Abusaron sexualmente de ella cuando era una niña, ahora sufre de diversos trastornos y hasta de tendencias suicidas

El abuso sexual infantil es una de las lacras a las que nos enfrentamos como sociedad. Según Unicef, 120 millones de niñas de todo el mundo, han sufrido algún tipo de violencia sexual, los niños también la sufren pero en menor medida. 

“Desde que tenía 5 años, la expareja de mi abuela me tocaba ‘mis partes’ y me hacía que le besará los genitales. Yo no sabía que eso era malo, era pequeña y ese señor era una persona de confianza. Ahora tengo 26 años, me autolesiona, sufro dolores en todo el cuerpo, migrañas, posible Trastorno Límite de la Personalidad y a pesar de estar medicada tengo pensamientos suicidas”.

No dire su nombre, no es necesario y ella no quiere ser expuesta, vive demasiado atormentada con el pasado y atrapada por el presente. Sin embargo, no quiere seguir callando, no puede, porque el silencio de más de 20 años la está carcomiendo por dentro, al punto que en la actualidad debe llevar tratamiento psiquiátrico.

“Cuando tenía entre 5 y 6 años ese hombre abusó de mí constantemente. Me tocaba la vulva, me manoseaba, me hacía besarle los genitales; yo pensaba que eso era normal, nunca nadie me dijo que eso era malo. Cuando terminaba, él me daba dinero o golosinas. Él se lo pasó bien y a mí me destrozó la vida”. Dijo la joven a teleoLeo.com.

Guillermo Villalobos es el nombre del abusador, ella no sabe dónde puede estar ahora, no sabe si sigue vivo o está muerto, no sabe si es el abusador de otras niñas, no sabe nada de su vida actual, lo único que sabe es que es el hombre que abusó de su autoridad y de su ascendencia para vulnerarla y satisfacerse cual bestia hambrienta.

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El hombre del círculo es Guillermo Villalobos, abusó de una menor de 5 años. La bebé de vestido blanco es la niña abusada.

“Mi madre alguna vez vio algo, me preguntó qué pasaba, yo le dije —nada. No estoy segura de lo que vio, creo que ella tampoco porque él le daba la espalda. Aún ahora me pregunto por qué no le dije lo que ese tipo me hacía”. Pero esto es normal, sobre todo con menores a los que no se les ha dicho que nadie los debe tocar, además, los niños abusados se sienten culpables de no haberse mantenido a salvo.

“Cuando fuí creciendo me comencé a sentir mal con lo que ese hombre me hacía y fui intentando no quedarme a solas con él cuando iba a ver a mi abuela, pero nuestro departamento es pequeño y eso era complicado”. Un día, Guillermo Villalobos dejó de frecuentar la casa de la joven y ella llegó a darse cuenta que lo que ese hombre le había hecho no era normal.

“Ese hombre, por mucho tiempo, dejó de ir a visitar a mi abuela, hasta que volvió, yo ya tenía entre 11 y 12, creo, y fue horrible”. El regreso de Guillermo Villalobos detonó algo en la mente de la niña. “En un momento me quedé a solas con él, él me miraba, se tocaba la pierna y me sentí asqueada, no pude más y grité”. 

Y lo que la niña confesó, a pesar de la gravedad, no fue tomado muy en serio. “Este señor me quiere tocar —no, yo me estaba rascando la pierna, está mintiendo —dijo Villalobos, —él me quiere tocar, siempre me ha tocado —gritaba yo; pero no me creyeron, pensaron que me había confundido”.

Luego de esta confesión a gritos, le pidieron a la niña que se tranquilizará y se fuera a su habitación. “No sé lo que pasó, no sé si lo echaron o le reclamaron, pero Guillermo Villalobos se fue y no volvió nunca más por casa. Luego de esto, mi familia no me preguntó nada, enterraron el tema y yo, ya no dije nada más”.

Según la joven, en esa última visita sólo estaban en casa su abuela y su bisabuela y ella cree que no le dijeron nada a su madre. “No volví a hablar del tema con nadie, ni siquiera con mi madre porque pensé, que igual que mi abuela y mi bisabuela, no me haría caso. Pasó el tiempo y reprimí ese recuerdo, intenté sacarlo de mí”.

Pero ella no sólo fue abusada por este hombre, su hermano mayor hizo lo mismo. “Mi hermano es 4 o 5 años mayor que yo , un día me vio tocándome y me dijo que si no me dejaba tocar, me delataría. “Para evitar que diga nada, lo dejé y estuvo haciéndolo durante un tiempo, ahora lo veo y pienso que era un niño igual que yo, aunque me hizo sentir muy mal”.

Secuelas

Veinte años han pasado desde el abuso sufrido y callar y acallar el dolor emocional se ha convertido en imposible. “A los 16 años comencé a sufrir de migrañas tan intensas que me hacían vomitar y por cualquier situación conflictiva me golpeo la cabeza hasta sentir dolor, también me duele todo el cuerpo, mi médico dice que eso es por la escoliosis que tengo, pero yo creo que es algo más”.

De todas las mujeres abusadas durante la infancia, a las cuales he entrevistado, el 99.9% sufre fibromialgia, dolor crónico y dolor articular. Según una investigación,  sobre esta enfermedad, “la presencia de abuso sexual era de un 75% en las pacientes con fibromialgia, y había un aumento en la percepción de dolor, mayor fatiga e inhabilidad funcional en estas mujeres que en las pacientes con fibromialgia que no habían experimentado abuso sexual”.

Ahora se autolesiona y dice que lo hace ante cualquier situación que no puede manejar. “Me araño, la última vez que lo hice fue más fuerte, no recuerdo cómo empecé y sólo reaccioné cuando me ví todo el brazo lastimado. Fui al psicólogo de mi trabajo y me llevó a Psiquiatría del Larco Herrera, allí me dieron tranquilizantes, me dijeron que necesito tratamiento y que todo lo que tengo es por el abuso sufrido”.

Cada vez que tiene un problema, por mínimo que sea, también llora sin poder contenerse. “Aunque me repita a mí misma que no hay razón para llorar, no puedo evitar llorar ante cualquier situación de estrés por más mínima que sea y lloro de manera desconsolada, con un llanto de niña y comienzo a arañarme y a golpearme la cabeza, luego viene el dolor en todo el cuerpo y me quedo dormida”.

Lamentablemente ella no tiene ayuda de los suyos, pues desde que contó que Guillermo Villalobos abusaba de ella y no le creyeron, decidió no contarles nada más. “Me han pasado muchas cosas fuertes, mi propio estado actual me lleva a tener pensamientos suicidas, pero creo que no gano nada contándoles porque si no me hicieron caso cuando era una niña que dependía de ellos, pues ahora menos”.

Según los médicos a consecuencia del abuso sexual sufrido durante la infancia, ella podría tener Trastorno Límite de la Personalidad y además le han dicho que autolesionarse es una forma de castigarse por lo que le pasó, por no haber podido evitarlo, por no haber podido quejarse. Ahora debe de llevar un tratamiento, pero no se lo puede costear. Ahora no está bien y todo por culpa de Guillermo Villalobos, su abusador.

Las mujeres que han sufrido abuso sexual durante la infancia presentan síntomas de estrés postraumático crónico: miedo, problemas para dormir, pesadillas, confusión, sentimientos de culpa, vergüenza, rabia, asco, odio, desconfianza, indefensión, ira junto con la incapacidad de manejar estas emociones. Además desarrollan comportamientos auto-agresivos y autodestructivos llegando a autolesionarse.

“Explicar todo esto me cuesta mucho porque siempre he reprimido los recuerdos y lo que sentía”. Y eso es cierto, en los audios que me envió se notaba su voz temblorosa, la agitación al recordar lo vivido, el miedo y rabia, también, de haber pasado por tanto. Ella sufre no sólo por el abuso del que fue víctima, también sufre por la indiferencia de la familia. Para un niño su familia es su refugio y si esta no lo protege, quién lo hará.

“Siento que no tengo futuro”. Fue la frase con la que la joven acabó la entrevista y es muy doloroso que con sólo 26 años, con un mundo de cosas por hacer y descubrir, con miles de posibilidades que se van creando día a día a su alrededor ella sienta que no tiene futuro por culpa de un hombre que no supo contenerse, ni controlarse. Los niños son el bien supremo, son sujetos de derecho y de cuidados, no son objeto de satisfacción.

 

 

 

 

 

 

Con mis hijos no te metas obsesionado con el sexo anal [VIDEO]

Los carteles rosa y azul cielo han vuelto a invadir el país, la gente de Con mis hijos no te metas ha vuelto con renovados impulsos a luchar contra la pornografía y las orgías que les quitan el sueño. 

El año escolar ya cabalga en Perú y vuelve el cuco de la inexistente ‘Ideología de Género’, los ‘conservas’ ultrareligiosos han sacado la cartelería pesada y han comenzado su campaña desinformativa en puentes, plazas, mercados e intersecciones de diferentes ciudades del país; caldean el ambiente para el “Paro y Marcha Nacional” que han convocado para el 24 de mayo, día del cumpleaños de mi padre, hombre que en vida fue persona tolerante y libre de prejuicios. Me le manchan el día, caray.

Durante el día de hoy, la página de Con mis hijos no te metas (CMHNTM) orgullosa y altiva, viene posteando fotos de sus incautos seguidores sosteniendo pancartas y banderolas, y de carteles colgados con desternillantes mensajes sacados de un obsceno imaginario; y se están despachando a gusto, pues en ellos  acusan a la ministra de Educación y al presidente Martín Vizcarra de llevar prácticas orgiásticas a los colegios del país y de enseñar a los niños, dentro de las aulas, a tener sexo hasta por las orejas.

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Sin embargo, si lo que dicen los carteles es para reír sin piedad, lo que dice una de sus publicaciones es para pincharse y no sacarse sangre, pues señala que la aprobada educación con enfoque de género pretende que los niños sepan como tener sexo grupal, lo que es una penetración anal, el sexo oral infantil, la inducción al aborto y, “la masturbación con la penetración de aparatos perversos en sus características”. O sea quien tenga un vibrador sepa que tiene un aparato perverso. Por enterada me doy.

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Y qué dice la RAE

Según la RAE, una orgía es un “festín en que se come y bebe inmoderadamente y se cometen otros excesos” —nótese que la Real Academia, conservadora ella, evita la palabra sexo—. También dice que una orgía “es una satisfacción viciosa de apetitos y pasiones”. Si nos remitimos a la primera acepción, que yo sepa, en las escuelas peruanas no se da de comer, ni de beber, ni moderada, ni inmoderadamente, y el único exceso que veo es que para dar una buena educación a sus hijos, muchos padres pagan sumas elevada porque Perú no tiene aún un sistema educativo público de calidad.

Si analizamos la segunda acepción, sería fantástico que la escuela no sólo satisficiera “viciosamente”, sino que también despertase en niños y adolescentes el apetito y la pasión por aprender, conocer y profundizar en la materias que se les enseñan. Así las cosas, ojo, pestaña y ceja que este movimiento religioso ultraconservador, apoyado por reconocidos pastores y políticos, se las trae, además del paro que están convocando, para este 2019 también anuncian “Marcha Intercontinental”.

Link malo, malo

Demás está decir que CMHNTM, sigue blandiendo cual arma llancívola el famoso link de la perversión absoluta, aquel del que todos ellos y sus aliados hablan pero no han leído y han aceptado a pie juntillas lo que dicen sus mandamases; recuerdo que en las marchas y protestas que organizaron en el pasado, en las que además decían que el curriculo homosexualizaba, y que costó la pérdida del ministro de Educación Jaime Saavedra, los manifestantes decían que no habían leído el vituperado documento.

Les dejo un interesante videito de AmaruTv

A ver si con dibujitos…

Para explicar de manera didáctica el enfoque de género dentro del curriculo escolar el MINEDU ha hecho una infografía con muchos dibujitos, a ver si así se entiende de qué va la cosa. Los de CMHNTM dicen que la educación sexual se imparte en casa, que los maestros no son nadie para hablarles de sexo a sus hijos, sin embargo, cada día conocemos denuncias de situaciones de acoso, abusos, maltratos, violaciones y feminicidios. Estamos terminando el cuarto mes del año y ya son 53 las mujeres asesinadas a manos de parejas, exparejas y conocidos.

Y no hablemos de los embarazos adolescentes, muchos producto de la violación de menores por sus padres —esos que según dicen los de CMHNTM deben impartir la educación sexual en casa— o familiares; y otros, no deseados, porque no se les enseñó a los adolescentes cómo cuidarse y sobre todo no se les enseñó que antes de tener sexo deben de saber qué es lo que están haciendo y sus consecuencias y tampoco se les dió información de cómo cuidarse.

Sólo en enero de este año, según el informe estadístico del Centro de Emergencia Mujer del MIMP, se registraron 793 denuncias de violencia sexual cometida en contra de niños y adolescentes de entre 0 y 17 años de edad. En el caso de los abusos cometidos a niños de 0 a 5 años de edad (58 casos), el principal agresor fue el padre o la madre (24%). A ver si los de CMHNTM leen estadísticas y se enteran que afirmar que la educación sexual se debe dar sólo en casa, es una metida de pata hasta el fondo y más allá.

Así que sí, aunque les arda señores de CMHNTM, la educación con enfoque de género va y no lo digo yo, ni ninguna “feminazi”, lo ha dicho —como es de conocimiento público— la Corte Suprema de Justicia y lo dice la vida y la experiencia de otros países donde las cosas no son perfectas, pero, por lo menos, los chicos están más informados sobre su sexualidad. Y otro sí digo, a ver si los de CMHNTM y los Provida dejan ya de dar mensajes sacados de la edad media y del oscurantismo de sus cabezas, las sociedades avanzan y el también Perú necesita avanzar.

“…Si no hubiera estudiado en la PUCP mi mamá no hubiera tenido que trabajar tanto, yo me habría quedado en casa con mi hermana y nadie la habría hecho daño”

Una estudiante de la Universidad Católica se siente culpable, su madre tuvo que trabajar a toda hora para pagar sus estudios, esto originó que su hermana pequeña estuviese demasiadas horas sola en casa, lo cual fue aprovechado por dos individuos para violarla

Que la Pontificia Universidad Católica olvidando sus valores humanistas y de formación hizo caja chica o más bien grande cobrando moras excesivas a los alumnos es algo que ya es de dominio público, que el vicerrector dando muestra de mayor dignidad renunció horas antes que el rector, también; y que el servicio de asistencia social de la universidad trata mal a los estudiantes con problemas económicos es algo que con estupor hemos comprobado. 

Este martes Utero.pe publicó un artículo en el que daba cuenta de todo esto y publicaba algunos testimonios sacados, según señalaron- de un hilo de twitter. Se trataba de las respuestas recibidas por los estudiantes que habían intentado recategorizar su escala de pago debido a contrariedades familiares: padres fallecidos o desempleados, abuelos o hermanos enfermos a cargo de los padres, en suma, carga y problemas familiares que hacía imposible el pago de sus pensiones; y en todos los casos las respuestas fueron absolutamente humillantes e inhumanas.

TeleoLeo.com habló con el administrador de una página de Facebook llamada: “Me lo dijo una asistenta de la PUCP”, y él me proporcionó un testimonio desgarrador, el de una joven que dejó su ciudad natal para ir a Lima a estudiar a una de las mejores universidades del país, pero, a la que todo parece indicar, que lo único que le importa es ganar dinero. Así se desprende de las respuestas de que dan sus servicios sociales a los alumnos y sus padres que tienen dificultades para pagar las pensiones.

El testimonio es el de una joven que a punto de acabar su carrera sufre por lo que eso ha significado para su familia: la violación de su hermana de 13 años de edad.

Ella ingresó a la universidad pagando por crédito lo que corresponde a la categoría 2 —los pagos en la PUCP se establecen de acuerdo a los ingresos familiares y van de la categoría 1 a la 5; siendo la 1 la más baja y la 5 la más alta—. El final del primer ciclo la subieron a categoría 3, pero su madre —separada— policía que ya se dedicaba a hacer trabajos como agente de seguridad en sus horas libres, no podía asumir esta alza. 

La joven le explicó la situación a una de las asistentas sociales de la universidad y la respuesta fue que sacasen a su hermana pequeña del colegio particular en el que estaba y que dejase de tomar clases de inglés y de deporte para que su madre pudiese pagarle la carrera, además, le decían que su padre tenía un buen trabajo y que podía pagar, sin embargo, no tomaban en cuenta que el padre sólo pasaba una pensión de 500 soles por sus dos hijas y que con eso no tenían suficiente. 

Poco tiempo después el padre perdió el trabajo y dejó de darles dinero, así que la madre tuvo que trabajar más, incluso puso a su hija pequeña a vender sándwiches en los conciertos en los que ella estaba como personal de seguridad. La necesidad de conseguir más dinero también hizo que la madre tuviese que estar fuera del hogar durante jornadas enteras y eso fue aprovechado por unos delincuentes.  

Un día que la madre salió a trabajar un amigo de la niña de 13 años y otro chico llamaron a la puerta pidiendo prestado el baño, la niña los dejó pasar y una vez dentro, la violaron. «Sé que posiblemente no es culpa de la asistenta, pero siento que a partir de que me subieron la pensión y encima mi padre perdió el trabajo, todo concluyó como quería la asistenta, sacrificando la educación de mi hermana y su bienestar para que yo pueda estudiar»

Pero este maltrato de los estudiantes viene de antiguo, según otro testimonio recogido y verificado por “Me lo dijo una asistenta de la PUCP”, esta práctica tiene por lo menos 20 años de antigüedad, pues una mujer se ha dirigido esta página para relatar que a una amiga suya hace dos décadas solicitó la recategorización porque su padre había fallecido, los servicios sociales de la universidad de esa época le dijeron que ahora tenían una boca menos y podrían pagar. 

Y según le dijeron en esa época a su amiga no podían rebajarle la pensión porque había que mantener los jardines de la universidad. Esta mujer también afirma que todos los testimonios que se han dado a conocer le recuerdan a los que ella conoció en su época de estudiante, allá por los años 90. 

Un padre también explica lo que  vivió el año pasado a raíz del ingreso de su hijo a la PUCP. Él había perdido su empleo unos meses antes y habló en los servicios sociales para exponer su caso y poder pagar menos, su hijo además había ingresado con muy buen puesto, pero la respuesta fue negativa. «Ahora mi hijo se va becado a una universidad francesa», donde por cierto, las pensiones universitarias junto con Bélgica son unas de las más baratas de Europa.

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Otro caso es el de una estudiante a la que en 2009 una asistenta social le dijo: que su madre en lugar de dedicarse a cuidar a su abuela y a otros dos ancianos de la familia debía enviarlos a un asilo, superar su trombosis —que deteriora su calidad de vida— y salir a buscar trabajo, además, que su padre debía trabajar más y así le podrían pagar la universidad.  «Eso me dolió porque en ese momento mi padre tenía 3 trabajos» —dice la joven.abusoASISTENTAS2009new

Una universidad no es un centro de negocios aunque se trate de un centro privado, menos debería serlo una universidad que hasta hace poco mantenía fuertes vínculos con la iglesia católica. Una universidad es fuente de conocimiento y si establece categorías es para que los jóvenes de cualquier condición social que superan las pruebas de acceso puedan estudiar, sin que eso signifique sacrificios familiares como esperar que uno de los padres muera o tener que vender la casa, tal y como se lo han expresado las asistentas sociales a los estudiantes que han solicitado ayudas. 

Sin embargo, la vara de medir no es igual para todo mundo, según un tuit de otra página que denuncia el maltrato de los servicios sociales de la PUCP, llamada “Asistenta de la PUCP”, un estudiante consiguió pagar menos de lo que le correspondía sólo porque «su madre era super amiga de una de las asistentas sociales».

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Durante el reciente conflicto en el que Juan Luis Cipriani, el arzobispo para el que los derechos humanos «son una cojudez», intentaba tener mayor presencia en la junta universitaria, Marcial Rubio, a estas horas exrector de la universidad, declaró para la BBC: «La universidad respalda a la Iglesia, pero respeta la diversidad. Tenemos una teología más social, y esto en los sectores más conservadores no gusta». Sin embargo, eso de «más social» no se circunscribe al trato a los estudiantes ni la atención a su problemática.

De los pobres será el reino de los cielos, pero la PUCP, no.   

[Audio] Costumbre brutal causa quemaduras de 3er grado a una niña de 6 años en Puno

La salvaje costumbre de sentar a niños sobre ladrillos calientes o de quemarle los genitales para evitar que orinen la cama forma parte de la violencia que se ejerce sobre los menores en Perú y otros países latinoamericanos. 

“La niña fue sentada sobre ladrillos calientes por su madre y por su tía a punta de chicotazos, esto ocurrió a mediados de septiembre, pero recién ha sido atendida el 10 de octubre por quemaduras de tercer grado y una infección generalizada a consecuencia de la falta de cuidado médico”. 

TeleoLeo.com habló con Janneth Mendoza, abogada y vocera de #NiUnaMenos Puno, grupo que ha asumido la defensa Lurdes (6 años de edad), la menor agredida, quien además presenta signos de desnutrición. «Es muy luchadora y alegre, y sufre mucho con la curación de sus heridas que están en tan mal estado que ni siquiera han podido ser atendidas en el hospital de Puno y por eso la han trasladado a Arequipa» —explica la abogada.

Mari Luz es el nombre de la madre y al parecer no se arrepiente de lo que ha hecho a su hija —afirma indignada Mendoza. «Le preguntamos por qué quemó a la niña y nos dijo que se lo habían aconsejado para que no se orine la cama, también dijo que no la había llevado al hospital por miedo y cada vez que hablamos con ella, lo único que le interesa saber es si irá a la cárcel»

La Fiscalía ya le ha quitado a Mari Luz la custodia de Lurdes, sin embargo, esta mujer tiene otra hija, una pequeña de año y medio que también presenta síntomas de desnutrición y también podría estar en peligro. «El caso de Lurdes la Fiscalía ya emitió una orden de alejamiento en contra de la madre, nosotros nos apersonaremos para pedir medidas en salvaguarda de la otra niña».

TeleoLeo.com entrevistó a la abogada Janneth Mendoza del colectivo #NiUnaMenosPuno

Según el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP), entre enero y junio de 2018 fueron denunciados 19.175 casos de violencia y maltrato contra menores de edad, 46% más que los registrados en el mismo periodo de 2017 (13.122 casos). La mayoría de atenciones, el 79%, fueron por maltrato físico y psicológico; un 90% de las víctimas menores de 5 años sufren estos maltratos de parte de sus padres. El 21% restante de ha sido víctima de agresiones sexuales.

Lurdes es parte de esta estadística y lamentablemente no es la única niña quemada por orinarse la cama. Esta práctica, lamentablemente, se realiza en nuestro país entre la población andina, creen que los niños que tienen micciones nocturnas están «pasados de frío» y se les cura sentándolos sobre ladrillos calientes.

A principios de septiembre de este año, días antes que Lurdes fuese quemada, en Arequipa, otra niña sufría la misma «terapia», pero haciendo una búsqueda rápida en internet, también he encontrado casos de niños quemados por esta razón en diversos países latinoamericanos, a continuación algunos de ellos:

  • República Dominicana (2018) una niña de 2 años sufrió quemaduras en la vulva porque sus padres le pusieron carbón caliente.
  • Argentina (2018) una niña de 5 años sufrió quemaduras en la vulva porque su padrastro le puso una botella de agua hirviendo.
  • Paraguay (2016) un niño sufrió quemaduras de 1er grado en los testículos por su padrastro
  • Bolivia (2010) un niño de 10 años sufrió quemaduras en genitales o posaderas porque su madre lo sentó sobre ladrillos calientes

Como dice la abogada en la entrevista, Lurdes ya está siendo atendida de sus heridas, pero necesita analgésicos, vendas y otros medicamentos para su recuperación, por eso les dejo el número de cuenta que se ha habilitado para todos aquellos que puedan colaborar con lo que puedan. Toda ayuda será bienvenida.

Cuenta del BCP

Número: 495-92069173-0-41

Titular de la cuenta: Silvia Mercedes Calatayud Suárez (persona a cargo de Lurdes luego de que la fiscalía le quitase la custodia a su madre)

Este blog sobre maltrato infantil también ha sido publicado en teleoLeo.lamula.pe

Seduce a una niña y pide que no lo denuncien porque no la violó

Un hombre de 28 años utilizó las redes sociales para comunicarse con una menor de 12 años y mantener una relación sentimental. Facebook y Whatsapp pueden ser muy peligrosos cuando hay menores de por medio

«Salí de mi casa desesperada a buscar a mi hija, no llegaba y pensé que le había pasado algo, que la habían secuestrado, y casi llegando al colegio, en un parque, la encontré arrinconada a la pared con un tipo que la besaba y la abrazaba. Me acerqué y cuando me vió, me miró asustada, el tipo se tapó la cara y se fue corriendo; sabía que si lo veía lo reconocería».

Esta es la historia de G.X.S.CH contada por su madre y su maestra a teleoLeo.com. G.X.S.CH sólo tiene 12 años de edad y fue seducida por Juan Daniel Paiva Rivera, un hombre de 28 años, hijo de los pastores de la iglesia a la que iban sus padres. Aprovechando esta relación y un encargo de trabajo hecho al padre de la niña, Paiva pudo acercarse a ella y seducirla sin importarle ni la diferencia de edad, ni que se trataba de una menor de edad.

Seducción

«Eres mi bebe… Tú eres diferente… Te voy a comprar un terreno para que vivamos juntos», según ha explicado la menor a sus padres, estas eran algunas de las frases que Paiva le decía en sus mensajes, también le enviaba poemas y canciones, sin embargo, no hay prueba de ello, Paiva le exigía a la niña que borrase todo lo que hablaban para que no lo vieran sus padres.

Paiva sabía que comunicarse con G.X.S.CH no estaba bien, además de pedirle borrar las conversaciones que mantenían, le dió a la niña una frase clave para comenzar cada comunicación, así él podía confirmar que era ella quien le estaba hablando.  Además, según le dijo Paiva a la niña, ella no es la primera menor a la que seduce, pues le confesó que ya había estado con una adolescente de 15 años.

«Este hombre vino a mi casa hasta 4 veces con el pretexto de encargarle a mi esposo, que hace joyas, unos anillos para el aniversario de matrimonio de sus padres. Siempre que vino vio a mi hija y nos decía que estaba grande. Una de las veces le preguntó a mi esposo si mi hija tenía facebook, luego le pidió amistad y su número de teléfono y así comenzó todo» —explica la madre.

Infraganti

«El día 12 de septiembre estaba preocupada, mi hija (G.X.S.CH) no volvía a casa del colegio, ella sale a las 6.20 de la tarde pero ya eran casi las 8:30 de la noche y no llegaba, pensé que talvez había tenido clases de refuerzo, pero igual ya debía haber vuelto, esas clases acaban a las 8:05 y del colegio a la casa demora sólo 10 minutos». Desesperada la madre de la niña llamó a la profesora y esta le dijo que su hija había salido del colegio a las 6:20.

También llamó por teléfono a la madre de una amiga del colegio, quería saber si las niñas estaban juntas, pero no. «La amiga me dijo que había dejado a mi hija en el colegio así que salí a la calle a buscarla, pensando que le había pasado algo o que la habían raptado, no sé, todo lo malo me pasaba por la cabeza»—dice la madre; y sus pensamientos no iban mal encaminados.

«Fui caminando» —dice la madre— «haciendo la ruta que hace mi hija para volver del colegio y la encontré, estaba en el parque con ese hombre, arrinconada contra la pared, la besaba y la abrazaba; me desesperé, le di dos cachetadas y sólo le decía “por qué me has hecho esto, yo que siempre te he dado confianza”. No podía entenderlo. En cuanto el tipo me vio se dio media vuelta y se fue corriendo, no quería que lo viera»

La madre le preguntó a la niña quién era el hombre, pero ella sólo lloraba, así que la cogió de la mano y fueron tras él. «Por qué no me das la cara cobarde», como no se giraba lo pateó, «cuando se volvió lo reconocí y lo cachetee, era el hijo de los pastores de la iglesia a la que mi esposo y yo íbamos, sus padres siempre nos ayudaron cuando tuvimos problemas, no podía creer que su hijo nos hiciera esto».

«Me dolió mucho ver a mi hija de 12 años, con un tipo tan grande para ella. Él le ha robado su primer beso, la ilusión de toda adolescente; me gustaría que todo eso lo hubiese tenido con alguien de su edad».

Luego de verse descubierto Juan Daniel Paiva siguió a la mujer y a su hija hasta su casa, le decía que no había pasado nada, que no le dijera nada a sus padres. «Calmese y prométame por favor que no dirá nada —me decía, yo le tiraba patadas, “vete de acá cobarde” le gritaba, pero él nada, me asusté; en cuanto llegué a donde vivo subí rápido las escaleras para encerrarme con mi hija en mi cuarto» —explica la madre.

A buen recaudo

Ya dentro de su vivienda, la madre habló con su hija, esta le explicó cómo y de qué manera se comunicaba con Paiva, le reveló la frase de contacto, la exigencia del borrado de mensajes, pero,  igualmente, la madre revisó su celular. «No había nada, ni un solo mensaje. Yo le compré el teléfono para poder comunicarme con ella, porque yo trabajo todo el día y mi marido también trabaja, se lo compré para cuidarla y va y pasa esto».

Al día siguiente, la mujer, sin saber cómo actuar fue a ver a la maestra de la niña y habló con ella, quería denunciar lo ocurrido pero no sabía cómo hacerlo. “No sabía qué hacer, no sabía siquiera si podía denunciar, pensaba que cobraban para hacerlo, no sabía nada». La maestra de la menor le informó que podía hacer y la acompañó a la comisaría a sentar la denuncia.

Revictimización

«Llegamos a la comisaría y en la misma puerta nos preguntaron a qué íbamos» —dice la profesora de la menor— «A denunciar un caso de acoso les dije, una vez dentro, más de 3 policías interrogaron a la niña hasta que me enojé, no podían revictimizarla de esa manera, haciéndola repetir la historia una y otra vez sin siquiera tomar nota; en ese momento un policía de mayor rango intervino y ordenó que redactarán la denuncia».

Según las respuestas de la niña, Paiva se comunicaba con ella desde el mes de julio, «me decía que era bonita, me mandaba poemas, canciones románticas» […] «sólo salimos una vez, habíamos quedado dos veces antes, pero como se demoraba en llegar y se hacía tarde lo llamé y le dije que no podía esperar más; recién nos vimos la tercera vez que quedamos».

Además de la revictimización de la niña a la que refiere la maestra, la actitud de los policías también le pareció reprobable. «Nos decían, “un beso y un abrazo no es nada, no tipifica como delito” o cosas como, “la niña por qué aceptó que ese hombre se le acerque, eso depende de la crianza, de lo que ve en casa”, además la miraban como si ella fuese la culpable» —agrega la maestra.

Luego la revisó el médico legista quien confirmó que la niña no había sido desflorada. «Después de 5 días la policía nos volvió a citar y le volvieron a hacer preguntas a mi hija y tuvo que volver a repetir toda la historia, como si no la tuviesen escrita desde el primer día que hicimos la denuncia, no entiendo porque tienen que preguntarle tantas veces lo mismo» —dice la madre.

Paiva’s conection

«Aunque el examen médico diga que no la ha violado, yo no estoy tranquila, mi hija tiene sólo 12 años y ese tipo puede volver a buscarla, y seguir llenándole la cabeza de ideas, por eso también le revisé el celular para saber cuál era el teléfono de ese tipo y encontré que Paiva tiene 2 números, “pero sólo en uno sale su foto y aparece como ‘El poético’. También lo busqué en su Facebook y ponía: “si tienes whatsapp me puedes agregar, trabajo como el poético”»

De madre a hija

«He hablado varias veces con mi hija, “por qué te metiste con ese hombre, qué te hizo, porque él ya tiene experiencia”; le pregunté todo, ella me dijo que le gustaba las cosas que le decía, que era muy bueno con ella, pero que ahora sabía que no estaba bien haber salido con él y que sólo quería hablarle por última vez para decirle que habían terminado» —dice la madre.

La madre de G.X.S.CH se siente culpable de lo ocurrido, siente que talvez no ha cuidado lo suficiente a su hija y eso pasa porque siempre cuando se habla de abuso, maltrato, violaciones y feminicidio, una de las primeras frases que aparece es «qué habrá hecho pues» y en el caso de que nuestras hijas sean violentadas, el peso de la culpa recae siempre sobre la madre: «cómo habrás educado a tu hija».

Desde lo ocurrido, la niña ya no va ni vuelve sola del colegio, dice la maestra, «su padre la trae a la escuela y su la recoge». Ambos han alterado sus horarios de trabajo y de actividades, y todo porque un hombre de 28 años, amigo de la familia, no se supo contener, no supo ubicarse y entender que una menor de edad no está a su alcance por eso mismo, porque es una niña y no tiene edad, ni formación suficiente para consentir o para no hacerlo.

Los que tampoco han entendido muy bien la situación han sido los padres de Paiva, los pastores, pues sólo se han comunicado con el padre de la menor para pedirle que retire la denuncia, «”si no han habido relaciones sexuales no ha pasado nada, van a acabar con la vida de mi hijo”, le ha dicho la madre de Paiva a mi esposo y la vida de mi hija qué, ellos no comprenden que no está bien que un hombre que le dobla la edad se haya acercado a ella» —dice la madre.

Un futuro por delante

Ha pasado casi un mes desde que G.X.S.CH fue encontrada en aquel parque por su madre y recién hoy 17 de octubre le realizarán la prueba psicológica para ver cómo la efecto lo ocurrido el 22 de septiembre pasado. La justicia que tarda no es justicia y esta tardanza es más perversa cuando hay menores de por medio. Según la maestra de G.X.S.CH ella está tranquila, esperando olvidarse del ‘Poeta’.

«Mi hija es una niña inteligente, siempre me he sentido orgullosa de ella, la profesora me felicitó por ser el segundo puesto de su  clase, siempre la he visto haciendo sus deberes, trae buenas notas, yo siempre la felicitó y no es justo que este tipo venga a dañarla, eso me quita el sueño, ella está para que siga estudiando no para que esté pensando otras cosas, por eso ahora ya no confió y ya no va ni viene sola del colegio».

TeleoLeo.com intentó obtener la versión de Juan Daniel Paiva Rivera, le envié un mensaje a su cuenta de Facebook. «Hola, mi nombre es Leonor Pérez-Durand soy periodista, le escribo por la denuncia que tiene por seducir a una menor de edad, me gustaría saber su versión. Muchas gracias». «Su solicitud de mensaje ha sido aceptada» me comunicó la red de inmediato, sin embargo, la respuesta de Paiva nunca llegó; horas después su cuenta fue desactivada.

Este blog sobre abuso de menores y acoso también ha sido publicado en teleoLeo.lamula.pe

Viola a su hija, la embaraza y amenaza con matar a madre de la menor por denunciarlo

No importa si el Código Penal peruano incrementa las penas por delitos de violencia de género, si la policía no hace bien su trabajo los violadores entran por una puerta y salen por la otra. Esto fue lo que ocurrió hace unos días en una comisaría de la provincia de Maynas. (Entrevista de audio al final del blog)

“Lo que pasó, ya pasó”. Eso dijo Alberto Arirama Guabloche, ante la policía, cuando rendía declaración por la violación de su hija X.A.S de 11 años de edad. ¿Y qué pasó luego?, pues que la policía lo dejó en libertad siendo un violador confeso.

La nota sobre la denuncia publicada este viernes 28 de septiembre de 2018 en teleoLeo.com: 

Confiesa haber violado a su hija y la policía lo deja en libertad

Alberto Arirama
Alberto Arirama Guabloche

Este jueves 27 de septiembre M.S, acompañada de su cuñado, L.M.L, se presentó en la comisaría de Tamshiyacu, pequeña localidad del distrito de Fernando Lores en la provincia de Maynas, para denunciar la violación de su hija. El responsable: el padre de la menor que confesó su crimen “con total descaro”, según dijo para teleoLeo.com el tío de la niña identificado como L.M.L.

La policía  —siguiendo el procedimiento— se comunicó con la Fiscalía y, según afirma L.M.L recibió la orden de retener a Arirama Guabloche mientras hacían las investigaciones pertinentes, sin embargo, luego de 4 horas lo dejaron ir, es decir, dejaron en libertad a un hombre que se había declarado culpable de la violación de su hija de 11 años de edad. O sea, ¿como confesó, lo liberaron.

Código Penal, Artículo 173.- Violación sexual de menor de edad

El que tiene acceso carnal por vía vaginal, anal o bucal o realiza cualquier otro acto análogo con la introducción de un objeto o parte del cuerpo por alguna de las dos primeras vías, con un menor de catorce años, será reprimido con pena de cadena perpetua.

“En la comisaría ni siquiera estaba el comisario, sólo dos suboficiales”, ademas, dice L.M.L, uno de los suboficiales responde al nombre de Carlos Lozano.  Él y su compañero les dijeron que no podían hacer nada más y que las cosas debían seguir su curso en el Ministerio Público.

X.A.S producto de la violación está embarazada y su familia sólo quiere que continúe con su vida de niña. Ellas sólo llora, está triste, no le queremos preguntar nada para no revictimizarla, ya declarará en la fiscalía y ya sabremos más; por ahora juega, le hacemos la comida que le gusta, pero tiene los malestares propios de su estado” —dice L.M.L.

La madre, M.S, y sus hijos se han trasladado a Iquitos, ella ya no quiere seguir en Tamshiyacu. “La gente en el mercado rumorea que su marido ha dicho que no parara hasta matarla por haberlo denunciado, la familia de él también está muy enfadada por la denuncia” —dice L.M.L

A continuación el audio de la entrevista realizado por teleoLeo.com a L.M.L, tío de la menor violada.

Carmen, raptada al año de edad, violada a los 7, lisiada a los 13, abusada por su pareja desde los 31; a pesar de todo, aún ve la vida con esperanza

Según esta gran mujer todos tenemos un propósito en la vida y eso la ayuda a seguir adelante, a pesar de los delitos que contra ella se cometieron: pederastia, secuestro y maltrato; entre otros

Esta es la historia de una mujer separada de su madre al año de edad, violada a los 7 por su tío y maltratada hasta los 21. Ella es Carmen, es mexicana, y producto de una gran golpiza dice que murió una vez. A los 13 años sus hermanastros le jugaron una “broma”, cayó y se fracturó el fémur, pasaron casi 15 días antes de que recibiera atención médica, llegó al hospital con la pierna hinchada y morada, por eso ahora no camina bien y tiene una prótesis en la cadera.

A Carmen le encargaron las labores de la casa desde los 6 años de edad, le daban de comer poco y mal, por eso siempre estuvo anémica y se desmayaba todo el tiempo. Vestía harapos. Nunca le compraron un cepillo de dientes así que ha perdido varias piezas. Cuando tenía la regla le daban trapos y, a pesar de todo, o posiblemente porque el dolor no logró deshumanizarla, ella perdonó a una de las personas que más daño le hizo. Hoy educa a sus dos hijos rompiendo el círculo del dolor.

La historia de Carmen es terrible, no tuvo infancia, ni amor, ni protección a la edad que más lo necesitaba, y está tan cargada de tragedia que su vida parece casi un guión de telenovela.

Érase una vez una niña….

“Un día ese hombre me quitó la ropa interior y me violó, mientras lo hacía yo lloraba y le decía que no. Él me cubrió la boca y siguió haciéndolo”.

Carmen sólo tenía 7 años cuando fue abusada y el hombre que la ultrajó fue su tío. Carmen ahora tiene 52 años y contó su historia a teleoLeo.com porque quería exorcisar el pasado para poder seguir adelante.

“Mis padres se divorciaron cuando yo tenía un año. Mi papá se peleo con mi mamá y un día que ella no estaba en casa  me raptó. Me llevó a casa de mi abuela, su madre, que vivía en la ciudad de Puebla, nosotros vivíamos en México capital. Mi madre fue a buscarme, entró a casa de mi abuela para sacarme de allí, pero la denunciaron por allanamiento de morada, estuvo detenida 3 días; eso me explicó fue lo que me explicó mi madre años más tarde”. Así comienza la historia de Carmen.

Al salir de la cárcel, la madre de Carmen desistió de recuperarla, en la capital la esperaban 5 niños más. “Mi mamá jamás volvió a buscarme y me dejó en el peor lugar que me podía dejar, donde, desde que tengo uso de razón, sólo fui la sirvienta”. (Carmen)

La tía Ester= El amor

En sus primeros años de vida Carmen fue criada por una de las hijas de su abuela, de ella recibió cuidados y amor; luego todo cambió.

Hasta los 6 años Carmen fue criada por su tía Ester, una de los 7 hijos de su abuela, ella fue la única que le dio cariño, pero un día se casó y en casa sólo quedaron su abuela y 5 tíos de sus tíos; en ese momento las cosas comenzaron a ir mal. “En cuanto mi tía se fue de casa mi abuela me llevó a cortar el cabello como a un niño, me dejo ‘pelona’; los niños se burlaban de mí, me decían que parecía hombre” —dice Carmen.

Pero las cosas podían empeorar y empeoraron. “Mi abuela me puso a hacer los quehaceres y cuando los hacía mal me pegaba con la escoba. Una vez me pegó con una olla por no lavarla bien; otro día se me cayeron unos platos, mi abuela se enfadó y le dijo a uno de sus hijos que me pegara, él se sacó el cinturón y me azotó muchas veces; yo gritaba, pero nadie me ayudó”.  Cuando el tío terminó de pegarle, la abuela también le pegó: “Para que aprendas” —le dijo.

“Cuando me pegaban, que era casi siempre, yo los veía como gigantes. La última vez que los vi se me hicieron pequeños, viejos, débiles”. (Carmen)

Violación

Cuando Carmen tenía sólo 7 años el tío que la golpeaba también la violó

“Un día de buenas a primeras ese hombre me encerró en su cuarto y me pego con el cinturón, me quitó la ropa interior y me violó, mientras lo hacía yo lloraba, le decía que no, pero él no paró. Era chiquita y sentía como un gigante me golpeaba y me hacía algo que yo no quería, me hacía sentir sucia, avergonzada, culpable. Cuando acabó me dijo que si decía algo me golpearía más fuerte. Yo vivía todo el tiempo con miedo” —explica Carmen.

Palizas

Cualquier pretexto era bueno para golpear a Carmen hasta la extenuación. Ella cree que murió unos minutos para renacer luego en el mismo infierno

La abuela de Carmen heredó una casa y se mudaron, y allí fue aún más infeliz. “Cuando nos mudamos el hijo de mi abuela comenzó a pegarme a diario, él se iba a trabajar y cuando volvía mi abuela le decía lo que yo no había hecho bien, él se sacaba el cinturón y me pegaba, yo gritaba mucho y aunque mis otros tíos estaban presentes, nunca nadie me ayudó” —explica Carmen.

Carmen dice que iba mal calzada con zapatos de plástico y con las medias llenas de huecos, eso fue motivo de otra golpiza. “Un día, yo ya tenía 10 años, estaba en la puerta de casa y pasó un señor que vendía medias, al ver las mías me regaló un par; en eso llegó mi tío y botó al hombre, me agarró del cabello me arrastró y me pateó mucho. Yo rodaba con  cada patada hasta que caí en un hueco del patio y perdí el conocimiento”. 

La niña perdió unos minutos de su vida, no sentía, no sufría. “Sólo recuerdo que caí en un agujero y tuve un sueño, iba por camino como de arena y una mano bajaba de lo alto y me empujaba. Desperté al tercer empujón, en ese momento sentí como si volviese a respirar, estaba en la cama, me senté y vomité sangre; y escuché que alguien hablaba con mi abuela por la ventana”.

Dos vecinas le preguntaban a la abuela de Carmen qué había pasado, le decían que habían escuchado los gritos de una niña. “Ella contestó que era yo, que me había portado muy mal y me habían pegado porque me lo merecía”. Las mujeres le dijeron que llamarían a la policía, la abuela les pidió que no lo hicieran: “Hablaré con mi hijo para que no le vuelva a pegar —dijo mi abuela”.

La brutal paliza le dejó a la niña moretones en todo el cuerpo, dolor de mandíbula y costillas, además mucha dificultad para caminar. “No me llevaron al doctor, ni siquiera mi abuela me curó, era una piedra, no sentía nada por mi, me miraba con odio y siempre me decía que merecía todo lo que me pasaba”. Sin embargo, el ‘aviso’ de las vecinas sirvió, el tío de Carmen no volvió a golpearla, por lo menos por un tiempo.

¿Por qué tanto odio?

Los maltratos de los que Carmen fue víctima podrían deberse a una mentira dicha por su madre

Carmen cree que su abuela la maltrataba porque cuando sus padres se separaron su madre le dijo que ella no era su hija. “Mi abuela siempre me decía “inútil, no sirves para nada” y me repetía constantemente que mi madre me había abandonado porque no me quería. Crecer así, sabiendo que no le importas a nadie, pero sobre todo, escuchando cada día que tu madre no te quiere es muy duro”. 

Años más tarde su madre le confesó que había mentido para evitar que él se la llevará, sin embargo, cuando eso ocurrió y él se la llevó, no dijo la verdad.

Abandono

La niña creció como una animal. A parte de maltratarla no la alimentaban bien, ni la vestían, incluso descuidaron los aspectos más básicos de su higiene

“Mi tío dejó de pegarme porque se casó con una buena mujer, entonces volvió a hacerlo mi abuela y aunque mi padre le daba dinero para mi, me vestía con harapos, me compraba zapatos plásticos y cuando me crecía el pie les tenía que cortar la punta y les ponía lazos para que se vieran bonitos” —dice Carmen.

Una anemia perniciosa hacía que se desmayara continuamente. “Mi abuela no me alimentaba, me daba a comer huesos con una pizca de carne y a sus hijos un buen trozo; yo tomaba café y sus hijos leche. Por las noches me levantaba a robar comida de la nevera. Era tan flaca que una de mis tías le decía a mi abuela que me diera de comer más”.

Carmen también recuerda que nunca le compraron un cepillo de dientes, pero eso la hizo conocer a la única persona que la ayudó cuando vivía con su abuela. “Yo ya tenía 17 años y un dolor insoportable en una muela, tenía que ir al dentista, pero no tenía para pagar así que todas las mañanas salía a buscar cascarones de huevos y con ellos hacía manualidades que luego vendía en las calles del centro”.

La chica junto algo de dinero y se fue en busca de un dentista, todos lo que encontraba eran hombres y eso le daba miedo, así que entró a la consulta de la primera dentista mujer que encontró. “Le dije que tenía dolor de muela pero que no podía pagarle mucho, ella me dijo que no me preocupe, me sacó la muela y al acabar me preguntó que tenía en la cajita que llevaba en las manos”. 

Carmen abrió la cajita y le enseñó las figuras que hacía para vender y tener algo de dinero. “La doctora me dijo que estaban bonitas y me recomendó con su vecino que tenía una tienda de regalos, luego me recomendó para trabajar en una fábrica. En ese tiempo ya no hablaba con mi abuela ni con nadie de la casa, sólo llegaba a dormir”. 

Carmen explica que a causa de la mala higiene dental perdió muchas piezas que sólo pudo reponer cuando fue adulta y las pudo pagar. “Estaba llena de caries, mi boca daba pena, no podía ni sonreír”. La menstruación fue otro tema. “Cuando tuve mi primera regla me pegaron, mi abuela me dijo “qué has hecho”. No me compraba toallas higiénicas, sólo me daba trapos”.

A la niña le desarrollo el busto y ese fue otro problema. “Mi abuela nunca me compró un sostén; un dia, una de mis tías vino a quedarse con sus hijas, todas usaban sostén, por la noche cuando dormían les cogí uno y me lo puse para saber qué se sentía y me dormí con el. A la mañana siguiente mi tía me lo quitó muy groseramente, me dijo que no cogiera las cosas de sus hijas” —explica Carmen.

El Señor Diputado

El padre de Carmen fue diputado del PRI de México, Arturo Ávila Marín se llamaba y nunca cuido de ella, sólo enviaba dinero. Para él su carrera política y la familia que estableció eran más importante

Carmen dice que cuando era pequeña su padre iba a visitarla, “pero cuando iba mi abuela y mi tío se cuidaban de que no hablase con él, además yo era muy tímida, miedosa y en las pocas oportunidades que pude, nunca me atreví a decirle todo lo que me hacían, nunca le conté como me pegaban, ni que mi tío me había violado”.

Cuando Carmen tuvo 13 años, su padre la llevó a vivir con él. “Él ya era todo un diputado, llegó un domingo a casa de mi abuela con su esposa, estaba casado hacía algunos años y tenía 3 hijos; me dijo que viviría con él, que me compraría una bicicleta y que iría a una escuela bonita. Se acabó mi martirio, fue lo primero que pensé; pero no”.

Las esperanzas de Carmen se disiparon en 24 horas. Cuando el lunes despertó en casa de su padre, su madrastra le dijo que se iban a trabajar y que ella se ocuparía de la casa: limpiar, poner la ropa a lavar y cuidar a sus hijos, todos entre 5 y 7 años. Carmen acostumbrada a los quehaceres no vio nada raro en el pedido, sin embargo, la cosa no fue bien.

“Mis hermanastros tiraron agua con detergente de la manguera de la lavadora en el piso de la cocina, cuando entré me caí, sentí un dolor indescriptible y no pude ponerme en pie”. Los niños, al ver la gravedad del asunto, llamaron a un vecino para que pedir ayuda y luego le avisaron a su madre.

“Ella y mi padre volvieron a casa, él quería llamar una ambulancia, pero su mujer le dijo que no, que por su cargo eso sería un escándalo porque vendría la prensa.  Así que trajeron a una curandera que me agarraba la pierna la subía y la bajaba, me puso cebollas calientes; yo gritaba de dolor y ella decía que era por el golpe, que no tenía nada roto” —explica Carmen.

La niña lloró de dolor toda la noche, al día siguiente su padre la devolvió a casa de su abuela. “Yo ya no sabía donde estaría peor. A mi abuela le dijeron que me había caído, que solo tenía un golpe y que yo quería regresar con ella”. Allí tampoco la llevaron a el doctor. “Pasaron los días y mi pierna estaba hinchada y morada así que me llevaron a otro curandero, él dijo que tenía una fractura”. 

Carmen tenía el fémur fracturado, 15 días después la operaron, le pusieron pesas porque se le había encogido el tendón, también le pusieron clavos. “Mi fémur y cadera se juntaron por estar fuera de lugar mucho tiempo, no podía ni doblar la pierna, caminaba como un robot. Ya no podía volver a correr. Alguna vez había soñado con ser deportista o bailarina, pero ahora ya no podría”.

“En una oportunidad” —dice Carmen, “mi padre le dio a mi abuela 30.000 pesos, mucho dinero para la época, yo pensé que me compraría zapatos y ropa, pero no fue así, uno de sus hijos iba a construirse su casa y ella le dio ese dinero para los cimientos; mientras, yo seguía igual: con anemia, con la boca llena de caries, mal vestida y mal calzada”.

Carmen también dice que su padre era “hostil” con ella, que nunca se preocupó por cómo estaba e incluso le molestaba que lo llamase. “Mi padre nunca más intentó llevarme con él. Cuando cumplí 15 años le pedí que fuera a verme, fue con su esposa y me llevaron a comprarme un par de vestidos, luego de regreso a casa de mi abuela me dijo que no le estuviera llamando para celebrar cumpleaños”.

Rebelión

La violencia de la que fue víctima Carmen engendró violencia y estuvo a punto de acuchillar a su tío. 

Según dice Carmen, luego del problema con su pierna los maltratos por parte de su abuela cesaron, sin embargo, dos años después, cuando la mujer de su tío lo dejó, los golpes y regaños -por parte del tío- volvieron. “Él se quedó con sus dos hijos pequeños y me dijo que yo tenía que cocinarles y lavar su ropa y la de él; mi abuela estuvo de acuerdo”.

Un día el tío de Carmen la mandó a bañar a sus hijos, ella fue al pozo a buscar agua y al intentar sacar la cubeta quedó colgando de la cuerda. “Grité, pedí ayuda, el pozo tenía 22 metros de profundidad y si no pedía auxilio hubiese podido morir. Cuando me sacaron mi tío me volvió a dar una paliza con su cinturón”.

Cansada de tanto maltrato Carmen se rebeló. “Un día, yo tenía 17 años, hablaba con una amiga y le dije: —Voy a hacer la comida a los chamacos, mi tío escuchó, me cogió del cabello y me gritó que a sus hijos no los llame así. Sentí un calor que me recorría todo el cuerpo, cogí un cuchillo que tenía a mano, me sentí poderosa, se lo iba a clavar, pero me detuvieron mis tías y sus hermanos”. 

Carmen se fue a llorar a su habitación, una tía la siguió y le preguntó qué había pasado. “No pude más y le dije todo, le dije que ese desgraciado me había violado y mi tía, que estaba harta de que me golpeara lloró conmigo. Luego hicieron una reunión para que dijera lo que me había hecho, pero mi abuela lo defendió, dijo que yo mentía”. Mi padre no estuvo presente, tampoco la tía que me cuidó de pequeña. 

La reunión tenía como fin desenmascarar al abusador y maltratador, sin embargo, eso no era necesario, todos en casa de la abuela sabían lo que pasaba. “Mis otros tíos hombres sabían todo y nunca hicieron nada. Es más cuando tenía entre 18 y 20 años me espiaban mientras me duchaba; era espantoso pensaba que un día también me violarían, menos mal que nunca lo hicieron”.

Según Carmen, de niña, en el único lugar en el que era feliz era la escuela, pero sólo estudió primaria, según su padre: siendo mujer no era necesario más. “Cuando iba al colegio era libre por eso nunca le dije a nadie lo que sufría. Era tan feliz saliendo de esa casa que no quería hablar del tormento que vivía para no manchar el momento ni el lugar”. 

La madre que no supo serlo

Con 20 años cumplidos Carmen le exigió a su padre que le dijera dónde estaba su madre, él lo hizo y ella fue feliz, recuperó la ilusión, iba a conocer al ser que más amor había de darle, pero el encuentro no fue grato

Cuando cumplió 20 años Carmen volvió a ver a su padre y le pidió que le dijera dónde estaban su madre y sus hermanos. “En ese momento mi abuela le dijo que me dijera que no era su hija, mi padre le pidió que callara. También me enteré que mi abuela había sabido todo el tiempo el paradero de mi madre y nunca me lo dijo, cuando le preguntaba sólo decía que ella no me quería, que por eso me había abandonado”. 

El padre de Carmen le dijo donde encontrar a su madre y a sus hermanos. “Cuando conocí a mis hermanos, me abrazaron, yo era la más pequeña de los 6 hijos que tuvieron mis padres (4 mujeres y 2 hombres). Mis hermanos me contaron que siempre preguntaban por mí y que mi padre les decía que estaba bien. Mis hermanos me pidieron irme a vivir con ellos, sin pensarlo fui a por mis cosas”. 

La madre de Carmen vivía en Estados Unidos desde hacía varios años así que su hermano mayor le arregló sus papeles para que fuese a su encuentro. “Fui muy ilusionada a conocer a mi mamá, pero no fue lo que esperaba, ella ya no sabía quererme, fue fría. Yo deseaba un abrazo que me hiciera sentir que a su lado todo iba a estar bien, que no sufriría nunca más; pero no fue así”. 

Carmen dice que su madre no la apoyó y que aunque la vio enferma le dijo que se buscase un trabajo. “Yo quería estudiar pero, sobre todo, necesitaba operarme. Nunca quedé bien de la rotura de fémur, sufría mucho dolor y tenía una pierna más corta, pero a ella no le importó. Así que busqué y encontré trabajo como servicio doméstico, después trabajé como dependienta en algunas tiendas”.

“En 1998 me operaron y me pusieron una prótesis en la cadera para poder caminar mejor y sin dolor y todo fue posible gracias a unas personas que conocí. Ellos, a diferencia de mi madre, me ayudaron mucho” —señala Carmen

Carmen le preguntó a su madre si alguna vez la buscó, ella le explicó la denuncia, los 3 días en la cárcel y le dijo que no volvió porque tenía 5 bocas más que alimentar y pensó que estaría bien. “Pero no, le dije que no estuve bien, le conté todo lo que me habían hecho y me dijo que quizás me gustaba vivir así porque nunca me escapé; le dije que yo era una niña, que tenía mucho miedo; qué quería que hiciera, no entiendo”.

Relación tóxica

La falta de cariño de su madre y todos los maltratos recibidos durante la infancia hicieron que Carmen buscase cariño en la persona equivocada y volviera a ser víctima de maltrato y de abuso sexual.

“En 1999, con 31 años, conocí al padre de mis hijos (una niña y un niño). Él era muy vivido, yo muy tímida y tonta, se aprovechaba de mi, me quitaba el dinero y también era un abusador. Me pegaba, yo le tenía miedo no sabía defenderme y además estaba acomplejada por mi pierna; creía que nadie más se fijaría en mí” —dice Carmen.

La pareja de Carmen era un hombre dominante.“Cuando llegaba borracho abusaba sexualmente de mí; lo denuncié varias veces, pero retiraba la denuncia porque él amenazaba con golpearme y llevarse a mis hijos. Aguante hasta que me deportaron: No pude ir a la cita en migraciones, él se llevó el auto, yo no tenía ni para un taxi; un día me detuvieron y me enviaron a México con mis hijos”.

“Cuando me deportaron me quería suicidar” —dice Carmen. Ella lo había perdido todo: su trabajo, su fuente de manutención, sus cosas; pero volver a su país le permitió cerrar heridas. “Fui a ver a mi abuela, le reclamé el daño que me había hecho, me dijo que me quería como a una hija; pero no ella siempre me trató como un animal y permitió que su hijo me dañara”.

A pesar de todo el daño que sufrió Carmen perdonó a su abuela. ” A los 8 días de verla, murió, pero yo ya la había perdonando. Mi padre había muerto mientras yo vivía fuera, lloré su muerte de rabia, pero no de dolor. Lloré porque ya nunca me diría por qué se vengó de mi madre jodiéndome la vida”. 

Presente

Carmen se encuentra postrada pero con ánimos, está a la espera de una operación por la lesión que sufrió en el fémur, ahora sólo quiere recuperarse física y emocionalmente para poder seguir adelante por sus hijos

“Ahora estoy en cama, mi prótesis se movió y me la tienen que cambiar, espero que me operen pronto, tengo que mantener a mis hijos”. Desde que volvió a México ella se dedicó a hacer joyería y a pintar cerámica. “Puse un bazar donde vendo lo que hago, pero lo he cerrado hasta estar bien; por ahora mi hermano mayor me ayuda con los gastos”.

El problema es que, a pesar de la ayuda de su hermano, Carmen no tiene todo el dinero para pagar la prótesis y sus hermanastros, los responsables de su estado, ya son adultos pero no tiene buena relación con ellos y ni piensan en ayudarla. “Ellos están enfadados conmigo porque dicen que mi padre era bueno, que los cuidó, les dio amor, educación y todo lo que necesitaban; y yo pienso: bien por ellos, pero a mi me abandonó y me desgració la vida”.

Carmen dice que ha acudido a grupos de apoyo en busca de sanación, pero lo único que he sacado en claro es que hay un propósito para ella, “lo estoy buscando, no puedo haber sufrido tanto por nada, por eso he ayudado a niños maltratados, hablo con sus madres, los defiendo; también ayudo ‘animalitos’ abandonados, todo eso me hace sentir bien, todo eso me ha hecho ser la persona que soy ahora”.

“Recordar como fui maltratada de pequeña, como fui tratada por mis padres y por el padre de mis hijos me da mucha tristeza. Ahora estoy sola, pero me siento segura y luchó por ser una buena madre; mis hermanos me apoyan y sé que mis hijos tendrán una historia diferente, yo los abrazo y les digo cuanto los amo, no repito historia. Rompo las cadenas”.

Carmen desde el dolor

  • “Sólo las que hemos vivido tanto dolor sabemos de lo que se trata y lo duro que es abrirse a explicarlo, pero ahora que lo he hecho reconozco que es sanador, porque lo sacas de dentro y de eso se trata. Es muy difícil salir adelante con semejantes recuerdos enterrados en la memoria”.
  • “Me hubiera gustado escribir un libro, ver si explicando lo que viví podía ayudar a alguien, por eso agradezco que cuentes mi historia, la de una niña a la que su padre le cambió el destino sólo por venganza y por despecho. Es muy doloroso que los padres al separarse utilicen a sus hijos como armas, eso hizo mi padre conmigo y me destrozó la vida física y emocionalmente”. 

Fibromialgia del mal

Ahora Carmen, como muchas mujeres abusadas y violadas durante la infancia padece de fibromialgia y de hipertensión. Según varios estudios, entre ellos un trabajo monográfico llamado: Fibromialgia e Histeria, un camino de incertidumbre : “Las mujeres que padecen fibromialgia han sufrido durante la infancia hechos de violencia tanto física, como sexual y-o psíquica”.

En el 99.9% de mujeres abusadas, violadas y maltratadas que he entrevistado para teleoLeo.com padecen de fibromialgia, fatiga crónica o hipertensión. Algunas como Carmen sufren más de una dolencia.

En otros estudios, los investigadores han encontrado que: “[…] las mujeres (y algunos hombres) que han denunciado el abuso infantil (sexual o físico ) tienen el 65 por ciento de probabilidades de tener fibromialgia y el doble de probabilidades de tener síndrome de fatiga crónica”.

Así que sí, la violencia física y psicológica dejan marca imborrable en la esencia de las víctimas, las modifica y las convierte —en la mayoría de los casos— en sus propios verdugos pues sus cuerpos somatizan el dolor hasta convertirlo en enfermedad, en autocastigo por no haber podido evitar la agresión.

La satisfacción del agresor es inmediata y pasajera. El agresor disfruta cuando castiga, cuando viola, cuando ejerce su poder sobre la víctima, y lo hace con alevosía porque la sabe débil. El sufrimiento de la víctima, en cambio, es permanente al punto que como ya he comprobado, en varios testimonios, puede transformarse en enfermedad.

Gracias por tu generosidad Carmen

Cifras escalofriantes

Según un informe de la OCDE (Organización para la Cooperación Económica y Desarrollo económico) de 2017, México ocupa el primer lugar en abuso sexual, violencia física y homicidio de niños que aún no han cumplido los 14 años de edad. La organización dice que 4,5 millones de menores son víctimas de actos de violencia y que sólo se denuncian un 2% de estas agresiones.

Este blog sobre pederastia, abuso, maltrato y violencia de género también ha sido publicado en teleoLeo.lamula.pe

Tras varios intentos de feminicidio, denuncia y la policía no le hace caso

Le dijo que la mataría, la intentó ahorcar más de una vez, la estampaba contra el piso; y cuando denuncia le dicen que su caso no es grave porque no tiene hijos. En pleno siglo XXI las mujeres seguimos valiendo por la producción de nuestro útero. 

“Una vez le intentó pegar y yo, de 7 años, me puse enfrente. Me pegó a mí tan fuerte que terminé estampada contra la pared”. Ella se juró que cuando fuese grande no aceptaría que ningún hombre la maltratase, como su padre había hecho tantas veces con su madre. Sin embargo, no pudo cumplir la promesa. Durante 3 años estuvo presa en una relación de abusos y maltratos.

“Nadie te va a querer —me decía, y yo le creía”. María, así la llamaré, siente que sólo perdió el tiempo permaneciendo al lado de quien la humillaba y golpeaba. Haber aguantado tanto la hace sentirse culpable. “No entiendo como habiendo crecido en un hogar donde mi padre maltrataba a mi madre no supe ver las señales y alejarme. No entiendo cómo dejé que mi expareja me hiciera todo lo que me hizo”.

Sin embargo, la culpa de haber sido una mujer maltratada no es de ella, es del maltratador. No es ella la que permitió ser golpeada, no es ella la que dio motivos para ser insultada. La culpa siempre es del agresor.

Relación tortuosa

“Dormíamos en cuartos separados porque él así lo quería. Yo le pedía dormir juntos pero él se negaba. Me decía que se la pasaba toda la noche bebiendo alcohol y viendo películas y luego dormía casi toda la mañana. Su horario de trabajo se lo permitía, era profesor universitario y enseñaba algunas tardes”. Así describe María al hombre con el que tuvo una tortuosa relación.

Ella conoció a su expareja por un amigo común, poco tiempo después se fueron a vivir juntos. María dice que en ese momento sabía que él fumaba marihuana regularmente, “pero, ahora, creo que me mantuvo engañada y que en verdad consumía substancias más fuertes porque siempre lo veía exaltado, agitado y no dormía”.

Al inicio de la relación ella tuvo serios problemas médicos, intentó un método para evitar quedar embarazada y eso afectó su salud. “Cuando comenzamos me puse un implante anticonceptivo que me produjo sangrados por mucho tiempo y eso me generó una infección terrible. Me quité el implante, pero estuve 2 meses hospitalizada”. 

María dice que a pesar de las causas de su estado y de vivir cerca al hospital su pareja no la visitaba muy contento. “Vivíamos frente al hospital, pero él venía a visitarme todo fastidiado y siempre por muy poco tiempo; le molestaba incluso tener que traerme ropa o tener que cuidar a mis mascotas”.

La infección fue curada, pero a ella le quedó de ‘regalo’ una afección llamada “dolor crónico pélvico” lo cual le generaba y le genera terribles episodios de dolor, que se pueden prolongar durante meses. ” Todo esto pasó los primeros meses de nuestra relación y él comenzó a decirme que por mi estado ya nadie me querría”.

María dice que esto la deprimió mucho y eso la hizo ser presa fácil de la manipulación del ‘profesor’. “Mi autoestima estaba por el piso, él la había debilitado y eso hizo que me quedase a su lado tanto tiempo, porque le creí cuando me decía que nadie más me  querría como él y que nadie me aceptaría con mi dolencia”.

USB revelador

En una de las visitas ‘forzadas’ al hospital, ‘el profesor’ le dejó a María un USB con películas pero en el dispositivo había más. “En el USB encontré fotos de sus ex novias desnudas, me molesté, pero no le dije nada. Cuando salí del hospital comenzó a ponerse violento, cuando le pedía que me traiga una pastilla me decía que no era mi empleado”.

Y así, entre maltratos y discusiones un día María no pudo más. “Le dije que no estaba bien que tenga fotos de sus ex desnudas y que encima me las dé, me contestó que yo era “una celosa de mierda”; pero él sólo se comportaba así en privado, cuando había más gente era muy cariñoso y amoroso”.

“Mis problemas de salud continuaron, el dolor pélvico crónico, me hacía sentir muy mal, física y emocionalmente y él siguió aprovechándose de eso para seguir humillandome cada día más y más”.

Maltrato físico

María dice que el maltrato físico comenzó cuando él le pidió que le escondiera “su hierba” porque quería dejar de fumar durante la semana. “Pero cuando la quería me destrozaba el cuarto buscándola, me tiraba de la cama para que le dé el estuche donde la guardaba, me tiraba contra el piso, me golpeaba la cabeza y me insultaba”.

“Incluso los vecinos gritaban que me suelte cuando lo escuchaban gritar y a mi pedir auxilio”. Los vecinos gritaban pero nunca nadie llamó a la policía —dice María. Lamentablemente nadie se quiso comer el pleito, al parecer les molestaba el ruido, pero no que una mujer estuviese siendo maltratada. ¿Algo habrá hecho, no?

María también recibía golpe porque según su expareja era demasiado celosa. “Varias veces intentó ahorcarme y luego me pedía perdón, me decía que yo lo provocaba por ser tan celosa, porque le reclamaba que se amaneciera hablando con sus exnovias y con otras chicas o creándose cuentas falsas en Facebook”.

Luego María confirmó sus sospechas, él mantenía otras relaciones, “pero me hacía sentir  que yo estaba loca, decía que mis celos tenían la culpa de todo”. Ella se evadió de la situación como pudo. “Me volqué en los estudios, el trabajo, en mis animales; traté de bloquearlo de mi mente pero los insultos y las agresiones físicas seguían”.

María dice que su baja autoestima le impedía acabar con la relación. “Sentía que no tenía escapatoria, sólo le conté a mi madre, ella vivía fuera de Perú, se había vuelto cristiana y me llenó de malos consejos. Me dijo que como ya vivía con él, era como si estuviésemos casados, así que debía perdonarlo y seguir a su lado”.

La madre de María había ‘”perdonado” cuando era maltratada por su marido. Muchas mujeres debido a convicciones religiosas, a la desinformación y a la falta de una educación que propugne la igualdad acaban normalizando el maltrato.

Pero María no podía más, ya no podía ni estudiar tranquila, él la gritaba, la insultaba y hasta llegó a romper la puerta de su habitación. Entonces algo cambió.  “Durante los estudios de la maestría comencé a llevar cursos de feminismo y eso me daba fuerzas para defenderme, aunque todavía no tenía la entereza suficiente para salir de la relación, sin embargo, empecé a responder sus ataques y eso lo sorprendió”.

María se fue empoderando y aprendió a defenderse. “Una vez mientras me ahorcaba le arañé la cara, me dijo que por mi culpa perdería el trabajo, que por mi culpa no iba a poder dictar clases, que por mi culpa la gente iba a hablar. Como siempre yo era la víctima, pero todo era mi culpa. Me hacía la vida imposible”.

No contento con intentar ahorcarla en diferentes oportunidades, un día que ella intentó defenderse también le torció el brazo. “Yo ya le tenía mucho miedo, tanto que comencé a vivir sin salir de mi habitación, le pedí que se vaya pero me dijo que no lo haría hasta que le pagase lo que le debía, en ese momento no podía hacerlo, así que me tocó seguir aguantando”.

María encontró un nuevo trabajo y con la liquidación del anterior comenzó a ir a terapia y se siguió armando de valor. “A los pocos meses la situación se volvió insoportable y tuve las agallas de ir a la comisaría a contar mi historia, pero todo fue muy difícil, el policía tomaba nota mientras veía un partido de fútbol y poco le importaba lo que yo tenía que decir”.

El efectivo que la atendió sólo intentó desanimarla de continuar el trámite. “A pesar que le dije que había amenazado con matarme contestó que como no teníamos hijos no contaba como un caso de agresión grave. Además, como él no tenía un arma de fuego no se trataba de un caso urgente. Yo le dije que después de intentar ahorcarme varias veces podría haberme matado con sus propias manos”.

Luego de la denuncia llegó el vía crucis. “Fui al médico legista, a la psicóloga y luego ya no seguí con el proceso, era demasiado difícil ir otra vez para que un grupo de policías te trate como que lo que pasaste no fue nada, como que no importas, incluso me dijeron que la denuncia no sería tomada en cuenta porque no había pruebas de las agresiones”. 

En la mayoría de los casos, la revictimización, al hacer que repitan una y otra vez lo ocurrido; la falta de profesionalismo de los efectivos policiales al momento de la recepción de las denuncias y el machismo, hace que muchas incidencias sean retiradas o abandonadas por las víctimas  que, además,  sólo quieren olvidar lo ocurrido y poder seguir con sus vidas.

Presentada la denuncia, María le contó al resto de su familia lo que vivía a diario y ellos fueron un gran apoyo. “Gracias a la ayuda de mi padre, mi hermano y un primo lo saqué de casa. Le pagué su plata y lo boté pues el alquiler de la casa estaba a mi nombre; y si antes no me había ido también fue por mis mascotas, porque no encontraba departamento donde me permitieran conservarlas”.

María no ha vuelto a ver al ‘profesor’, bloqueó a sus amigos y familia en sus redes sociales y sólo habla del tema cuando surge. “No oculto lo que me pasó, creo que contando mi historia talvez ayude a alguien que pasa por lo mismo, sin embargo, siempre es difícil recordar los malos ratos y los 3 años que perdí con alguien que sólo me humilló y maltrató. A veces pienso que si lo vuelvo a ver entraría en pánico”.

Antecedentes

María conoció el maltrato desde pequeña, su padre maltrataba a su madre frecuentemente, tanto, que ella se metía en medio de los golpes para defenderla. “Mi papá se iba a tomar con sus amigos y cuando volvía le pegaba a mi mamá”. La madre de María también era insultada. “Mi papá le decía a mi mamá y a nosotros que ella era satanás, que era una idiota, una mierda”.

Un día la madre de María no aguantó más y denunció. “Mi hermano y yo fuimos al médico legista y le dijimos todo al psicólogo, mi papá dijo que mi madre quería que perdiera su trabajo y que por su culpa no podría mantenernos” —afirma María.

María también dice que siempre defendió a su madre porque era la hija mayor, pero luego la violencia de su padre fue dirigida hacia su hermano.Con el tiempo, la madre de María encontró otra persona, “mi padre ya la había engañado antes, mi hermano y yo ya estábamos grandes, así que se divorciaron, luego mi padre dejó de ser violento y también nos dejó de insultar”.

Sanación

“La terapia me ayudo a mejorar mi autoestima, a convencerme de que valgo. También me ayudó a ver los patrones que estaba siguiendo de todo lo que viví de niña, porque yo me acuerdo todo lo que pasó en mi niñez. Ahora mi papá es mayor y cambió totalmente. Ya no es violento y en mi mente yo pensaba que ‘mi ex’ también iba a cambiar como mi papá” —dice María.

Culpa indebida

María se siente muy culpable con ella misma, le molesta no haber cumplido su compromiso de no relacionarse con un hombre violento, “incluso pensaba que mi mamá había sido tonta por aguantar a mi padre, y mírame, yo acabé casi como ella. Ahora miro atrás pienso que ella lo tenía mucho más complicado siendo madre de dos niños”.

María también siente que se traicionó al no cumplir la promesa de no aguantar como lo hizo su madre. “Me siento una completa idiota. No debí aceptar ni insultos, ni maltratos desde el inicio. Pero él acababa conmigo, me desarmaba cada vez que me decía “nadie mas te va a querer”Ya pasaron 2 años y aún siento cólera conmigo misma, por el tiempo perdido”, asegura María.

Este blog sobre feminicidio y violencia de género también ha sido publicado en teleoLeo.lamula.pe

En el caso Pickadeli, el ministro de Trabajo hace su trabajo

Hace unos días la empresa Pickadeli despidió a una trabajadora por estar embarazada. La repercusión del caso ha hecho que el ministro Christian Sánchez intervenga, quiere sentar precedente y enviar un mensaje a las empresas

“Sé que no soy la primera y lamentablemente no seré la última mujer embarazada a la que las empresas le cierran las puertasSi sigo luchando es porque quiero que los empleadores piensen dos veces antes dejar a una mujer sin trabajo, porque somos o vamos a ser madres“.

– ¿Hola qué tal? -le digo. Ella agradece la primera nota que publiqué sobre su caso. Se trata de la mujer a la que Pickadeli, la empresa de comida rápida, dejó sin trabajo por estar embarazada. Ella no quiere que su nombre sea revelado, teme que eso le impida conseguir empleo a futuro. “No quiero que se sepa quien soy, lo único que me interesa es que nadie vuelva a pasar por lo mismo”.

Pero esta vez, las cosas podrían ser diferentes. El propio ministro de Trabajo, Christian Sánchez, y el director regional de esta cartera, se reunieron con la agraviada este viernes y le expresaron su indignación por lo ocurrido. También estuvo presente la congresista Indira Huilca, artífice del encuentro.

“El ministro me dio todo su apoyo, me preguntó cómo quería proceder y me dijo que intervenía porque quería que se supiera que el Ministerio de Trabajo no permite prácticas que atenten contra nuestros derechos”. La Defensoría del Pueblo también se ha contactado con la trabajadora y le ha manifestado que tomarán las acciones del caso.

Recordemos que hace unos días la empresa de comida Pickadeli rompía relación laboral con una mujer porque está embarazada.  Ante la difusión del caso en las redes y blogs como este, Pickadeli emitió un comunicado en el que decía que la denunciante no era trabajadora suya, razón por la cual, no podían haberla despedido. Ni lo volverían a hacer.

En el comunicado la empresa también manifiesta que ellos respetan la diversidad y por eso,  “cerca del 50% de la familia Pickadeli son mujeres, algunas con hijos y otras sin ellos”. O sea, ¿contratar mujeres es un mérito?, ¿se lo agradecemos?Decían, además, que “tras lo sucedido iniciaban una investigación para esclarecer las circunstancias de este hecho y tomar las acciones correctivas correspondientes”.  Pero si no han procedido mal, ¿qué es lo que corregirán?

Otra de las cosas que llama la atención es que en su comunicado Pickadeli dice: “somos respetuosos de la ley y como empresa cumplimos con nuestras obligaciones éticas, laborales y tributarias”. ¿Era necesario mencionar esto? Cumplir con la ley no es un mérito, es una obligación.

Pickadeli se contradice cuando en su comunicado afirma que la agraviada no era trabajadora de la empresa, ella cuenta con copias de pantalla de su cuenta de whatsapp -adjuntadas en el primer blog que publiqué sobre el tema-  en las que la empresa le da la “bienvenida a la familia Pickadeli” y le dice que comenzaría a trabajar el pasado lunes 2 de julio.

La empresa hace esta afirmación porque dice que no había contrato de por medio, y faltan a la verdad. Según afirma la trabajadora, la empresa le había dicho que los primeros tres meses no le harían contrato porque estaría en periodo de prueba y cobraría a través de “recibos por honorarios”.

Según SUNAT, el pago con recibos por honorarios está destinado a las personas naturales que prestan servicios de forma independiente. Lamentablemente, muchas empresas trabajan de esta manera para no pagar beneficios sociales a su trabajadores: vacaciones, CTS y seguridad social.

Así que en este punto Pickadeli también se equívoco. ¿También revisará este procedimiento? Pagar durante 3 meses con “recibos por honorarios” no es lo que corresponde a una trabajadora o trabajador en régimen de jornada completa o de media jornada.

Por otro lado, existe una copia de pantalla en la que el dueño de la empresa dice que todo es producto del error de uno de sus colaboradores, que él no tiene nada que ver con lo ocurrido y que quiere hablar con ella. Y sí, tendrá la oportunidad de hacerlo. Este lunes, el dueño de Pickadeli se reunirá con la trabajadora en las instalaciones del Ministerio de Trabajo.

Curriculum Vitae

La trabajadora rechazada iba a ocupar el cargo de gerenta en una de las tiendas de Pickadeli. Ella es egresada de la escuela “Le Cordon Bleu Perú”, donde se tituló en  la carrera de Administración de Hoteles y Restaurantes. “Hice toda mi carrera becada debido a mis buenas notas, a pesar que tuve que alternar estudios y trabajo para poder mantenerme”. 

Esta trabajadora ha ejercido en cargos de gerencia desde muy joven y según manifiesta tiene amplia experiencia en el rubro de alimentos y bebidas. “Creo que Pickadeli se lo perdió” -dice, y yo, viendo sus recomendaciones, también lo creo. Pero lamentablemente así son las cosas: si eres mujer y vas a ser madre, tu valor cae en picado y te vuelves ‘mercadería de segunda’ para las empresas.

Esperemos que este caso, en el que el propio ministro de Trabajo se ha involucrado,  siente un precedente para que las mujeres no sigamos siendo discriminadas por ser madres, no es lógico, si las mujeres no parimos no hay renovación poblacional. Además, todo es sumamente contradictorio, por un lado, si no formamos una familia nos dicen que se nos pasa el arroz y, por el otro, cuando la formamos, el mercado laboral nos cierra las puertas.

Artículo 3, Título 1 de la Ley General del Trabajo: En la convocatoria y contratación está prohibida y penada la discriminación por razón de origen, raza, edad, sexo, idioma, religión, opinión, condición económica o de otra índole. El postulante discriminado podrá hacer valer su derecho en la vía correspondiente.

Como dice el vals, Pickadeli debe una explicación “por su mal proceder” y por lo menos, una disculpa a la mujer a la que ha rechazado por estar embarazada. Por su parte, el Estado nos debe a todas el hacer respetar la ley e impedir que seamos discriminadas y despedidas por razones ajenas a nuestro desempeño laboral.

Otra de las cosas en las que debería intervenir el Estado es en impedir que por el mismo trabajo que realiza un hombre, se le pague menos a una mujer. Sin embargo, como todo esto puede sonar utópico, podría comenzar por algo más factible, regular el uso de los eufemísticos “recibos por honorarios”.

...Seguiremos informando…

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