contase nada a nadie porque sino me mataría».

Al caer la noche de ese mismo día, la tortura de Leito continuó, Gustavo Villalba, sin reparo alguno, volvió a atacar al niño. «Yo estaba bajo un árbol, en la oscuridad, en el terreno de mis abuelos que rodeaba la casa, él me vio y me sentó sobre sus piernas, me volvió a penetrar como lo había hecho por la mañana». 

Luego de un tiempo los padres de Leito se reconciliaron y él y su familia se mudaron a casa de los abuelos, lo que no sabía era que su primo también vivía allí y que al alcance de su depredador los abusos serían más frecuentes. “Abusó de mí de todas las formas, me golpeaba para obligarme a hacerle sexo oral, me amenazaba con cuchillo para que me dejase penetrar” —explica Leito.

No contento con violar a Leito, Gustavo Villalba hizo lo mismo con Noelia, su hermana menor. «Una vez» —dice Leito— «mi hermana tenía 5 años, yo 7, estábamos solos viendo la tele en una habitación, él entró y me dijo que me fijará si venía mi abuela o mi madre y comenzó a hablar con mi hermanita, la tocaba, le decía “no llores”, yo también lloraba porque me hacía ver todo. Y la violó, la penetró anal y vaginalmente».

Gustavo Villalba violó a Noelia y les dijo a los niños que ese era su secreto, «que si contábamos algo nos mataría, que si yo le contaba a mi papá él le diría que yo era un ‘puto’, que era yo quien lo buscaba y que le iban a creer a él porque a él le gustaban las chicas y a mí no. Él sabía que yo sentía que era una niña y se aprovechó de eso para intimidarme y para hacerme sentir culpable”.

¿Azul o rosa?, rosa y azul

Durante toda la infancia Leito sintió que vivía en el cuerpo equivocado, se sentía una niña, pero su apariencia y el espejo le decían lo contrario. Él quería jugar con los juguetes de su hermana, quería jugar con niñas y sus padres no lo entendían. «Mis padres y mi entorno me discriminaban y hostigaban porque jamás me sentí varón».

Leito dice que sus padres, incluso, permitían que otros niños le pegasen, «para que me hiciera hombre —decían». Él recuerda que llegó un momento en que ni siquiera lo dejaban jugar con su hermana, porque no querían verlo con muñecas ni con ‘cosas de niñas’, «y así, poco a poco, mataron la niña que había en mi».

A Leito le quisieron enseñar a ‘ser hombre’ y para eso no repararon en someterlo a castigo físico en casa. «Mi padre me golpeaba y cuando dejó de hacerlo, comenzó mi madre, una vez que me puse un vestido me dio una bofetada y me dijo que si me hubiese encontrado mi padre habría sido peor», afirma.

1095 días de tortura

«Durante 3 años Gustavo Villalba abusó sexualmente de mí y de mi hermana» —dice Leito— «nos obligaba a practicarle sexo oral, nos penetraba, a veces a mi solo, a veces a los 2 juntos. Nos amenazaba con cuchillos de carnicero, a mí me golpeaba, nos manoseaba por debajo de la mesa cuando había gente; mi hermanita y yo vivíamos con miedo. Me destruyó la vida. Nos destruyó la vida».

Y la tortura de los niños sólo acabó cuando se mudaron. «Mi primo dejo de violarnos cuando cambiamos de casa, sino los abusos habrían continuado porque nadie supo nunca lo que nos hacía. No volvió a acosarnos, a veces venía a casa porque trabajaba con mi padre y hacía como si nada. A mí su sola presencia me ponía muy nervioso y comenzaba a discutir con mi hermana» —afirma Leito.

El padre de Leito falleció en 2003 y nunca se enteró de lo ocurrido, nunca le contó nada porque, según dice, se sentía culpable por las cosas que le decía su primo. Su madre se enteró cuando tenía 24 años. «No pude más, intenté suicidarme dos veces seguidas y me internaron en un psiquiátrico, ahí pude contar parte de lo ocurrido, cuando mi mamá se enteró se culpó por no habernos protegido de ese monstruo».

 Noelia, ‘la hermanita’

Noelia no puede mantener una relación estable. «Yo no tengo sexo» —afirma Leito— «mi hermana tiene sexo todo el tiempo. Ese hombre nos arruinó la vida, tanto, que mi hermana y yo hemos intentado suicidarnos varias veces. Mi hermana no puede ni hablar del tema, lamentablemente, ella no recibe tratamiento y por eso recordar y explicar lo que pasó le hace mucho daño».

Noelia, por su parte, dice: «El tipejo nos molestaba cuando los abuelos nos dejaban mirar la tele, él aprovechaba que en ese momento estábamos solos y hacia lo que quería con nosotros. Cuando venía a casa mi hermano y yo temblabamos y él nos manoseaba por debajo de la mesa. De todo me acuerdo, no puedo olvidar nada. Él nos tapaba la boca, nos preguntaba qué ropa interior nos poniamos y de qué color era».

La madre

La madre de Leito y Noelia tampoco es capaz de hablar mucho sobre el tema, dice que en cuanto supo del abuso cometido con sus hijos su primera reacción  fue ir a buscar al violador, «pero nadie me quiso dar su dirección, quizás para protegerme, saben lo que se siente cuando una mamá se entera de algo tan terrible como lo que le hizo ese salvaje a mis hijos».

Ella también se siente muy culpable por no haberse dado cuenta de nada de lo que pasaba. «Cuidaba a mis hijos de todo, pensaba que nada se me escapaba y saber que me los lastimaron, que un desgraciado violó a mis pequeños, es terrible. Nadie puede saber la impotencia, el dolor y la angustia que me persigue desde entonces».

Estados alterados

«No puedo dormir, tengo fobias, pesadillas, sufrí agorafobia, no podía socializar, además, en la escuela me pegaban y no podía pedir ayuda a mis padres porque ellos creían que así me ‘haría hombre’. A los 12 años intenté suicidarme por primera vez» —dice Leito— «Hoy en día estoy bajo tratamiento psiquiátrico y psicológico; y tomo medicación».

Se busca

Leito y Noelia quieren denunciar a Gustavo Villalba, por eso lo buscan, no saben dónde está y esperan que su familia les conteste los mensajes para poder ubicar a su depredador, «pero todos se hacen los tontos» —dice Leito— y esto es terrible porque ahora saben que este hombre violó reiteradamente a dos niños y no ayudar a ubicarlo es ser cómplices del violador, es revictimizar a Leito y a Noelia con su indiferencia.

Infancia destrozada

Según un informe de Unicef de 2017, en Latinoamérica 1,1 millones de niñas y adolescentes han sufrido violencia sexual en algún momento de sus vidas, incluyendo: abuso sexual, violación, secuestro y reclutamiento forzado, por pandillas o crimen organizado.

Según el mismo informe el 89% de los agresores es de sexo masculino, así que podemos afirmar con rotundidad, que la violencia sexual no disminuirá mientras los cuerpos de mujeres, niños y niñas, sean el territorio en el que los hombres expresan su poder y le dicen a su ‘manada’ lo machos que son.

#nonoscallamosmás!!!

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